El Mar Negro, uno de los emplazamientos con mayor valor geoestratégico del planeta, será objeto de análisis el miércoles 5 de febrero en la segunda sesión del ciclo de conferencias “Los otros mares”, que invita a reflexionar sobre las implicaciones económicas, geoestratégicas y culturales de estos espacios y sus relaciones con el Mediterráneo. La conferencia correrá a cargo de Fernando Arancón, director del medio independiente El Orden Mundial, a las 19 h., con entrada libre hasta completar aforo y emisión online. En esta entrevista, nos ofrece un adelanto de la charla.
Pese a su reducido tamaño y aislamiento, el Mar Negro es considerado un punto estratégico clave en el ámbito internacional. ¿Qué factores le confieren tanta importancia?
Hay varios factores. En los tiempos recientes, desde la segunda mitad del siglo XX, el Mar Negro constituye la separación entre el mundo Occidental, la Unión Europea y la OTAN, y la antigua Unión Soviética, que luego se convirtió en el nuevo espacio soviético con Rusia.
Entonces, aunque no haya una frontera física, porque es una masa de agua, el Mar Negro sí que se ha convertido en cierto punto de fricción entre ambos bloques. Al este tenemos el Cáucaso, que ha sido una región bastante conflictiva desde los años 90 y que hasta hace muy poquito ha tenido guerras como la última del Alto Karabaj. Luego está Turquía, que es uno de los países más importantes de la OTAN, que dispone de uno de los ejércitos más potentes de la Alianza Atlántica después de Estados Unidos. Y toda la zona de los Balcanes Orientales o Nororientales con Bulgaria, Rumanía, con ramificaciones a Moldavia con la situación de Transnistria. Por supuesto, las dos guerras de Ucrania, la de 2014 y la de 2022; o si lo queremos tomar como una sola guerra, con una especie de pequeña pausa o de reducción de la intensidad en medio.
A todo ello se añade la cuestión de los hidrocarburos, que al final vengan desde Rusia o desde el Cáucaso, sobre todo de Azerbaiyán, la zona del Mar Caspio, de cara a la Unión Europea el Mar Negro se ha convertido en una zona de tránsito muy importante -de hecho, ha habido varios proyectos frustrados, otros que sí han salido bien-, sobre todo teniendo en cuenta la particularidad de que no es un mar en absoluto abierto, sino que tiene el doble cuello de botella de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Es una zona que ha tenido menos relevancia las últimas décadas, pero desde la guerra de Ucrania de 2022 ha cobrado una relevancia enorme.
El Mar Negro reviste gran importancia por sus recursos energéticos, como petróleo y gas natural, especialmente por ser vía de salida hacia Europa y otros destinos. ¿Cómo influye el transporte de gas y petróleo desde el Mar Negro en la estabilidad energética de Europa y el Mediterráneo? ¿Qué consecuencias tiene el dominio de Rusia en el mercado de gas natural?
En la charla hablaremos de la importancia de la obsesión de la salida al mar de Rusia. Aunque el Mar Negro le sabe a poco, si se tiene que conformar con eso, quiere ser al menos una potencia importante en la zona. Quizá eso sería bastante discutible, después de su pobre desempeño en la guerra de Ucrania. Es cierto que por el Bósforo llega al 3 % el tránsito de los hidrocarburos a nivel mundial. No es mucho, pero es una cantidad nada despreciable porque al final resulta evidente que transita desde el Bósforo, sobre todo desde la parte que viene del Mar de Azov y, por supuesto desde el Cáucaso, especialmente la parte de Azerbaiyán.
No obstante, que en términos globales sea poco no implica que para las relaciones energéticas entre Rusia y la Unión Europea no sea relevante. Por ejemplo, en un contexto de dependencia energética de la Unión Europea, sobre todo Alemania del gas que especialmente venía de Rusia, ahora encontrar socios en la zona del Mar Negro o del Cáucaso y con posible extensión al área del Mar Caspio, por ejemplo, Turkmenistán, Kazajistán y otros países de este tipo, se ha convertido en una prioridad para la UE.
De hecho, al poco tiempo de comenzar la invasión rusa de Ucrania, lo primero que hizo la Unión Europea fue irse a Azerbaiyán a cerrar contratos de gas. También lo hizo con países como Qatar intentando diversificar su pool energético, pero ya hemos visto claramente que, en la zona del Cáucaso, Azerbaiyán se ha convertido en un socio y la Unión Europea no ha criticado demasiado las guerras que ha librado con Armenia por el Alto Karabaj. Ahí se ve un poco el intercambio de valores por pragmatismo de la Unión Europea, pero, en cualquier caso, sigue siendo una zona muy relevante. Si se quiere traer gas natural desde Azerbaiyán, puede venir por Turquía, pero también por el Mar Negro y que exista una guerra en esa zona, evidentemente para la Unión Europea es un riesgo añadido en una situación ya de por sí delicada, sobre todo para países del centro-este de Europa. En España lo traemos de Estados Unidos o de Nigeria y no estamos tan expuestos, pero países como Alemania, Polonia, Hungría o Eslovaquia sí que sufren mucho más esa dependencia de Rusia.
¿Qué papel histórico ha desempeñado el Mar Negro en los conflictos y las alianzas internacionales?
El Mar Negro desde la antigüedad siempre tuvo importancia en términos de ser una continuación del Mediterráneo. En una perspectiva colonial los griegos ya lo hicieron, luego los romanos, también los genoveses, que iban heredando las colonias que había dejado su antecesor. Y después vinieron los otomanos. Pero, en cierto sentido, quien tuviese el control del Bósforo podía ir en dos direcciones, fuese desde el Mar Negro hacia el Mediterráneo, fuese desde el Mediterráneo hacia el Mar Negro, que por lo general era la vía más habitual con el Imperio romano, el Imperio bizantino, etcétera.
Ahí había, como digo, una continuidad del Mar Mediterráneo. Luego es cierto que cuando llega el Imperio Otomano y tiene más control sobre el Estrecho del Bósforo, el Mar Negro queda un poco como zona de disputa entre un creciente Imperio ruso y un declinante Imperio otomano. Entonces se convirtió, no en un campo de batalla, pero sí en una zona de fricción entre un imperio que se quería expandir, como era el caso de Rusia hacia el Mediterráneo -la eterna obsesión por salir a mares de aguas abiertas-. Rusia es un país muy grande, pero las salidas que tiene en términos navales son muy secundarias porque tiene el Báltico, que es un mar cerrado, el Mar Negro, en las mismas condiciones, y el Mar Caspio que no da a ningún lado. Como mucho podría salir a la zona del Pacífico, por Vladivostok, pero están la península de Corea, Japón…
En esa zona Rusia buscó mucho la expansión hacia el Mediterráneo para tener una salida tranquila. Nunca lo consiguió como tal, pero al menos lo intentó y sobre todo trató de aprovecharse de un Imperio otomano que estaba en clarísima descomposición ya desde el siglo XVIII. Se produjo la guerra de Crimea, por ejemplo, a mediados del siglo XIX, y una de las razones que motivó el estallido de la Primera Guerra Mundial fue esa búsqueda rusa de sobrepasar el Bósforo e incluso hacerse con su control. Luego, con la Guerra Fría hemos hablado del mundo de bloques, de cómo se genera esa división este – oeste con Turquía como país OTAN, luego Bulgaria y Rumanía como países primero comunistas, luego de la Unión Europea y OTAN… En definitiva, la zona del Mar Negro también ha incentivado ese sentimiento de Rusia de haber perdido influencia, estar en retroceso y carecer del poderío en un mar en el que a principios del siglo XX tenía muchísimo poderío; eso es traumático para Moscú en cierto sentido.

Para Rusia siempre ha sido crucial salvaguardar la libre salida al Mar Mediterráneo desde el Mar Negro. Tras el colapso soviético en 1991, Rusia perdió influencia en la región. En 2014 se produjo la anexión rusa de Crimea ¿Qué repercusiones ha tenido este hecho más allá del Mar Negro, en la geopolítica global?
Efectivamente, la disolución de la Unión Soviética fue traumática para Rusia porque pasó de ser una superpotencia junto a Estados Unidos, con la que competía de tú a tú, a ser un país poco menos que secundario en la escena internacional y además perdiendo grandes cantidades de territorio en favor de todos los países que se independizaron, como Ucrania, Bielorrusia o Kazajistán, que eran los más importantes, pero desde luego también países en el Cáucaso, en Asia Central, las repúblicas bálticas, etcétera. Además, Rusia durante los años 90 atravesó una época de muchísima fragilidad y debilidad económica.
Ese retroceso geopolítico también se vio en el Mar Negro, como no podía ser de otra forma, con el nacimiento de Ucrania, que se siguió quedando con Crimea, la desaparición de los regímenes comunistas en Rumanía y Bulgaria, que con el tiempo acabarían integrándose en la OTAN y en la Unión Europea. Lo que para Rusia o la Unión Soviética en los años 80 podía ser casi un lago propio, porque el único contendiente que tenía era Turquía en el lado de la OTAN -desde luego, tenía muchísimo poder en el Mar Negro- de repente, 20 años después, se encuentra con que tiene una salida muy limitada y la zona de mayor costa o una de las zonas más importantes es el Mar de Azov, que tampoco le da muchísimas garantías porque tiene que pasar por el estrecho de Kerch. Eso para Rusia supuso un problema absolutamente tremendo.
Es cierto que desde 2007, desde la Conferencia de Seguridad de Múnich, en la que Putin anuncia que Rusia quiere volver a ser un jugador global que quiere acabar con la hegemonía de Estados Unidos e ir hacia un mundo multipolar, se pone a trabajar activamente en recuperar cierta hegemonía en la zona del Mar Negro.
La primera guerra de Ucrania con las revueltas del Euromaidán, la anexión de Crimea y luego toda la ayuda a las repúblicas de facto de Donetsk y Lugansk, le hacen ganar un poco de posición, no ya por lo que hace Rusia, sino por la debilidad percibida en el lado europeo, que parece que no está dispuesto a hacer nada por retener esa influencia en el espacio postsoviético o, al menos, en el Mar Negro. Y luego con la guerra de Georgia en el año 2008 Occidente tampoco reacciona y a partir de ahí la guerra de 2022 demuestra claramente que Rusia aspira a tener un control especialmente enfocado en la zona costera de Ucrania, porque la ofensiva, aunque vaya por el Dombás, también se intenta meter hacia toda la zona sur del país, controlar la costa con la intención de llegar a la ciudad de Odesa. Entonces, independientemente de las intenciones que tenga Rusia con Ucrania de volver a convertirla en un país satélite, también se nota mucho la búsqueda de recuperar la costa del Mar Negro para volver a poder proyectarse como una potencia naval en esa zona.
¿Cómo está afectando la actual guerra en Ucrania a la situación estratégica del Mar Negro y su conexión con el Mediterráneo?
Una de las particularidades que tiene el Mar Negro es el acuerdo de los Estrechos de Montreux del año 1936 por el que, no es que se llegue a desmilitarizar, pero desde luego hay condiciones o limitaciones muy fuertes al paso de naves militares extranjeras, barcos que no pueden superar un tonelaje, ni pueden estar más de tres semanas… Eso al final limita la capacidad de escalada naval que se tiene en el Mar Negro. Y, en cualquier caso, más allá de la Armada rusa y más allá de la armada turca, ninguno de los otros países ribereños tiene una capacidad naval importante. La flota de Ucrania era absolutamente ridícula. Pero es cierto también que la flota rusa del Mar Negro no está pudiendo operar con demasiada libertad, limitando su proyección.
Ahora, podríamos decir que no hay ninguna potencia naval claramente en el Mar Negro, sino que muchos países tienen unas capacidades muy parecidas y, sobre todo, la imagen de fuerza que quería mostrar Rusia no ha podido proyectarla. Otro asunto es el bloqueo comercial que quería hacer Rusia a Ucrania, que sigue reteniendo el puerto de Odesa, uno de los más importantes del antiguo imperio ruso. Por supuesto, sigue siendo de Ucrania, por donde exporta buena parte del trigo, que es uno de los elementos que sigue sosteniendo la economía ucraniana. Por tanto, ahí también hay una una variable comercial de que Ucrania, al seguir reteniendo el control de una parte sustancial de su costa, sigue siendo capaz de sostener su actividad económica y un esfuerzo de guerra.
Esto tiene unas repercusiones a nivel mundial. Ya se vio cuando hubo algunos bloqueos del envío de cereales. En el momento en el que Ucrania no podía exportar cereales, países de la zona de Oriente Próximo, pero también del Sahel oriental como Sudán, por ejemplo, lo pasaron muy mal, porque dependen de las importaciones ucranianas. Ahí se ve una conexión entre la guerra de Ucrania y, sobre todo, la zona del Mediterráneo Oriental y el Mar Rojo. De tal modo que no pensemos que el Mar Negro es una especie de mar estanco que no tiene repercusiones en el Mar Mediterráneo. Las tiene y de manera muy claras.
¿Cuáles son las principales amenazas a la seguridad en el Mar Negro? ¿Qué peso tienen la piratería, los conflictos territoriales y las disputas marítimas?
Las disputas territoriales que se trasladan al Mar Negro son evidentes. El objetivo inicial de Rusia parecía claro, como ya he mencionado. Consistía en tomar toda la costa sur de Ucrania, con quizá ramificaciones hasta Transnistria, lo que le daría un peso mucho mayor del que tiene en la zona del Mar Negro. Y, desde luego, rivalizaría claramente con Turquía. Eso no lo ha conseguido, lo cual ya dice bastante de las pobres capacidades que tiene. Luego también creo que hay una amenaza potencial a la seguridad, y se debe a que el acuerdo de los Estrechos de Turquía se renueva cada 20 años y la última renovación es del año 2016. Si se percibe que Rusia sigue teniendo para entonces -quedan 11 años- una actitud muy beligerante y que amenaza la seguridad occidental en el Mar Negro puede darse el escenario de que no se renueve o se haga con otras condiciones. Y eso quizás, haciendo especulación a futuro, puede abrir la puerta a que barcos de mayor peso, de la OTAN por ejemplo, puedan moverse con más libertad en el Mar Negro para contener o para disuadir a Rusia. No es un escenario a corto plazo, pero desde luego tampoco me parecería una locura o que al menos surja ese debate de cara a la renovación del acuerdo dentro de once años. Por tanto, aunque la zona del Mar Negro siempre ha sido un poco secundaria o no se le prestaba mucha atención, puede ir ganando peso conforme pasen los años. También porque algunos países como Georgia, que ahora tiene disputas entre pro rusos y pro europeo. Armenia, con la guerra con Azerbaiyán confiaba en Rusia como un padre protector y que la ha abandonado completamente, quizá puede intentar dar algún tipo de giro prooccidental para, de nuevo, tener un padrino que les proteja frente a Azerbaiyán. Y luego está el caso de Azerbaiyán, que está bien posicionado como un socio energético. Es una zona a la que España no ha mirado demasiado, pero sí debería prestarle más importancia en el futuro.
¿Qué papel desempeña la Iniciativa de los Tres Mares en conectar el Mar Negro con otras regiones europeas estratégicas?
Esto es interesante porque, efectivamente, la estrategia de los Tres Mares de la zona del Báltico, Negro y Mediterráneo es una iniciativa de los países de Europa Central y Oriental. Ahí hay un potencial para países como Rumanía o Bulgaria, aunque choca con la iniciativa Los Cinco Mares de Rusia, que también son mares compartidos, el Mar del Norte, el Báltico, la zona del Mar Negro, el Caspio y el Pacífico Oriental. Va a haber una disputa, porque son iniciativas que en buena medida buscan lo mismo: generar una especie de espacio, no de cooperación, pero sí de desarrollo conjunto.
También es cierto que el tema de la Unión Europea habrá que ver cómo se desarrolla, qué tipo de coordinación hay. Pero esto también se suma a que se sigue, aunque sea de manera descafeinada, la iniciativa de la Ruta de la Seda. Puede haber una especie de superposición, no en un sentido negativo, sino cooperativo de iniciativas económicas, que puede ser bastante provechoso para la región.
Creo que el Mar Negro tradicionalmente ha estado infrautilizado en cierto sentido, también por los países ribereños, que siempre han estado priorizando otras áreas. Pero hay un potencial también muy interesante para países como Bulgaria y Rumanía, en consonancia con Turquía, que al final son los tres socios OTAN.
¿A qué desafíos medioambientales se enfrentan el Mar Negro y el Mediterráneo debido al tráfico marítimo y la explotación de recursos?
El Mediterráneo es un mar que tiene problemas de sobrexplotación muy evidentes, relacionados con el cambio climático, con factores como la creciente subida de la temperatura en un espacio tan cerrado. A esto el Mar Negro no es ajeno y menos aún con un conflicto armado. El Mar Negro siempre ha buscado capacidad de explotación de hidrocarburos, aunque nunca haya llegado a desarrollar un potencial fuerte en este sentido. También hay gasoductos, la cuestión del Nord Stream I y II -nunca tuvimos claro quien fue, pero un sabotaje de ese tipo también se puede trasladar a la zona del Mar Negro.
Evidentemente, si tenemos un conflicto armado puede haber barcos hundidos, lo que podría afectar a petroleros, con el desastre medioambiental que eso generaría. Es decir, que el Mar Negro se encuentre inserto en un conflicto armado, también puede provocar variables de tipo medioambiental relacionadas con gasoductos, oleoductos, vertidos e intentos de una parte de sabotear la costa de la otra.
Por ejemplo, respecto a los drones marítimos ucranianos, ¿quién nos dice que mañana no se pongan a intentar atacar petroleros o infraestructuras rusas? Es decir, hay un potencial negativo para el Mar Negro en cuanto a desastres medioambientales y probablemente los Estados ribereños no son capaces de gestionarlo adecuadamente. Eso es importante mencionarlo. Y en el Mediterráneo es también muy evidente, con factores como las prospecciones de hidrocarburos en la parte oriental. Pero, en general, es un mar que está saturado de tráfico marítimo, tiene muchísima actividad comercial y está sufriendo.
¿Qué rol considera que jugará el Mar Negro en la configuración del orden mundial en las próximas décadas?
Creo que la posición y la relevancia del Mar Negro pueden ganar peso en la próxima década, sobre todo por la renegociación, si alguna parte quiere recalibrar el Tratado de los Estrechos del Bósforo. Vamos a pasar potencialmente de una zona en parte pacificada o muy neutralizada a otra donde se puede abordar o plantear abiertamente una mayor militarización.
Esto hay que ver, de nuevo, si le compensa a países como Turquía, que quizá no se quiera ver arrastrada. Probablemente, tampoco le compense a Rusia, pero sí creo que vamos a una dinámica un poco parecida a la que había a finales del siglo XIX y principios del XX, con un país que busca abiertamente una mayor salida al Mar Negro. Mientras que Turquía puede ser la principal potencia del Mar Negro, porque, primero, tiene una buena armada; segundo, es OTAN, lo cual le ofrece un paraguas interesante y, tercero, y quizás lo más valioso, es el país que controla los estrechos. Sin Turquía, ni entras ni sales del Bósforo; al final es el país que tiene la llave.
Rusia puede tener muchísima capacidad, pero si no la tiene en el Mar Negro para atravesar el Bósforo, su salida al Mediterráneo está completamente capada y más todavía después de haber perdido, quizás de momento, la base naval de Tartús, en Siria. Por todo ello, considero que debemos prestarle más atención al Mar Negro, porque siempre ha sido una zona en el ángulo muerto de la geografía y de la geopolítica, pero por la configuración del orden mundial hacia el que vamos, más orientada hacia Asia, puede ganar bastante más relevancia de la que de la que tiene actualmente.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo