José Antonio Pleguezuelos: “La imagen del Marruecos clásico es la que imprimió la obra artística de Bertuchi”

José Antonio Pleguezuelos con su libro ‘Mariano Bertuchi, carteles y turismo’.

Coincidiendo con el 140 aniversario del nacimiento del pintor, ilustrador y grafista Mariano Bertuchi, Casa Mediterráneo inauguró a finales de 2024 una exposición que recoge 42 reproducciones de sus obras comprendidas entre 1924 y 1927, la mayoría publicadas en la Revista de Tropas Coloniales y procedentes de la Biblioteca Nacional de España.

Bajo el título “Estampas marroquíes”, la muestra, comisariada por Juan Ramón Roca, llega a su fin para proseguir su periplo por tierras africanas. Su clausura se celebrará con una conferencia a cargo del profesor e investigador José Antonio Pleguezuelos, biógrafo del artista granadino, centrada en “La vocación orientalista de Mariano Bertuchi” el próximo 26 de febrero a las 19 horas en la sede de Casa Mediterráneo. Como anticipo a su charla, entrevistamos a José Antonio Pleguezuelos.

La exposición “Estampas marroquíes” se centra en la faceta de Mariano Bertuchi como ilustrador. El pintor granadino ilustró numerosos sellos, tarjetas postales, carteles, libros, felicitaciones y trabajos en revistas. ¿Qué destacaría de su trayectoria en el ámbito de la ilustración?

Cartel de la exposición de Bertuchi.

Mariano Bertuchi como ilustrador tiene un recorrido muy amplio. Dominaba muy bien el dibujo, la plumilla, la aguada, lo que se refleja en sus trabajos. Tiene varias etapas como ilustrador de carteles, de sellos, de revistas… muy extensas. De hecho, se podrían escribir varios libros sobre su labor como ilustrador. La exposición que se ha instalado en Casa Mediterráneo sólo incluye trabajos de una revista, de la que se ha extraído únicamente una porción.

También colaboró con otras revistas, como Blanco y Negro, La esfera, Mundo gráfico, La Ilustración española… que corresponden a la edad dorada de este tipo de publicaciones, entre los años 1910 y 1920. Después, emprende una segunda etapa como ilustrador de la Revista de Tropas Coloniales, de la cual fue director artístico. Y, posteriormente, vive otra etapa con responsabilidades en Marruecos, colaborando con numerosas revistas, como Mauritania, Trenes… Le encargaban muchos trabajos porque, aparte de ser una persona muy amable y entrañable, conectaba muy bien con la gente y él se prestaba. Incluso hacía ilustraciones para libros que le pedían sus amigos.

En cuanto a los carteles, tiene también una trayectoria muy interesante. Hice un libro sobre ello. Sus carteles empiezan a principios del siglo XX en Madrid, cuando subió al trono el rey Alfonso XIII para los festejos, también para el carnaval del Centro Gallego. En la etapa sanroqueña fue el iniciador de los carteles de la Semana Santa, preciosos y sintéticos, que causaron mucho impacto. Después de esa trayectoria como cartelista, ya en Ceuta en 1929 hizo un cartel icónico de la ciudad, que hasta ahora es el más bonito, no ha sido superado. Y en Marruecos para el Protectorado español realizó varias series dirigidas al turismo.

Cuando Bertuchi tan sólo contaba con 15 años se estrenó como ilustrador en la revista Granada Corpus. ¿Cómo surgió esa primera colaboración?

Era la época en la que trabajaba mucho para el Liceo Artístico, del que era socio de honor, porque era un niño precoz. En Granada estaba muy bien considerado entre las revistas y los intelectuales. Su padre era delineante de obra pública, le gustaba mucho la pintura, estaba muy bien relacionado en Granada, así que se hallaba muy metido en esos ambientes, sobre todo en las exposiciones que organizaba el Liceo Artístico en la época del Corpus, las fiestas mayores, las más importante en Granada y se hacían unos carteles magníficos.

Después, Francisco de Paula Valladar, que era director de la revista La Alhambra, una publicación muy importante en Granada, escribió varios artículos sobre él. Así que Bertuchi era muy conocido a finales del siglo XIX.

Volviendo a la Revista de Tropas Coloniales, ¿qué importancia tuvo esta publicación en su época?

Esta revista se hacía en Ceuta y sorprendió por su calidad. Era una publicación de carácter militar en principio. Estaba hecha por los africanistas y cuando acabó la guerra de Rift, que duró hasta 1927, también trataba muchos temas transversales: la cultura marroquí, la flora, la fauna, la arquitectura, la literatura, el Estrecho, la arqueología, los viajes científicos… Yo la consulté, por ejemplo, para hacer el libro sobre los carteles. La revista era muy profunda y escribía gente bastante interesante de la época. Siempre con un tono muy amable hacia España, por supuesto. Por ejemplo, hay un artículo muy interesante sobre el pabellón de Marruecos que se instaló en la Exposición de Sevilla del año 1929. Bertuchi trabajó para esta revista desde su fundación en 1924 hasta 1927. En 1928 empezó con responsabilidades en el Protectorado español y entonces dejó la revista, aunque siguió colaborando con ella.

Bertuchi fue considerado el pintor por excelencia del Protectorado español en Marruecos. Su pintura se alejaba de la fantasía, era más próxima a la calle, a la vida cotidiana y trataba con respeto las costumbres y el patrimonio marroquíes. ¿Podría hablarnos de estas características en la pintura del artista?

Yo creo que la imagen que se tiene sobre el Marruecos clásico es la imagen de Bertuchi. En un principio, su imaginario marroquí nació en Granada, es decir, la vocación le vino allí. Su padre lo llevaba a Alhambra. Como ya he dicho antes, a su padre, José Bertuchi Criado, le gustaba pintar. Llevaba a su hijo desde que era pequeño y se quedaba asombrado de sus dibujos, que hacía con una destreza increíble. Llegó a decir que aprendió antes a dibujar que a escribir.

Tenía ese don y esa vocación desde pequeño en Granada. Nació a los pies de la Alhambra. En Granada su imaginario sobre Marruecos tiraba un poco hacia lo fantástico, influido por la arquitectura que veía, la cerámica… pero no vivió el bullicio de las calles. Eso lo encontró en el primer viaje que hizo a Marruecos, en 1898, en Navidad. Fue un viaje iniciático a Tánger. Aquello le cambió la perspectiva de lo que él conocía, al ver directamente el concepto del costumbrismo diario, que era diferente.

Bertuchi nunca trató el tema orientalista, que muchas veces los europeos pintaban; ellos no iban a los lugares. Bertuchi se dio cuenta desde el principio que eso no era lo que él veía en Marruecos. Al principio, fue seguidor de Mariano Fortuny, no solamente por lo que pintaba, sino porque también fue becado por la Diputación de Barcelona en los años 1859-60 y estuvo en Tetuán pintando grandes cuadros de batallas, “La batalla de Castillejos”, Tetuán, etcétera. Bertuchi se sentía como un discípulo de él; empezó a tratar los mismos temas de sus pinturas, pero ya después a partir del cambio de siglo, en torno a 1903 y 1904, comenzó a modificar su pintura.

Incluso Valladar, que he explicado que tenía mucha influencia con la revista Alhambra, le escribió una nota de un cuadro que presentó y le dijo: “Apártese un tanto de la dirección que tanto le halaga, marcada por Fortuny”. Es decir, le expresó que estaba muy bien lo hacía, avanzando, pero con 17 o 18 años tenía que empezar a buscar su propio mundo. Desde ese momento comenzó el cambio. El costumbrismo realista, lo que veía por las calles y el tratamiento que le dio en su pintura a lo marroquí empezó a cambiar en 1903.

Obra de Mariano Bertuchi.

Bertuchi también ilustró anuncios publicitarios para algunas empresas, iniciando un tipo de “pintura industrial”, con una técnica que gustó mucho. ¿Nos puede detallar en qué consistió este tipo de pintura?

La desarrolla sobre todo en Ceuta. La ciudad estaba creciendo en aquella época. Él se fue allí en torno a 1918 y 1919. Estas fechas no son fijas, porque siempre estaba viajando. Ceuta se había convertido en la puerta occidental del Protectorado español; la puerta oriental era Melilla. El puerto estaba ampliándose, la ciudad estaba creciendo, había multiplicado sus habitantes, había más edificios, nuevas empresas y entre ellas se encontraba la Compañía Transmediterránea y el ferrocarril Ceuta-Tetuán, inaugurado en 1918, justo cuando Bertuchi se trasladó allí, abriéndose nuevas oportunidades. Bertuchi estaba enamorado de Marruecos. En Ceuta colaboraba con numerosas instituciones, con el Ayuntamiento, con la Junta de Obras del Puerto, con el ferrocarril, con los autobuses de La Valenciana, con Transmediterránea…

Entonces, se dedicó a ese tipo de pintura que yo llamo “industrial” para ganarse la vida en Ceuta, pero aparte hacía exposiciones y otro tipo de trabajos. Todavía no era funcionario del Protectorado, pero sí le nombraron asesor artístico de la Alta Comisaría. Como funcionario empezó a trabajar en el año 1928.

¿Quisiera destacar algún rasgo más de la obra de Bertuchi?

Sí, la influencia que recibió de la pintura valenciana. Es muy importante resaltarlo, sobre todo de Antonio Muñoz Degrain, el gran paisajista valenciano que vivió en Málaga. Se casó con una malagueña, Ferrándiz lo llamó para la decoración de un teatro y estuvo trabajando, dando clases en la Escuela de San Telmo de Bellas Artes. Después se fue a Madrid para dar clase en la Escuela de Bellas Artes. Fue catedrático de paisaje. Bertuchi había estado en Málaga cuando era pequeñito y sabía de él porque había dejado un rastro importante en aquella ciudad. No le dio clase, pero sí en Madrid y quedó enamorado de sus acciones. Cuando Muñoz Degrain fue director de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, en octubre de 1901, propuso la instalación de la clase de paisaje en el Jardín Botánico de Madrid, lo que dejó encantado a Bertuchi, que había pintado de pequeñito al natural. Era de la escuela plenairista que había introducido Carlos de Haes. Maestro y discípulo quedaron prendados mutuamente.

Y aquí no quedó la cosa. En abril de 1902, con la llegada del buen tiempo, se dio permiso a los alumnos de paisaje para que pudieran ir a pintar a la Real Casa de Campo, al Pinar de San Martín y al parque de Madrid. Esto entusiasmó a Bertuchi, cuya pintura se caracterizaba, sobre todo, por el paisaje. Además, el 23 de junio de ese mismo año, Bertuchi obtuvo el principal premio que otorgaba la escuela.

Degrain, que lo ponía como ejemplo a sus alumnos, tuvo mucha influencia en la pintura de Bertuchi y, de hecho, ese luminismo que tiene es de la escuela valenciana, de Sorolla, de Degrain, de Agrasot… Esos colores anaranjados y rojizos característicos de Bertuchi, esa luz mediterránea, africana, también los trazaba Degrain, que tuvo una etapa orientalista. Son datos inéditos, que incluyo en el libro que estoy escribiendo sobre el tema, y de los que hablaré en la conferencia. Por todo ello, podríamos encuadrar a Bertuchi, no de una forma oficial, pero sí entre comillas, dentro de la pintura valenciana.

Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo