La Segunda Guerra Mundial ha terminado. Alemania y sus aliados han sido derrotados pero los criminales de guerra del Tercer Reich aprovechan que Tánger sigue siendo un enclave importante para huir. El Vaticano y la Cruz Roja Internacional colaboran activamente con la red de fugas que pasa por la ciudad internacional. La condesa Marga d’Andurain, recientemente asesinada, formaba parte de esta organización conocida como «La Ruta de las Ratas». Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto, era su cliente más importante. Su plan de huida es el punto de partida de la novela La conexión Tánger, escrita por Javier Roca, escritor y médico traumatólogo en el Hospital General Universitario de Alicante.
El autor, nacido en Tánger, donde pasó su infancia y una parte de su juventud, presentará la obra el próximo jueves 19 de diciembre a las 19 horas en Casa Mediterráneo, acompañado del editor Juan Ramón Roca. El evento es de entrada libre hasta completar aforo y con emisión online. Javier Roca nos ofrece en esta entrevista unas pinceladas sobre La conexión Tánger.
¿Qué le llevó a escribir esta novela?
Lo explico en la introducción del libro. Mis hermanos y yo pensábamos que nuestro padre iba a escribir unas memorias sobre sus vivencias en Tánger, ya que había tenido muchísimas experiencias en la ciudad. Él había nacido en Barcelona, donde se crió y estudió. Su primera intención era irse a Argentina porque era la época de la España de la posguerra y no había absolutamente nada. Prácticamente no había trabajo, ni para los médicos siquiera. Entonces realizó unos cursos de perfeccionamiento, obtuvo un permiso para estudiar en París y allí se hizo amigo de unos judíos que vivían en Tánger. Ellos le informaron de que se iba a abrir un hospital español en Tánger que precisaría mucho personal. No se lo pensó dos veces; él era muy familiar y Argentina se encontraba demasiado lejos, mientras que Tánger estaba muy cerca y bien conectado con España. De modo que se lanzó a la aventura y acabó trabajando en Tánger, donde nacieron sus nueve hijos. Yo viví allí hasta COU y mis padres permanecieron en Tánger, a donde volvía siempre por vacaciones.
Entonces, tiene una fuerte vinculación con la ciudad.
Sí. Es verdad que nosotros no hemos vivido el Tánger que vivieron nuestros padres, porque sitúo la novela en la ciudad internacional. Pero me he basado en lo que nos contaron ellos y sus amigos. Todos los personajes reales de esos años de los que habla la novela ya no viven; tendrían ahora más de cien años.
¿La historia combina personajes reales y de ficción?
Sí. Hay personajes de ficción, pero la mayoría de los que intervienen son reales.
Uno de esos personajes reales es la supuesta condesa Marga d’Andurain, una intrépida aventurera francesa cuya vida estuvo marcada por escándalos, misterios y una mezcla de intrigas románticas y políticas. Sus andanzas dan para otra novela. De hecho, Cristina Morató escribió un libro sobre ella, titulado Cautiva en Arabia. La extraordinaria historia de la condesa Marga d’Andurain, espía y aventurera. ¿A qué se dedicó la condesa en Tánger y qué episodios de su vida cuenta en la novela?
Leí ese libro después de haber escrito La aljamía, la primera parte de mi nueva novela. Ya entonces ya hablé de ella porque me interesó este personaje, que fue tremendo. En La conexión Tánger muestro unos trazos de su vida. Falleció en Tánger, asesinada.

Sobre las causas de su muerte, en extrañas circunstancias a bordo de su velero, se ha especulado mucho. Se barajaron tres posibles causas de su muerte: asesinato, accidente o suicidio.
Nunca se encontró el cadáver, pero su asesinato se atribuyó Hans Abele (antiguo agente de la Gestapo) que trabajaba con ella en su barco y que también estaba inmerso en asuntos muy turbios. Por ello fue juzgado y condenado, aunque el cadáver de la condesa fue arrojado a la bahía de Tánger y nunca apareció.
¿En qué tipo de negocios oscuros estaba involucrada Marga d’Andurain?
Entre otros, en el tráfico de opio y en cualquier asunto que le proporcionara dinero fácil. De hecho, su yate había sido financiado, aunque no está muy claro, por una mafia francesa o por una trama dedicada a la fuga de nazis que habían participado en la Segunda Guerra Mundial y por la situación de Europa intentaban huir para refugiarse, sobre todo, en Sudamérica. El Estado de Israel, que se acaba de fundar, empezó a buscar a los criminales de guerra y Europa era una zona muy peligrosa para ellos.
¿Tánger era un sitio de paso para los nazis que huían, más que un lugar de destino?
Tánger era un lugar de paso. Y la condesa estuvo presuntamente involucrada en la fuga de un criminal muy conocido: Adolf Eichmann.
Fue uno de los principales responsables del Holocausto.
Efectivamente. Lo acabaron cogiendo en Argentina y juzgando en Israel, donde le condenaron a muerte.
¿Marga d’Andurain participó supuestamente en la fuga de Eichmann?
Hay indicios de que estuvo involucrada en esa trama.
La ‘Ruta de las ratas’ era una red clandestina utilizada por oficiales nazis y colaboradores para escapar de Europa después de la Segunda Guerra Mundial
En la novela habla de la “Ruta de las ratas”. ¿Qué era?
La “Ruta de las ratas” era una red clandestina utilizada por oficiales nazis y colaboradores para escapar de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos judíos que estaban en Alemania y que lo habían perdido todo decidieron migrar al recién fundado Estado de Israel a través de una ruta que pasaba por los Pirineos, por los Alpes franceses y llegaba a Italia, donde embarcaban con destino a su nuevo hogar. Esa ruta fue aprovechada por criminales nazis que se hacían pasar por refugiados y llegaban hasta Roma, donde tenían un contacto muy importante, el obispo Alois Hudal, que les ayudaba a conseguir los pases para huir a Sudamérica. Obtenían un certificado del Vaticano, que pasaba por la Cruz Roja, la organización encargada de expedir los pasaportes y, con el nombre que les dieran, desde el puerto de Génova emigraban hacia Sudamérica, principalmente a Argentina, Chile, Brasil…
Había otras rutas, como la de Odesa y la de Europa, desde la cual emigraban hacia Estados Unidos. Pero es ruta la utilizaba gente más importante, que les interesaba a los americanos por razones científicas o de otra índole.
¿Por qué cree que el Vaticano y la Cruz Roja ayudaban a escapar a criminales de guerra nazis?
No está muy claro. Todos los papeles del Vaticano estuvieron archivados y no se pudieron consultar hasta hace tan sólo unos tres años, cuando se desclasificaron. Hay una serie de reportajes en los que participó el propio Vaticano hablando sobre ese tema, aunque no queda muy claro. En la novela no me meto con la Iglesia, ni mucho menos, pero pongo estos hechos en evidencia porque están reconocidos por el propio Vaticano. Y aunque su postura es difícil de justificar, lo cierto es que la Iglesia ayudó muchísimo a los judíos durante la guerra, llegando a jugársela. Y respecto a su participación en la red de fugas de los nazis, afirman que se debió a su oposición a la pena de muerte.
¿Qué tenía de particular Tánger en aquella época para atraer a espías, diplomáticos, comerciantes y gente de todo tipo, incluyendo a nazis que huían tras la guerra?
El hecho de que Tánger era de todos porque era una ciudad internacional y, al mismo tiempo, no era de nadie, en realidad. Esa circunstancia propiciaba que pudieras pasar fácilmente desapercibido sin que nadie te preguntara, ni comprobara nada. De modo que podías simular lo que quisieras. Era un mundo peculiar y ése ha sido el atractivo que ha tenido para muchas novelas y películas.
La conexión Tánger es su segundo libro, tras La aljamía. ¿Da continuidad a la primera novela?
Sí, lo escribí por mantener el recuerdo de una época, de unas historias que me parecía una pena que se olvidaran y, de alguna manera, quería reflejarlo en un libro, concretamente en una novela. Su estructura sigue un hilo conductor que tiene mucho de ficción. Y sobre ese hilo conductor he colocado diferentes historias reales que le sucedieron a mi padre en Tánger. Al mismo tiempo, no quería relatar hechos históricos sin más, porque pienso que la gente pierde el interés cuando empiezas a contar simplemente la historia como tal. En cambio, si le planteas un hilo conductor interesante, despiertas interés por saber lo que ocurre en el siguiente capítulo. “Novela” significa en italiano “mentira”, de modo que es una mentira sobre la que contar cosas reales.
También he intentado imprimirle bastante acción porque, aunque mi oficio no es el de escritor, las carencias literarias que pueda tener las trato de suplir con este recurso en la trama.

¿Los libros se pueden leer de manera independiente?
Sí, se pueden leer independientemente uno del otro. Eso es lo que he tratado de hacer. La segunda novela parte de un escrito que deja una lugarteniente de Marga d’Andurain, Maggie, también asesinada, en el cual menciona la “Ruta de las ratas” y el hecho de que Adolf Eichmann está pendiente de escapar de Italia y pasar por Tánger. Cuando hago alguna referencia a la anterior novela, intento explicarla, tratando de no dar nada por hecho.
Escritores como Paul Bowles o Ángel Vázquez desfilan por las páginas de su novela. ¿Qué otros personajes reales aparecen?
En la primera novela menciono a ambos autores y en la segunda cito de pasada a Bowles, al intervenir en un club de jazz que había en Tánger. No obstante, sobre todo me he centrado en otros personajes que conoció mi padre, de los que dejó constancia por escrito, algunos de los cuales tuve la oportunidad de tratar de forma somera. Ése fue el caso del doctor Dencàs, que participó en la primera Declaración de Independencia de Cataluña en el año 1934 junto a Companys. Al final escapó a Tánger, el único sitio donde por la internacionalidad podían reconocerle su título de médico. Empezó a trabajar allí y fue compañero de mi padre.
Formaban parte de un grupo de catalanes entre los cuales también estaba otro personaje muy interesante, que era Josep Andreu Abelló, que fundó el Banco de Comercio de Marruecos. Lo hizo con un capital que se supone que fue de los republicanos cuando huyeron en un barco y acabaron en Estados Unidos. Se dice que ese dinero se empleó, entre otras cosas, para intentar mantener a muchos de los republicanos que habían huido y para fundar este banco en Tánger, que era una ciudad internacional y el único sitio donde podías cambiar dólares a pesetas. Eso era muy interesante para cualquier fortuna que estuviera en España. Le reportó grandes ingresos y muchas amistades, que jamás habrían sido posibles en otros lugares y circunstancias.
Además, también participa en la historia mi madre, que había ido a Tánger cuando tenía un año por el trabajo de su padre como fiscal del Tribunal Mixto Internacional de Tánger, enviado por el Gobierno de la República.
¿Cómo es el Tánger actual?
Ahora no tiene nada que ver con el Tánger de mis padres, pero es una ciudad muy vital y joven, donde no se observa la pobreza que yo veía cuando era pequeño, que sobre todo afectaba a los musulmanes autóctonos.
¿Había mucha diferencia entre los extranjeros y la población local?
Sí, en el seno de la población musulmana había una clase privilegiada, la más intelectual, que buscaba la independencia de Marruecos, de la cual también hablo en el libro. Y luego estaba la población pobre, que era la mayoritaria. Casi todos eran campesinos que bajaban a los zocos de Tánger cuando tenían algo que vender.
De pequeño recuerdo haber visto a gente sin zapatos, pobre de verdad. Eso no lo ves ahora. Además, ha contribuido a la buena situación económica la construcción de un puerto muy importante, Tanger Med, que ha dado muchísima vida a la ciudad. Muestra de ello es el hecho de que la población haya pasado de tener 300.000 habitantes cuando yo vivía allí a más de un millón.
¿Cree que en España hay suficiente conocimiento de ese pasado no tan lejano del Tánger internacional y la importante presencia española que allí hubo?
Creo toda esa información se ha movido entre un grupo muy restringido de gente, que fue la que tuvo contacto con esa época. Fuera de eso, tan sólo hay retazos de su historia.
La comunidad tangerina que vive ahora en España se caracteriza por su empeño en recordar ese pasado glorioso de Tánger. ¿Sus libros pretenden contribuir a que se mantenga vivo ese legado?
Es lo que intento transmitir. En el primer libro, sobre todo en la segunda edición, cito unas palabras de Milan Kundera, que dicen que la vida es la lucha del recuerdo frente al olvido. Y es cierto que sin recuerdos y sin memoria es como si tuvieras alzhéimer.
La conexión Tánger está disponible en Amazon.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo