Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, Siria atraviesa una fase de transición plagada de grandes desafíos políticos, sociales y humanitarios. El país se encuentra asolado después de casi 14 años de guerra y encara un camino incierto hacia una paz sostenible. El comandante Ahmed al Shara, líder del grupo islamista Hayat Tahrir al Sham (HTS), ha sido designado presidente transitorio y entre sus primeras medidas ha cancelado la Constitución de 2012, se ha ilegalizado el Partido Baaz y se ha ordenado la disolución de todas las facciones militares para integrarlas en instituciones estatales.
Con el fin de arrojar luz al complejo escenario sirio y sus repercusiones en el espacio mediterráneo Casa Mediterráneo contará con Gabriel Garroum, investigador y profesor de la Universitat Pompeu Fabra el próximo 11 de febrero, quien ofrecerá la conferencia “Siria y su papel en el Mediterráneo: entre el conflicto armado y las dinámicas globales”. El evento, abierto al público hasta completar aforo y con emisión online, comenzará a las 19 h.
En esta entrevista Gabriel Garroum nos ofrece algunas de las claves para comprender la situación actual que atraviesa Siria, los rumbos que puede tomar y sus eventuales repercusiones en la región y en el Mediterráneo.
En primer lugar, ¿podría esbozar una radiografía de la situación actual que atraviesa Siria tras el fin de una guerra que ha durado casi 14 años y la caída de Bashar al Asad?
Siria llevaba más de 50 años bajo un régimen dictatorial muy contundente. Primero con Hafez al-Assad, el padre de Bashar al-Assad, y luego, estos últimos 14 años de guerra civil. Lo sucedido a principios de diciembre de 2024 fue una transformación mayúscula. Es decir, no es simplemente la caída de un presidente, sino obviamente el fin de un sistema político que ha marcado al país y Oriente Medio durante décadas. Incluso había compañeros sirios que hablaban de la muerte de Dios, refiriéndose a la idea de que no habían conocido nada más durante toda su vida. Es como si se cayera incluso la idea de Dios.
Es importante también pensar que, aunque se haya producido este cambio tan sustancial de régimen y todas las transformaciones que conlleva, no está del todo claro que haya un fin de una guerra. Es decir, es muy probable que incluso a pesar de esta transformación, siga habiendo cuestiones de carácter militar o incluso de violencia muy importantes. Y, de hecho, ya lo estamos viviendo ahora, cómo la situación sobre el terreno tampoco es de total estabilidad. Por lo tanto, se puede hablar de una variación absoluta de modelo político y una implicación para Siria y obviamente para todo Oriente Medio enorme, pero todavía quedan muchas cosas por resolver encima de la mesa.
Entre estos interrogantes, ¿qué se puede esperar del presidente transitorio, el comandante Ahmed al Shara?
Al Shara viene con una trayectoria un tanto peculiar. Al principio, destacó como líder del Frente al Nusra, la filial siria de Al-Qaeda, y luego tuvo la capacidad política e incluso militar de intentar salirse de esta idea de grupo y generar un modelo un poco más pragmático y amplio. Es cuando se convirtió en líder de Hay’at Tahrir al-Sham, que fue un grupo también de índole islamista y bastante conservador, pero más amplio y pragmático y que llevaba ya años gobernando en provincial de Idlib. Por lo tanto, llega con una trayectoria de liderazgo político importante, conservadora sin duda, con un pasado yihadista incluso, pero con una idea bastante pragmática de cómo llevar esta situación sobre el terreno.
Hemos visto ya en estos primeros meses cómo Al Shara lo que está intentando es tocar todos los palos que tiene que tocar en este corto plazo, es decir, asegurar a la comunidad internacional, a las minorías y a las clases medias del país, a sus socios regionales, a la Unión Europea… Ahí se evidencia la idea de una agenda pragmática.
