Jesús Núñez analiza la guerra en Gaza: «Es imposible introducir una mínima gota de optimismo en una situación tan negativa»

El conflicto entre israelíes y palestinos, agravado desde el pasado 7 de octubre con los ataques de Hamás, que ocasionaron la muerte de alrededor de 1.200 personas, y la consiguiente respuesta militar del Gobierno de Netanyahu en la Franja de Gaza, que hasta la fecha se ha saldado con 25.000 víctimas mortales, decenas de miles de heridos y un nuevo éxodo de población civil palestina, dibuja un complejo escenario internacional de difícil solución.

El economista Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), analizará las claves del conflicto en Casa Mediterráneo el próximo 9 de febrero a las 19 horas en el curso de la conferencia titulada “Visión panorámica de la situación de inseguridad en Oriente Próximo”.

En esta entrevista, Jesús Núñez nos ofrece un certero diagnóstico de las razones que subyacen a la guerra, el papel de los diversos actores implicados y el futuro que le depara a la población gazatí.

El actual conflicto en la franja de Gaza y la ofensiva israelí como respuesta a los ataques de Hamás del pasado 7 de octubre hunde sus raíces mucho tiempo atrás. ¿Podría contextualizar los acontecimientos de los últimos meses?

Efectivamente, antes del día 7 de octubre conviene recordar que no había nada parecido a la paz y al bienestar en la Franja de Gaza, sino que, por el contrario, se estaban batiendo récords de muertes y de operaciones militares por parte de Israel, no sólo en la Franja, también en Cisjordania. Por lo tanto, es un contexto en el que se acumulaba el malestar del conjunto de la población con la potencia ocupante, también con la Autoridad Palestina y con Hamás.

El conflicto está inmerso en un ciclo de acción – reacción. Para acabar con la guerra en Gaza y liberar a los rehenes israelíes, el primer ministro de Israel podría tener que llegar a acuerdos que, según los analistas, podrían poner fin a su gobierno. ¿Está Netanyahu en una encrucijada?

Netanyahu está en una situación desesperada. Por un lado, porque ha quedado identificado ante su propia opinión pública como el único responsable del fallo de seguridad que supuso el 7 de octubre. Y, por otro lado, está intentando desesperadamente restablecer su imagen de garante de la seguridad de Israel, con lo cual, está sobreactuando en la operación de castigo. Además, y eso para mí resulta fundamental, es el más interesado en prolongar la guerra porque es la única manera que tiene de evitar su caída del cargo de primer ministro, contando con que, para él, la alternativa es, muy probablemente, la cárcel por las tres causas judiciales que tiene pendientes.

Netanyahu se opone a la creación de dos Estados, Israel y Palestina, pese a las presiones de Estados Unidos y la UE en ese sentido. ¿Qué estrategia cree que seguirá para poner fin al conflicto?

Desgraciadamente, no hay una solución a la vuelta de la esquina, ni con Netanyahu ni sin él ahora mismo. La fórmula de dos Estados está absolutamente agotada, no sólo porque Netanyahu la rechaza completamente, sino porque la situación real sobre el terreno determina que, como resultado de la estrategia de hechos consumados que ha desarrollado Israel a lo largo de décadas, ya es inviable, si por el concepto de Estado entendemos algo realmente soberano y viable. Por último, ninguno de los posibles rivales políticos de Netanyahu apuesta por el Estado palestino. Por lo tanto, no es sólo un problema de Netanyahu.

¿La estrategia de Israel para acabar con Hamás está funcionando? La intención de Israel, dirigida a desmilitarizar Gaza y desradicalizar a los palestinos, ¿más bien puede conseguir todo lo contrario, que se radicalicen aún más?

Efectivamente, el primer objetivo es eliminar a Hamás política y militarmente. Es un objetivo que está condenado al fracaso. El antecedente lo tenemos claro. Ni Al-Qaeda, ni Daesh, ni ningún otro grupo que ha llegado a retar al orden en el lugar en el que se mueve, ha sido eliminado por las armas. Hamás no es sólo un grupo armado. Hamás es un actor político que ganó las últimas elecciones en el año 2006. Es un actor social, que lleva a cabo una labor de ayuda a los más desfavorecidos en Gaza, fundamentalmente. Hamás es una idea y eso es imposible eliminarlo por las armas.

Por lo tanto, Israel va a fracasar en ese objetivo, pero es que, además, respecto al segundo objetivo, desradicalizar a los palestinos, en Gaza principalmente, podemos entender que habrá muchos de los que sobrevivan a esta masacre que acabarán convencidos de que la violencia es el único instrumento que tienen en sus manos para seguir adelante. Y, por lo tanto, lo que cabe preguntarse es si Israel está eliminando combatientes de Hamás o creando nuevos combatientes de Hamás o de como se llame el grupo a posteriori.

A la vista de los acontecimientos, la estrategia que está siguiendo Israel es acabar directamente con la población palestina y provocar su exilio. A ello se une el hecho de que algunos países han interrumpido su ayuda a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) a raíz de las denuncias sobre la posible implicación de algunos miembros de este organismo en los atentados de Hamás de octubre. ¿Qué hay detrás de este corte de fondos a la UNRWA?

Evidentemente, desde mi punto de vista, hay dos cuestiones. Una, el objetivo estratégico de Israel es el dominio territorial de todo lo que hay entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, toda la Palestina histórica. Y, por lo tanto, trata de hacer insoportable la vida a los palestinos. Eso es lo que lleva haciendo décadas y lo que ahora estamos viendo nuevamente con este nivel de masacre indiscriminada contra civiles. Se trata de convencer a los palestinos de que no tienen futuro en esa zona. Está violando el Derecho Internacional, el Derecho Internacional Humanitario, está incumpliendo sus obligaciones como potencia ocupante con ese objetivo: hacer la vida insoportable a los palestinos, eso es evidente.

La segunda cuestión es que la UNRWA es una agencia de Naciones Unidas con un mandato explícito de asistencia y protección a los refugiados palestinos, en torno a seis millones. Lo que está haciendo Israel es, por un lado, intentar que se redefina el concepto de refugiado para que solamente sirva para los que quedan vivos de la primera oleada de 1948, esos serían apenas 400.000 y, por otro lado, poner todos los obstáculos posibles a la actividad de la agencia. Y ahí encaja la suspensión de fondos que ha conseguido Israel presionando a gobiernos occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, que, por lo tanto, se convierten en cómplices de Israel en esa masacre porque la agencia visibiliza la existencia de algo que Israel quiere eliminar, que es la existencia de los refugiados. Por lo tanto, creo que en ese plano hay que entenderlo.

El ataque de Israel contra uno de los principales mandos de Hamás en Beirut; el atentado doble en Irán que causó la muerte a más de cien personas; las acciones de los hutíes de Yemen que están dificultando el tráfico marítimo en el mar Rojo y los bombardeos estadounidenses a objetivos en Siria en represalia por el ataque que ha matado a tres militares en Jordania evidencian una escalada del conflicto a nivel regional. A la vista de los acontecimientos que se están sucediendo, ¿el conflicto puede adquirir una dimensión internacional?

Una vez más hay que insistir en que la situación no era en absoluto pacífica antes del 7 de octubre en la región. Pero, evidentemente ahora podemos entender que la larga mano de Irán está movilizando a peones regionales como Hezbolá en la frontera con Líbano, las milicias proiraníes que tiene en Siria y en Irak, los hutíes en Yemen…, pero hay una situación un tanto chocante. Y es que unos y otros están alimentando el fuego, pero ninguno tiene, real y racionalmente, interés en una escalada regional. No lo tiene Israel, porque ahora mismo quiere concentrar su esfuerzo en Gaza. No lo tiene Estados Unidos porque lo que pretende es salirse del pantano regional para poder centrar sus esfuerzos en el desafío de China. Y no lo tiene Irán porque sabe que en una confrontación directa con Estados Unidos y con Israel saldría perdiendo sin remedio.

Por lo tanto, ninguno, aparentemente quiere la guerra, pero todos en ese juego de acción y reacción están alimentando un fuego que se puede descontrolar en cualquier momento y llevarlos a una situación indeseable.

Respecto a la exigencia a Israel de la Corte Internacional de Justicia de medidas para impedir el genocidio en Gaza ¿qué importancia tiene, aunque sea meramente simbólica?

Al decir que tiene importancia simbólica parecería que le quitamos relevancia. La importancia simbólica es ya relevante. En primer lugar, porque la Corte Internacional de Justicia podía haber rechazado la demanda de Sudáfrica considerando que no había bases fundadas, pero no lo ha hecho. La causa sigue adelante. Por lo tanto, como mínimo, Israel queda identificado como un potencial genocida. Seguramente tardará años en hacer el dictamen final, pero, de momento, así queda reflejado, de tal manera que quienes colaboren con Israel pueden convertirse en cómplices de genocidio. Y eso puede hacer pensar a otros gobiernos, empezando por Estados Unidos, si siguen suministrándole armas o si cambian de actitud.

En segundo lugar, es cierto que, en términos prácticos, la Corte no tiene medios propios para hacer valer sus dictámenes y, por lo tanto -lo mismo que ocurrió en el año 2004, cuando declaró que el muro israelí en Cisjordania era ilegal, éste sigue ahí- Israel sigue haciendo lo mismo que hacía antes del dictamen provisional. Luego, en términos prácticos, nada ha cambiado sobre el terreno.

¿Cuál es el futuro que le espera a la población palestina de Gaza cuando acabe la ofensiva militar?

Negro, muy negro. Es imposible introducir una mínima gota de optimismo en una situación tan negativa. Lo que queda claro es que Israel tiene un margen de maniobra que no se le concede a ningún otro país del planeta, y que el gobierno más extremista de la historia de Israel está decidido a provocar un éxodo forzado de la población gazatí porque, insisto, lo que busca es el dominio territorial, pero lo que no quiere es que en ese territorio haya población no judía. Vemos cómo está decidido a hacerlo y nadie está dispuesto a pararlo. Luego, hasta que Israel no decida parar, seguiremos asistiendo a esa vergüenza generalizada en la que quedan de manifiesto las dobles varas de medida cuando se trata, por ejemplo, de criticar a Rusia en el caso de Ucrania y con lo que hace Israel en el caso de Gaza.