Jaime Siles: «Brines era un poeta hedonista que exaltaba el cuerpo y la alegría de la vida; en eso reside su carácter y condición de mediterráneo»

En el marco del ciclo ‘Poesía Mediterránea’, el martes 14 de diciembre a las 19 h. tendrá lugar un recital y homenaje al poeta, académico y Premio Cervantes, Francisco Brines, el reconocido autor de Oliva (Valencia) perteneciente a la Generación del 50. La charla correrá a cargo de una persona que conoce muy bien las facetas literaria y humana de Brines, el poeta, filólogo, crítico literario, traductor y catedrático de Filología Latina de la Universidad de Valencia, Jaime Siles, a quien acompañarán las voces de diversos poetas alicantinos que recitarán algunos de los poemas del escritor valenciano.

Académico de la Real Academia Española, Brines recibió los galardones más prestigiosos de la literatura de nuestro país, como el Premio Nacional de las Letras Españolas, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana o el Cervantes; éste último a manos de los reyes en su querida finca familiar de Elca, pocos días antes de su fallecimiento. Su trayectoria literaria comenzó con «Las brasas» (1960, Premio Adonais) y siguió con  ”Palabras a la oscuridad”, “Aún no” (1971), “Insistencias en Luzbel” (1977),“El otoño de las rosas” (1986) y “La última costa” (1995).

Su obra la reunió en “Ensayo de una despedida. Poesía completa 1960-1997” (2012). Una selección de sus mejores poemas, junto a otros inéditos, se concentraron en “Jardín nublado” (2016). Un año después publicó “Entre dos nadas”, con diez poemas inéditos y otros elegidos por amigos, lectores y estudiosos de su obra. En 2018 “Antología poética” aglutinó desde “Las brasas” hasta “La última carta”. El autor legó los 30.000 volúmenes de su biblioteca y su colección de arte a la fundación que lleva su nombre, en su finca familiar en Oliva, concebida para impulsar la poesía. Con el fin de acercarnos a la figura de Brines, un poeta de esencia mediterránea que supo captar como pocos el paso el tiempo y el amor por la vida, mantuvimos una entrevista con Jaime Siles.

¿Qué rasgos de la poesía de Francisco Brines le distinguen frente a sus compañeros de la Generación del 50?

Francisco Brines en su ingreso en la RAE – © RAE

Creo que dentro de la Generación del 50, Brines ocupa, al igual que Claudio Rodríguez, una posición singular. Por ser ambos más jóvenes que el resto de esos poetas, no tuvieron, por así decirlo, la tentación de la poesía social. Pudieron hacer ambos una poesía, sobre todo Brines, más confesional e intimista, y lo que aportó éste, no sólo a su generación, sino a la poesía española de la segunda mitad del siglo XX es sobre todo su sentido del tiempo y su concepto de la elegía y de lo elegíaco. Brines es un poeta existencial, un poeta del amor, un poeta de la sensualidad y al mismo tiempo un poeta de la nada. Eso lo convierte en un poeta metafísico.

Francisco Brines celebraba la vida, el milagro de la existencia, sin dejar de lado la melancolía y aceptando la muerte como un proceso natural e inexorable que permite “a otros vivir”. Él mismo afirmó: “La muerte hay que aceptarla, tenemos que morir para que vivan otros”. ¿Era una persona vitalista y al mismo tiempo realista?

Eso también le pasaba a Quevedo, que se encontraba en una situación similar. Por un lado, Brines era un poeta hedonista o quería serlo, que exaltaba el cuerpo y la alegría de la vida; en eso reside su carácter y condición de mediterráneo, de poeta yo creo que más latino que griego, aunque tiene también poemas sobre Grecia. Esa condición que le hacía sentir la contingencia de su cuerpo y de su vida, por un lado lo llevaba a la exaltación del instante, a vivir el momento en su máxima plenitud, y por el otro a deplorar la nada que nosotros somos. Creo que Brines, al igual que Azorín, es un poeta fundamentalmente del tiempo. Por eso es también elegíaco.

Era un poeta muy apegado a su tierra. Decía: “Todos, en cualquier sitio que nazcan aman la tierra en la que han nacido”. Su finca en Elca, con su vegetación y clima mediterráneos, tuvo influencia en sus versos. ¿En qué medida?

Indudablemente. Mire usted, en «Las Brasas”, en concreto en “El barranco de los pájaros”, tiene lugar en esa geografía que está indicando, en las proximidades de Elca. Para Brines, Elca era su propio paraíso particular. Por eso, en cuanto pudo se retiró a él. Y le fue fiel siempre. Hay un poema titulado “Elca” precisamente, que resume muy bien esto que le estoy diciendo. Y la condición de elegíaco, que le he subrayado antes, y el sentimiento de la temporalidad, la extremó sobre todo durante su periodo inglés. Cuando estuvo en Inglaterra como lector es cuando en “Palabras a la oscuridad» más extrema resulta esa posición.

Supongo que la diferencia del clima, de la luz, de la cultura en Cambridge, donde trabajó como lector, y en Oxford, donde fue profesor de español, le hicieron añorar y valorar más su origen mediterráneo.

En efecto, todo eso se le hizo mucho más presente.

[su_quote]El instante más profundo del tiempo para él era la vivencia del amor.[/su_quote]

El amor impregna su poesía. “Amar y ser amado es lo máximo que podemos desear”, dijo en una entrevista. ¿Cómo trata Brines el amor en sus poemas?

Lo trata en esa dualidad que le digo. Digamos que el instante más profundo del tiempo para él era precisamente la vivencia del amor. No sé cuánta suerte tuvo Brines en el amor, pero creo que muy poca. Creo que eso fue un sufrimiento de Brines, como lo fue también la soledad.

De hecho, él decía que cuando era niño y pasaba los veranos en la finca familiar de Elca tenía muchos momentos de soledad que le impulsaron a escribir y a conocerse a sí mismo a través de la poesía.

Sí, porque para Brines la poesía, como para otros poetas de su generación, es un ejercicio de autoconocimiento.

El escritor legó en la finca familiar en Oliva los 30.000 volúmenes de su biblioteca y su colección de arte a la Fundación Francisco Brines para impulsar la poesía, que él consideraba una forma de enseñanza, fundamental para la democracia. ¿Puede contarnos algo del trabajo de esta fundación?

No le puedo contar nada de la fundación porque ni soy miembro de ella, ni pertenezco a su patronato, ni conozco sus estatutos. Sólo sé que han dado un premio de poesía y me parece muy bien que lo haya.

Cuando recibió la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana, Brines recordó a su padre, un comerciante de naranjas ajeno al mundo de la literatura, que siempre respetó su vocación de poeta. Este respaldo paterno, ¿fue decisivo para que se dedicara a la poesía libremente, sin ataduras?

Creo que Brines, al haber nacido en una familia de grandes terratenientes pudo hacer siempre lo que quiso y eso le dio una gran libertad. Le hizo tener como compromiso la fidelidad a sí mismo y a su poesía. Eso es muy importante en él y en su obra. Su padre influyó en él, pero creo que mucho menos que su madre. Brines por quien tenía verdadera devoción era por la figura materna. Incluso en los poemas aparece de una manera muy clara. Toda la familia está presente también en un poema conocido de “La última costa”. Su padre lo que sí le infundió fue un amor a Valencia y a la valencianía hasta el punto de que Brines firmaba sus artículos de periódico sobre fútbol en El País: «Francisco Brines es valenciano y valencianista». Su padre creo que había sido directivo del Valencia Club de Fútbol y él mantuvo esa fidelidad siempre.

Además, una experiencia infantil importantísima para Brines fueron los toros. Brines, que tiene varios poemas taurinos excelentes y que era un gran experto, un gran conocedor como ha demostrado en los artículos que publicó en Quites, una revista dedicada a la tauromaquia en Valencia, sabía muchísimo de toros. Y todo procedía de que de niño o al inicio de la adolescencia había visto una corrida de toros y ese hecho le había marcado. Esa emoción en el animal y en el arte del torero fue algo que no le abandonó nunca y para lo que tuvo muchísima sensibilidad y comprensión siempre.

Brines reconoció su admiración por poetas como Juan Ramón Jiménez y Cernuda. ¿Se aprecia influencia de ellos en su poesía?

Sí, yo creo que hay muchísima. Una influencia de Juan Ramón más diluida en la primera época, pero una gran influencia de Cernuda en los grandes libros de él. Es un poeta más cernudiano que juanramoniano. Es juanramoniano en la simbología de la naturaleza y en la representación clásica de la misma en sus poemas, pero es un poeta completamente cernudiano por muchísimas razones; una de ellas, de identificación personal.

Un rasgo en el que coinciden los críticos literarios sobre Brines es su coherencia, la unidad de su obra.

Sí, al ser una obra breve tiene la ventaja de que ser muy unitaria, pero corre también el peligro de ser una obra muy monocorde.

[su_quote]Brines era una persona con calidad humana, que trasminaba afecto y daba compañía.[/su_quote]

¿Qué poemas se recitarán en el homenaje organizado por Casa Mediterráneo?

Yo he escogido dos poemas que siempre me han gustado mucho: uno está dedicado a mí, por lo que le tengo especial afecto y cariño; y otro es “Muertes de perro” de “Palabras a la Oscuridad”. Los poetas que participarán en el recital han seleccionado otros poemas de Brines.

Usted me está preguntando mucho por la obra de Brines, que es muy importante y que todos valoramos y reconocemos, pero yo creo que hay un elemento que no se debe desatender y es la calidad de la persona. Brines era una persona con calidad humana, que trasminaba afecto y daba compañía. Se le podía hablar de poesía, pero de muchas cosas más, entre ellas de decisiones importantes para nuestra propia vida. Era un gran conversador, una persona culta, sin ser pedante, y un ser humano que tenía un sentido de la otredad, de los otros, y lo reconocía. Era una persona absolutamente próxima.

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En el homenaje a Francisco Brines que tendrá lugar el martes 14 de diciembre a las 19 h. en Casa Mediterráneo, además de Jaime Siles, intervendrán diversos poetas que recitarán poemas del autor valenciano:

En representación de los poetas de Valencia: Juan Luis Bedins; José Iniesta: Juan Pablo Zapater.

En representación de los poetas de Alicante: Pilar Blanco; José Luis Ferris; Gràcia Jiménez; Joaquín Juan Penalva; José Luis Rico; Juan Ramón Torregrosa; y José Luis Vidal Carreras.