Jordi Alsina: «Las músicas populares en muchas partes del Mediterráneo dan a la sociedad un mecanismo para seguir mostrando que somos diferentes, diversos y que esto nos enriquece»

En el Mediterráneo han confluido a lo largo de la historia numerosas culturas, que en sus idas y venidas han configurado un rico patrimonio musical. Sus canciones y sus danzas nos hablan de orígenes, tradiciones, costumbres, misticismo, reivindicaciones… en definitiva, de su historia. El antropólogo e historiador Jordi Alsina recoge por primera vez en un libro de gran formato y totalmente ilustrado los géneros musicales, los instrumentos y los artistas más representativos de diversos territorios unidos por la esencia de un mismo mar. ‘Mediterráneo, un mar de músicas’ (El Dimoni Pelut), editado por Oscar Vallverdú, cuenta con las magníficas ilustraciones de Lluís Ràfols, que unidas a los textos concisos y amenos del autor dan como resultado un volumen atractivo tanto para el público infantil y juvenil, como adulto.

A lo largo de sus 64 páginas, los lectores descubrirán muchas curiosidades de géneros musicales que van desde el flamenco andaluz, las jotas aragonesas, catalanas, valencianas y mallorquinas, la rumba catalana, la tarantela italiana, la Ta Kritiká griega, el fado portugués, la música árabe, las danzas de los derviches, el rebético o la música sefardí hasta el raï magrebí. Sus orígenes, figuras más destacadas, algunas de las canciones más populares, sus instrumentos, así como las aportaciones entre unas y otras culturas quedan al descubierto en esta obra que muestra la singularidad y la riqueza cultural del Mare Nostrum.

El libro se presentará el miércoles 10 de febrero a las 19:00 horas en formato virtual en la web de Casa Mediterráneo con la participación de su autor, Jordi Alsina, y su ilustrador, Lluís Rafols. De forma previa al evento, mantuvimos una entrevista con Jordi Alsina, antropólogo e historiador, enamorado confeso del Mediterráneo, que en la actualidad reside en Creta, donde se dedica al estudio de la música autóctona de esta isla griega.

Jordi Alsina Iglesias (Argentona, 1977) es licenciado en Historia, en Antropología Social y Cultural y Máster en Antropología Social y Etnografía por la Universidad de Barcelona. En la actualidad está acabando sus estudios de doctorado en Ciencias Humanas, del Patrimonio y de la Cultura en la Universidad de Girona. Su primer libro ‘Ta kritikà. Viatge a la música de Creta’, publicado en 2012, es una aproximación etnográfica al fenómeno musical cretense. Tres años después vino el segundo: ‘(A)ïllat. Històries d’un nàufrag a Creta’, una recopilación de artículos sobre sus vivencias en la isla griega entre 2006 y 2013. En los últimos años ha centrado su interés en acercar el patrimonio histórico y cultural a los más jóvenes. Una muestra de ello son: ‘Petita història de Montgat’ (2016), ‘Atles de les festes del foc dels Pirineus ‘(2019) y ‘Mediterráneo, un mar de músicas’ (2020), tres obras literarias de carácter divulgativo con ilustraciones de Lluís Ràfols. Estas labores las compagina con la educación, como profesor de ciencias sociales en secundaria y bachillerato, profesor de castellano para alumnos griegos y  profesor-tutor en la UNED. Ha colaborado en diferentes medios de comunicación (Ara, Sons de la Mediterrània o National Geographic) y combina su interés por la cultura popular con reflexiones sobre la Grecia más actual y su música.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro dedicado a divulgar las músicas del Mediterráneo? 

Es un proyecto que estamos sacando adelante con El Dimoni Pelut edicions, una editorial catalana, con el objetivo de acercar la cultura popular y el patrimonio musical al público infantil y juvenil, aunque si después llegamos a todos los públicos, mejor. En los últimos cinco años hemos trabajado en diferentes proyectos pedagógicos con este objetivo. Publicamos el libro ‘Atles de les festes del foc dels Pirineus’, ilustrado por Lluís Ràfols, que está dedicado a las fiestas del fuego de los Pirineos. Y tras el éxito que obtuvo pensamos que valía la pena acercarnos a un aspecto de la cultura popular como es la música, que también fuera transfronterizo, como el de los Pirineos, y que nos permitiera abrir todo un mundo a los más jóvenes. Ésa es la razón de ser de este libro.

Lluís Ràfols (ilustrador) y Oscar Vallverdú (editor), con el libro.

¿Cómo se documentó para hacer un recorrido tan completo por las músicas que pueblan la cuenca mediterránea?

Mi formación es de historiador y antropólogo. Ahora, de hecho, estoy terminando mi doctorado sobre patrimonio en la Universidad de Girona y mi objeto de estudio es la música de Creta, isla en la que he vivido durante muchos años y en la que actualmente resido. Desde hace más de diez años forma parte de mi interés general el tema de la música desde un punto de vista antropológico. La documentación la obtuve a través de una bibliografía extensa que he recopilado a lo largo de todos estos años que llevo trabajando sobre la música de Creta, vídeos disponibles en Internet y otras fuentes. Soy un amante del Mediterráneo, he viajado bastante por el norte hasta Turquía, también conozco un poco Marruecos… A ello se suma el hecho de que Lluís Ràfols y yo hemos llevado a cabo un trabajo muy intenso a la hora de recopilar las imágenes sobre los paisajes y los instrumentos de cada zona para la realización de las ilustraciones. 

¿Qué función social cumple la Ta Kritiká?

Expresar la identidad de los isleños. En el mundo actual es uno de los mecanismos que utilizan los cretenses para expresar lo que son. Aunque vivimos en un mundo cambiante, cada vez más globalizado y uniformizado yo creo que la música en general, las músicas populares, no sólo en Creta sino en muchas partes del Mediterráneo, lo que hacen es dar a la sociedad un mecanismo para seguir mostrando que somos diferentes, diversos y que esto nos enriquece. Pienso que ésta es una de las funciones de la música y de las expresiones de la cultura popular en general.

[su_quote]La mediterraneidad es un magma muy diverso que se expresa, más o menos con sus diferencias, en formas muy parecidas.[/su_quote]

El capítulo dedicado al fado señala que se trata de una música mediterránea pese a la localización atlántica de Portugal. ¿La cultura mediterránea va más allá del aspecto meramente geográfico?

Sí, por supuesto. La cultura mediterránea no termina en su costa, de ser así no hablaríamos de Aragón y la jota, por ejemplo. Para mí, el Mediterráneo es un patio donde nos hemos encontrado muchos pueblos con religiones, costumbres y lenguas muy diferentes, donde a lo largo de los siglos hemos pasado de un lado a otro con muchos encuentros y desencuentros. Y sin duda Portugal se enmarca en esta realidad, no sólo por cuestiones históricas, sino también paisajísticas, sobre todo el sur. Por ello, no me veo con el valor de excluirla de la cultura mediterránea, como tampoco a su música. Al escuchar el fado, todos los melismas que tiene nos transportan al otro lado del Mediterráneo con sonidos mucho más orientalizados. Y el uso de la guitarra también es muy mediterráneo. En este sentido, creemos que la mediterraneidad es un magma muy diverso que se expresa, más o menos con sus diferencias, en formas muy parecidas.

La música sefardí es una muestra más de los intercambios culturales que a lo largo de los siglos se han producido en el Mediterráneo. Yasmin Levi, sefardí nacida en Jerusalén, es una destacada renovadora de este género que incorpora elementos del flamenco. ¿Cómo ha llegado la música sefardí hasta nuestros días y qué rasgos destacaría de ella?

Los sefardíes se establecieron en muchas partes, en el antiguo Imperio Otomano… había una comunidad muy grande en Salónica, otra en Estambul, pero también en el norte de Marruecos y en Argelia. La música sefardí por lo que destaca sobre todo es por el uso de la lengua, el ladino. Aparte de las cantigas, procedentes de la península ibérica, que se han mantenido, se han ido incorporando según sus trayectos las influencias de los lugares en los que los sefardíes han estado. Creo que esto es lo más característico, que según de dónde provengan se han añadido nuevos elementos. Por ejemplo, los sefarditas de Salónica tienen muchas canciones que hablan de esa ciudad, en ladino. La música está marcada por su relación con la lengua, con Sefarad, pero también por la vivencia en el territorio donde han crecido durante años.

Mapa sobre las músicas del Mediterráneo, incluido en el libro.

El libro desvela muchas curiosidades, como el origen de la tarantela. ¿Cómo nació esta famosa danza popular italiana?

Según dicen era uno de los mecanismos que tenían para paliar la picadura de la tarántula. Para que saliera del cuerpo el veneno de la mordedura se creó este baile tan dinámico, frenético y enérgico.

Otro género musical que se aborda en la obra es el raï, muy popular en el Magreb y también en Francia. ¿Dónde nació y qué dicen sus letras reivindicativas, aunque no todas lo sean?

Lo curioso del raï es que proviene de las canciones beduinas y de la tradición oral de Argelia, sobre todo de la zona del Magreb. Pero surge cuando ya hay un proceso de urbanización, es una música urbana que recoge esta tradición popular. Cuando las personas que practican este tipo de música llegan a la ciudad lo que hacen es actualizar con su vida y sus vivencias las letras e incorporar nuevos instrumentos y melodías que están más acordes con la vida en la urbe.

Las reivindicaciones son varias, entre ellas hablar del derecho de las mujeres a vivir libremente y gozar de su cuerpo. Ésa fue la letra de una de las canciones más famosas de Cheikha Remitti, que sale en el libro. Uno de los motivos por los que Cheikha Remitti tuvo que irse de Argelia para exiliarse en París fue que hizo una canción en la que animaba a las jóvenes vírgenes a liberarse. Es considerada la pionera del raï. Después, ya en los años 80, toda una generación de inmigrantes argelinos que estaban viviendo en Francia recogió esta tradición y la actualizó. Es cuando aparecen los chebs (jóvenes en árabe), como Cheb Mami o Rachid Taha, las nuevas generaciones que adoptan otro discurso sobre qué es ser argelino, más moderno y acorde a los tiempos, pero sin renunciar a sus orígenes, su música y los instrumentos que los caracterizan.

El rebético, la música de los refugiados que huyeron de Turquía a Grecia debido a la guerra de independencia turca, durante muchos años fue prohibida, pero los músicos se las ingeniaban para seguir tocándola, ¿cómo lo hacían?

Inventaron un instrumento que era una copia en miniatura del buzuki, el baglamá, cuyo pequeño tamaño les permitía ocultarlo debajo de la ropa. Tocaban en lugares escondidos, buscaban sitios clandestinos fuera del control de la policía. Esto ocurrió sobre todo durante el período de la dictadura de corte fascista de Metaxás iniciada en 1936 en Grecia, un señor que quería construir la tercera civilización griega. De modo que todo lo que venía de Oriente, aunque fueran griegos los que expulsaron del territorio turco, de Asia Menor, como sus canciones eran marginales y sus melodías de estilo oriental, les parecían de mal gusto.

El libro anima a que la experiencia musical sea completa invitando al lector a escuchar las canciones que se mencionan en sus páginas y otras más. ¿Cómo se puede acceder a ellas?

Hay una lista en Spotify que se llama ‘Mediterrània, una mar de músiques’, donde están las canciones en abierto. También en la web de El dimoni pelut se encuentra la lista de las canciones para que la gente pueda escuchar los temas y los tipos de música de los que hablamos en el libro.