Daniel Arasa: «En casi todas las grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial hubo españoles»

Combatientes en la Segunda Guerra Mundial.

El reconocido periodista e historiador Daniel Arasa participará el próximo martes 5 de noviembre en un encuentro en Casa Mediterráneo para desentrañar un asunto muy poco conocido: cuál fue el papel que desempeñaron los españoles que participaron en la II Guerra Mundial, tanto en uno como en otro bando, con particular detenimiento en los países del Mediterráneo. Daniel Arasa estará acompañado por la periodista Sonia Marco. La entrada al evento, que comenzará a las 19:00 horas, es libre hasta completar aforo y con emisión online.

Daniel Arasa.

Daniel Arasa Favá (Tortosa 1944) es periodista, doctor en Humanidades y Ciencias Sociales e ingeniero técnico químico. Padre de siete hijos, durante más de 40 años ha ejercido como periodista, de ellos 26 como redactor jefe de Europa Press de Cataluña. Sigue colaborando en diversos medios, como “La Vanguardia”, la Cadena COPE-Cataluña y varios diarios digitales. Fue profesor asociado de las universidades Pompeu Fabra y Abat Oliba-CEU, y es Defensor Universitario de esta última.

De los más de 40 libros que ha publicado en castellano y catalán, una veintena se ha centrado en temas históricos sobre la participación de españoles y catalanes en la Segunda Guerra Mundial, los maquis, el franquismo y la Guerra Civil Española. En cuanto a la contienda española se ha focalizado en tres campos: el conflicto religioso y la represión en los dos bandos, la propaganda de guerra y la batalla del Ebro. Entre sus títulos se encuentran Los españoles de Churchill; Els catalans de Churchill; Los españoles de Stalin; 50 històries catalanes de la Segona Guerra Mundial; Años 40, los maquis y el PCE; Jesús en guerra; La repressió franquista a Tortosa i el Delta de l’Ebre; La guerra secreta del Pirineu; Los españoles en la guerra del Pacífico; Exiliados y enfrentados (los españoles en Inglaterra de 1936 a 1945), Maquis, espías y héroes.

Ha publicado libros sobre temas religiosos, como Entre la Cruz y la República; Católicos del bando rojo: Drets Humans i religió a Catalunya; Cristianos, entre la persecución y el mobbing; Dios no pide el currículum o Tú por aquí, conversaciones en el cielo, así como otros relacionados con la familia, tales como A las 9 en la luna. Un paseo a través de 50 años de amor imperfecto; Rafael Pich, pasión por la familia; Un avi i set supernets o El amor de mi vida has sido tú (Reflexiones y vivencias de 55 años de amor conyugal). También ha escrito un ensayo sobre el trabajo, El mundo es de los que madrugan. Ha coordinado varios libros colectivos como 100 poetas y la familia, El aborto es cosa mía, de dos… de todos, Sobre por qué la gente no tiene hijos, y Cine y familia. Es fundador y presidente de organizaciones familiares y culturales como la Plataforma per la Família, el GEC o CinemaNet.

En esta entrevista, Daniel Arasa nos adelanta algunos de los asuntos que abordará en su encuentro en Casa Mediterráneo en torno a los españoles que se vieron involucrados en la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el espacio Mediterráneo.

Aunque España como país neutral se mantuvo al margen de la Segunda Guerra Mundial, hubo muchos españoles que lucharon en sus trincheras, como espías o en otros desempeños junto a las potencias aliadas y del Eje. ¿Cuántos compatriotas aproximadamente participaron en la contienda?

Es difícil sumarlos, porque sus planteamientos fueron heterogéneos. En unos casos, por ejemplo, ejercieron como soldados en las trincheras, en otros fueron guerrilleros o integrantes de compañías en unidades de apoyo, sin ser directamente combatientes, y por lo tanto es difícil precisarlo. No obstante, en su conjunto superan largamente los 100.000, una cifra muy importante para un país que no era beligerante.

¿Cuáles fueron las motivaciones de estas personas para enrolarse o participar de alguna manera en esta guerra tan dura, sanguinaria y mortífera?

Hay que tener en cuenta que poco antes se había producido la Guerra Civil española y, por tanto, el país estaba muy polarizado en dos partes. La Segunda Guerra Mundial sobrevino a continuación, evidentemente con mucha mayor magnitud que la Guerra Civil española, y sus dos facciones se posicionaron en uno y otro bando.

Una gran parte de los españoles, los que se unieron a la División Azul, fueron favorables a Franco, por supuesto, y a las líneas que representaban Italia y Alemania. Y en sentido contrario muchos de los republicanos, que fueron bastante más dispersos, se sumaron a las fuerzas aliadas y por eso los encontramos en el Ejército francés, en el británico, en el soviético e incluso en el norteamericano. Sobre todo, hubo una posición ideológica de la mayoría.

No obstante, también se dieron casos no específicamente políticos. Por ejemplo, muchos de los que se enrolaron en la Legión Extranjera lo hicieron porque estaban confinados en campos de concentración en el sur de Francia y ésta era una vía de escape. Luego les tocó ir a la guerra, pero en principio, lo que pretendían era huir de la pesadilla del hambre que sufrían. Por consiguiente, las motivaciones fueron diversas, pero hay que tener en cuenta que, en su mayoría, unos y otros se basaron en una razón política, ya fuera de derechas o de izquierdas.

Mi deseo es ser lo más imparcial posible, exponer los hechos, no juzgar la situación ni las conciencias de nadie, teniendo en cuenta muy claramente que no se puede juzgar con mentalidad actual muchas actuaciones condicionadas por la situación, las tensiones, las ideologías y las miserias del momento.

Tal como me ha comentado antes de la celebración de esta entrevista, una característica importante de la charla que va a ofrecer en Casa Mediterráneo es la neutralidad, es decir, no va a posicionarse a favor de uno ni de otro bando. Cuando se aborda cualquier conflicto bélico, es muy fácil caer en la defensa de un lado, demonizando al contrario, cuando los muertos deberían tener el mismo valor independientemente del bando en el que se encuentren.

Efectivamente, mi deseo es ser lo más imparcial posible, exponer los hechos, no juzgar la situación ni las conciencias de nadie, teniendo en cuenta muy claramente que no se puede juzgar con mentalidad actual muchas actuaciones condicionadas por la situación, las tensiones, las ideologías y las miserias del momento.

Quizás nunca nadie es del todo imparcial porque cada persona tiene su propia mentalidad y principios, pero mi intención es serlo lo máximo posible para que la gente que acuda o siga el encuentro en streaming pueda conocer qué es lo que pasó realmente. O, en todo caso, que las personas sepan que los españoles estuvieron luchando en los dos bandos. Después, que saquen sus conclusiones y lo valoren, quizás en función de su ideología. Pero, sobre todo, lo que más me interesa es que dispongan de información. Con frecuencia, la gente opina sobre muchos asuntos sin tener datos. Es bueno que se conozcan los hechos y, luego, a partir de ellos se hagan las valoraciones para intentar ser lo más imparcial posible.

Tal como se ha contado la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, ¿cree que imparcialidad que va a imprimir a su charla quizás no haya sido un rasgo predominante?

Efectivamente, no lo ha sido. Se suele decir que la historia la narran los vencedores. Esto, en buena parte es verdad, aunque no siempre es así, como en el caso de la Guerra Civil española. Respecto a la Segunda Guerra Mundial, la gente ha visto muchas películas de Hollywood, en las que los norteamericanos son los buenos y los alemanes y los japoneses son los malos, por poner un ejemplo. De modo que la guerra no se ha narrado del todo bien.

Esto no quita para pensar que Hitler fuera un monstruo, ¡cómo negarlo! Pero creer que unos son del todo los buenos y los otros son del todo los malos no es justo. Se produjeron grandes matanzas en ambos lados y hay que reconocerlo en todos los casos, así como las heroicidades que hubo en las dos facciones.

También le quería preguntar por algo de lo que va a hablar, no del todo conocido, y en lo que, al estar en Casa Mediterráneo, va a incidir. Me refiero a los escenarios mediterráneos en los que se desarrolló la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuál fue la envergadura de la participación de los españoles en los lugares bañados por el Mediterráneo?  

Hablaremos a nivel global, pero incidiremos un poco más en lo sucedido en el entorno del Mediterráneo. Evidentemente, el enclave mediterráneo en el que la participación española fue mayor fue Francia. No se puede escribir en serio la historia de la Segunda Guerra Mundial en el frente de Francia sin hacer referencia a los españoles. Hubo muchos en el Ejército francés, en la Resistencia, y ocultarlo supondría mentir, sería un error.

Otros casos son más anecdóticos: Hubo españoles luchando en Egipto, en Libia, en Túnez, en Italia… alguna pequeña presencia en Grecia o Yugoslavia. Por tanto, los hubo en casi todas partes, pero el país donde su presencia resultó más importante, como decía, fue Francia. También hablaremos de los combates tras el desembarco norteamericano y británico en el norte de África, donde se sumaron muchos españoles a las unidades francesas, británicas e incluso norteamericanas, al igual que ocurrió posteriormente en Italia, con el desembarco en Provenza y, por supuesto, en la batalla de Normandía.

¿También va a tratar la presencia de españoles en otros escenarios de la Segunda Guerra Mundial, más allá del Mediterráneo, como en Noruega, la URSS o el Pacífico?

Sí. Se puede decir que en casi todos los escenarios bélicos hubo españoles. Evidentemente, el número fue muy diverso; en algunos casos fueron simplemente unos pocos, algo más bien anecdótico, pero nos interesa como anécdota, aunque evidentemente carezca de importancia desde el punto de vista decisivo. Por ejemplo, en el Ejército norteamericano que desembarcó en una isla del Pacífico como Saipán, que hubiera algún español es anecdótico, no cambia el resultado, no tiene ninguna influencia, mientras que en Francia sí.

No obstante, efectivamente, como usted pregunta, en casi todas las grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial hubo españoles. En la batalla de Stalingrado murió el hijo de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, cuando todavía no habían llegado los alemanes a la ciudad; por poner sólo un ejemplo de una persona muy importante.

También hubo españoles en la batalla de Kursk, la batalla de tanques más grande que ha habido en la historia. Allí, entre las tropas que lucharon había españoles, en este caso, en los dos bandos. También en El Alamein (Egipto); en Manila, en la lucha entre americanos y japoneses; en la batalla del Atlántico entre los marinos de los barcos americanos e ingleses que transportaban material; en la batalla de Narvik (Noruega), la primera ocasión en la que combatieron en la Segunda Guerra Mundial; en algunas zonas de África…, por tanto, en casi todas partes.

La curiosidad principal reside en que estos hechos no son conocidos en España. Conviene tener en cuenta lo siguiente: Suponiendo que hoy en día estallara una guerra, en cualquier sitio habría españoles, al igual que franceses o italianos, porque la movilidad es un fenómeno común y generalizado, pero hace 80 o 100 años la gente no viajaba y es mucho más sintomático que hubiera compatriotas, ya fuera viviendo o luchando, en todas partes.

Dada la presencia de españoles en casi todas las batallas libradas durante la Segunda Guerra Mundial, ¿hubo situaciones en que se enfrentaran entre sí, al estar en ambos bandos?

Realmente no, porque se intentó evitar. Por ejemplo, en el caso de la Unión Soviética hubo españoles en la División Azul y en el otro lado, sobre todo en el frente de Leningrado, donde se hacía propaganda prosoviética por megafonía incitando a la deserción. Pero los propios soviéticos no quisieron que aquélla se convirtiera en una guerra entre españoles, por ello, donde se encontraba la División Azul, en principio no se puso a otros españoles para combatirla, solamente a tres o cuatro para lanzar la propaganda o para interrogar a los eventuales prisioneros.

No obstante, en la Batalla de Kursk, donde se produjeron cientos y cientos de combates, había miles de aviones, unos cuantos de ellos tripulados por aviadores españoles, en un bando y en el otro, distribuidos en una o dos cuadrillas, pero se desconoce si combatieron entre sí.

Una parte muy importante de mis datos procede de testimonios de centenares de personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial en directo.

Algo muy interesante que caracteriza a los libros que ha escrito sobre la Segunda Guerra Mundial es que ha sido capaz de obtener testimonios directos de los propios españoles que participaron en la contienda cuando todavía vivían, una información que recabó hace al menos cuatro décadas.

Exacto, muchos de ellos hace unos 40 o 45 años. Empecé a estudiar estas historias un poco de rebote. En los años 70, es decir, hace 50 años, comencé a indagar el antifranquismo, a investigar a combatientes que habían sido guerrilleros y combatientes políticos clandestinos contra el franquismo. Esto me llevó a conectar con gente, sobre todo que había participado en la Resistencia francesa y en lugar de continuar con aquello que estaba haciendo, empecé a estudiar a los maquis, en quienes me centré en el primer libro que publiqué, que titulé Años 40, los maquis y el PCE. Aunque estaba ya escrito un año antes, salió en el año 1984, hace cuarenta años.

Luego tuve la oportunidad de conocer a muchísimas personas -estamos hablando hace 40 o 45 años- que habían sido guerrilleras, que habían combatido en la Guerra Civil española, junto a los ingleses en la Segunda Guerra Mundial, en la Unión Soviética… e incluso hice amistad con muchos de ellos, de los dos bandos. Pude recabar una información que hoy sería imposible. No obstante, en la actualidad hay una ventaja respecto al pasado: más archivos abiertos. Pero una parte muy importante de mis datos procede de testimonios de centenares de personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial en directo.

Cartel del encuentro en Casa Mediterráneo.

¿De todas las conversaciones que mantuvo con los protagonistas directos de la Segunda Guerra Mundial, nos podría destacar algo que le llamara especialmente la atención?

Por ejemplo, César Astor era un castellonense de Canet lo Roig, un pueblo limítrofe con Cataluña. Este hombre se unió a la División Azul y se pasó a los soviéticos, porque se sentía comunista, pero me contó muchas cosas sobre los prisioneros y algo sintomático: Reconocía que los integrantes de la División Azul se habían portado muy bien con la gente prorrusa. Me explicó que habían ido a luchar contra el comunismo, pero no atropellaban a la gente soviética, mientras que los alemanes los trataban fatal. Me habló de David Jato, un dirigente falangista que daba su comida a los niños rusos. Me parece un detalle interesante que evidencia que, a pesar de la guerra y la enemistad, había demostraciones de humanidad.

Situaciones como ésa reflejan que, pese a la dureza de la guerra, siempre hay personas que no pierden la humanidad, al margen del bando en el que les toque luchar.

Efectivamente. Otro hecho que me llamó mucho la atención fue cómo una parte de los soldados españoles que estaban en el Ejército francés (y se les consideraba franceses) se sublevaron contra sus jefes y quisieron pasarse al Ejército británico, lo que puso en un aprieto a los ingleses, porque ambos eran aliados.

¿Por qué se quisieron pasar al Ejército inglés?

Porque habían estado con los franceses en Noruega y sintieron que éstos no habían luchado como correspondía.

¿Quisiera destacar algo importante que no le haya preguntado en esta entrevista?

Quizás señalaría que en la Unión Soviética una unidad de españoles ultracomunistas radicales estuvieron en el NKVD [Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética], un antecedente de la KGB, incorporados a la unidad que debió defender el Kremlin. Después no hubo necesidad porque los alemanes no llegaron a Moscú; se quedaron a unos 40 o 50 kilómetros. En estas unidades, integradas por los comunistas más radicales dispuestos a morir por el marxismo, había una compañía de españoles en el Kremlin.

Por exponer otro caso: algunos españoles no solamente estuvieron en los frentes; hubo algunos médicos, como Josep Trueta, un traumatólogo muy importante, que desempeñó un gran papel para salvar la vida y los miembros de las personas heridas en Inglaterra. Y otros fueron espías. El caso más conocido es el de Joan Pujol, llamado “Garbo”, que intervino en el desembarco de Normandía para tratar de engañar a los alemanes.

Creo que las tensiones actuales y la escasa capacidad de los partidos para llegar a acuerdos son una consecuencia de no haber aprendido las lecciones de la historia.

Por último, me gustaría conocer su opinión sobre la posibilidad de que se pudiera desencadenar una tercera guerra mundial, a la luz de los últimos conflictos bélicos que se libran en el planeta y la proliferación de armas nucleares. ¿Cree que podría ocurrir o quizás, precisamente ése sea un elemento disuasorio, porque de producirse supondría probablemente el fin de la humanidad? ¿Hemos aprendido las lecciones de la Segunda Guerra Mundial o nuestra memoria sufre cierta amnesia?

Creo que no se llevará a cabo, porque equivaldría al fin de la humanidad. Las cabezas nucleares existentes podrían destruir el planeta diez, 20 o 30 veces. Por lo que no creo que se produzca. Lo que sí es cierto es que aprendemos poco de la historia, ya sea de la Segunda Guerra Mundial o de otros muchos acontecimientos. En lugar de tenerlo presente, lo olvidamos. Sobre todo, esto suele ocurrir en la segunda o tercera generación. En el caso de España, los que vivimos -yo lo hice directamente como periodista- la transición, a mediados de los años 70, la admiramos, porque quienes la hicieron, quienes habían vivido la guerra en España o eran sus hijos, tuvieron mucho cuidado para evitar caer en otro conflicto armado. Por eso fueron capaces de pactar y redactar una nueva Constitución.

Hoy en día, los nietos de aquella generación ya han olvidado lo sucedido. Por ello, por no conocer la historia y por no asumir lo que pasó, pueden suceder cosas peores. Creo que las tensiones actuales y la escasa capacidad de los partidos para llegar a acuerdos son una consecuencia de no haber aprendido las lecciones de la historia.

¿De ahí la importancia de que la historia se enseñe bien en las escuelas y de que ésta se reinterprete a la luz de los nuevos datos disponibles? La historia es algo vivo, que no puede quedarse anclado en una versión antigua, al abrirse nuevos archivos y al hacerse descubrimientos que pueden enriquecerla e incluso contradecirla…

Sí, eso es cierto, y es conveniente enseñar los hechos con la máxima objetividad posible, situándose en la mentalidad del tiempo en el que ocurrieron. Por ejemplo, no puedes juzgar el colonialismo o las cruzadas con la mentalidad actual. Hoy en día, son unas burradas, pero no lo eran en el siglo XII. Por lo tanto, es preciso situarse. Para ello, hay que tener en cuenta varias cosas: Primero, conocer los hechos; y segundo, aplicar el respeto y el perdón, porque agravios los hay en todos los lados y hay que ser capaz de pasar página para poder seguir adelante, aceptando las lecciones que nos ha dado la historia.


Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo