José Antonio Hergueta: “Lo que sucedió en torno al submarino C-3 es lo más trágico que puede ocurrir en toda guerra, el silencio»

Durante décadas el submarino republicano C-3 y los restos de 37 de sus 40 tripulantes han reposado en el fondo de la Bahía de Málaga, sumidos en el más absoluto olvido. El enigma que a lo largo de los años ha rodeado la suerte del sumergible hundido el 12 de diciembre de 1936, en los albores de la Guerra Civil española, por un submarino alemán en el marco de una misión ultrasecreta se despeja setenta años después en el documental «Operación Úrsula. El misterio del submarino C-3», dirigido y producido por José Antonio Hergueta (MLK Producciones) en coproducción con Canal Sur TV y narrado por el actor José Coronado.

La película, un verdadero trabajo de orfebrería para reconstruir la historia del C-3, incluye testimonios de familiares de los tripulantes, entrevistas a prestigiosos historiadores como Paul Preston y Ángel Viñas, a expertos navales y al descubridor del pecio, el abogado Antonio Checa, así como documentos esparcidos en archivos de diversos países del mundo. El documental se proyectará en Casa Mediterráneo el miércoles 19 de enero a las 19 h. con la presencia de su director y de la documentalista y socia de MLK Leticia Salvago. Las personas que no puedan asistir, pueden verlo en la plataforma Filmin. Con el fin de conocer los entresijos del documental, que se mueve entre el relato histórico, la aventura bélica y el drama humano, mantuvimos una entrevista telefónica con José Antonio Hergueta.

Director y guionista, en colaboración con Domingo Lerín, esta película documental constituye su primera incursión en el largometraje. Su trayectoria se inicia en la videocreación, a mediados de los ochenta, con vídeos e instalaciones que se exhiben en muestras y festivales internacionales (entre las que destaca la Bienal de la Imagen en Movimiento en el MNCARS, 1992). En los noventa, su mirada se va orientando hacia el documental de creación con “La tierra de la madre” (sobre el exilio de los llamados niños de la guerra a la URSS, 1994), “La ciudad mercante” (1996) y “Federico”, 1997. Esta etapa de su carrera desemboca en MLK, la productora que funda al regresar a Málaga, su ciudad natal, y desde la que actualmente aborda proyectos independientes, tanto de documental como de ficción, con coproducción internacional.

¿Cómo llegó a sus oídos la historia del submarino C-3? 

En ese momento vivía, y lo sigo haciendo, en Málaga, además en el barrio de El Palo, delante de la playa y justo enfrente de donde está hundido el submarino que fue localizado e identificado a finales de los años noventa. En ese momento la noticia salió en la prensa local, la Marina fue con buzos a certificarlo a instancias del abogado Antonio Checa [el descubridor del submarino] y eso supuso que de repente tuviera conciencia, no sólo de que hubiera una historia tan compleja tan cerca de casa, sino de que además llevaba toda mi vida bañándome en esas aguas que albergaban al pecio. La historia a veces nos acaricia de forma próxima y no nos damos cuenta de hasta qué punto estamos rodeados de hilos mágicos.

Además, se trata de una coincidencia asombrosa, dada su especial predilección por los temas vinculados a la Guerra Civil española y la memoria histórica. ¿Toparse con esta historia fue como un regalo que cayó en sus manos?

Así me lo tomé, lo que pasa es que también tengo que decir que al principio me pareció, como de hecho confirmé, que habría otras productoras que con proyectos similares, de modo que no fui el primero en acudir a las televisiones. Desde Canal Sur, por ejemplo, nos dijeron que les habían llegado varias propuestas, pero preferían que se pusieran de acuerdo con un productor local. Y así, poco a poco, nos fuimos enganchando e incluso trabando amistad con las personas con las que contactamos.

Sobre todo, en mi afán personal no sólo está mi interés por la memoria histórica, que no es el término que más me gusta, o la Guerra Civil como un evento en sí mismo que podría ocupar toda una vida sólo investigándola. Lo que más me seducía no era únicamente que este submarino en sí encerrara la Guerra Civil entera, en todos sus aspectos, sino que además tuviera una dimensión internacional que lo convertía en algo más. Entonces, esos dos elementos tiraron de mí y de la productora MLK para acabar volcándonos en esta historia, que nos absorbió durante cuatro años.

Reunir testimonios y documentos repartidos en archivos de distintos lugares del mundo para recrear la historia del submarino, sobre todo después de tantas décadas envuelto en el silencio y el olvido, debe haber sido un trabajo arduo.

Tripulación del C-3

Claro, el hecho de que toda una ciudad viera la explosión, porque sucedió a las dos de la tarde, aunque muchos estuvieran mirando hacia otro lado y hubiera los bombardeos propios de una guerra, fue espectacular y al día siguiente salió publicado en la prensa de Málaga, tanto en la republicana como en la del bando rebelde. Es decir, se conoció y se borró, pero no sólo eso, sino que la manipulación franquista hizo que las versiones que ya de por sí son habituales en una guerra, la contrainformación, tomaran una enorme dimensión que perduró hasta el final del siglo XX. Muchas familias todavía tenían interiorizada la posibilidad de que los tripulantes se hubieran pasado al otro bando. Y cuando apareció el submarino aún se alimentaba la idea de que se tratara de una traición. En todos los submarinos las había. En la Guerra Civil en sí, sobre todo el bando republicano, como salvó la flota pero no los oficiales [que se unieron al bando nacional], nunca estaba seguro de quién comandaba. 

Entonces, lo que sucedió en torno al C-3, efectivamente, es lo más trágico de todo lo que supone la sombra de una guerra civil u otro tipo de contiendas: que no se desvele nada. En este caso, es especialmente flagrante porque se trata de familias cercanas. De hecho, hay familiares de Cádiz que no se atrevieron a abrir un baúl durante décadas.

Resulta estremecedor escuchar las declaraciones de familias de los tripulantes que desaparecieron con el C-3, que no pudieron hacer el duelo, al desconocer realmente lo que les había ocurrido, dadas las distintas versiones que se difundieron.

Efectivamente, al hecho de no haber podido hacer el duelo, se sumó que viudas e hijos se agarraran a cualquier versión que posibilitara que pudieran estar vivos, aunque fueran traidores a su causa. Todo ello, unido al silencio impuesto por la dictadura y al miedo a hablar que ha perdurado durante décadas, bloquea la liberación; no digo ya celebrar el duelo y cerrar heridas. Todo queda bajo el mar, que tiene ese halo de misterio. El mero hecho de que fuera un submarino, que circula en lo oculto, visualmente para un narrador representa muy bien lo que queda tapado en una guerra, donde la gente se mata entre sí, y no llega a contarse.

Cuando hicimos el documental ocurrieron varios acontecimientos que evidenciaron la torpeza española. La Marina seguía un poco enquistada en el temor de que se contaran ciertos asuntos que no le convenían. El Ministro de Defensa en aquel entonces era Federico Trillo, además cartagenero, conocedor de la situación de las familias. Tenía conocimientos de los asuntos de la Marina, pues era jurídico militar de la misma y procedía de una familia de marinos. Pese a ello, la Marina española y el Ministerio de Defensa de aquel momento, aunque al igual el Gobierno posterior pese a su afán con la memoria histórica, no fueron capaces de actuar a la altura de las circunstancias. El único acto que celebró España fue un homenaje que hizo la Armada durante unas maniobras en la costa del Mar de Alborán. Se rindió homenaje al buque español cuyo pecio acababa de ser descubierto, abatido en acto de servicio por fuego enemigo, un acto pirata, además, porque Alemania no le había declarado la guerra a España y nunca admitió ese ataque. 

La torpeza que señalo radica en que no se invitara a ese acto, ni después, a esas familias. Aunque se insistió en la posibilidad de sacar los restos del submarino y se polizaró el asunto, como ocurre tantas veces, lo principal a mi entender era que se contara la historia y hubiera un reconocimiento por parte del Estado español. Incluso el abogado que defendía a los descendientes de la tripulación del C-3, unidos en una asociación de familiares, promovió que se reclamara al Estado alemán una indemnización y un homenaje, que probablemente habrían prosperado, pero se cometieron indecisiones y se perdió la oportunidad. Nosotros, lo que pretendemos humildemente con el documental es explicar que el solo hecho de abordar toda la historia del C-3 constituye una forma de cerrar heridas, porque lo principal es que se sepa y se conozcan todas las falsedades difundidas en torno al submarino. 

Aunque pudiera haber traidores, en realidad el ataque se produjo de una manera habitual en los ejércitos: informadores alemanes dieron noticia a través del servicio secreto de que había un submarino español republicano, es decir, un posible objetivo, y el U-34 alemán que iba de vuelta a su país, sin haber logrado ningún éxito en la Operación Úrsula, tuvo a tiro una víctima accidental, que no era el objetivo de la misión y con el único torpedo que le quedaba. En un momento además en el que los torpedos alemanes que se estaban probando no funcionaban bien y casi nunca explotaban. En este caso, hubo una suma de azares, pero según consta en los documentos secretos que reveló el investigador norteamericano Willard Frank todo esto era parte del funcionamiento habitual de un servicio secreto y de una Marina. En este sentido, no hay espacio para las tergiversaciones o las versiones ocultas, que son las que se han nutrido por el silencio impuesto en la posguerra.

Imagen del documental ‘Operación Úrsula’

La “Operación Úrsula” fue una misión ultrasecreta llevada a cabo por la Marina alemana que violaba flagrantemente los convenios internacionales. ¿En qué consistió?

En cualquier conflicto bélico, actual o pasado, los ejércitos interesados desean probar sus armas. Y en la Guerra Civil española, Alemania e Italia, que se habían puesto inmediatamente al lado de Franco, intervinieron no sólo para ayudarlo, sino también para foguear a sus soldados, probar nuevas armas,… Alemania lo hizo y es conocido, no sólo en su aporte de soldados, sino también y sobre todo en el ámbito de la aviación. Guernica se ha puesto como ejemplo máximo de su intervención. Por eso cuando emergió la “Operación Úrsula” le pregunté a Willard Frank por qué esta misión tenía que ser tan secreta si Guernica y otras ciudades fueron bombardeadas por aviones de la Legión Cóndor, identificados con sus insignias, y todo el mundo sabía que desde el primer día pilotos alemanes operaban en España. 

El razonamiento era que Alemania en 1936 todavía pensaba que podía conseguir que Gran Bretaña estuviera de su parte y no quería provocarla. El mar en ese momento era territorio británico y quería dominar las aguas. Para Alemania venir al Mediterráneo era una temeridad y si aceptó el almirante Dönitz entrar en la “Operación Úrsula” con los italianos fue sobre unas premisas de tal rigor para no ser descubiertos que imposibilitaron que ésta tuviera sentido. 

El objetivo de la misión era cortar el tráfico de suministros rusos a la República. Los barcos soviéticos venían desde el Mar Negro y entraban a los puertos de Valencia, Alicante y Cartagena. Los submarinos italianos y alemanes se iban a turnar cada quince días para atacar a esos barcos y lo hicieron, pero era muy difícil tener éxito porque quitaban la bandera y atracaban de noche. Los submarinos alemanes U-33 y U-34 que estuvieron quince días entre Cabo de Palos y Cabo de Gata no pudieron atacar a ninguna embarcación porque las condiciones para no ser vistos eran demasiado estrictas. Los italianos, en el siguiente turno no sólo se arriesgaron más, sino que incluso acabaron mandando submarinos a Grecia y a Turquía para hundir barcos rusos. 

Imagen de archivo del Submarino C-3 – “Operación Úrsula”.

Entonces, si la Operación Úrsula resultó un fracaso, al no conseguir hundir a ningún buque soviético, ¿el C-3 fue una víctima accidental, es decir, podría decirse que estaba en el lugar y en el momento equivocados?

Exactamente. Se especuló mucho con que el C-3 estuviera ese día en el lugar equivocado, en superficie y fuera atacado con tal simplicidad. A mucha gente le parecía que era obra de un traidor, pero resulta que a Málaga llegaban noticias de que de vez en cuando venían barcos franquistas, como el crucero Canarias, a atacar la ciudad y la República desde el alzamiento golpista había conseguido quedarse gran parte de la flota. Los submarinos, que se usaron en muy pocas misiones ofensivas, se utilizaron para proteger la ciudad. Ese día el C-3 estaba en superficie; el azar quiso que los tres hombres que se encontraban en cubierta fueran los únicos en salvarse y el torpedo que lanzó el U-34 parece que incluso pudo no haber explotado, pero sí haber abierto una brecha y provocado una explosión al entrar el agua salada. 

Todo esto forma parte de las teorías de conspiración que se vinculan a las circunstancias de cómo fue la explosión y cómo eran los torpedos. En el proceso de realización del documental intentamos que las inmersiones al pecio duraran más tiempo para poder aclarar, por ejemplo, el estado de los materiales. Algo que no fue posible porque la profundidad a la que se encuentra requiere de una mezcla de gases y la Bahía de Málaga, aunque sea un sitio luminoso, tiene unos fondos turbios, donde a lo largo de los años se han enganchado muchas redes de pescadores. De modo que el pecio está muy poco practicable. En definitiva, no se pudo averiguar nada más, pero lo que sí se pudo conseguir fue que la Marina lo declarara cementerio naval. Está protegido y legalmente no se puede tocar. 

¿Podría afirmarse que los submarinos fueron abandonados a su suerte por la República? ¿Enviar al submarino C-3 a patrullar hacia el Estrecho, en concreto frente a las costas de Málaga, fue una orden temeraria? Algunos de sus tripulantes confesaron a sus familiares antes de partir que esa misión les abocaba a una muerte segura.

Bueno, esto sería discutible. No por estar navegando el C-3 era un blanco tan fácil, no había tantos enemigos, de hecho nadie esperaba a otros submarinos, porque el bando franquista no los tenía. Que un submarino atacara a otro era una posibilidad remota. Que estuvieran abocados a una muerte segura es una de las paradojas que también intentamos explicar en “Operación Úrsula”, en el sentido de que el 18 de julio unos telegrafistas de la Armada consiguieron algo insólito como que el grueso de la Marina quedara fiel a la República. Los golpistas daban por hecho que los almirantes y los altos oficiales estaban de su lado y que dispondrían de toda la flota, pero de repente se vieron en unas circunstancias sorprendentes: el grueso de la flota quedó del lado republicano y la República, dominando el mar, bloqueaba algo tan esencial para los franquistas como el paso de las tropas de África. 

[su_quote]El mar jugó un papel clave, pero la República no supo aprovechar esa ventaja.[/su_quote]

En buena medida, y ésta es una tesis también de Willard Frank, experto en estrategia naval, estaba claro que mientras la República dispusiera de la flota tal y como ocurrió el 19 de julio, la rebelión tenía pocas posibilidades de éxito. No daba por segura la victoria republicana, pero sí mientras cortaran el Estrecho, el grueso de las tropas no podría cruzar. Algunos pudieron hacerlo a bordo de aviones, pero era insuficiente, y así de hecho se retrasó la toma de Madrid que Franco dio por segura en octubre. Es decir, el mar jugó un papel clave, pero la República no supo aprovechar esa ventaja porque al haber encarcelado, incluso matado, pero sobre todo sospechado de toda la oficialidad -hasta los que fueron fieles no dejaron de ser cuestionados- y al tener un sistema revolucionario a bordo no llegó a haber una estrategia. No habiendo mandos, ni estrategia, daba igual que la República dispusiera de 12 submarinos como los que tenía en julio de 1936, porque no hicieron apenas nada. Y el potencial que tuvo no sólo no lo aprovechó para atacar, sino que además lo descuidó y acabó perdiendo el Estrecho. 

La flota y, sobre todo, los submarinos no tenían oficiales -en el C-3 pusieron a un oficial de la Marina Mercante-, sino suboficiales, ya que todos los mandos habían sido encarcelados, ajusticiados o estaban bajo sospecha. Ese ambiente en el que la tripulación no se fiaba de sus jefes o cuestionaba las órdenes provocó que los submarinos y gran parte de la flota fueran a la deriva. Y así fue entre noviembre y diciembre de 1936 y enero de 1937, cuando perdieron varios submarinos, algunos como el C-3 por acciones de guerra, pero otros ni se sabe. Siempre se habla de traidores, que los había, pero lo fundamental es que se desaprovechó una ventaja que era total y absoluta. Es decir, posiblemente hubiéramos conocido otro escenario en el que los golpistas hubieran tenido que negociar con el Gobierno, de mantenerse firme. Una buena gestión de la flota, habría dado una posibilidad a la República.

El documental es un auténtico rompecabezas en el que se van uniendo piezas dispersas para reconstruir la historia del C-3. ¿Qué personas han sido clave para descifrar el enigma del submarino y reconstruir su historia? 

Uno de los dos protagonistas es Willard Frank, un historiador norteamericano que había investigado, no sólo los papeles alemanes de la Kriegsmarine [Marina de Guerra, en alemán], sino además los que descubrió en la biblioteca del Congreso de Washington en las copias microfilmadas que se llevaron los aliados tras la Segunda Guerra Mundial. Él vio en negativo, en blanco y negro, todos esos documentos y ahí ya encontró la “Operación Úrsula”, a la que se refirió en un artículo publicado en 1989, pero que pasó desapercibido. Nadie fue detrás de esa historia. Y cuando en 1998 Antonio Checa, un abogado malagueño aficionado a la pesca deportiva, insistió en seguir la pista de las gotas de gasoil que emergían del fondo del mar, su persistencia no sólo llevó a identificar el C-3, sino también a unir piezas y a buscar a las familias.

Manchas de gasoil en aguas malagueñas descubiertas por el abogado Antonio Checa – “Operación Úrsula”.

Tan pronto como conocí la historia me puse en contacto con él, con quien trabé amistad, y con Willard Frank, que seguía viniendo, ya mayor, todos los veranos a España porque continuaba investigando en los archivos del Viso del Marqués [donde se encuentra el Archivo General de la Marina Española «Don Álvaro de Bazán”] y de Cartagena. Y también acudí a una red de historiadores navales, que conocen estas historias y son muy útiles. Pero, sobre todo, hice que se conocieran Willard Frank y Antonio Checa.

El abogado sostiene que antes del hallazgo del pecio, sus amigos pescadores se referían a ese lugar, donde la pesca es más abundante debido a la presencia de rocas, como “la piedra del submarino”. Pero el hecho es que, durante años, cuando él preguntaba por qué se le llamaba así, nadie lo recordaba porque persistía ese tapón mental del olvido y del miedo, que había borrado las referencias al submarino.

En el documental también interviene el reconocido historiador británico Paul Preston, ¿qué aporta a la historia del C-3?

Entrevistamos a Ángel Viñas y Paul Preston, además de a un historiador francés especializado en submarinos. Viñas y Preston nos interesaban desde el punto de vista estratégico porque, efectivamente, la dimensión de los submarinos, tan desconocida, y el impacto que este juego naval tuvo en la guerra y en el desarrollo del golpe queríamos contextualizarlos. A mí, particularmente, me preocupaba que pudiera parecer que la historia que estábamos contando no tuviera fundamento al basarse sólo en los hallazgos de un historiador americano. 

Pasados los años, no sé si me hubiera preocupado tanto de que pareciera un brindis al sol, porque el hecho es que aunque Preston y Viñas sean dos de los mayores expertos en la Guerra Civil española, ellos, siguiendo la línea tradicional que ha ignorado la importancia del mar, desconocían algunas de las circunstancias de esas misiones, y eso que estaban publicadas. En el maravilloso libro de Daniel Sueiro de los años 70 ya se cuenta la historia del radiotelegrafista de Madrid. Y los hijos del almirante Francisco Moreno también habían publicado acerca de la batalla del Cabo Espartel del 29 de septiembre que le dio el dominio del Estrecho de Gibraltar a Franco. Esos datos estaban, pero hilarlo todo en un relato donde se privilegiara la dimensión naval sobre la terrestre cambiaba la perspectiva de la Guerra Civil y por eso quise contar con varias personalidades de renombre, como Preston, Viñas y otros a los que se entrevista en el documental.

¿Cuándo se estrenó la película?

El 12 de diciembre de 2006, setenta años después de los acontecimientos. Esa noche se proyectó en Málaga, dentro de la programación extraordinaria del Festival de Cine, donde luego compitió, en marzo de 2007. El día del estreno vinieron Willard Frank y Antonio Checa y, de alguna manera, esa proyección supuso una liberación de la historia, el reencuentro de la ciudad con un suceso que se había quedado atascado, y ahora todas sus pistas se ponían sobre la mesa. Fue un evento que contó con el respaldo de todas las autoridades y de alguna manera, humildemente, hemos tratado de que el documental fuera esa pieza. Lo cierto es que resulta tan prolijo y hay tantos focos que, hoy por hoy, lo relataríamos como una mini serie, algo que ya entonces propusimos. Probablemente de tres episodios separados: uno, el contexto bélico de la Guerra Civil y el mar; otro, lo que le pasó al submarino en el marco de la “Operación Úrsula” y la intervención extranjera; y el tercero, el propio devenir de la recuperación de la memoria y del pecio, con el dilema de enfrentarse hoy día a un vestigio enterrado en el mar a 68 metros de profundidad.