Esto no significa que no haya cuestiones complicadas e incluso muy problemáticas, por ejemplo, que se haya convertido en el presidente transitorio casi de manera unilateral, al decidirse de una forma un tanto oscura. Tenía que hacer una rueda de prensa retransmitida a todo el país y fue un desastre. Obviamente, habrá lagunas y ya las está habiendo. El cambio es de una magnitud enorme y ahora habrá que ver hasta qué punto esta agenda más conservadora y radical se ve un poco moldeada por la necesidad de Siria de normalizarse, de abrirse a fondos y socios internacionales, o realmente al final este intento de pragmatismo es simplemente un mecanismo de estabilización a corto plazo y luego sale una cara mucho más conservadora. Necesitamos tiempo para para verlo.
Nadie quiere una Siria desestabilizada, nadie quiere una Siria con violencia, porque es perjudicial a nivel regional, pero también lo es para la Unión Europea en relación con los flujos migratorios.
Abordemos las implicaciones de la actual realidad de Siria para el Mediterráneo. En cuanto a la situación geopolítica, ¿el equilibrio de poder en el Mediterráneo oriental podría cambiar, generando una competencia entre actores regionales por la influencia en la zona?
Siria siempre ha sido uno de los pilares políticos, sociales y culturales más importantes de la parte oriental del Mediterráneo. Aquí, seguramente uno de los países más beneficiados y reasegurados después de este cambio en Siria es Turquía y todos sabemos el papel que tiene este país en el Mediterráneo en relación con la Unión Europea, un rol muy importante en todos los procesos de gestión de flujos migratorios y de refugiados en la última década.
Por lo tanto, sin duda, vemos a una Turquía con mucho más capital político, seguramente incluso con más presencia militar en el Mediterráneo. La semana pasada se llegó a un acuerdo entre el nuevo gobierno de Siria y Turquía para establecer bases militares en el país. Se aprecia mucho más músculo militar por parte de Turquía y esto significa probablemente que la Unión Europea va a enfrentarse a un reto muy importante con relación a Siria.
Ya se está hablando de retirar sanciones, pero sigue habiendo una mentalidad transaccional. Hay un tira y afloja con la Unión Europea, que seguramente Turquía también va a explotar en ese sentido. Por lo tanto, en cuanto a la implicación para el Mediterráneo y la Unión Europea, el país es absolutamente capital. Nadie quiere una Siria desestabilizada, nadie quiere una Siria con violencia, porque es perjudicial a nivel regional, pero también lo es para la Unión Europea en relación con los flujos migratorios. Y habrá que ver cuál es la actitud de Turquía, si es serena, con capacidad política, o va a ser una actitud, especialmente en relación con el noreste de Siria con las facciones kurdas, mucho más beligerante.
De hecho, Turquía ha intensificado sus operaciones militares en el norte de Siria bajo el argumento de garantizar su seguridad frente a las milicias kurdas…
Sí, Turquía lleva desde el inicio de la guerra civil en Siria identificando este desarrollo de una administración autónoma kurda como un problema de seguridad nacional. Ankara considera que las milicias kurdas del norte de Siria son una extensión del PKK, del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, con el que Turquía tiene un conflicto armado, histórico abierto. Para ellos se trata de un problema de seguridad nacional, hasta el punto de haber intervenido militarmente en Siria hasta en tres ocasiones y, por lo tanto, tener control territorial en varias franjas del norte del país. Ahora, con una nueva realidad en Damasco, el dilema para las facciones kurdas es enorme, porque hay una doble presión. Hay una presión por parte de Damasco para que dejen las armas, se reintegren en cuanto a la soberanía territorial al Estado sirio y a cambio quizás se les otorgue alguna concesión de índole cultural, lingüístico, etcétera.
Y Turquía, obviamente, tiene otra línea roja, probablemente mucho menos amplia, pero mucho más directa y dura. Y luego está por ver cuál es la actitud de las facciones kurdas. Ya ha habido guiños entre Damasco y la parte kurda de Siria. Por ejemplo, las facciones kurdas cambiaron la bandera y adoptaron otra vez la bandera nueva de Siria, verde, blanca y negra, e incluso Damasco se ha mostrado interesado en negociar. Pero ya dijo el otro día Ahmad al Shara que él no confía mucho en que haya una resolución fácil de esta cuestión. Y aquí sí que está planeando la posibilidad de un conflicto armado. Para mí, ésta es una de las grandes cuestiones, más allá de la agenda de democratización de Siria o el roadmap, la hoja de ruta del país en este periodo transicional. Aquí la gran duda es el noreste, exactamente cómo se rearticula. Si se reintegra a Siria, si se mantiene autónomo y si esto significa un conflicto armado. Recordemos también que Estados Unidos es uno de los grandes valedores de las milicias kurdas. Por lo tanto, esto tiene un significado más allá, obviamente de la matriz siria y más allá incluso de Oriente Medio.
Respecto al papel de Estados Unidos en este escenario, desde su regreso al poder en enero de 2025, el presidente Donal Trump ha manifestado una postura de no intervención militar directa en Siria. Y de momento, la administración Trump no ha proporcionado una posición clara respecto a la futura presencia de tropas estadounidenses en el país. ¿Hacia dónde cree que se dirigirá la política exterior de Estados Unidos en Siria?
Hay varios peligros. El primero es la propia volatilidad de la administración Trump. Es cierto que aseguró que su idea inicial es la desvinculación de la cuestión siria, pero también subrayó que una de las líneas rojas es la idea del terrorismo. Es decir, yo creo que hay la idea muy clara de que la cuestión del Estado Islámico y las prisiones del noreste de Siria constituyen un punto muy delicado, porque las facciones kurdas son las que controlan de facto sobre el terreno todas estas cárceles, donde hay ex militantes del Estado Islámico, sus familiares, etcétera. Esto supone una carta de negociación por parte de la administración kurda. Retirar el apoyo de manera directa a las facciones kurdas supondría, obviamente, dejarlas sin ningún tipo de protección ante una potencial ofensiva turca o incluso de Damasco, pero, a su vez, no termino de ver a Estados Unidos antagonizando con Turquía.
Es evidente que Donald Trump siente cierta simpatía y admiración por Erdogan cuando se produjo el cambio en Siria. Dijo: “Erdogan es uno de esos líderes políticos a los que admiro. Es un triunfador, un superviviente”. Por lo tanto, hay una especie de buena relación, que me hace muy difícil pensar que conlleve una ruptura total con Turquía en este sentido. Se vislumbra un interés de todos los actores por un acuerdo que articule el hecho diferencial kurdo en el norte de Siria de manera adecuada. Seguramente, por desgracia, este acuerdo no será de tipo federal porque Damasco ya lo ha asegurado, pero deberá pasar por la desmilitarización de estas milicias, porque la alternativa es un conflicto abierto.
Argumentar que Siria ya es un país seguro cuando se está viviendo una situación transicional todavía muy incierta, es de una sensibilidad política muy baja.
La inestabilidad y la guerra de los últimos años en Siria ha ocasionado la migración de millones de personas hacia países vecinos y Europa. ¿Se está produciendo un retorno significativo de los refugiados a Siria o la situación de pobreza, destrucción y falta de servicios básicos están frenando los retornos? ¿El factor adicional de que familias enteras hayan rehecho su vida en otro país puede ser un obstáculo para que se planteen volver a una tierra arrasada?
Depende de la situación. Sin duda, en el caso del Líbano sí hay un retorno importante de sirios a su país, porque la situación en el Líbano, como sabemos, es muy complicada. En el caso de la Unión Europea u otros países, no. La Unión Europea jugó un papel muy cínico en ese sentido, cuando tardó menos de 24 horas tras la caída del régimen al asegurar que a partir de ese momento Siria ya era un país seguro y que, por lo tanto, los refugiados podrían volver a su casa. Eso es cínico en una doble vertiente. Por un lado, no es que la Unión Europea no haya intentado en los últimos años con al-Assad que los refugiados sirios volvieran a su casa. Lo ha tratado de manera evidente, sobre todo a países como Dinamarca o Italia, dejando entrever que la reapertura de embajadas, que la normalización diplomática estaba cerca, incluso porque la Liga Árabe normalizó también relaciones con Asad en los últimos años.
Por otro lado, cuando una persona recibe asilo en un lugar y rehace su vida, no la puedes obligar a volver a su país. Y argumentar que Siria ya es un país seguro cuando se está viviendo una situación transicional todavía muy incierta, es de una sensibilidad política muy baja. Por lo tanto, ahí hay un par de problemas muy evidentes. No creo que las cifras de retorno de sirios europeos a sus ciudades de origen sean amplias. Incluso la ministra de Sanidad alemana llegó a decir hay 6.000 doctores sirios en territorio alemán y si se fueran se caería el sistema sanitario público del país. Esto no tiene ningún sentido.
Además, la mayoría de los sirios que se hayan integrado en un país europeo no es probable que quiera arriesgarse a perderlo todo volviendo a un lugar con una situación tan incierta.
Así es. Tengo un montón de amigos, incluso familiares, que han rehecho su vida en otros sitios como Estocolmo, París, Montreal, Berlín… Gente que terminó su carrera universitaria ahí, que abrió su negocio… El retorno siempre tiene que ser seguro y voluntario. Si no se garantizan ambas cuestiones, hablar de retorno es de una presión política muy problemática.
Por último, la estabilización política de Siria es fundamental para que las inversiones lleguen al país para su reconstrucción. ¿Hay voluntad por parte de instituciones como el Banco Mundial o el FMI para participar en la reconstrucción del país?
Por supuesto. Uno de los problemas más evidentes de la última etapa de al-Assad, entre 2019 y 2024, es que el régimen ya había iniciado una política de reconstrucción, pero ésta sufría de dos males muy profundos. El primero es que el régimen sólo dejaba participar en la reconstrucción a aquellos países que le eran aliados, por ejemplo, Rusia, Irán, China… Estos actores tenían una entrada a la reconstrucción prioritaria e incluso exclusiva, pero carecían de los fondos necesarios para articular un proyecto de reconstrucción amplio, que cubriera todo el país y a todas las comunidades.
Por lo tanto, por un lado, a aquéllos que se les permitía entrar en la reconstrucción no tenían el dinero y aquéllos que tenían el dinero estaban vetados, como la Unión Europea, Estados Unidos u otros actores multilaterales. Por otro lado, el modelo de reconstrucción existente bajo Asad priorizaba la reconstrucción de algunas zonas y formas que favorecían el fortalecimiento del régimen, securizando espacios sobre todas las periferias urbanas y un modelo que premiaba a los clientes del régimen, por ejemplo, áreas periurbanas con clases bajas que se levantaron en contra del régimen y luego fueron expulsadas, con proyectos de rascacielos y pisos de lujo levantados por constructoras amigas.
Por lo tanto, la idea quizás no era tanto de sustitución demográfica, como de generación de una bolsa de población que le fuera favorable, securizar un poco el espacio. Yo creo que ahora estamos en un momento radicalmente diferente. Es evidente que Siria está muy abierta, la transformación es enorme. Se ve a un montón de periodistas yendo a Siria en estas semanas y meses a cubrir la situación. Me parece increíble y no lo hemos visto nunca, especialmente durante la guerra.
Es muy presumible que haya una participación o un modelo de reconstrucción internacionalizado, con participación de Naciones Unidas, de la Unión Europea y con un papel muy importante de Turquía. Ankara, que estaba totalmente vetada de la normalización diplomática, de la normalización política en Siria, ahora es el actor principal y más interesado, sobre todo en la parte norte, en Alepo y sus afueras. Por lo tanto, veremos seguramente un modelo de reconstrucción mucho más plural e internacional.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo