La pandemia de COVID ha puesto en evidencia la importancia de que los países estén preparados para dar una respuesta rápida y eficaz a las emergencias sanitarias globales. Un asunto clave para salvar vidas, que está inexorablemente vinculado a la investigación científica.
Éste y otros asuntos de máximo interés se abordarán en la mesa redonda «La respuesta de la ciencia ante las emergencias» el próximo jueves 27 de junio a las 19 horas en Casa Mediterráneo a cargo de dos prestigiosas expertas, la Dra. Margarita del Val Latorre, viróloga e inmunóloga, profesora de Investigación del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del CSIC, y la Dra. Inés Galindo Jiménez, geóloga, científica titular y directora de la Unidad Territorial del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) en Canarias. Se trata de dos científicas extraordinarias que tuvieron, cada una en su campo, un papel fundamental en la gestión de la pandemia de COVID-19 y de la emergencia tras la erupción en 2021 del volcán en la isla de la Palma.
El evento, organizado con la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), estará moderado por su rector, Juan José Ruiz Martínez. La entrada es libre hasta completar aforo y el acto podrá seguirse en directo, con emisión telemática, en este enlace.
Entrevistamos a Margarita del Val con el fin de conocer el estado y las necesidades de la investigación científica en nuestro país, así como el riesgo de nuevas amenazas sanitarias globales.
Investigadora científica, viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid, Margarita del Val es doctora en Ciencias Químicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Su investigación se enfoca al estudio de la respuesta inmunitaria frente a las infecciones virales y al análisis de la memoria inmunitaria, que son aspectos básicos del funcionamiento de las vacunas. Ha dirigido numerosos proyectos de investigación y ha publicado artículos de gran impacto junto con su grupo de investigación, frecuentemente en colaboración.
Ha realizado investigaciones en Alemania y en el Instituto de Salud Carlos III, y estancias en EE. UU. y Canadá. Representó a España en la Agencia Europea del Medicamento, y es miembro de la Real Academia Nacional de Farmacia y del Comité Experto Asesor en Vacunas de la Comunidad de Madrid. Coordina la Plataforma de investigación interdisciplinar en Salud Global del CSIC para enfrentar la pandemia de coronavirus y retos futuros. Su contribución a la divulgación de los conocimientos científicos en la sociedad le ha valido el Premio de Comunicación Científica del CSIC y la Fundación BBVA y la Medalla de Honor a los Valores Sociales de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, entre un total de unos 50 galardones y reconocimientos, 16 de ellos como mujer científica.
¿La pandemia de COVID ha cambiado la visión de la sociedad española sobre los científicos? ¿Ahora se les escucha más?
Yo creo que sí. A nivel de sociedad la gente valora más a los científicos y científicas y también aprecia más lo que la ciencia es capaz de aportar, entendiendo mejor que puede afectar a su vida diaria y su futuro.
En cuanto a asesorar en la toma de decisiones, todavía se está desarrollando lentamente. Hace falta más implicación de los científicos en el día a día, no para tomar decisiones, sino para informar y dar su opinión fundamentada sobre circunstancias cambiantes, en base a todo el bagaje de conocimiento previo que tiene cada científico en su campo y al conocimiento mundial.
¿El reconocimiento del papel de los científicos para atajar la propagación del COVID ha ido acompañado de un incremento de los recursos para la investigación?
Durante estos años tenemos acceso a fondos Next Generation europeos, pero eso es algo puntual, un tratamiento de choque, y es para resolver problemas puntuales. La nueva Ley de la Ciencia, que ha sido aprobada por todos los grupos políticos del Parlamento, supone un incremento regular del presupuesto para investigación. Es un aumento pequeño, pero que la comunidad científica española puede ir absorbiendo. Lo importante es que se cumpla. Hasta que lleguemos al nivel europeo de países vecinos, que no son más potentes que nosotros, nos queda mucho. España está muy atrás y tiene unos investigadores fantásticos.

¿En qué consistió la iniciativa COVAX? ¿Cuáles fueron sus resultados?
Con la iniciativa COVAX lo que se intentó fue que todo el mundo tuviera un acceso rápido y equitativo a las vacunas contra el COVID, con el fin de llegar a los países con menos recursos cuanto antes, para protegerles de la infección, del sufrimiento, del colapso del sistema sanitario, del impacto tan tremendo sobre la economía. ¿Cuáles fueron sus resultados? El problema que ocurrió fue que predominó la ley del mercado. Para poder llegar a los países con pocos recursos, primero tiene que haber suficientes vacunas. Y los países con mayores recursos lo que hicimos fue actuar muy temprano y reservar una cantidad muy alta de dosis. Por ejemplo, al principio Europa tenía reservadas cinco o seis dosis por habitante, en una previsión a largo plazo por si hubiesen sido necesarias. Como nosotros acaparamos esas vacunas, no hubo posibilidad de que llegasen a países con menos recursos.
¿Qué lecciones han extraído los países más vulnerables?
Básicamente, se han concienciado de que no pueden depender de países con más recursos para obtener sus dosis de vacunas y que tienen que lograr ser muy autónomos. Por lo tanto, si vuelve a haber una amenaza semejante, habrá que establecer una coordinación internacional bastante más potente de la que hemos tenido en la pandemia de coronavirus y de la que todavía está en marcha. Ahí queda camino por recorrer para estar mejor preparados.
En la actualidad se ha producido un aumento de casos de gripe aviar por todo el mundo y la OMS ha pedido vigilar los brotes en animales. ¿La gripe aviar y su mutación con la gripe humana podrían ser una nueva amenaza global?
Podría ser. La gripe siempre ha sido una posibilidad, sobre todo porque ya ha ocurrido recientemente. En el siglo XX y XXI ha habido varias pandemias de gripe. Lo normal en la gripe aviar no es sólo que mute, sino más bien que se reorganice con el virus de la gripe humana o el virus de la gripe de los cerdos.
Lo importante es que ahora mismo hay una avalancha brutal de casos de gripe aviar en aves y también en mamíferos muy diversos, tanto silvestres como domésticos, de granjas. Por eso se denomina panzootia, que es una pandemia que se da en animales. Está habiendo pocos casos en humanos y los que hay tienen una mortalidad de alrededor del 30%, que es muy alta. La gripe aviar no se transmite todavía bien entre personas y por ello la Organización Mundial de la Salud la considera un riesgo bajo para los seres humanos. Pero se nos está acercando, por lo que hace falta muchísima vigilancia, tanto en animales como en personas expuestas al contacto con este tipo de animales, por ejemplo, en granjas.
Hay una pandemia que está subiendo regularmente, que es la relativa a la resistencia a los antimicrobianos, a los antibióticos.
Al margen de la gripe aviar, ¿qué otras pandemias mundiales podrían sobrevenir?
Hay una pandemia que está subiendo regularmente, que es la relativa a la resistencia a los antimicrobianos, a los antibióticos. Va avanzando y el hecho de que no se extienda de golpe no quiere decir que no sea menos importante. El segundo frente, junto con la gripe aviar, es el de otras enfermedades de transmisión respiratoria que, aunque estén ocultas, pueden aparecer de repente y sorprendernos, como ocurrió con el coronavirus.
Y en tercer lugar existe la amenaza de la propagación desde los trópicos a casi todo el mundo de enfermedades transmitidas por insectos. Por ejemplo, el dengue, el chikungunya, el zika y, esperemos que no, la fiebre amarilla.
¿La creciente resistencia a virus y bacterias se debe, en parte, a la automedicación y al mal uso de los antibióticos por parte de la población?
Bueno, ahora ya no nos podemos automedicar porque ya sólo recibimos los antibióticos con receta médica. Ese problema ya ha mejorado. También es importante saber que los antibióticos se tienen que tomar hasta el final. Si los tomamos durante poco tiempo, les estamos dando armas sobre sus compañeras a aquellas pocas bacterias que tardan más en sucumbir a los antibióticos, las que son un poco más resistentes, y así se van seleccionando poco a poco.
De todas maneras, la culpa de que haya resistencias a los antibióticos no es estrictamente de las personas, aunque algunas contribuyan a ello. Los antibióticos son las armas que tienen los microorganismos para defenderse unos de otros y, por lo tanto, tienen resistencias a ellos. Están en el medio ambiente, en los animales cuando se les alimentaba con grandes cantidades de antibióticos para engordarlos y en las personas. Entonces, lo que hay que hacer es un abordaje integral de las resistencias a los antimicrobianos. ¿Cuántos están en las aguas residuales que generamos, junto con otros medicamentos? ¿Cuánta cantidad llega al medio ambiente? ¿Cuánto procede de los animales? Este enfoque amplio es algo que se está engrasando ahora más, porque la amenaza es cada vez más cercana. No se debe culpar sólo a las personas del mal uso de los antibióticos -se los deben tomar bien, por supuesto- pero ahí no se encuentra todo el trabajo que hay que hacer.
También me gustaría preguntarle por la situación actual de los contagios por VIH. ¿Desde que existe un tratamiento eficaz contra el Sida, la población se ha relajado a la hora de tomar medidas preventivas?
Bueno, el VIH está más controlado porque además de existir los antirretrovirales, que funcionan muy bien, hay también un tratamiento preventivo para personas de riesgo. Muchos individuos que pertenecen a este grupo están adscritos a este tipo de tratamiento, consistente en la profilaxis preexposición. Durante la pandemia, con todas las medidas que tomamos disminuyeron las enfermedades de transmisión respiratoria, lógicamente, no sólo el coronavirus, sino también muchas otras que ahora están volviendo a sus niveles anteriores, pero todas las enfermedades de transmisión sexual (ETS) aumentaron, sobre todo entre los jóvenes, debido a que no se estaban tomando medidas nuevas para prevenirlas. Y eso es un problema porque la mayoría de las enfermedades de transmisión sexual carecen de vacunas que las eviten y algunas tienen importantes consecuencias.
Por ejemplo, las ETS tienen efectos en el sistema nervioso y sobre enfermedades neurodegenerativas, que se suman a los daños de la propia infección y las lesiones que ésta ocasiona. Este tipo de enfermedades está avanzando y, entre ellas, el VIH no es la que está desarrollándose más. Ahora no se le considera una amenaza tan tremenda como se percibía antes de disponer de los antirretrovirales; se le tiene un poco menos de miedo y aunque está creciendo, no aumenta tanto como las otras enfermedades de transmisión sexual. A eso ayuda también el hecho de que es la que mejor se evita con el preservativo, mientras que frente a las otras ETS, que se transmiten especialmente por contacto, este medio sólo ofrece una protección parcial.
Lo que más nos han enseñado estas vacunas es que son muy seguras, las más seguras de la historia, por la gran farmacovigilancia que se ha hecho sobre ellas.
Volviendo al tema del coronavirus, me gustaría conocer su opinión sobre las vacunas. Pese a sus detractores, España es uno de los países del mundo donde más gente se vacuna. ¿A raíz de la pandemia ha aumentado el número de personas que confía en ellas?
España es uno de los países del mundo en los que la población es más sensata, más responsable, que entiende mucho mejor la eficacia de las vacunas y hasta dónde llegan. Hay un gran porcentaje de vacunación. La desconfianza existente es la misma que había antes. Hay personas que son un poco más reacias a vacunarse o a vacunarse tantas veces, pero ese porcentaje no ha subido notablemente.
Lo que pasa es que ahora nos llama más la atención que antes porque hemos visto vacunarse a la mayoría de la población y realmente nos choca ver a personas que no se quieren vacunar. Lo que más nos han enseñado estas vacunas es que son muy seguras, las más seguras de la historia, porque la farmacovigilancia que se ha hecho sobre ellas, es decir, observar y analizar exhaustivamente casi todo lo que están causando -como debe hacerse- nunca se había llevado a cabo con ninguna otra vacuna, ni con ningún medicamento.
Hay tal observación que podemos asegurar que sabemos bastante de los efectos que causan, mucho más que en cualquier otro medicamento y, por lo tanto, que son muy seguras. También tenemos constancia de que son muy eficaces, pero que no evitan del todo el contagio, ni duran muchos años. Esto provoca que algunas personas piensen que, si no les van a servir para toda la vida, no les valen y no se las creen. Cuando la realidad es que tenemos las mejores vacunas posibles, son muy buenas, aunque no de matrícula de honor.
También hay gente que, como ya no percibe el coronavirus como una amenaza grave, decide no seguir vacunándose. Pero esa decisión la tiene que valorar cada cual según sus propias circunstancias. El virus puede causar enfermedad leve o moderada, que es cuando ésta se pasa en casa sin necesidad de ingreso hospitalario, debido al alto porcentaje de vacunación e inmunización a las diversas infecciones por coronavirus que han tenido casi todas las personas.
La gente tiene que valorar si pertenece a un grupo de riesgo, como sufrir enfermedades crónicas, en particular cardiovasculares, diabetes, renales o inflamatorias, así como si es de edad avanzada. Estas personas se deberían vacunar todos los otoños. A un diabético el COVID le puede causar un problema grave. A una persona con enfermedades del corazón, le aumenta la probabilidad de que, aproximadamente en el mes siguiente a la infección, tenga un accidente coronario grave, un infarto, un ictus… Merece la pena vacunarse para no exponerse a esos riesgos.
Según una información publicada en prensa, el pasado mes de mayo una empresa farmacéutica admitió que su vacuna contra el Coronavirus, en casos muy raros, podía provocar trombos. En el supuesto de que así fuera, ¿las ventajas de las vacunas siguen siendo mayores que los riesgos que puedan conllevar?
Aquí hay un error de interpretación. El pasado mes de mayo esta empresa farmacéutica decidió dejar de fabricar la vacuna porque ya no había mercado. Hace ya 3 años se descubrió por la farmacovigilancia que esa vacuna podía provocar trombos en casos muy raros y además fue durante el primer mes en el que se empezó a administrar. Y los beneficios eran inmensamente superiores a los riesgos. De hecho, de todas las vacunas que ha habido en el mundo, la de esta empresa farmacéutica es la que más vidas ha salvado; ha sido espectacular. Los beneficios han sido muy superiores a los riesgos y además se supo cómo controlar estos trombos. El problema no es de ahora, esto ya se reconoció en su momento y, como decía, el riesgo de provocar trombos es en casos muy raros: uno por cada medio millón de personas vacunadas, un porcentaje muy inferior al riesgo de provocar trombos que tiene la propia infección por coronavirus sin estar vacunado, que a su vez trae consigo complicaciones mucho más frecuentes y graves. Además de las complicaciones que antes señalaba, están las secuelas que puede dejar el COVID persistente.
A todo ello hay que añadir que el riesgo de trombosis de esta vacuna es muy inferior al de otros medicamentos. Nunca se había logrado detectar esta bajísima frecuencia en una vacuna o medicamento, sólo ha sido posible porque ha habido una farmacovigilancia tremenda de las vacunas. Cuando uno mira los efectos adversos en los prospectos de cualquier medicamento lo máximo que se advierte es cuando éstos ocurren en una de cada 10.000 personas (que es lo mismo que 50 efectos adversos cada medio millón de personas, para poder comparar fácilmente), lo que es unas 50 veces más frecuente que con esa vacuna.
Como decía antes, esa vacuna se retiró el pasado mes de mayo simplemente por razones de mercado. Ya no nos estábamos vacunando tanto. La farmacéutica no admitió nada nuevo y ya había habido mucha transparencia por su parte cuando se empezó a detectar. Gracias a ello se logró que las personas vacunadas y los médicos que las atendían reaccionasen inmediatamente, tratándolas enseguida. En cuestión de escasas semanas se comprobó la eficacia de un tratamiento que se apuntó a los pocos días de detectarse el problema. La reacción fue rapidísima. Se descubrió un efecto sumamente infrecuente, se logró proponer un tratamiento, se confirmó que funcionaba, que era sencillo de aplicar y estuvo disponible en todos los hospitales.
Ya por último, me gustaría conocer cuáles son sus principales líneas de investigación.
Trabajamos en aspectos muy básicos. Primero, tratamos de averiguar cómo eliminar las células infectadas en el organismo. Lo segundo que hacemos es estudiar cómo es la respuesta inmunitaria frente a distintas infecciones en poblaciones de personas adultas y muy ancianas. El objetivo es comparar cómo la respuesta inmunitaria nos sigue protegiendo a lo largo de la vida para así poder determinar la vulnerabilidad de los distintos grupos poblacionales, saber qué aspectos son los que más contribuyen a la fragilidad cuando las personas llegan a edades muy avanzadas.
Lo hacemos por progresar en el conocimiento y en la protección de estas personas, pero también con una perspectiva más amplia de saber qué ocurriría si hubiese una nueva pandemia que afectase sobre todo a los muy mayores. Si tenemos más protegidas a las personas de edad avanzada, el impacto sanitario y el efecto económico serán menores. En resumen, nuestro enfoque de la investigación va desde la ciencia más básica a una visión de salud pública.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo.