Gerardo Muñoz: «La situación de creciente inestabilidad en el Sahel amenaza con extenderse al Magreb y llegar al Mediterráneo»

Gerardo Muñoz.

Conflictos como el de Gaza, Ucrania o Siria han centrado la atención mediática internacional en los últimos años, obviando otros escenarios de guerra y desolación como los que sufre de forma permanente la región africana del Sahel. Inestabilidad política, conflictos armados intermitentes, terrorismo yihadista, flujos migratorios, hambrunas, sequías… son algunos de los problemas que afectan a una extensa franja que recorre África de este a oeste, desde el Mar Rojo al Océano Atlántico, habitada por aproximadamente 400 millones de personas repartidas en unos diez Estados.

En el Sahel confluyen muchos intereses geoestratégicos y actúan actores poderosos, cuyas alianzas cambian con rapidez. Y en este escenario surgen factores desestabilizadores que suponen una amenaza no sólo regional. El escritor e investigador histórico Gerardo Muñoz ha dirigido su último trabajo a ofrecer un análisis riguroso y actualizado de esta región del mundo en su libro El Sahel. El nuevo escenario de la geopolítica mundial (Almuzara, 2024), cuyo devenir puede traer consigo un fuerte impacto más allá de este espacio.

El autor hablará de las múltiples implicaciones de lo que acontece en el Sahel en una jornada que se celebrará el próximo 6 de febrero a las 19 horas. Presentará el evento Andrés Perelló, director general de Casa Mediterráneo, con las intervenciones de Ángel Losada Fernández, diplomático, exembajador en Irán, Nigeria, Kuwait y exrepresentante especial de la UE para el Sahel, e Ismael Diadié, historiador, poeta y filósofo maliense y último bibliotecario de Tombuctú. El acto es abierto al público hasta completar aforo y con emisión online.

Gerardo Muñoz (Melilla, 1955), afincado en Alicante desde 1981, ha publicado hasta la fecha 31 libros, entre ellos 18 ensayos y 13 novelas, como El desastre de Annual. Los españoles que lucharon en África o La dictadura de Primo de Rivera. Además, es autor de más de 800 reportajes y artículos periodísticos y colabora con el Diario Información y Radio Alicante SER. En 2018 fue elegido por las Cortes Valencianas miembro del Consell Valencià de Cultura. En esta entrevista nos ofrece un anticipo de la charla que le traerá a Casa Mediterráneo.

La región del Sahel es un espacio clave para la geopolítica, no sólo africana, sino también europea e incluso global. ¿Qué hace de esta zona un punto estratégico del planeta?

El Sahel es el flanco sur de la OTAN, donde la influencia de las potencias autocráticas como China y Rusia está avanzando rápidamente desde hace unos años, en detrimento de la democracia, los derechos humanos y la influencia occidental. Además, en el Sahel se concentra ahora mismo la mayor actividad del yihadismo a nivel mundial, contribuyendo con su terrorismo a desestabilizar aún más países que padecen niveles de analfabetismo y pobreza muy altos, con conflictos armados tan trágicos como el que sufre Sudán desde hace casi dos años. Esta situación de creciente inestabilidad amenaza con extenderse al Magreb y llegar al Mediterráneo.

Por su situación geográfica, el Sahel forma un corredor crucial para las rutas migratorias hacia Europa, así como para el tráfico de personas, armas y drogas. ¿Qué grupos mueven los hilos de estos negocios ilícitos?

Desde hace siglos, las rutas caravaneras que atraviesan el Sahel de norte a sur y que servían para comerciar, han sido también utilizadas para el tráfico de esclavos y de mercancías ilícitas. Desde hace unas décadas, al contrabando de armas se ha sumado el tráfico de drogas, ya que el Sahel se ha convertido en el puente de acceso a Europa de los cárteles americanos, especialmente en el transporte de cocaína. La droga arriba al golfo de Guinea por vía marítima y al centro del Sahel (Mali, principalmente) por vía aérea, y desde allí es trasladada al sur de Europa también en barcos y aviones, pero sobre todo por vías terrestres, cruzando Mali o Níger y llegando al Mediterráneo por distintos caminos que llevan a Marruecos, Argelia, Túnez o Libia. Estas rutas son aprovechadas también en sentido contrario, de sur a norte, por traficantes de opio que llegan a costas libias desde Afganistán vía Turquía. Todos estos corredores sirven asimismo para el tráfico de esclavas sexuales y son utilizados por miles de personas que, acuciadas por el hambre, la guerra y la desesperación, deciden emigrar a Europa, muchas de ellas embarcándose en cayucos rumbo a Canarias.

Portada de ‘El Sahel’.

¿Está ofreciendo Europa una respuesta eficaz a estos fenómenos que amenazan su seguridad?

El Gobierno español lleva unos años advirtiendo tanto a la Unión Europea como a la OTAN de la necesidad de tomar medidas eficaces para frenar la pérdida de influencia occidental, el avance de la presencia militar y económica de rusos y chinos, así como ayudar a los países sahelianos a mejorar la gobernanza de sus Estados y vencer al terrorismo yihadista. La UE ha tomado conciencia de ello y nombró a un representante exclusivo para el Sahel, y hace unos meses el nuevo secretario general de la OTAN ha nombrado a un diplomático español como representante suyo en la zona. Pero la reacción está siendo lenta, demasiado lenta, y me temo que, con la vuelta de Trump a la Casa Blanca, la recuperación democrática y de los derechos humanos en el Sahel será ralentizada, sino paralizada.

¿Qué recursos naturales estratégicos alberga la región y quiénes se los disputan?

Muchos de estos países disfrutan de importantes bienes naturales, como oro, petróleo, uranio, gas, litio y demás minerales conocidos como tierras raras, muy valiosos para la industria tecnológica. Pero la explotación de estos bienes ha estado en manos casi exclusivamente de multinacionales, con sedes en antiguas metrópolis coloniales europeas, sin que los beneficios se noten a nivel local, más allá de las esferas de élite. Ahora, estas explotaciones están pasando a manos de empresas chinas y rusas.

El Sahel es un bastión para grupos extremistas. Al Qaeda en el Magreb Islámico, el Estado Islámico del Gran Sahara o Boko Haram han establecido bases en este espacio, que amenazan la estabilidad regional y global. ¿Cuál es la situación actual del terrorismo en la zona?

Las bases operativas más importantes del mundo tanto de Al Qaeda como del Estado Islámico, en sus diversas filiales, están en el Sahel. Luchan entre ellas, pero también se alían contra el enemigo común, que no es otro que los gobiernos y los ejércitos. Durante una década, fuerzas internacionales, encabezadas por Francia, combatieron junto a los gobiernos maliense, nigerino y burkinés, contra los grupos yihadistas, sin lograr vencerlos, lo que provocó una frustración generalizada, hábilmente aprovechada por las agencias de desinformación rusas, para promover golpes de Estado que sustituyeron a los gobiernos democráticos por juntas militares autoritarias, que han prescindido de la ayuda de tropas occidentales y buscado la del grupo Wagner, mercenarios rusos que ahora se hacen llamar Africa Corps. Pero tampoco éstos están ayudando a los ejércitos a ganar la batalla contra los yihadistas, pese a utilizar medios mucho más contundentes contra terroristas y civiles, sin respeto alguno de los derechos humanos.

La influencia de Moscú en cada vez más países es tanto militar como política, con la intención de ganar aliados diplomáticos y romper el aislamiento al que le somete Occidente desde el inicio de la guerra de Ucrania.

Rusia y China están aumentando su influencia en la región mediante acuerdos económicos y militares. ¿Esta estrategia puede afectar a la capacidad de Europa y Estados Unidos para liderar soluciones integrales en la región?

La influencia económica china en África, no solo en el Sahel, es casi absoluta desde hace años. Controlan las principales infraestructuras, especialmente los puertos más importantes, y dominan la economía nacional de casi todos los países por medio de la deuda y de las inversiones. Pekín también vende mucho material militar a los gobiernos africanos, aunque no tanto como Moscú, cuya influencia en cada vez más países es tanto militar como política, con la intención de ganar aliados diplomáticos y romper el aislamiento al que le somete Occidente desde el inicio de la guerra de Ucrania. La presencia militar rusa se extiende por casi todo el Sahel, desde el Mar Rojo hasta el océano Atlántico. El último lugar donde han desembarcado tropas del Africa Corps ha sido en la antigua colonia española de Guinea Ecuatorial, donde el dictador Obiang las ha contratado como guardia pretoriana, en sustitución de los soldados marroquíes que la componían hasta ahora. Y esta influencia política puede ser utilizada por el Kremlin para acentuar la guerra híbrida contra la Unión Europea, empleando como arma los flujos migratorios. No sería la primera vez que presionara a Europa de esta manera; recordemos lo que pasó en las fronteras del este europeo cuando comenzó la guerra de Ucrania.

¿Podría hacer una radiografía del fenómeno migratorio en esta región y de la respuesta que está dándose desde Europa para intentar darle una salida al problema?

La externalización del control de las fronteras que ha realizado la Unión Europea no ha servido para resolver la llegada continuada de inmigrantes de manera irregular. Si acaso, más que para paliar las consecuencias negativas de este fenómeno, está sirviendo para favorecer la represión contra los inmigrantes en algunos lugares allende las fronteras. La solución está en la inversión en los países de origen con vistas a establecer un flujo controlado de inmigrantes con una mínima cualificación y con contrato laboral en destino. Pero esta política se enfrenta desde hace unos años con la utilización populista y electoral que de la inmigración están haciendo los partidos y sectores de extrema derecha en Europa.

Para ofrecer al lector una imagen fidedigna de la situación actual que atraviesa el Sahel, en su libro usted señala que ha seguido un método analítico, al que ha sometido a un análisis adaptativo diario. ¿En qué consiste este método?

Después de redactar el texto del libro siguiendo el método analítico que vengo aplicando desde hace años en mis trabajos como investigador histórico, hasta el momento en que terminé de hacer las últimas correcciones y fue enviado a imprenta, lo sometí a un chequeo diario, adaptándolo y actualizándolo a las noticias que aparecían en los distintos medios de información, contrastándolas con rigurosidad.

Dada la inestabilidad y el peligro en la zona, la presencia de corresponsales en el terreno, sometidos a secuestros y asesinatos- que puedan ofrecer testimonios directos es escasa o nula. ¿Qué tipos de fuente de información ha consultado para escribir este libro y cuánto tiempo le ha llevado publicarlo?

Además de fuentes bibliográficas, como digo, he recurrido a la hemeroteca y a la prensa diaria, nacional e internacional, aprovechando el inmediato acceso que hay a casi toda ella a través de internet. Pero ello supone llevar a cabo una tarea de selección y de verificación que resulta bastante ardua si no se cuenta con la ayuda de un procesador de macrodatos o big data, como es mi caso. A mayor abundamiento, a diferencia de otros libros anteriores míos, meramente históricos, éste del Sahel tiene un componente de actualidad que me ha obligado a trabajar a contrarreloj, ya que la editorial tenía interés en publicarlo como un instant book, término que en el ámbito editorial se usa cuando el libro se produce y publica muy rápidamente.


Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo