Enrique R. Gil: “‘Los turcos de Lepanto’ presenta al público occidental la parte de la batalla de la que habitualmente no se habla, el lado otomano”

La célebre batalla naval de Lepanto, acaecida el 7 de octubre de 1571, que enfrentó encarnizadamente a la flota del Imperio Otomano y de la Santa Liga en aguas frente al litoral de Grecia, ha sido recordada a lo largo de los siglos en el arte, la literatura y otros ámbitos, en conmemoración de tal efeméride, con una visión normalmente sesgada de la gesta en la que predomina el punto de vista occidental, soslayando a la otra parte. Con el fin de proporcionar un relato más equilibrado de los hechos y con un objetivo especialmente divulgativo, Casa Mediterráneo y el Instituto Cervantes de Estambul publican el libro “Los turcos de Lepanto. La otra orilla de la batalla”, obra del arqueólogo Enrique R. Gil. El volumen se presentará en el Instituto Cervantes de Estambul el próximo 25 de enero de 2024, con la intervención de su artífice. La obra también se dará a conocer el día 21 de febrero a las 19 horas en Casa Mediterráneo y el 22 de febrero a las 20:00 h. en el Teatro Principal de Almansa.

El libro surge de la inquietud del autor de ofrecer al lector una visión más completa sobre dicho acontecimiento histórico, envuelto en un rico y complejo periodo, profundizando en los aspectos determinantes del otro protagonista de la historia, el Imperio Otomano. Para ello, los textos se acompañan de fotografías que ilustran a los personajes fundamentales de aquel periodo del Imperio Otomano, recreados de la mano de Al Sarq Arquería Histórica, poniendo rostro a sus protagonistas.

La importancia de la gesta hay que situarla en su justa medida y en su contexto histórico. Éste es otro de los objetivos del libro. Miguel de Cervantes, que participó en la batalla, la describió como “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros”. Supuso la gran victoria de Europa, la cristiandad y el Imperio español frente al islam, aunque no la derrota final del Imperio Otomano, que fue capaz de recomponer su poderío en tiempo récord. Este libro ofrece respuestas contrastadas a muchas preguntas, de una forma amena y comprensible para personas no expertas en el tema, 452 años después de aquella mítica batalla. Nos asomamos a sus páginas en un diálogo con su autor.

Enrique R. Gil Hernández es arqueólogo especializado en Arqueología del Conflicto, ámbito desde el que ha realizado estudios y proyectos de excavación sobre fortificaciones medievales y modernas del levante español y Andalucía occidental, y sobre los restos materiales de la Guerra Civil española, centrando la atención en el impacto material de los enfrentamientos armados en el territorio y las poblaciones.

Otro de sus principales campos de investigación son los grafitis históricos, con el estudio de conjuntos gráficos situados en edificios históricos en diversos puntos del territorio nacional. De todo ello ha realizado multitud de publicaciones y conferencias en el ámbito nacional e internacional. También ha desarrollado proyectos de reconstrucción histórica en diversas regiones españolas, y ha colaborado con iniciativas afines como asesor histórico.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro y con qué intención?

El libro surge a partir de varias inquietudes. La primera de ellas, como historiador, siempre me preocupa una buena narración y transmisión de la historia. En este caso, hablando de un acontecimiento histórico de tal envergadura y tan mitificado, consideraba interesante desarrollar un trabajo pensado en el público español y occidental, que presentara a los otros protagonistas de la batalla, los turcos de Lepanto, habitualmente relegados a un segundo plano por la grandeza de la victoria cristiana. Junto con las claves definitorias de ese gran imperio, el otomano, tan determinante en la historia de nuestro mar Mediterráneo y de Europa.

De forma adicional, he querido plantear el trabajo como un instrumento divulgativo, como una aproximación a una civilización tan interesante como la otomana, sin la cual no se podría entender el hecho histórico ni la época. Por ello, una de las esencias del libro que presentamos es la divulgación científica.

Enrique R. Gil con un ejemplar de su libro.

En el libro sostiene que echaba de menos la contextualización histórica de la Batalla de Lepanto. ¿Qué destacaría de aquel momento histórico?

Habitualmente, de manera social, pública y mediática, se tiende a hacer una banalización de la historia. Es una constante la reducción de periódicos históricos a acontecimientos sumamente notables y, muy a menudo, relacionados con batallas o con gestas heroicas. Es el caso de Lepanto, una batalla que sucedió en una jornada. Pero de tal impacto -posiblemente el más mediático y estratégico-militar de la época- que empezó a propagarse por todo Occidente y por toda la cristiandad –pese a que estaba dividida y enfrentada entre catolicismo y protestantismo-. La fama de Lepanto recorrió todo el mundo, y casi inmediatamente se generó el mito de la gran derrota de “la media luna” ejercida por parte del cristianismo. Y esa es la gesta, la gran derrota del islam, la de los heroicos tercios españoles del Imperio de Felipe II. Es cierto que sucedió, pero el relato deslumbrante de la victoria entorpece la comprensión de una época más compleja e interesante.

Es un periodo caracterizado por complicadas relaciones diplomáticas, relaciones comerciales heredadas y nuevos juegos de poder, en el Mediterráneo y en Europa, que trascienden las simples barreras religiosas y culturales entre cristianos y musulmanes.

¿El resultado de la Batalla de Lepanto de qué forma afectó realmente al poderío del Imperio Otomano y de la coalición cristiana?

La Batalla de Lepanto, sin duda, supuso un varapalo para el Imperio Otomano. Fue la primera vez, desde que el imperio aparece en el escenario europeo y mediterráneo como potencia a mediados del siglo XV, con la conquista de Constantinopla en 1453, que soportó una derrota naval. La ya desde entonces Estambul perdió una flota, junto con el gran contingente humano que se malogró.

Pero más allá de la superación de dicho bache, el imperio no perdió ninguno de sus territorios, ni dejó de ejercer influencia en todos aquellos lugares donde la tenía. Más bien todo lo contrario. Si en 1529 la ciudad de Viena se vio asediada por parte del Imperio Otomano, en 1683 éste volvió a organizar un segundo gran asalto a la capital europea. Todos los Balcanes estaban bajo la influencia de los turcos, su gobernación de Rumelia, así como en el levante mediterráneo, Egipto y costas africanas como Ifriqiya o de Berbería. Realmente, para el Imperio Otomano no supuso ningún impacto fuerte la derrota de Lepanto, y seguía suponiendo una considerable amenaza para Europa por tierra y mar.

¿Qué significó para la colación cristiana? Una ocasión verdaderamente propagandística. Era la última gran cruzada que mantenía el cristianismo frente al islam. La gran victoria de la época infringida al musulmán. Para la monarquía hispánica fue una gesta que redoblaba las que ya se sucedieron en territorio hispano décadas antes. En 1492 se había expulsado a los musulmanes de la península ibérica después de muchos siglos, y ahora se volvía a repetir frente a un enemigo mucho más grande. Fue la gran ocasión, en una Europa muy complicada, tanto para el Papado como para la monarquía hispánica, para fortalecer los pilares del catolicismo, en esos momentos en tremenda tensión en el continente europeo por la expansión del protestantismo.

Europa estaba sumergida en un periodo de largas guerras entre territorios católicos, y fieles al Vaticano, y aquellos en los que los protestantes habían extendido con éxito sus posturas. Lo que se trasladaba al plano político, con territorios posicionados con el Vaticano y las monarquías de los Habsburgo, y otros en contra.

Es un periodo tremendamente complicado para Europa, pero fundamental para la comprensión de nuestro presente. Y en medio de todo ello, la monarquía que enarbolaba la bandera del catolicismo como nadie volvía a asestar un tremendo golpe a la que era la potencia musulmana del momento, el Imperio Otomano.

El principal efecto de Lepanto fue el uso propagandístico que se hizo del enfrentamiento desde el día siguiente de la batalla, por parte del Imperio español y del catolicismo.

Una de las grandes pérdidas de Lepanto para el Imperio Otomano fue el elevado número de bajas de arqueros que se produjo.

Durante la batalla, el bando otomano sufrió grandes bajas de arqueros. ¿Qué importancia tenía la arquería para el Imperio Otomano?

La arquería es una práctica que está inserta en la mentalidad y en la cultura turca desde hace milenios, siendo los otomanos una sociedad esteparia procedente de Asia central que comparte la práctica de esta disciplina como medio de caza, de guerra, pero también como deporte, mucho antes de que sucediera este desarrollo deportivo en Occidente. Hay que entender que el arco y la flecha son un símbolo, incluso religioso, para el mundo otomano. El tiro con arco representaba, desde antes de la fundación del imperio, una de las principales fuerzas de los ejércitos otomanos. Los arqueros eran, realmente, la vanguardia, la verdadera distinción de fuerza y ventaja frente a otros adversarios durante los inicios del imperio hasta prácticamente entrado el siglo XVIII.

Ese elemento distintivo de los ejércitos, y la importancia de la arquería desde un punto de vista social, hacen que en este periodo se produjeran verdaderos avances dentro de la cultura del tiro con arco, conforme a épocas anteriores. Los arqueros otomanos que formaban parte de unidades militares bien fueran de infantería de tierra, de marina o de caballería, eran gentes que dedicaban muchos años de su vida, prácticamente desde la infancia, a estudiar y practicar el tiro con arco. De tal modo que eran verdaderos combatientes de elite, y la pérdida de este tipo de soldados suponía un gran problema en cuanto a su sustitución, por la gran inversión de tiempo que llevaba su educación.

En la Batalla de Lepanto, como así demuestran muchísimas representaciones pictóricas, narraciones escritas de la época, o restos arqueológicos que se conservan en diversos museos, los arqueros fueron protagonistas junto a los arcabuceros en las naves turcas. Fueron las tropas que permitían realizar un combate a distancia de manera muy profesional y efectiva. Una de las grandes pérdidas de Lepanto para el Imperio Otomano fue el elevado número de bajas de arqueros que se produjo. Y ése fue un problema, porque sustituir tal volumen de pérdidas no era fácil y no se hacía de un día para otro.

En el libro, además de los textos que explican el contexto histórico de la batalla y la forma de vida del imperio, se incluyen fotografías que recrean el ambiente y los personajes fundamentales de la época. ¿Qué muestran estas imágenes y quienes las han hecho posibles?

Como hemos comentado, la esencia del trabajo es la divulgación, confeccionar una herramienta narrativa que acerque el período, ya muy lejano en el tiempo para nosotros, de manera atractiva al público en general que esté interesado en estos temas. Es más, que lo haga cercano, creíble, en definitiva, humano. Cuando estudiaba Historia muchas veces echaba de menos representaciones de aquellos personajes de los que hablaban los libros de texto, a los que tenías que imaginar. Y no es lo mismo leer sobre un personaje histórico “en seco”, que hacerlo con una ilustración de éste al lado.

Por lo que pensé que sería interesante acompañar los textos de un aparato gráfico potente de la época, con ilustraciones contemporáneas al acontecimiento que reflejaran los aspectos más importantes que se recogen en el trabajo. Pero a la vez interpretar, ir más allá de la lámina histórica de la época, y presentar al lector a los principales personajes de esta historia a modo de reconstrucción, de interpretación de los mismos. Reproducir el vestuario, recrear las actitudes, las escenas cotidianas de los principales personajes otomanos relacionados con la batalla y su marco temporal, podía ser una estrategia que dotara de credibilidad y cercanía a la narrativa, y que facilitara la comprensión de todo lo que contextualiza a Lepanto.

Para lo cual he tenido la suerte de contar con la participación de un grupo de recreación histórica especializado en la cultura islámica, de largo recorrido en esa dedicación, como es Al Sarq Arquería Histórica. Colectivo que, a su vez, está especializado en el estudio y práctica de la arquería asiática tradicional.

Y para la realización de las instantáneas se incorporaron al proyecto diversos fotógrafos independientes que, desde hace años, vienen trabajando en la elaboración de fotografías costumbristas o de época.

Ejemplares de ‘Los turcos de Lepanto’.

¿Cómo ha sido el trabajo de documentación para publicar el libro y cuánto tiempo le ha llevado sacarlo adelante?

En cuanto a la sustancia histórica del libro, el trabajo se nutre de un proceso de documentación histórica, de estudio de la densa bibliografía producida durante décadas por autoridades académicas a nivel internacional. Pero sobre todo de las investigaciones realizadas por historiadores turcos al respecto de Lepanto y su época, literatura científica que quizás no es tan accesible para el público en general, y de ahí también la preocupación por divulgar dichas líneas especializadas sobre los turcos de Lepanto. Y de forma similar con las ilustraciones históricas que incorporamos en el trabajo, procurando localizar aquellos grabados o pinturas de la época, lo más próximas posibles en el tiempo a la batalla, que permitieran componer un aparato visual contemporáneo a los hechos que narre con imágenes los acontecimientos y sus protagonistas. Lo que nos ha llevado a bucear en diversos archivos y bibliotecas de varios países para localizar libros, láminas u obras pictóricas tan ricos en información histórica.

Y en cuanto a la confección de la secuencia fotográfica podríamos decir que es cuando empezó la experimentación arqueológica. En este sentido el proceso de trabajo ha sido más largo de lo que pudiera parecer en un primer momento. De nuevo, un primer estadio de documentación histórica sobre vestuario otomano coetáneo a Lepanto, sobre enseres, armamento y ajuares de los personajes tratados. La localización de piezas originales, también prendas de vestir, conservadas en diferentes museos. La realización de patrones de las prendas, y la confección definitiva de las mismas con tejidos que se asimilen a los modelos originales. Para ello, hemos tenido la suerte de contar con la colaboración de los sastres especializados en indumentaria tradicional e histórica más destacados del país, como Francisco Martínez Botella o los miembros de la empresa Acus Verum. Y con el resto de elementos, igual. Todo un trabajo que ha llevado años, y el cual no habría podido realizarse sin el compromiso y convencimiento en el proyecto de los amigos y amigas del grupo Al Sarq Arquería Histórica.

Una vez completado todo el “armario” otomano necesario para cumplir los objetivos fue cuando se comenzó con la planificación ya prevista de elaboración de imágenes. Lo que ha supuesto una fase del proyecto cuasi cinematográfica, con storyboard, selección de ubicaciones para crear la escenografía, y una verdadera preparación de secuencias de imágenes para alcanzar el grado de calidad visual que pretendíamos, de estrecha conexión entre texto, ilustraciones históricas y reconstrucción fotográfica.

El acercamiento a Lepanto con estos planteamientos ha llevado bastantes años a través de estudio, documentación y planificación para llegar al término propuesto. Ha sido un proceso de trabajo bastante largo y preparatorio, pero enormemente satisfactorio, del que estoy enormemente satisfecho.

¿Qué supone para usted la presentación de esta obra en Estambul?

Tras esos años de trabajo, haber llegado al final de este viaje con este resultado, y con el apoyo y el interés de las instituciones que han abrazado la iniciativa, tanto para mí como para el resto del equipo es un enorme orgullo. Y presentarlo en Estambul es la mejor de las situaciones que nos podíamos imaginar en esta andadura.

Porque el libro, que gira en torno a la batalla de Lepanto, elude los pormenores de ésta, sobradamente presentados tradicionalmente, y centra la atención en los otros protagonistas, en el lado otomano. También en uno de los momentos más importantes de la historia turca, por lo que, evidentemente, su presentación en el corazón histórico y cultural de la cultura otomana, como es Estambul, constituye un sueño, y redunda la satisfacción por el trabajo obtenido.

¿En qué otros lugares está previsto que se presente el libro?

El libro aún no se ha presentado públicamente. Se hará en primicia en Estambul. Cuando se conozca, en colaboración con las instituciones implicadas, veremos qué posibilidades van surgiendo. De momento, tras la presentación en Turquía haremos lo propio en Alicante, en Casa Mediterráneo a mediados de febrero. Tras lo cual ya tenemos prevista otra velada en Almansa (Albacete), donde resido, en Yecla (Murcia), ciudad de origen de gran parte de los fotógrafos que han participado en el proyecto. Y con posterioridad tenemos petición por parte de unos colectivos relacionados con la batalla de Lepanto en la ciudad de Granada, igualmente en Sevilla y en Toledo.

Durante un periodo de más de cien años, entre 1533 y 1656 según los historiadores turcos, las sultanas mantuvieron un papel a la altura del cargo que se les daba como madre o mujer del sultán.

Por último, en el capítulo final del libro habla de un “Sultanato de mujeres”. ¿Qué papel desempeñaban las mujeres en el periodo clásico del Imperio Otomano (1453-1683)?

Es un capítulo que realmente me impacta y apasiona como historiador. La denominación “Sultanato de las mujeres” es acuñada por las voces más autorizadas sobre la historia del mundo clásico otomano. Es un periodo que se caracteriza por el protagonismo de las esposas y las madres de los sultanes, y se empieza a dar muy poco antes de la Batalla de Lepanto.

Hay que pensar que en la época de Solimán El Magnífico, unos años antes de Lepanto, las mujeres de la corte otomana estaban prácticamente relegadas al exclusivo papel de reproductoras y de compañía íntima de los sultanes y altos cargos de palacio. Eso se rompe con Solimán cuando reconoce a su esposa, Hürrem Haseki Roxelana, más allá de esos roles, pues le otorgó el título de sultana consorte. Y cuando Solimán muere, se convierte en madre sultana. A partir de ahí, durante un periodo de más de cien años, entre 1533 y 1656 según los historiadores turcos, estas sultanas mantuvieron un papel a la altura del cargo que se les daba como madre o mujer del sultán. No eran únicamente unos títulos honoríficos, sino que ejercían un verdadero poderío allí donde los sultanes hijos, o esposos, estaban demostrando personalidades mucho más débiles que en periodos anteriores.

En esas situaciones, las esposas y madres de sultanes fueron auténticas mujeres de Estado, que se enfrentaron a decisiones y responsabilidades de envergadura, relativas a organizaciones de los ejércitos, y a estrategias bélicas o diplomáticas junto con los grandes visires. Pero, sobre todo, y a mi juicio más importante si cabe, su posición de gran de poder les permitió convertirse en verdaderas mecenas y promotoras de las grandes obras del Estado. Remodelaciones urbanas, nuevas madrazas, hospitales, escuelas, mezquitas o fortificaciones fueron promovidas por aquellas mujeres. Arquitectura e ingeniería eran la expresión de poder del sultanato, la garantía de presencia y de perduración de la Sublime Puerta. Y ello lo hicieron las sultanas.