Alicia García-Herrera, autora de ‘La dama blanca’: «Uno de los objetivos de Tolkien era traer una nueva luz creativa al mundo»

La dama blanca (Plaza & Janés, 2023) es el nuevo libro de Alicia García-Herrera, con el que la autora se estrena en el género de la novela tras la publicación de sus exitosos ensayos y relatos Esto no estaba en mi libro de mitología griega o Calle Progreso, 36, se vende. La dama blanca toma como punto de partida un desconocido episodio de la vida del célebre escritor J.R.R. Tolkien y las lagunas que lo rodean para recrear la apasionante historia de Gala Eliard, la mujer que pudo haber inspirado al creador de El señor de los anillos para uno de sus personajes más famosos, la elfa Galadriel.

García-Herrera estará en Casa Mediterráneo el próximo jueves 21 de diciembre a las 19 h. para hablar del universo femenino de Tolkien y de las influencias que ejercieron en su proceso creativo sus vivencias en el frente en la I Guerra Mundial, temas en los que la escritora ha indagado en los últimos años para documentar sus investigaciones. En el acto, de acceso libre hasta completar aforo, Alicia García-Herrera conversará con la periodista Sonia Marco acerca de todos estos temas, de los que nos ofrece un adelanto en esta entrevista. El evento podrá seguirse en formato online en directo en el canal de YouTube de Casa Mediterráneo.

Alicia García-Herrera es doctora en Derecho por la Universitat de València y Máster en mediación y gestión de conflictos por ICAV-CEU. Es autora de numerosas publicaciones jurídicas, trabajos de crítica literaria, cuentos infantiles y relatos incluidos en siete antologías. En 2017 obtuvo dos premios literarios: el segundo premio de relato histórico Museo l’Iber, con el relato Los cuatro inmortales, basado en el escritor J.R.R. Tolkien, y el primer premio de narrativa de la Dirección General de l’Institut Valencià per les Dones i per la Igualtat de Génere, con el relato Calle Progreso 36, se vende.

Colabora con la sección cultural del diario la Varguardia y en Revista de Letras; también con las revistas literarias Quimera, La Retaguardia, Mercurio y Crátera. Desde 2017 dirige la colección ‘Mitología para todas las edades’ en el proyecto educativo bilingüe Weeble Books, y las adaptaciones juveniles de La Odisea para Weeble (2020) y la editorial Talón de Aquiles (2019), libros en los que además figura como autora.

¿Cuál es el origen de La dama blanca y por qué tu interés en Tolkien?

Alicia García-Herrera

Yo descubro a Tolkien como la mayoría de la gente, cuando era una adolescente. Me regalan un libro y tengo ese primer encuentro con el autor. A partir de ese momento, me fascina lo que hace, de tal modo que el libro El señor de los anillos, que es el primero que leo, me viene acompañando durante toda la edad adulta. Luego, cuando empiezo a explorar hace unos pocos años, unos seis o siete, sobre los cuentos de hadas, me encuentro con un ensayo titulado On Fairy-Stories, que firma Tolkien, y empiezo a profundizar más. Me llama la atención su visión de la literatura en ese ensayo, lo que él denomina el arte de la subcreación y comienzo a leer también otras historias más antiguas. A partir de ahí surge un ensayo sobre la feminidad en Tolkien, que todavía tengo inédito, y La dama blanca, que es una novela que versa en torno al escritor y a un episodio concreto que se desarrolla en El señor de los anillos.

En uno de los pasajes del libro, Desmond Gilbert, el profesor de Oxford y mentor de la protagonista, Anna, la anima para que escriba una novela sobre sus hallazgos en torno a Tolkien y Gala diciéndole: “Son los temas los que nos eligen”. ¿A ti también te eligió esta novela?

Absolutamente. Aquí se han dado una serie de sincronicidades que tienen una dimensión muy importante para mí. Eso ha sido así desde el primer momento. No me había planteado escribir una novela sobre Tolkien, pero cuando acudo al taller que Sebastián Roa imparte sobre novela histórica, nos pide que hagamos un ejercicio literario consistente en elegir un personaje masculino histórico para hacer un pequeño relato. Elijo a Tolkien y cuando empiezo a investigar, descubro que cien años atrás justamente él había enfermado de fiebre de las trincheras y había experimentado unas vivencias que yo no conocía. Eso me impulsa a querer ir un poco más allá, a profundizar y a construir una novela partiendo de esas vivencias que Tolkien experimenta en el frente del Somme en 1916. Es muy interesante todo lo que me ocurre con este libro. Y así ha sido prácticamente hasta ahora. Sucesos sincrónicos continuos, que me llevan a pensar que estoy elegida, en ese sentido un poco espiritual, y que también estoy en el buen camino. En definitiva, no podía hacer otra cosa más que escribir este libro.

De hecho, la publicación de esta novela coincide con el 50 aniversario de la muerte de Tolkien…

Efectivamente. Hablando de sincronicidades, esta novela la he reescrito dos o tres veces, desde el momento en el que empecé a escribirla, que coincidía con el centenario del momento en el que Tolkien había estado en el Somme, porque soy bastante perfeccionista. Y como tenía intención de publicarla, hubo que hacer una reducción del primer manuscrito original, adaptándolo y suprimiendo algunos pasajes que eran excesivamente históricos o demasiado bélicos. Justo cuando acabo de hacer la última reescritura, ya para pasarla a Plaza & Janés, viene el 50 aniversario de la muerte de Tolkien, del que no había caído en la cuenta. Fíjate que en el epílogo justamente empiezo con el momento en el que Tolkien va a expirar, donde narro cuando fallece, pero no había pensado conscientemente que coincidía la publicación del manuscrito con el 50 aniversario. Es algo de lo que la editorial se da cuenta y que en ese sentido constituye un homenaje a alguien que ha sido muy importante para mí, casi una estrella conductora en lo literario.

Esta novela se nota que tiene mucho trabajo previo de documentación. Aparecen diversos escenarios, como Oxford, Londres o París, y diferentes tiempos históricos. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Soy bastante concienzuda en el tema de la documentación. Todos los lugares que cito en La dama blanca, que son muchos y tienen que ver con Inglaterra y Francia, la mayoría de ellos, especialmente los relativos a Oxford, París y alrededores, los he recorrido, tal y como hace la propia protagonista, así como los escenarios de Gala Eliard en la capital francesa. Me he divertido y he aprendido muchísimo de todo el proceso de documentación, que me ha llevado a Londres a visitar museos, también a Francia, consultar bases de datos, ver bastantes fotografías antiguas, documentales… Creo que es muy importante toda esa labor previa que he hecho, aunque luego todo no puede reflejarse en el libro, de la misma manera que leerme la mayoría de las obras de Tolkien, ahora otra vez, para preparar La dama blanca, buscando referencias de su vida. Me parece importante porque en el libro hay una parte en la que vamos a ver a Tolkien metido en una trinchera, postrado en un hospital, cómo empieza su creación del Legendario o la última reunión en el Concilio de Londres con los miembros del Tea Club and Barrovian Society («Club de Té y Sociedad Barroviana»), cómo era la relación con su novia y luego esposa Edith Mary Bratt o incluso el momento de su muerte.

Creo que es la primera vez que vamos a tener, dentro de una novela que también posee una dimensión metaliteraria y actual, esos episodios de la vida de Tolkien. Los hemos visto algo en el cine, aunque en general pasaron desapercibidos, pero ahora los vemos de forma literaria y bien documentados. Creo que eso es muy importante. Aunque se trata de ficción, la recreación, que no coincide al cien por cien -no estábamos en la trinchera para saber lo que pensaba o sentía Tolkien- es un ejercicio literario, pero todo el contexto está bien documentado y he disfrutado haciéndolo.

St. Hugh, por ejemplo, es un college en el que hace unos años di una conferencia que no tenía nada que ver con lo literario, pero en ese momento descubro Oxford y todos los restaurantes en los que están Desmond y Anna, los escenarios que recorren los he visitado yo. Pueden haber cambiado algo, porque hace dos o tres años que no he regresado, pero en definitiva lo que he querido transmitir ha sido todas esas emociones que experimento cuando visito estos lugares o cuando accedo a documentación o vivencias. Dentro del Imperial War Museum he tenido la vivencia de meterme dentro de una trinchera y experimentar, hasta un punto, claro, lo que podían sentir los soldados estando allí dentro. La diferencia es que yo estuve unos minutos sólo y ellos, imagínate.

Al menos te permitió imaginar lo que se puede llegar a sentir en una trinchera.

Sí, porque así luego lo he podido transmitir mejor en el capítulo bélico en el que Tolkien participa de esa experiencia militar, con la toma de la trinchera Regina. No solamente es por rigor, porque podría haber narrado ese episodio sin necesidad de ahondar tanto, pero visitar Le Touquet, el hospital de París que es un casino hoy día, también me ha ayudado a regresar al pasado, e incluso ver muchísimo material documental de aquella época, fijándome en las caras de los soldados, las cartas que les escribían a sus familias… Todo eso ha sido muy enriquecedor. Claro, no lo puedo reflejar todo, porque sería para escribir otro libro casi, pero algo, un sustrato, se trasluce en La dama blanca.

La dama blanca

La novela combina hechos históricos que ocurrieron en la realidad y elementos de ficción. De hecho, al final del libro ofreces una serie de aclaraciones, desvelando qué hay de real y de imaginario en el relato. ¿Por qué tuviste la necesidad de aclararlo?

En lo que respecta a Tolkien hay un marco que es real, lo que pasa es que, ciertamente, hay algunos personajes que giran en torno a él que son de ficción, porque estamos hablando de una novela. Me he dedicado habitualmente al ensayo, pero la novela me obliga a ir un paso más allá. Partiendo de un marco real, fabular, recrear, lo que se llama también “subcrear” en el lenguaje de Tolkien. Es decir, para narrar cómo vive Tolkien o cómo piensa cuando está en el frente del Somme o en le hospital de Le Touquet-Paris-Plage, evidentemente, tengo que recurrir a la fantasía, no puedo hacerlo de otro modo, aunque sí que es cierto que en esas fechas estuvo allí. Pero cómo hablaban las enfermeras o cómo pensaba él, es un ejercicio literario. Y aunque no sería preciso, cuando hablamos de novela, recordar al lector que estamos en el terreno de la ficción, sí he creído que era necesario hacerlo por un experimento que hice antes de publicar la novela.

Cuando estaba en galeradas, pasé el manuscrito a varias personas de confianza y vieron a los personajes tan vivos que pensaron que Mr. Walsworth existe o que Anna es real, e incluso que se identificaba conmigo. Es decir, muchos de los personajes son fruto de la imaginación y simplemente ayudan a narrar la historia y a conseguir otros objetivos dramáticos, por ejemplo, cuando hablo de Anna Stahl y de Gala Eliard estoy contraponiendo dos mujeres que tienen problemas en el terreno afectivo. Ambas sufren por amor, pero el contexto en el que vive Gala Eliard la lleva a hacer unas elecciones que no son las mismas que toma Anna, quien tiene mayor libertad. Entre ambas hay un siglo entero de conquistas femeninas. Y es importante que a través de dos personajes que viven con un siglo de diferencia, podamos reflexionar cuánto hemos podido avanzar en algunos terrenos y cuánto somos iguales en otros. Es un tema en el que también deberíamos pensar. Cada personaje tiene unos objetivos diferentes y si los convoco es con una finalidad concreta.

[su_quote]Tolkien parte de un contexto muy deprimido económicamente, pero a través de su esfuerzo consigue llegar a ser catedrático en Merton College, un logro muy importante en aquella época, que  consigue gracias a ese estímulo que le da su madre desde el principio.[/su_quote]

En alusión al ensayo que has escrito sobre la feminidad en la obra de Tolkien, ¿qué peso tuvieron en su creación literaria las mujeres que rodearon al autor?

Hubo una mujer que influyó muchísimo, que fue su propia esposa, Edith Mary Bratt. A ella le dedica un personaje, el de Lúthien y, de hecho, en el cementerio de Wolvercote de Oxford, en la lápida donde están enterrados ambos, aparece el rótulo de Lúthien bajo el nombre de ella. Es una mujer que es importante en el desarrollo de su creatividad también porque es su musa oficial. Ese escenario real me llevó a plantearme cuáles fueron las fuentes de influencia para Tolkien y eso corrió parejo al tiempo en el que yo estaba también escribiendo La dama blanca. Quise ir un paso más allá y pensar si hubo otras fuentes de influencia para Tolkien a la hora de elaborar su feminidad. Y de ahí surge el personaje de Gala Eliard también, como algo hipotético y que ayuda en el desarrollo de ese Legendarium que luego él construye.

Es cierto que también su madre, Mabel Tolkien, e incluso su tía, tuvo una fuerte influencia en lo que fue el desarrollo de su carrera como escritor. Mabel fallece tempranamente, pero fue su primera profesora. El interés hacia lo literario y hacia valorar lo que es la formación como trampolín social. Él parte de un contexto muy deprimido económicamente, pero a través de su esfuerzo consigue llegar a ser catedrático en Merton College, un logro muy importante en aquella época, que  consigue gracias a ese estímulo que le da su madre desde el principio. Luego también tiene otros apoyos como su tutor, el sacerdote Francis Morgan.

Las mujeres en la vida de Tolkien tuvieron un peso específico importante. Estuvo rodeado todo el tiempo de mujeres fuertes, aunque fueron pocas, y de algún modo eso se refleja en su literatura. No obstante, también se le ha reprochado que las mujeres que aparecen en su obra son pocas en comparación con los hombres, que no son tan relevantes como ellos, tienen un papel secundario… Aunque yo entiendo a través de ese ensayo, cuya dimensión es divulgativa, que son muy importantes los personajes femeninos que él conforma para el desarrollo de sus tramas. Lo vemos muy claramente en El señor de los anillos con los tres personajes femeninos más relevantes: Arwen, Galadriel y la doncella Eowyn. Hay otros como Lobelia Sacovilla-Bolsón, que también tiene su papel dentro de la historia; se trata de un personaje con algunos tintes negativos, o Ella-Laraña Ungoliant, que también podríamos asociarlo a una feminidad con elementos negativos, pero que al final terminan destruidas.

A lo largo de la novela se suceden varias visitas a cementerios, donde los personajes esperan encontrar pistas de lo que buscan. ¿A qué obedece tu interés por estos lugares?

En La dama blanca el elemento sobrenatural y la comunicación entre los vivos y los muertos están muy presentes. Hay un halo un poco místico que planea sobre toda la obra literaria. De hecho, la escena comienza con una visita al cementerio y en su epílogo termina con un momento en el que Tolkien fallece. Ahí se abre la puerta hacia el otro mundo. El cementerio es el punto físico donde reposan los restos mortales de alguien, es decir, es lo único que para nosotros acredita la existencia. Alguien existió hace tiempo y lo sabemos porque sus restos mortales reposan en un sitio concreto. Pero ese sitio concreto, al mismo tiempo, puede resultar evocador, en el sentido de que también abre una dimensión hacia lo espiritual. Hay algunos capítulos que son bastante importantes: las visitas al cementerio de Rose Hill Manor, cuando van buscando la tumba de André Deveroux. Para resumir, en definitiva, son los puntos físicos que acreditan la existencia de personas que vivieron en el pasado y, al mismo tiempo, portales que permiten la comunicación con ese mundo que es el del más allá, que también está vigente, aunque no lo veamos. Es una opción que tiene el lector; pensar que la espiritualidad existe y que un punto de contacto con ella puede ser ése, al igual que un libro. Hay un momento, que creo que también se menciona, en el que se dice que hablar con los muertos se puede hacer a través de los escritos que dejaron en vida. Esa dimensión es muy importante y eres la única persona que me lo ha preguntado.

Me llamaron la atención, al aparecer en varios pasajes del libro, y además en Reino Unido los cementerios poseen belleza, al estar fusionados con la naturaleza y albergar monumentos cargados de historia.

Es importante lo que acabas de decir, porque tiene que ver con el objetivo que también tiene el libro. Toda la obra de Tolkien también versa en torno a la muerte y la inmortalidad. Y, yo misma, el objetivo que tengo es desdramatizar lo que es la muerte física, porque el cuerpo es perecedero y aunque repose en un cementerio… lo vemos también en Gala Eliard. Una mujer que fue legendaria por su belleza, su cuerpo el tiempo lo termina por destruir. Sin embargo, lo que sí que pervive es la impresión que ella causa en todos los que la rodean e invita a la creatividad. Hay una fuerza inspiradora en Gala Eliard. La gente que la conoce se enamora en un cierto sentido, pero ella en realidad es una fuerza creadora. Entonces, esa impresión que genera en los demás también se traduce en la creación de obras, que es lo que ocurre en Tolkien. Y nos induce a pensar que, aunque no haya nada espiritual o no creamos en el más allá o en Dios, al menos sí hay algo en lo que debemos creer, y es que un impacto emocional que se suscita en el otro puede tener una dimensión artística y literaria, que es lo que hace Tolkien. Eso al menos sí que es real y también espiritual, está despojado de lo material.

[su_quote]Lo literario puede otorgar a las personas otra forma de inmortalidad.[/su_quote]
Alicia García-Herrera

Aunque la persona física no esté, pervive en los libros y en el recuerdo.

Cuando alguien tiene talento artístico como es el caso de Tolkien, lo refleja en lo literario. Y lo literario también puede otorgar a las personas otra forma de inmortalidad, que no tiene por qué ser la que todos pensamos, la religiosa. Al menos esa inmortalidad sí depende de nosotros y es real, la otra no lo sabemos, ya que depende de las creencias de cada uno. Pero yo he jugado con esa idea también: al menos esa inmortalidad sí que podemos afirmar que existe y tampoco sabemos muy bien cómo se suscita, es decir, el inicio es una emoción a la que das un sentido artístico y luego, a su vez, es el impacto que produce en el público al que llega esa obra la que decide si va a perpetuarse a lo largo de los siglos o va a desaparecer en el olvido. Ésa es una dimensión bastante importante en La dama blanca.

En la novela combinas datos del pasado de la biografía de Tolkien que quizás sus seguidores desconozcan y una historia del presente en la que hay amor, desamor, frustración, desengaño, esperanza… sentimientos y relaciones imperfectas que se dan en la vida real.

Aquí tenemos dos historias que están contrapuestas: una que sucede prácticamente en la imaginación, que se idealiza y se traslada a lo artístico y una historia real. Realmente, La dama blanca es un cuento de hadas en el sentido de Tolkien, en el sentido también más crudo. Hay un final que es esperanzador, pero tenemos que pensar una cosa: que la perfección en el amor real no existe. Es decir, si queremos perfección es posible que la encontremos en un amor imaginario. Cuando hay una relación de imposibilidad, probablemente sea más perfecta la historia imaginada que cuando la trasladamos a la realidad. Como seres humanos somos imperfectos y estamos continuamente en un proceso de aprendizaje y de evolución, y nos podemos equivocar, estar sujetos a emociones que no tenemos por qué juzgarlas como malas, porque podemos experimentar codicia, ser excesivamente ambiciosos o no ver el daño que estamos haciendo al otro, pero podemos aprender de todo eso y seguir manteniendo nuestra historia cuando el sentimiento está ahí. Lo que no podemos esperar es música de violines celestial en una relación, porque eso son momentos concretos, pero debemos estar preparados para albergar todo esto y seguir avanzando hasta que nos compense. Si llega un momento en el que ya no nos compensa… Lo difícil del amor es cómo juntamos dos imperfecciones, cómo evolucionamos y crecemos a la par, mientras intentamos ser lo más felices que podamos. Es un tema un poco complicado, pero la intimidad nos da alguna pista.

Esa intimidad aparece reflejada en el libro.

Forma parte de la vida. Negarla es ofrecer una visión parcial de la realidad. Pasamos de lo carnal progresivamente en el libro a una dimensión más espiritual o afectiva.

Por último, una frase que aparece en el libro que me ha gustado mucho es: “Escribir suponía traer algo de luz a un mundo en ruinas”. ¿Es algo que sintió Tolkien tras su paso por la guerra o las circunstancias históricas que le tocaron vivir?

Es un poco más complicado y tiene también su símbolo en La dama blanca. Ya sabes que la estrella que aparece todo el tiempo es un símbolo que tiene que ver con lo luminoso. Uno de los objetivos que tenía Tolkien desde muy joven, junto con otros miembros del Tea Club and Barrovian Society -la asociación juvenil que crean en torno a la biblioteca de la King Edward’s School – era traer una nueva luz al mundo, una luz creativa, cada uno aportando lo que mejor supiera ser. Tolkien, por ejemplo, quería ser poeta inicialmente. Había otros amigos del núcleo duro del Tea Club que se decantaban por la música… cada uno tenía un talento, entonces, explotando cada uno de ellos tenían esa intención. Y, evidentemente, la necesidad se hace más fuerte en la primera mitad de siglo XX con las dos grandes guerras. En la Primera Guerra Mundial, en la que participa brevemente Tolkien, él conoce de primera mano lo que es el horror animal de las trincheras; y luego ya, cuando se hace adulto y tiene sus propios hijos, se da un nuevo conflicto, que es la Segunda Guerra Mundial. Si lo pensamos bien, El señor de los anillos se empieza a gestar en todo este contexto de la Segunda Guerra Mundial. Es una especie de narración que Tolkien pretende dirigir a las nuevas generaciones para que se den cuenta, de alguna forma, del horror que ya se vivió veinte años atrás.

Entonces, es cierto lo que comentas. Él pretende traer esa luz, que sirve para alertar también sobre las consecuencias de la destrucción del mundo natural, que era algo que Tolkien valoraba muchísimo, la naturaleza, los árboles, que aparecen en El señor de los anillos y fueron tan masacrados o más que las personas durante la Primera Guerra Mundial.