Alfonso Ramos: «La posidonia es un regalo de la naturaleza que hay que conservar, especialmente ante el cambio climático y la subida del nivel del mar»

‘El futuro de los mares y océanos’ será el asunto central de la próxima sesión del ciclo ‘Medio Ambiente y el Mediterráneo’, que tendrá lugar el miércoles 7 de julio a las 19:00 h. en formato presencial en la sede de Casa Mediterráneo (entrada libre, previa inscripción en: eventos@casa-mediterraneo.es). La sesión también podrá seguirse por redifusión a través de la web de Casa Mediterráneo.

Con el fin de conocer, en particular, la riqueza que alberga el Mar Mediterráneo, las amenazas y los desafíos a los que se enfrenta, mantuvimos una entrevista con uno de los participantes en el encuentro, Alfonso Ramos, catedrático de biología marina de la Universidad de Alicante y director científico del Centro de Investigación Marina (CIMAR) de Santa Pola, donde se llevan a cabo actividades destinadas a conocer un medio tan cercano y a la vez tan desconocido como es el marino, su biodiversidad y su entorno para enseñar cómo aprovechar sus recursos de forma responsable y contribuir a proteger este frágil ecosistema. Ramos fue coordinador de la Reserva Marina de Tabarca, la primera de estas características en España, un espacio de enorme valor biológico.

La Isla de Tabarca fue declarada Reserva Marina en 1986, convirtiéndose así en la primera zona protegida de España. ¿Cuál fue su papel en la creación de esta reserva marina? 

La reserva marina de Tabarca fue creada a instancias del Ayuntamiento de Alicante, gracias al concejal de Urbanismo y Medio Ambiente, Alfonso Arenas. Los trabajos se iniciaron en 1980 por parte de la Universidad de Alicante y el Instituto Marítimo-Pesquero del Mediterráneo, y coordinados por el entrevistado. 

¿Qué tipo de protección reciben la isla y su entorno?

Fue la primera reserva marina, como bien has dicho. En aquel entonces, en 1983 (cuando empezaron los estudios) no había una normativa específica de áreas marinas protegidas en España porque la legislación era de carácter terrestre, pero existía una orden ministerial que contemplaba las zonas de reserva marina como áreas de repoblación de las áreas circundantes en el mar. Esa normativa prohibía el uso de determinadas artes o modalidades de pesca en la zona y nos acogimos a ella. Además, teníamos la filosofía de las reservas de la UNESCO del proyecto MaB (Man and the Biosphere, El hombre y la Biosfera) que contemplaba en una zona protegida tres tipos de uso: uno de protección integral, uno de amortiguación de misma y uno de multiusos de acceso libre a la gente. 

En Tabarca era imposible hacer una reserva integral porque la isla vive de la pesca y del turismo, por lo tanto no podíamos cerrarla a la gente, habría sido inviable. Tabarca contempló esas tres zonas: una de reserva integral en la zona de la llosa, con 100 hectáreas de superficie en total; un área de amortiguación alrededor de esa zona (650 ha), donde se permitía la pesca con artes selectivos como el curricán de superficie, la potera para calamares y la moruna, que es un arte de una almadraba pequeña, a los pescadores de la isla, y el buceo con permiso, en este caso, de la Secretaría de Pesca del Ministerio de Agricultura y Pesca por ser aguas exteriores. Una de las características de la isla es que la mitad de la superficie de la reserva son aguas interiores, que pertenecen a la Comunidad Valenciana, y la otra mitad son aguas exteriores del Estado. La zona de amortiguación y la de reserva integral se hallaban en las aguas exteriores, y las aguas interiores, alrededor de la Isla, estaban destinadas a la zona de múltiple uso, de libre acceso para la navegación, el baño y el buceo con gafas, tubo y aletas, y la pesca sólo para los pescadores profesionales de Tabarca (otras 650 has.).

¿Qué pescadores profesionales pueden faenar en la reserva marina de Tabarca?

Solamente los pescadores de las cofradías de Tabarca y Santa Pola. Como se trata de embarcaciones pequeñas la autonomía no es muy grande, de modo que sólo se permite a los barcos próximos a la isla. Aunque todo el mundo querría ir a pescar allí, porque hay una gran cantidad de peces.

¿Desde su declaración como reserva marina hace 35 años hasta nuestros días, qué resultados ha dado la protección de la que gozan las aguas de Tabarca?

La pesca artesanal, que es la de proximidad, ha incrementado más de un 100% sus capturas, sobre todo ciertas especies de alto valor comercial alrededor de la reserva, como el mero, el dentón, la langosta y la cigarra de mar. Esas son las especies más importantes, pero hay otras como el falso abadejo, la barracuda, las corvas, los sargos… una gran cantidad de especies que han crecido al dejar que en la zona se reproduzcan y críen. El mar no tiene barreras, ni puertas, con lo cual salen al exterior y pueden ser pescadas.

¿Esas especies, al no estar sometidas en la reserva marina a la sobrespeca, ven incrementarse significativamente su población?

Exactamente. La filosofía es sencilla: proteger la zona donde están los reproductores y la de los juveniles. Hay áreas determinadas donde los peces se reúnen para reproducirse, el pescador lo sabe y lógicamente va a pescarlos allí donde se concentran, y si haces una sobrepesca los reproductores no se reproducen correctamente, con lo cual, si proteges esa zona siempre tendrás pescado. También es necesario proteger a los juveniles, los “pezqueñines” también se concentran en determinadas zonas. Si se les protege, en un año adquieren una talla adecuada para ser capturados y se incrementa la pesca. Así habría siempre pescado.

Se trata de mirar a medio y largo plazo, no a corto, para obtener resultados.

Así es. De hecho, la reserva marina tardó tres años en dar sus frutos, porque como estaba en sobrepesca los primeros años era imposible apreciar un incremento de capturas, ya que los peces tenían que reproducirse y crecer. Y fue un periodo muy duro en el que estuvimos ejerciendo de guardapescas, vigilando. A los tres años empezó a mejorar la situación.

El Mediterráneo es un mar especialmente vulnerable a las invasiones de especies exóticas. ¿Cuáles son las causas y qué papel desempeña el cambio climático en este fenómeno?

El Mediterráneo es el mar con más porcentaje de especies exóticas del planeta. ¿Por qué? Porque, por una parte, es uno de los mares más transitados del mundo por el tráfico marítimo y gran parte de las especies exóticas, o bien vienen pegadas a los cascos de los barcos formando lo que se llama incrustación o ‘fouling’, o viajan en las aguas de lastre -las embarcaciones cuando están vacías se llenan de agua de mar para ganar en estabilidad-. Por ejemplo, un caso que estamos estudiando es la aparición del cangrejo azul americano, que ahora es muy abundante en las costas españolas mediterráneas. Procede del Atlántico occidental y apareció en gran abundancia en la zona de Tarragona (Delta del Ebro), donde hay una compañía de cementos, los barcos van allí a cargarlo y llevarlo a otras zonas. Una posible hipótesis de su aparición aquí es que un barco procedente de México al llegar al puerto de Tarragona soltó el agua de lastre para coger la carga de cemento y en ese agua puede haber microorganismos, pero también larvas de diversas especies. 

Otro vehículo muy importante es el Canal de Suez, que nos comunica con el Mar Rojo, que se ha ampliado. Estos grandes barcos lo han hecho más profundo y el Mar Rojo tiene más influencia sobre el Mediterráneo que al revés, es decir, entra más agua procedente de este mar, de manera que muchas especies, tanto larvas como adultos pueden llegar a cruzarlo. Y ahora en la zona de Israel, El Líbano, Siria y Turquía el porcentaje de especies exóticas es muy alto, constituyendo casi el 10% del total. Nosotros no tenemos ese porcentaje, pero ya nos están llegando algunas especies del Mar Rojo.

[su_quote]De cada 100 especies exóticas que entran en el Mediterráneo, la gran mayoría se queda en los puertos porque es una zona degradada que les proporciona protección.[/su_quote]

¿Qué amenazas constituyen estas invasiones biológicas para las plantas y los animales marinos autóctonos del Mediterráneo?

Alfonso Ramos

De cada 100 especies exóticas que entran en el Mediterráneo, la gran mayoría se queda en los puertos porque es una zona degradada que les proporciona protección. Nueve especies de cada 10 se adaptan al exterior, se naturalizan, se hacen compatibles con el ambiente, pero un 1% puede ser invasora porque afecta a los hábitats o a las especies autóctonas del Mediterráneo. Tenemos ejemplos como el alga Caulerpa taxifolia que se “fue» del Acuario de Mónaco y ha estado conviviendo con nuestra Posidonia oceanica, que es el mejor regalo que tenemos de la naturaleza en el mar. Y sobre todo lo que más nos preocupa es una familia de peces herbívoros, los peces “conejos”, sigánidos que han entrado por el Mar Rojo que no tienen competidores y que están arrasando las poblaciones de algas del Mediterráneo oriental.

Las algas son vida para los animales, donde encuentran comida y sobre todo refugio. Y estos peces han llegado hasta el Canal de Sicilia. Tenemos una barrera natural por las corrientes entre Sicilia y Túnez, pero el día en que puedan pasar no sé lo que va a ocurrir. Ése es el gran peligro al que nos enfrentamos y el cambio climático lógicamente lo está favoreciendo al calentarse las aguas, ya que estas especies son de origen cálido.

También tenemos un problema con el cangrejo azul americano, una especie invasora, aunque no se pueda erradicar su captura por pescadores al menos los mantiene a raya. Ahí juegan un papel muy importante las áreas marinas protegidas. Estas especies normalmente proliferan en zonas degradadas, donde no tienen competencia con las especies autóctonas. En las reservas marinas como la de Tabarca, donde tenemos unas praderas de posidonia maravillosas, de las mejores del Mediterráneo, unos fondos rocosos y toda una serie de hábitats muy bien conservados con un alta biodiversidad, las especies exóticas son muy raras porque tienen competidores y/o depredadores que las controlan, mientras que el Puerto de Alicante las especies alóctonas son abundantes.

La Posidonia oceanica es una planta marina de gran importancia biológica y ecológica, endémica del Mediterráneo. ¿Dónde reside su relevancia y por qué está amenazada?

El caso de la posidonia es curioso porque constituye un ejemplo de lo que nosotros llamamos un género relicto. El Mar Tethys, un antiguo mar tropical que circundaba todo el planeta, se fue haciendo cada vez más pequeño por la tectónica de placas que fueron uniendo los continentes. Hace unos cinco millones de años el Estrecho de Gibraltar se cerró y se secó, pero previamente esta planta ya se encontraba en el Mediterráneo y resistió -se supone que tiene unos 10 millones de años. Otra especie parecida, la Posidonia australis se encuentra en Australia, donde es endémica, al igual que nuestra posidonia lo es en el Mediterráneo. Las dos especies son las únicas vivientes del género Posidonia, lo que es un claro ejemplo de que antiguamente el Mediterráneo estaba conectado con el Indo Pacífico. Esta planta es de origen terrestre, una de las pocas especies que han colonizado el mar; sólo unas 62 especies de plantas (en tierra hay unas 250.000 especies) son marinas. Esta planta tiene raíz, rizoma (tallo), hojas, flores y frutos (las algas no los tienen), pero lo más importante desde el punto de vista del cambio climático radica en que es una especie que suministra un el 50% de oxígeno al Mediterráneo y además es una planta que captura carbono, más que una selva tropical.

La Posidonia oceanica también es importante porque actúa de filtro…

Exactamente, actúa de varias formas, entre ellas como filtro de sedimentos. Cuando hay temporales captura el sedimento y lo deposita en los rizomas. Las hojas protegen la costa de la erosión. Ahora que se está produciendo la subida del nivel del mar, la posidonia es una barrera de oleaje perfecta. Las hojas cuando se desprenden en otoño llegan a la costa y generan un abrigo para evitar la erosión. De hecho, cuando vamos por la costa vemos la cantidad de hojas que cubren nuestras playas. Son las hojas de posidonia, que caen como la de los árboles en otoño. Esas hojas generan una especie de manto evitando que la arena se la lleven los temporales. Después de mucho luchar se ha conseguido que los ayuntamientos la dejen desde octubre hasta marzo para preservar así la arena de las playas. Ahí incido en la educación ambiental, que es fundamental. Por lo general, la gente cuando ve la posidonia dice que la playa está sucia. Por eso es importante la difusión y la divulgación científica.

Posidonia oceanica

¿La educación ambiental es especialmente eficaz si se imparte desde las escuelas, a edades tempranas y a los jóvenes, para así crear en la sociedad una conciencia de respeto al Medio Ambiente?

Sí. Se echa en falta que los ayuntamientos tomen conciencia, aunque algunos ya han empezado, de la importancia de informar a la gente acerca de que cuando la playa está llena de hojas significa que es de las más limpias porque la posidonia está al lado. La posidonia además como genera oxígeno es una depuradora natural, degrada la materia orgánica. Es un regalo de la naturaleza que hay que conservar, especialmente ante el cambio climático y la subida del nivel del mar. 

El cambio climático está afectando a la subida de la temperatura de mares y océanos. Este aumento está ocasionando incluso alteraciones de género en la reproducción de algunas especies. ¿Qué consecuencias puede acarrear este aumento de temperaturas para plantas y animales marinos? 

Eso sucede en las tortugas, a mayor temperatura aumenta la proporción de hembras respecto a los machos. También lo que está produciéndose es que las especies de interés pesquero, como la sardina o el boquerón quieren aguas frías y al calentarse la superficie se van a mayor profundidad, de modo que pueden escapar a los artes.

Otro problema de gran envergadura son los plásticos, que representa el 95% de los residuos que flotan en el Mar Mediterráneo, según estudios de ONG como Greenpeace y WWF. Estos desechos constituyen una seria amenaza, no sólo para numerosas especies como los delfines, las tortugas o las aves marinas al ingerirlos o quedar atrapados en ellos, sino también para la salud de los seres humanos cuando los microplásticos y los nanoplásticos entran en la cadena alimenticia. ¿Cómo acaban estos residuos en el mar?

Por dos vías: una lógicamente es la marítima, pero la principal es de origen terrestre. La mayor concentración, aparte de las grandes islas de plástico que hay en el Pacífico por sistemas de corrientes en giros, se produce en la costa. La principal fuente de contaminación por plásticos es de origen terrestre. Particularmente vienen por los ríos o las ramblas, y cuando llega una gota fría o una lluvia torrencial éstos van a parar al mar. Un ejemplo, cuando hay una riada de ese tipo, Tabarca que es una zona limpia, aparece llena de plásticos y cañas que proceden del río Segura.

Ahí hay una labor de educación ambiental fundamental y buscar alternativas a esos plásticos para que se degraden. Ya se ha tomado la medida a nivel europeo de que los plásticos de un solo uso se dejen de comercializar, porque es una parte importante de la contaminación, pero hay que seguir dando más pasos, como que las botellas de plástico sean bio-degradables en un corto espacio de tiempo, porque pueden tardar en hacerlo cinco siglos.

A partir de este año, en la Unión Europea están prohibidos los plásticos de un solo uso, lo que excluye a las botellas, las latas, el plástico de empaquetado o plásticos derivados de agricultura…

De la noche a la mañana no pueden prohibirse, ya que se generarían problemas socio-económicos. Tenemos un ejemplo en lo que está sucediendo con el Covid: por un lado están las medidas de prevención y control de la pandemia por parte del Ministerio de Sanidad y por otro lado se encuentran las lógicas demandas de los hosteleros de poder seguir trabajando. Hay que encontrar un equilibrio. Tiene que prevalecer la protección de la población, pero también hay que tener en consideración al sector económico y social. Y las medidas drásticas lo que llevan es a conflictos a corto plazo. Hay que ir preparando poco a poco a la industria para el cambio, al igual que con las energías renovables, hay que ir progresivamente, no se puede desplazar totalmente a la energía nuclear o el petróleo, porque es lo que mueve la industria. A nivel local, lo estamos viendo con la instalación de placas solares, o el avance de la energía eólica, pero de momento constituyen sólo un 20% de la energía. Poco a poco hay que ir cambiando la mentalidad. Las compañías eléctricas ya están cambiando, invirtiendo en la investigación del hidrógeno verde, que es la energía del futuro. 

Desde la Unión Europea se están tomando cada vez más medidas de protección del Medio Ambiente. ¿Cómo ve usted el futuro?

Yo soy optimista por naturaleza, pero el futuro lo tenemos que hacer entre todos porque el planeta Tierra, aunque parezca grande, es pequeño. Y todo está interconectado. Un pesticida aquí puede aparecer en la Antártida por la acción de las corrientes de la estratosfera, las corrientes oceánicas, etcétera. Está muy bien que Europa tome la iniciativa de protección, de energías renovables, materiales reciclables, economía circular… pero si China y la India no lo hacen, con la enorme población que albergan y sus elevadas emisiones, es muy relativo, pero lógicamente hay que comenzar a hacerlo.