Ruidos inexplicables, pasillos oscuros, puertas que se cierran, luces que se encienden… Relatos y anécdotas inquietantes que pueden provocar noches en vela. Las historias de miedo siempre nos han fascinado por alguna razón que reside en el misterio de lo inexplicable. La narradora de origen mexicano Martha Escudero indagará en los cuentos de terror que partieron de Europa a América para emprender un viaje en sentido inverso en el marco del ciclo “Tradiciones y el Mediterráneo” de Casa Mediterráneo. La sesión tendrá lugar el lunes 31 de marzo a las 19:00 horas bajo el título «El miedo: un viaje de ida y vuelta del viejo al nuevo mundo». La entrada es libre hasta completar aforo y con emisión online.
Martha Escudero (Ciudad de México) vive en Barcelona desde 1993 y se dedica profesionalmente a la narración oral. Narra para todo tipo de público. Su repertorio se nutre de cuentos tradicionales y de adaptaciones de relatos de autores. Algunos de sus espectáculos incorporan música y canciones. En esta entrevista nos acercamos a los cuentos de miedo que viajaron del Mediterráneo a México y luego retronaron al viejo continente para conocer su origen, su evolución y el papel que desempeñan en la sociedad.
¿Qué historias de miedo, que han partido del viejo continente con destino al Nuevo Mundo y que han retornado con sus variantes culturales, destacaría por su importancia y singularidad?
Muchas de las historias de allá provienen, definitivamente, de toda la influencia del cuento indoeuropeo. Uno de los casos donde se juntan tradiciones y aparecen elementos particulares son las historias que tienen que ver con la muerte. Así como por acá la muerte tiene este carácter tan fatídico y terrible, se junta allá con una idea diferente. En las culturas de América, sobre todo de Mesoamérica, la muerte es un estado como la vida, está más normalizado. Entonces, el personaje de la muerte no aparece para nada como algo terrible, pero sí como un final, como el cierre de una etapa. Se dan unas mezclas muy particulares, porque historias de acá como «la muerte madrina», en la que el vivo burla a la muerte, allá se transforman en una muerte justa. El vivo quiere engañar a la muerte, pero al final la muerte, con quien ha hecho un pacto que él se ha saltado, le aplica la resolución y acaba mal, muerto. Lo que prevalece es la justicia, cumplir con la palabra. Resulta divertido cómo este mismo tema se traduce en dos finales, en dos momentos culturales diferentes.

Una figura que con el tiempo ha llegado a ser popular en España es la de la calavera Catrina. ¿Qué simboliza en México?
La imagen de la calavera Catrina como tal aparece en el siglo XIX de mano de un ilustrador y grabador llamado José Guadalupe Posada, que ilustraba diarios, revistas y periódicos. En un momento dado crea la imagen de esta calavera tocada con un sombrero con plumas elegantes y aparece este personaje de la muerte. Antes no existía la Catrina. Después, ya en el siglo XX, el pintor muralista Diego Rivera le hace un retrato de cuerpo entero en un mural muy famoso, donde aparece la muerte en medio, rodeada de un montón de personajes, entre ellos Frida Kahlo. Esta imagen no es muy antigua, no viene de la tradición, pero sí es cierto que desde la época prehispánica esta figura de la muerte existe como parte de la vida. El “Mictlantecuhtli”, que es el lugar a donde se van los muertos, no es el infierno, sino que tiene más que ver con una concepción griega del inframundo.
¿Qué papel juegan las leyendas urbanas y los mitos locales en la tradición de los cuentos de miedo en México?
En México D.F., por ejemplo, hay toda una colección muy interesante de leyendas que se construyeron en la ciudad colonial, en la Nueva España. Entonces, obviamente, todas esas leyendas son las historias que viajaron hacia allá y que se instalaron en esa nueva ciudad, mezclándolas con una tendencia al pensamiento mágico que existía en aquella tierra.
Una de las leyendas más importantes de esta época es la de «La llorona». En la leyenda de «La llorona» se cuenta que una pobre mujer desequilibrada mata a sus dos hijos, después se quita la vida y se transforma en un espectro que vaga por las calles de la ciudad llorando: “¡’Ay mis hijos, ay mis hijos!”. El drama de esta mujer no es por que se haya vuelto loca. Ella es realmente mestiza, pero no lo sabe. Su padre, que le ha escondido su origen, le niega casarse con un hidalgo español. Ella se empeña y se fuga con el hidalgo, que sí conoce su origen. La deja en una casa, tienen dos hijos, pero no contrae matrimonio con ella. Le dice que se tiene que marchar a España de viaje y ella pasa mucho tiempo sola sin saber nada hasta que un día decide salir y se entera de que él no se ha marchado y además se va a casar con la hija de una familia criolla, que son los españoles nacidos en América. Ahí es cuando se vuelve loca. Esta imagen de “¡Ay, mis hijos!”, de este lamento, tiene su origen en la deidad que era la madre tierra para los aztecas, Coatlicue. Ahí se inserta este lloro que lamenta “¡Ay, qué será de mis hijos!” en un momento de guerra. Y es muy interesante ver cómo esta frase se traslada.

¿Por qué cree que el miedo ejerce tanta fascinación entre la gente?
El miedo es una de las emociones primordiales del ser humano y, a pesar de que no lo tenemos muy bien considerado, nos puede salvar la vida. Una persona muy temeraria va arriesgándose y muchas veces se lo encuentra. El miedo nos conecta con algo muy ancestral e infantil, pero no en el sentido de la edad, sino de la inocencia. Con algo muy limpio y puro, que no pasa por el intelecto, y se instala en los huesos. Esa cosa que nos hace temblar nos gusta por eso.
El miedo es una de las emociones que el cuento tradicional trata con total normalidad, porque simplemente existe.
¿Qué función desempeñan los cuentos de miedo, tanto para un público infantil como adulto?
El miedo es una de las emociones que el cuento tradicional trata con total normalidad, porque simplemente existe. En el cuento, especialmente el tradicional o alguno contemporáneo que se precie como buena literatura, que no sea un manual (porque hay muchos ahora), el miedo es tan poderoso como la felicidad, el amor, las ansias de crecimiento y de aventura… Todo eso aparece en los cuentos y forma parte de la vida. Cuando cuentas a un niño un cuento de este tipo, le estás diciendo: “Mira, hijo, la vida tiene todo esto. Te vas a encontrar gente mala, que te quiera hacer daño, pero también gente que te ayude. Debes tener cuidado, precaución, tomar decisiones”. Todo eso lo dicen los cuentos.
¿Cómo selecciona los cuentos que narra en la sesión dedicada a las historias de miedo? ¿Se basa en la tradición oral o también incluye historias contemporáneas?
En esta sesión en concreto que voy a trabajar hago una mezcla entre historia personal, cuento tradicional y algunas anécdotas contemporáneas. Básicamente, lo que yo hago en general y en esta ocasión en particular es contarme a mí misma. O sea, cuento lo que yo siento. A través de mi propio recuerdo y vivencia de mi infancia en México, de unas vacaciones en un lugar que se llama Xoximilco, lleno de ese pensamiento mágico y de personajes, voy hilando historias tradicionales, mías, notas que van corriendo por las redes… En fin, busco el tema, busco dentro de mí, busco cuentos y lo guiso.
Por último, ¿tiene alguna historia favorita con la que siempre disfrute al contarla?
Es difícil escoger, pero hay una historia que me gusta muchísimo porque además tuve el gran honor y placer de conocer a su autora y de mantener con ella una relación de cariño muy cercana, que es Norma Román Calvo. Fue sobre todo una dramaturga muy importante del teatro popular de México, profesora, catedrática… y tiene un libro de relatos que se llama Retablos mexicanos. El retablo es esa ofrenda que se le hace a la divinidad para agradecerle un milagro. En México se desarrolló mucho esta tradición.
Hay un cuento que precisamente habla de ella misma y de su propia abuela. Es la historia de una niña a la que se le muere su abuela y la pequeña está muy preocupada porque quiere saber el momento en el que entrará en el cielo. Entonces, piensa en diferentes opciones de cómo su abuela la podría avisar y va descartando posibilidades hasta que decide que el mejor medio sería que le mandara un mensaje con un ángel. Pero esta figura no podría tener ese aspecto, porque causaría demasiada expectación, de modo que podría venir disfraza de mariposa. La niña está haciendo toda esta elucubración mientras se columpia en un parque y, de pronto, una mariposa se le posa en el vestido. Ella salta feliz y se va pensando que, por fin, su abuela ha entrado en el cielo. Me enternece mucho esta historia; tuve oportunidad incluso de contársela a Norma, su creadora, que llegó a emocionarse, a llorar y a darme las gracias.
Más información:
En la página web de Martha Escudero marthaescudero.com
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo