Ángel Fitor muestra la belleza y el drama del Mediterráneo en su nueva exposición ‘Mare Lucidum II’

‘Uno’. ‘Mare Lucidum II’ – © Ángel Fitor.

Casa Mediterráneo celebra el Día del Mare Nostrum con la inauguración de una exposición que dirige su mirada hacia la belleza que alberga este mítico mar y su importancia para la vida en la tierra, sin dejar de lado algunos de los principales problemas que lo aquejan con el fin de despertar conciencias. El reconocido fotógrafo de la naturaleza y biólogo Ángel Fitor da una vuelta de tuerca a su anterior exposición, ‘Mare Lucidum. Prosa y verso del Mediterráneo insondable’ conMare Lucidum II. Mediterráneo de luces y sombras’, que se inaugurará el próximo jueves 28 de noviembre a las 19:00 horas en la sede de Casa Mediterráneo (Plaza del arquitecto Miguel López, s/n, Alicante).

La muestra está formada por 53 fotografías distribuidas en 20 paneles, que abarcan desde la luminosidad de las praderas de Posidonia o la vida microscópica en una gota de agua hasta la oscuridad de los plásticos o la sobrepesca. En su conjunto, las imágenes ofrecen un retrato de la compleja realidad del Mare Nostrum, fruto de más de tres décadas de la íntima comunión de su autor con el mar.

En esta entrevista nos adentramos con Ángel Fitor en las profundidades del Mar Mediterráneo a través de la exposición que tan bella y sensiblemente lo retrata.

La exposición Mare Lucidum II. Mediterráneo de luces y sombrassigue la estela de su anterior muestra Mare Lucidum. Prosa y verso del Mediterráneo insondable. ¿Qué aporta su nueva propuesta fotográfica?

En esta ocasión queremos profundizar más en el aspecto narrativo de la realidad marina del Mediterráneo. Hemos pasado de exhibir fotografías individuales, que por si solas ya eran impactantes, atractivas y con relatos importantes, a contar historias mediante varias imágenes, lo que permite que el espectador pueda comprender mucho mejor aquello que se quiere transmitir: la belleza y el drama del Mediterráneo.

La exposición señala que según una estimación aproximada hay 26.600 sextillones de gotas de agua en el océano global. Una evidencia científica afirma que cada una de esas gotas alberga al menos una forma de vida. ¿De qué organismos estamos hablando y cuál es su importancia para la vida en el mar?

Lo que se ha intentado hacer con esa cifra inabarcable es invitar al espectador a imaginar la verdadera dimensión del océano global usando la gota de agua como unidad de medida para poner en contexto la realidad espacial de la que hablamos cuando nos referimos al mar. Hoy en día los viajes comerciales han hecho parecer al mundo más pequeño de lo que en realidad es a escala humana; en cuestión de diez horas podemos estar en el otro lado del planeta, y eso es un espejismo. Además, queremos que el público entienda que la vida marina ocupa cada rincón del mar; que es un fenómeno global, y que está íntimamente ligada a la parte física de nuestro planeta.

En concreto, hablar de la vida marina abarca desde seres muy primitivos como las bacterias o los virus hasta criaturas como las ballenas azules, el animal más grande sobre la tierra. La vida en el mar como fenómeno se ha constatado desde la superficie hasta la fosa oceánica más profunda.

Cartel de la exposición ‘Mare Lucidum II’.

Toda esa vida que está en el mar tiene un eco en nuestras vidas diarias. Hay algo filosófico en el hecho de que algunas de las cuestiones esenciales de la vida sean invisibles.

El hecho de que sea invisible a nuestros ojos no significa que no sea importante.

Efectivamente, toda esa vida que está en el mar tiene un eco en nuestras vidas diarias. Hay algo filosófico en el hecho de que algunas de las cuestiones esenciales de la vida sean invisibles. El plancton, historia con la que abrimos la muestra, tiene un eco determinante en nuestras vidas diarias, ya que es, ni más ni menos, nuestra mayor fábrica de oxígeno. Siempre se ha dicho que la Amazonía era el pulmón del planeta, más para enfatizar su relevancia que para otra cosa. Hoy en día sabemos que más del 50% del oxígeno que respiramos todos en este planeta proviene del mar, en concreto del fitoplancton, la parte vegetal del plancton. Ahí radica la relevancia que tiene para nosotros esa masa ingente de vida que puebla todos los mares.

Otro elemento que se aborda la exposición es la Posidonia, endémica en el Mediterráneo, que está en regresión y también es muy importante para la oxigenación del mar. De hecho, los bañistas suelen quejarse de las algas en las playas, cuando en realidad son un síntoma de que el mar está limpio. ¿Es así?

Así es. Esto es como si nos fuéramos a cualquier bosque de España, de Europa o del mundo y nos quejáramos de que todo el sotobosque está lleno de hojarasca. La hojarasca es lo que alimenta al bosque y a los que dependen de él. En el Mediterráneo, las praderas de Posidonia son nuestro bosque. Nos queda todavía un camino enorme de pedagogía en relación con la Posidonia, en especial en lo referente al turismo. Como referentes en turismo mundial necesitamos urgentemente vincular la imagen de playas limpias y aguas cristalinas, el capital mediático del Mediterráneo, a la existencia de la planta Posidonia oceanica. Una playa llena de hojas de Posidonia es un síntoma de salud ambiental.

Es ahora, cuando todo parece precipitarse por el abismo, cuando estamos empezando a comprender la naturaleza en términos de servicios a la humanidad.

Además, esas hojas de Posidonia que se depositan de forma natural en la orilla de las playas evitan que la arena desaparezca con los temporales porque la asienta.

Así es. La Posidonia actúa como las raíces de lo árboles que sujetan el suelo en las montañas. Si no tuviéramos árboles, en la primera lluvia torrencial que legara todo el suelo fértil de la montaña se iría hacia los valles y desaparecería. Lo único que quedaría sería una roca completamente yerma. Con la Posidonia pasa exactamente lo mismo.

No solamente esas hojas muertas, marrones, que vemos en la playa amortiguan los temporales de otoño, se intercalan entre la arena para consolidarla y que no desaparezca, sino que también la Posidonia viva de la que provienen forma una barrera de contención a unos pocos cientos de metros de la orilla, mar adentro que, de manera natural, mantiene la integridad de las playas. Es el elemento principal de las playas y su desaparición implica regeneración artificial, obras costosísimas y recurrentes en plazos muy cortos que, de manera natural y sin coste, la Posidonia evitaría. Es ahora, cuando todo parece precipitarse por el abismo, cuando estamos empezando a comprender la naturaleza en términos de servicios a la humanidad.

Sin embargo, la Posidonia está desapareciendo. ¿Cuáles son sus principales amenazas?

La planta tiene un estrecho rango de tolerancia a la temperatura y, en ese aspecto, el cambio climático puede tener un impacto absolutamente dramático. El incremento de la temperatura al ritmo que estamos observando es muy posible que acabe con la Posidonia antes de fin de siglo. Frente a este tipo de amenaza de carácter global poco podemos hacer como región o como país, porque los retos globales implican medidas globales. Nunca antes la humanidad afrontó un reto de semejantes proporciones.

Luego hay multitud de factores de carácter local, pero que sumados constituyen un verdadero problema. El fenómeno del fondeo de las embarcaciones deportivas, una actividad en auge cuyo control va muy por detrás del mercado, es un grave problema en las Islas Baleares o la Marina Alta de Alicante, por citar dos ejemplos cercanos. Las anclas destrozan la Posidonia al fondear sobre ella. Para una planta que crece un centímetro por año, el impacto de una sola ancla de una embarcación pequeña puede suponer siglos de crecimiento arruinado en segundos. El incivismo infinito de fondear una embarcación privada con fines lúdico deportivos en mal lugar destruye de manera irreversible un patrimonio natural que es de todos y del que todos dependemos.

La solución a este problema sería que las embarcaciones deportivas fondearan en lugares donde no hay Posidonia

Las soluciones tienen muchos de vértices, pero en el caso concreto de las embarcaciones deportivas lo que se impone es un control férreo sobre el fondeo. No se trata de eliminar la náutica deportiva. Hay muchos sitios donde las embarcaciones pueden fondear sin ocasionar daño alguno. Para evitarlo hacen falta medios de control. Las Fuerzas de Seguridad tienen una presencia en el mar prácticamente testimonial. En pleno auge del turismo marino vamos, una vez más, a remolque por la falta de inversión en cuanto a medios de control. No se precisan más leyes, sino hacer cumplir las que ya tenemos.

‘El mar roto’. ‘Mare Lucidum II – © Ángel Fitor.

Además, la Guardia Civil también tiene bastante trabajo controlando que los pescadores profesionales cumplan las normativas pesqueras (tallas mínimas de pesca, cuotas de captura, vedas, paros biológicos…).

Sí, por eso digo que hay un problema general en el mar, al no concebirse como un espacio cada vez más ocupado que precisa de supervisión acorde a la intensidad de uso.

El Mediterráneo está reconocido oficialmente por Naciones Unidas como el mar más sobrepescado del mundo.

Además, como denuncia en la exposición, los recursos pesqueros son limitados. En concreto, en el Mar Mediterráneo las capturas accidentales y las ilegales están mermándolos a un ritmo acelerado.

El mar es como Las Vegas; lo que pasa en el mar se queda en el mar. Al final, el mar es coto de quien lo navega. Las regulaciones pesqueras están ahí y son duras; el problema, como decía, es la falta de control. El Mediterráneo está reconocido oficialmente por Naciones Unidas como el mar más sobrepescado del mundo. Casi todos los stocks pesqueros, las poblaciones de peces comerciales del Mar Mediterráneo han pasado más allá del límite de sus posibilidades y están en declive. En otras palabras, cada vez hay menos peces en el Mediterráneo.

Ante este panorama, cualquier pez ya vale oro. Ahora mismo el Mediterráneo se encuentra en la unidad de cuidados intensivos, en la que incluso un acto aparentemente inocente como un niño en la playa cogiendo pececillos debe ser controlado. Hemos llegado a un punto de sobrexplotación en el que cada recurso cuenta.

En esta línea, cualquier persona que haya veraneado en los últimos 50 años en algún lugar de la costa mediterránea española habrá podido observar que algunas especies como los pulpos o los erizos de mar han disminuido drásticamente.

No es una cuestión de prohibir de forma permanente, sino momentánea. Si conseguimos que el Mediterráneo recupere una parte de lo que era, entonces podremos recuperar muchos de sus usos. En el estado actual de las cosas no podemos permitirnos más demora, pese a la impopularidad de muchas de las medidas necesarias. Parejo a ello, cualquier esfuerzo pedagógico es, en realidad, una inversión para amortiguar el descontento de la sociedad frente a esas acciones que una buena parte no alcanza a comprender.

La naturaleza en general, salvo que se hayan alcanzado niveles de extinción, tiene una capacidad de recuperación extraordinaria.

Las prohibiciones temporales de capturas de especies amenazadas se ha demostrado que funcionan. Por ejemplo, debido a la sobrepesca, en el Mediterráneo el atún rojo estuvo en peligro crítico. Sin embargo, gracias a las moratorias y las medidas de gestión establecidas por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), las poblaciones han mostrado signos de recuperación en los últimos años. Aun así, sigue siendo una especie vigilada para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

Es un hecho biológico. La naturaleza en general, salvo que se hayan alcanzado niveles de extinción, tiene una capacidad de recuperación extraordinaria. Si solamente fuéramos capaces de respetar determinados periodos de tiempo o espacios tendríamos un Mar Mediterráneo completamente distinto. Realmente, no es tan difícil poder recuperar una parte de lo que fue. Pero hay que ponerle voluntad. Y ahí desempeña un papel muy importante la cultura.

Venimos justificando nuestras actitudes hacia el mar diciendo frases como: “Esto se ha hecho toda la vida”, “mi abuelo lo hacía”… Pero olvidamos un matiz determinante: Las cosas ya no son como en tiempos de nuestros abuelos. Nuestros actos deben de ir parejos a la realidad de los tiempos, no a la realidad de hace 100 años.

Otro factor que puede contribuir a la recuperación de las especies amenazadas es la parada de la pesca durante los periodos de reproducción, lo que se conoce como paros biológicos”.

Los paros biológicos son muy controvertidos desde todos los puntos de vista. Es una más de las medidas que se desarrollan mejor sobre el papel que sobre la realidad. Yo no soy un experto en pesquerías, pero he vivido situaciones completamente incompresibles a bordo de pesqueros mientras desarrollaba mi trabajo fotográfico. Como por ejemplo el paro biológico de una cofradía, mientras que la del siguiente pueblo continuaba pescando en las mismas aguas.

Una parte vital vertebral de la exposición es remarcar la importancia de la biodiversidad marina y los beneficios que tiene para nosotros.

‘El lenguaje del agua’. Mare Lucidum II – © Ángel Fitor.

La exposición sostiene que, si no se conoce algo, no se le da el valor que realmente tiene y hay más probabilidades de que no se respete. Por ejemplo, un fenómeno poco conocido entre la población general es el lenguaje de los invertebrados marinos. ¿Nos puede hablar de esta forma de comunicación?

Cuando uno piensa en invertebrados marinos le puede venir a la cabeza una langosta, pero el grueso de los invertebrados marinos que vive en el mar son animales inmóviles, que crecen aferrados a las rocas, como los corales, las esponjas y tantísimos otros. Estos animales, por el hecho de vivir inmóviles, sin poder desplazarse, han evolucionado a lo largo de la historia del planeta produciendo sustancias químicas para poder comunicarse entre ellos a distancia. Es decir, el agua es la que se encarga de transportar los mensajes de cara a la reproducción o a cualquier otra cuestión biológica. Todo esto ha producido una especie de banco gigantesco de sustancias químicas marinas que pueden tener aplicaciones para beneficio humano. Y como digo en la exposición, hay determinados compuestos que se están experimentando y utilizando ya con éxito en afecciones tan diversas como el cáncer o la tensión arterial.

Una parte vital vertebral de la exposición es remarcar la importancia de la biodiversidad marina y los beneficios que tiene para nosotros. Porque, como bien decías, si conseguimos entender qué papel juegan esas criaturas, aprenderemos a respetarlas.

La muestra incluye una imagen preciosa de un caballito de mar, que ha titulado Uno. ¿Qué simboliza?

Esa foto es especial porque se tomó un poquito antes de las primeras muertes masivas que hubo en el Mar Menor. Este mar se cita en varias ocasiones en la exposición, no por casualidad, sino porque en realidad es una pequeña laguna de 22 kilómetros que constituye un ejemplo en miniatura de lo que podría ser el Mediterráneo en pocas décadas. ¿Por qué? Porque el Mediterráneo es un mar confinado como Mar Menor y es común en ciencia usar tubos de ensayo para comprender lo que ocurre en la piscina.

La fotografía que mencionas viene a simbolizar el número uno, es decir, que puede ser el último o el primero de su especie, según la dirección que nosotros tomemos. De ahí el simbolismo de ese caballito de mar, con forma de uno, que puede significar la esperanza o la destrucción. Ése es el juego visual de esa fotografía.

‘El monstruo marino’. ‘Mare Lucidum II’ – © Ángel Fitor.

Entre los elementos que están dañando gravemente el mar se encuentran los plásticos, un problema que se está denunciando desde hace varias décadas. ¿Se ha avanzado algo en detener su proliferación en el ámbito marítimo?

Siendo rigurosos, no hay ningún avance. En las televisiones vemos que hay infinidad de campañas de greenwashing, una práctica que está muy de moda, de infinidad de marcas que utilizan plásticos reciclables…, pero todo esto no son más que estrategias comerciales que nada tienen que ver con la realidad. La realidad es que la producción mundial de plástico se incrementa año tras año de manera exponencial. Y una parte de ese plástico irremediablemente acaba en el mar. No debemos olvidar que los plásticos no son sino una arista más de un mundo movido por los hidrocarburos.

Como dices, se está hablando de este problema desde hace muchos años, pero realmente cuando vas al supermercado te sigues encontrando con un plátano que ya lleva un envoltorio natural, envuelto en una bolsa de plástico. La solución al problema de los plásticos no va a venir del buenismo de una parte de la sociedad sesgadamente concienciada. Es una cuestión de Estado y sobre todo de política internacional, que pasa por eliminar absolutamente los plásticos de nuestras vidas. Una pequeña parte de la población utilizando plásticos reciclados no va a solucionar el problema.

Además, el mayor problema del plástico es que es aditivo, es decir, que se lleva acumulando en el mar durante los últimos casi 150 años, el periodo que este material lleva inventado. Y como nunca muere, la montaña cada vez es más grande.

Alternativas hay, como llevar la propia bolsa de tela o de papel para hacer la compra.

Claro, hay soluciones sencillas que realmente tendrían cierto impacto, como volver al carrito de la compra. De todas formas, la parte de plástico de la bolsa de la compra en el supermercado es ínfima en cuanto a su producción a nivel mundial. Hoy en día, todo se hace de plástico. Hay piezas de aviones y de coches hechas de plástico, que equivalen al conjunto de bolsas que pudiera consumir una familia durante toda su vida. Aquí los números mandan. La bolsa de plástico, incluso a nivel global, tiene un valor simbólico.

Si la gente piensa que sus pequeñas acciones no tienen un impacto significativo en el Medio Ambiente, puede quedarse en el conformismo y la inacción.

Eso está claro. Absolutamente, cualquier pequeño acto tiene importancia, pero como sociedad tenemos la obligación de conocer la verdad científica de las cosas. Todo suma, pero cuando uno tiene delante los números se da cuenta, realmente, de que el problema tiene tal magnitud que no lo va a solucionar ni el conjunto de la población mundial dejando de consumir bolsas de plástico. Lo que tenemos que hacer es exigir a quienes nos gobiernan, no solamente a nosotros como individuos, atajar la producción y el uso de los plásticos de manera radical cuanto antes.

Por último, me gustaría que comentara la última fotografía de la exposición, que ha titulado La conquista”.

Es una metáfora visual, que uso como colofón a mi retrato del Mediterráneo a lo largo de la exposición. Una medusa simbolizando el mundo natural y una persona que está haciendo pádel surf, pero que aparenta estar clavando una bandera sobre ella; una toma de posesión, una conquista.

Esa fotografía, además, tiene dos componentes determinantes para entender la metáfora. Por un lado, nuevamente está hecha en el Mar Menor, donde la medusa está intentando buscar algo de oxígeno en un mar eutrofizado y casi desprovisto de vida. Por otro lado, está tomada el mismo día en el que la nube de humo de los incendios de Canadá del año pasado llegó a España, lo que oscureció el cielo y añadió una capa más a la metáfora: la muerte de la luz, el elemento consustancial a las culturas mediterráneas. En resumen, lo local y lo global asfixiando a la naturaleza, y nosotros clavando banderas.

Sobre Ángel Fitor
Ángel Fitor – © Ángel Fitor.

Ángel Fitor (Alicante, 1973) es fotógrafo, fotoperiodista, buceador profesional y naturalista especializado en medio marino desde finales de los años ochenta. Como resultado de su fuerte y temprana vocación, ha consagrado todos los ámbitos de su vida a la divulgación de los valores naturales, humanos, y económicos vinculados al Mar.

Su trabajo fotográfico ha ilustrado innumerables publicaciones internacionales de todo formato incluyendo cabeceras editoriales del máximo prestigio tales como The Guardian, New York Times, GEO Magazine, Smisthsonian Magazine, y National Geographic Magazine.

Sus imágenes han sido reconocidas en múltiples ocasiones por los más importantes certámenes internacionales de fotografía de naturaleza: World Press Photo, Wildlife Photographer of the Year, National Geographic Photo Contest, o Sony World Photography Awards, entre otros.

En 2021 fue nombrado Fotógrafo de Naturaleza Europeo del Año por la Sociedad Alemana de Fotografía de Naturaleza. Su trabajo como comunicador de la ciencia y el arte que mana del Mar se traduce en infinidad de conferencias y presentaciones para todo tipo de instituciones públicas y privadas, destacando el mítico festival WildPhotos (Royal Geographical Society, Londres).

Cuenta con amplia experiencia como jurado fotográfico y asesor para el célebre Wildlife Photographer of the Year, organizado anualmente por el Museo de Historia Natural de Londres, así como para otros festivales internacionales de fotografía. Además de desarrollar incesantemente su producción fotográfica de autor explorando nuevas aproximaciones visuales al medio acuático, trabaja habitualmente en la producción de cine de naturaleza como cámara submarino y asesor científico. Ha participado en la producción de series de televisión de la envergadura de Blue Planet II, Our Planet, y The Mating Game. Entre sus clientes habituales en esta industria figuran la mítica BBC Natural History Unit, Silverback Films, Netflix o WildSpace, entre otros.

Colabora como documentalista para el Laboratorio de Biología Evolutiva de la Universidad de Basilea en sus trabajos en el lago Tanganyika. En 2022, fue nombrado Embajador del Programa Alumni de Talento Global de la Universidad de Alicante, institución en la que se formó como biólogo marino. En 2022, la revista Forbes lo sitúa en el puesto séptimo en su lista de los 50 españoles más premiados.

Además, en el año 2022 Ángel Fitor representó a Casa Mediterráneo en una ambiciosa prospección submarina internacional de la UNESCO dirigida a documentar uno de los principales, más antiguos y desconocidos cementerios marinos de barcos, el ‘Banco Skerki’, situado en una vasta extensión de agua situada entre Sicilia, Cerdeña y Túnez.

Más información:
Instagram: Angel Fitor (@angelfitor) • Fotos y videos de Instagram


Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo