Reyes Calderón: «Lo que me interesa, más que el género negro, es la condición humana»

Reyes Calderón.

Consolidada como una autora de referencia en el género de la novela negra, tal como evidencia el éxito de la saga protagonizada por la jueza Lola MacHor, Reyes Calderón publica Los crímenes del caviar (Planeta), una nueva entrega donde su protagonista debe enfrentarse junto al comandante Juan Iturri a seis muertes simultáneas acaecidas en el lujoso enclave de Sotogrande y conectadas con un exclusivo y secreto grupo conocido como el “Club del Caviar”. Además de la intriga, la trama está impregnada por el amor que Iturri le profesa a MacHor desde hace años y que ahora se topará con las nuevas circunstancias personales de la jueza.

La autora hablará de su último libro, del género que tanto éxito le ha reportado y de lo que la empuja a tejer sus historias en la próxima sesión del festival Alicante Noir, el próximo jueves 20 de marzo a las 19 horas, en Casa Mediterráneo, donde también participará el escritor Jorge Zaragoza, autor de Sangre entre viñedos.

Reyes Calderón es doctora en Economía y Filosofía. A lo largo de su carrera académica ha pasado por universidades como la de Berkeley (California) o La Sorbona y es autora de numerosos artículos y ensayos. Compagina su carrera como profesora universitaria en Comillas-ICADE con la escritura y la radio. En lo literario, Calderón es conocida principalmente por sus novelas de misterio y suspense, con las que ha alcanzado gran notoriedad gracias a su serie protagonizada por la jueza Lola MacHor, como Los crímenes del número primo, El expediente Canaima o Dispara a la luna (Premio Azorín 2016), algunos de cuyos libros han sido traducidos a varios idiomas. Además del suspense, la autora también ha explorado otros géneros narrativos, como en su novela de 2014 Tardes de chocolate en el Ritz. A raíz de la publicación de Los crímenes del caviar y su presencia en Alicante, entrevistamos a Reyes Calderón, quien nos atendió con suma cercanía y amabilidad.

La trama de Los crímenes del caviar combina elementos de la alta sociedad con la intriga. En esta última entrega de la serie protagonizada por la jueza Lola MacHor, ¿qué la llevó a explorar este mundo en particular, enclavado en el exclusivo enclave de Sotogrande?

La verdad es que creo que es algo que nos atrae a todos, al menos a los que no vivimos en la alta sociedad, por aquello de que los ricos también lloran, y ellos también encaran cuestiones criminales, como otras capas de la sociedad. No obstante, sí es cierto que, algunos asuntos, como el tráfico de drogas o las muertes por robos, son más propios de una sociedad no rica. Pero en la alta sociedad la condición humana es la misma que en la baja sociedad. No nos matamos por ser ricos o pobres; arrancamos la vida a otro porque somos así, porque es la condición humana de algunas personas. Eso es lo que me interesaba conocer y es por lo que me fui a Marbella y Sotogrande, porque me parecía que eran referentes, aunque muy distintos, de ambas realidades.

El caviar, tal como aparece en el título y en varias referencias lo largo de la historia, ¿es un detalle que ha querido asociar al lujo o tiene un significado más profundo?

El caviar, por un lado, nos vuelve a los orígenes, porque no deja de ser huevas de donde sale la vida. Pero además, antiguamente se ofrecía a los dioses; era como el incienso. El caviar en tiempos antiguos se entregaba como primicia a los dioses, también como señal de bonanza, de la riqueza que iba a perdurar en el futuro. Y, por otro lado, es el típico alimento que una persona de clase media no va a consumir, porque por su precio normalmente dedica esa cantidad a otra cosa distinta. Además, encierra el significado de que hay muchos sucedáneos. Y ese concepto me interesaba para saber qué tipos de riqueza hay, qué consideramos nosotros como ricos y qué consideran ellos que es la riqueza de verdad y no los sucedáneos de ella.

En la novela pone sobre el tablero seis crímenes, que llevan al lector por diferentes caminos para explorar los entornos de cada una de las víctimas. ¿Le resultó complejo trazar una trama con tantos personajes en un mismo caso?

La verdad es que no ha sido sencillo, porque, aunque los tuviera a todos en la cabeza, no consiste en que los tenga yo, sino en que el lector, que no deja de ser un policía en potencia -todos lo llevamos dentro- tiene que manejarse bien en esa trama. Y quizá lo que más me ha costado ha sido hacer simple una historia compleja. Es decir, que el lector no se pierda en ningún momento, que no necesite poner al lado un papel con los nombres de los personajes, por si acaso se pierde. Eso no ocurre. Lo que me ha resultado complejo ha sido eso precisamente.

Una aspecto importante de la novela es el amor que Juan Iturri siente por Lola MacHor, que él mismo llega a reconocer no saber muy bien el por qué, ya que ella realmente no encaja en su modelo de mujer ideal. ¿Cree que la complejidad de la relación ayuda a que los lectores se identifiquen más con ellos?

Sí, y además, una cosa son nuestros ideales, etéreos, de deseo, y otra cosa es a lo que accedemos en la realidad. Y esa realidad no suele coincidir tanto con los deseos. Pero al final te das cuenta de que justo lo que tienes es lo que, si hubieras podido escoger, hubieras tenido, entre necesidades y deseos. Esa aspiración que comparte la sociedad. Las personas mayores, con peso de más y arrugas vienen a ser un sucedáneo del verdadero caviar, que es el que nos ponen las revistas y las redes delante. Al final, el amor es un sentimiento muy peculiar. Uno se enamora de alguien y no sabe por qué. Y eso, efectivamente, consigue que la gente se identifique con lo que le pasa y hace a los personajes de la novela muy reales.

La jueza Lola MacHor es un personaje recurrente en sus novelas, siendo la protagonista de una serie que ya acumula varios títulos. He leído que usted tiene una vertiente artística que expresa en la pintura, cuyas obras firma con ese nombre. ¿Qué la hace tan especial?

Yo nunca he tomado una clase de pintura. Me expreso con colores, porque he decidido hacer lo que me dé la gana en la vida.

Sabia decisión.

Eso me lo ha enseñado Lola, que se ha salido muchas veces de los estereotipos, y acompañándola en todas las novelas me he dado cuenta de que tiene razón. Uno tiene que dejar un poco de lado lo que la gente diga, los estándares de la sociedad y hacer lo que le sale del alma. Si a los demás no les gusta, pues lo sientes mucho por ellos. Entonces, ese rasgo hace que mi forma de expresarme también con la pintura se la dedique a Lola.

Volviendo a la historia, entre otros temas aparece la sucesión del Papa Francisco. Una de las víctimas, de hecho, es un cardenal candidato a sucederlo. ¿Le resultó difícil documentarse para adentrarse en ese mundo un tanto inaccesible?

Bueno, es un tanto inaccesible, pero no tanto. Si uno sabe buscar bien, la información aparece. Vivimos en un mundo de transparencia y lo quieras o no, tu vida va a estar en la red. Y ese entorno también lo está. Pero mi idea no era tanto eso, sino expresar que esa diferencia entre ricos y pobres, desde mi punto de vista, también se observa en la Iglesia. Se ve a un Papa Francisco que ni siquiera quiere vivir en el Vaticano. Un Papa pobre que sale a buscar a los pobres a los caminos. Y luego hay una Roma mucho más aburguesada, mucho más rica, mucho más acostumbrada a vivir rodeada de Tizianos; hay muchos en el Vaticano. Esas dos realidades están en la Iglesia, como lo están en la sociedad. Y quería mostrar a la Iglesia en estos dos contextos.

Aparte de la investigación que haya tenido que llevar a cabo para adentrarse en el mundo del Papado y del Vaticano, se trasluce que el resto de la historia lleva detrás muchas horas de investigación. ¿Qué es lo que más le satisface a la hora de escribir sus novelas?

Creo que escribir una novela, por lo menos desde mi punto de vista, es un conjunto. A los que les gusta mucho guisar, se les pregunta qué les gusta más: ¿guisar o comerse lo que guisa? Bueno, pues posiblemente dirán que las dos cosas. He pasado muchas horas en los sitios, la verdad que me lo he currado, porque me parece que el lector necesita esa verosimilitud en la medida en que se la puedas dar. Pero he disfrutado tanto escribiendo como viendo lugares, hablando con la gente, asistiendo a fiestas de ese tipo en un sitio y en otro para poder visualizar -aunque la verdad es que no soy muy de fiestas-. Pero me lo he pasado muy bien en todo; me ha gustado cocinarlo y luego comérmelo.

No hay dos clases de seres humanos. No hay ricos y pobres, una clase A y una clase B, de primera y de segunda. Esa distinción la hacemos los hombres.

El género negro es un espacio propicio para la crítica social. ¿Qué le permite a usted transmitir como escritora?

A mí, lo que me interesa más que el género negro es la condición humana, en tanto que tiene que ver también con la mía. ¿Sería yo capaz de asesinar a alguien? ¿En qué circunstancias? ¿Por qué motivos? Todos esos temas son los que me llaman, porque creo que no hay dos clases de seres humanos. No hay ricos y pobres, una clase A y una clase B, de primera y de segunda. Esa distinción la hacemos los hombres, porque la condición humana es la misma en unos y otros. Y marcar ese contexto me atrae mucho. No suelo ser muy sangrienta. Cuando pego a alguien un tiro tiene que sangrar por donde debe -eso lo tengo muy claro y hablo mucho con criminalística, con forenses y otros expertos-, pero a mí me interesan más las razones por las que alguien mata a otro, por qué alguien es capaz de hacer lo mejor, dar la vida por otro, aunque no lo conozca de nada, y lo peor, matarlo.

Efectivamente, las circunstancias de cada persona marcan sus acciones. La novela negra y la novela en general permiten indagar en las circunstancias que llevan a las personas a actuar de una determinada manera. Quizás ésa sea una de las razones por las que a la gente le interesa este género.

Sí. Por un lado, porque somos muy curiosos; eso está en el ADN. Y como no podemos estar investigando en los sitios donde se produce un suceso, sí podemos investigar desde las páginas de un libro. Y, por otro lado, en la novela negra también nos interesa la curiosidad en la investigación. Es una puerta abierta a vivir muchas vidas.


Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo