Entre los siglos XIX y XX miles de valencianos, pero también andaluces, murcianos y mallorquines, emigraron a Argelia en busca de un futuro mejor que su tierra les negaba. Las penurias económicas y las escasas oportunidades laborales les empujaron a buscarse la vida lejos de sus hogares. Algunos lo hicieron de forma temporal, aunque la mayoría se estableció de forma definitiva dedicándose a labores agrícolas o levantando réplicas de sus propios negocios en España.
Los descendientes de estos emigrantes, de segunda y tercera generación o incluso más, se sentían españoles, pero también franceses, aunque residían lejos y algunos nunca habían pisado la tierra de origen de sus antepasados. El término “pied-noir” no fue acuñado por ellos, pero se les identificó con él y aunque inicialmente se hizo con una intención peyorativa, pronto se convertiría en seña de identidad y motivo de orgullo.
¿Por qué emigraron estas comunidades a Argelia? ¿Qué les hizo dejar sus casas y su entorno? ¿Cómo eran sus vidas en el país de acogida? ¿Qué ocurrió con ellos cuando sobrevino la independencia? A estas preguntas trata de responder José Torres Martínez en su libro Emigrar a Argelia. Los pied noir valencianos (Círculo Rojo, 2024), que el propio autor presentará el próximo jueves 16 de enero a las 19 horas en Casa Mediterráneo. El evento es de entrada libre hasta completar aforo y con emisión online.
José Torres Martínez (Gandía, 1975) es docente de Educación Secundaria e historiador con amplia experiencia en artículos y libros de historia local. En este libro, que supone una actualización de un volumen anterior, la investigación genealógica le llevó a preguntarse por los motivos por los que muchos valencianos emigraron a Argelia, luego, con la guerra de independencia del país norteafricano, se instalaron en España y en Francia y posteriormente desearon conocer sus orígenes.
¿Qué le llevó a escribir este libro?
De entrada, me gustaría aclarar que ni soy pied-noir, ni apenas sabía de su existencia. La historiografía y la bibliografía existentes no se habían centrado especialmente en ellos, al menos cuando empecé a preocuparme por el tema. Había investigaciones, pero eran bastante desconocidas. Lo que me llevó a escribir este libro fueron dos circunstancias que coincidieron en el tiempo. La primera fue que empecé a elaborar mi propia genealogía y descubrí que en Gandía tenía antepasados de muy diversa procedencia. Unos vinieron de Francia hasta Castilla La Mancha y después acabaron aquí; otros partieron de Palma de Mallorca hasta el interior de Alicante, a poblaciones como Orba, y finalmente arribaron a Gandía… En estas pesquisas descubrí que tenía un antepasado morisco, hijo de moriscos expulsados en 1609, que fue adoptado por un señor importante y entonces no sólo me dediqué a averiguar fechas y nombres, sino también a tratar de conocer las razones por las que decidieron cambiar de vida, abandonándolo todo.
Posteriormente, en las fiestas de Murla, un pueblo del interior de Alicante, conocí a un grupo de americanos, rubios, altos, de ojos claros, que hablaban valenciano con acento inglés. Me despertó la curiosidad y me contaron que eran descendientes de emigrantes que habían viajado a América a principios del siglo XX.
Como iba por las parroquias tras la pista de mis antepasados, entré en contacto con franceses que tenían apellido valenciano y buscaban sus orígenes, pero no podían desplazarse hasta Valencia o Alicante, ni sabían cómo funcionaban los archivos, ni conocían el valenciano. Eran pied noir, es decir, emigrantes valencianos y del sureste español que se instalaron en Argelia desde el siglo XIX hasta la independencia del país en 1962, cuando se exiliaron a Francia o a España. A partir de ahí, se despertó mi interés por conocer las razones que llevaron a esos antepasados a emigrar al país norteafricano. Luego me asaltaron otras preguntas: cómo vivían allí, qué pensarían, cómo se adaptarían, si sentirían añoranza… Ahí empezó todo.
¿Quiénes eran los pied-noir y por qué se les llamaba así?
Tal como recojo en el libro, el origen exacto del término pied-noir, cuyo significado es “pies negros” y se asocia en un sentido despectivo, acepta diferentes versiones. A grandes rasgos, para unos, en Francia son considerados así aquellos que eran ciudadanos franceses que habían nacido y crecido en Argelia y que llegaron a Francia con la independencia argelina de 1962. Para otros, se trata de franceses repatriados por la independencia y que descienden de españoles.
Una de las teorías más aceptadas y conocidas hace referencia a los argelinos cuando utilizaban ese término para denominar a los soldados y colonos franceses al principio de la colonización, puesto que les llamaba la atención el color negro de las botas. Otros afirman que se debe a los pies negros de aquellos que desbrozaban los terrenos baldíos o pisaban la uva. Se dice también que el término nace en 1930 durante el centenario de la colonización en París, cuando los representantes oficiales de Argelia llamaron la atención al vestir con zapatos negros y puntiagudos. Algún testimonio, como es el caso de Emmanuel Robles en 1937, asegura que, en Marruecos, concretamente en Casablanca, recibían este nombre los emigrantes llegados de Portugal o España que llegaban con los pies llenos de polvo. Hay quien opina que detrás del nombre se intuye la influencia del western americano, que habla de tribus indias llamadas pied-noir.
Al respecto, Menages y Monjo, en su trabajo Els valencians d’Algèria, 1830-1962. Memòria i patrimoni d’una comunitat emigrada, que ha consistido en reconstruir a partir de entrevistas personales la vida de muchos pied-noir valencianos que regresaron a sus lugares de origen, realizan el siguiente análisis:
“Si seguimos la denominación que han recibido los habitantes de Argelia a lo largo de su trayectoria colonial francesa, no encontramos que en un primer momento se utilizaban los nombres arab/kabyle e indigène (este últimos se hubiera podido aplicar también a los europeos nacidos en aquel país); entonces, cuando se hablaba de algériens se trataba sólo de los europeos que vivían en Argelia. La forma indígena tenía ciertas connotaciones peyorativas, y en 1944 se generalizó la distinción musulmán/no musulmán, ya que tanto unos como otros podían ser igualmente algériens, evidentemente. Aun así, a medida que aumentaba el nacionalismo anticolonial, esta última denominación se aplicaría cada vez con más exclusividad a los musulmanes, en oposición a los europeos. Será a partir del año 1962 cuando se expandirá el término pied-noirs – con sorpresa de los propios aludidos –, inicialmente despectivo, pero que finalmente ha sido aceptado con orgullo, a pesar de no saberse exactamente su origen”.
En realidad, aunque el término pied-noir pueda tener connotaciones negativas y un origen un tanto contradictorio, para estos autores los pied-noir pueden ser considerados aquellos que han nacido en Argelia y los que han vivido y se han integrado en una cultura que ha marcado su personalidad. Al mismo tiempo, y según la información que recogieron en sus entrevistas, establecieron unas características:
“…la lengua (pataouète), el carácter (extrovertidos, joviales, habladores) y actitud vital (trabajador, emprendedor, honrado, hedonistas y amantes de la modernidad)”. (Menages, Monjo (2007: 138).)
El término pied-noir ha sido aceptado con orgullo y se representa gráficamente con dos pies negros en muchas publicaciones escritas y, como no podía ser de otro modo en el siglo XXI, está presente en internet y en las redes sociales. Los que vivieron en Argelia y sus descendientes manifiestan ese orgullo y lo aceptan como símbolo de su identidad: para Andrée Fabrega significa “pertenecer a esta tierra africana donde están mis raíces… a pesar de ser totalmente francesa…”, mientras que Mathieu Malonda lo considera “positivo con los años que pasan. Una identidad”.
Para realizar el presente trabajo, se ha preparado un cuestionario por internet para los pied-noir y sus descendientes con el título “Pied-noir, apellidos valencianos en Francia” (Pnavf).

Cierto sentimiento de falta de identidad lo experimentó el célebre escritor pied-noir Albert Camus, Premio Nobel de Literatura.
En el libro no me he centrado en Albert Camus ni en otros pied-noir ilustres, sino en las historias de personas anónimas, que he hallado buscando en los archivos. Por lo que he averiguado y por lo que me han contado, ser pied-noir es un motivo de orgullo, en absoluto en un sentido peyorativo. No obstante, esa percepción fue distinta en cuanto a la acogida que obtuvieron al llegar a Francia. Se dio un proceso parecido a lo que ocurrió cuando este país perdió Indochina. Los que volvieron de la antigua colonia empezaron a ser mal vistos y considerados de segunda clase.
¿Qué razones llevaron a los españoles que decidieron emigrar a tierras argelinas?
En el libro donde más me he centrado es en las causas. ¿Por qué una persona abandona su familia, su casa, todo? Una sociedad eminentemente agrícola como la española, con unos sistemas de riego y de comunicaciones muy retrasados respecto al resto de Europa, al sufrir pertinaces sequías y graves inundaciones se ve abocada a buscarse la vida fuera. Piensa que la mayoría de los que decidieron emigrar eran jornaleros, personas que vivían de la tierra. Hace 100 o 150 años, imagínate cómo podría ser vivir en esa situación. Muchos se vieron obligados a emigrar por este tipo de causas, relacionadas con los fenómenos climatológicos, con la economía y también con plagas como la filoxera de finales del siglo XIX y principios del XX. La llegada de la plaga supuso la ruina de todos aquéllos que vivían de los viñedos. Quienes tenían dinero consiguieron reinventarse de alguna forma, pero la mayoría de los jornaleros se vio abocado a emigrar.
Otro tipo de causas fueron las políticas, al producirse cambios bruscos de gobierno y, sobre todo, con el estallido de la Guerra Civil española. En este último contexto, la historia del Stanbrook [el buque mercante que realizó la última evacuación de refugiados republicanos del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939 hacia Orán] queda reflejada en el libro.
¿Qué tipo de trabajos desempeñaban los emigrantes españoles en Argelia?
Podemos diferenciar varias etapas. La primera corresponde a mediados del siglo XIX cuando la emigración estaba formada por gente iba prácticamente a desbrozar, a preparar los terrenos de cultivo. Casi todo estaba virgen y era propiedad de los franceses. Como había mucha miseria en España, Argelia suponía una buena salida. Ahí distinguimos dos fenómenos: la migración golondrina, que es la que realizaban quienes iban a cubrir la temporada y volvían a España, y la migración definitiva. Y nos encontramos varias modalidades. Había gente que iba a hacer la migración golondrina, pero finalmente acaba quedándose allí, mientras que otros se trasladaban con la intención de instalarse en Argelia, pero regresaban al ser incapaces de adaptarse. Los que se quedaron se convirtieron en la segunda generación. Ya no eran jornaleros que trabajaban para un latifundista, sino que habían conseguido acumular riqueza y se habían convertido en pequeños terratenientes, con sus parcelas de terreno para cultivar.
Esto es en lo referente al cultivo de la tierra, pero también había personas que trasladaban a Argelia sus propios oficios desde Alicante, Valencia, Murcia y Andalucía, las regiones con mayor flujo de emigrantes. El que era alfarero se llevaba sus conocimientos y los aplicaba allí, al igual que los turroneros, los heladeros… Así actuaron quienes encontraron los medios para poder llevarlo a cabo. A medida que ya no eran necesarios los trabajos en el campo ni en las canteras, los trabajadores se fueron acoplando a nuevas oportunidades laborales.
En base a sus investigaciones y sus conversaciones con los pied-noir y sus descendientes, ¿cómo era la relación de éstos con la población autóctona?
Hubo situaciones tanto de tensión como de armonía. Por ejemplo, un momento de mucha tensión fue en 1881. La presencia de extranjeros provocaba cierto recelo entre los argelinos y fue motivo de alguna revuelta. Bouhamama, cabecilla religioso que preconizó la guerra santa contra los franceses y sus seguidores, se rebeló en Saida contra la población europea y los emigrantes españoles se retiraron a Orán, mientras que algunos regresaron a España. Por lo demás, en general, la convivencia fue bastante buena.
La comunidad valenciana era bastante importante y hablaba una mezcla de valenciano, castellano, francés y árabe, una variedad lingüística conocida como patuet, que incluso dio origen a un periódico. Todos se necesitaban mutuamente. Si bien es cierto que la élite francesa estaba por encima, controlando el territorio y la administración, de modo que el resto tenía que supeditarse. Había esa distinción de clases.
Básicamente, según la bibliografía que he consultado y lo que he leído en prensa, los momentos más complicados para la convivencia fueron, como he comentado, los hechos de Saida de 1881 y posteriormente la guerra que dio lugar a la independencia de Argelia en 1962.
En su libro recoge historias personales de la vida de los pied-noir en Argelia. ¿Cuáles destacaría?
Cuando empecé a interesarme por el tema, con el propósito principal de divulgarlo, me llamó poderosamente la atención el hecho de que creía que el fenómeno de la emigración hacia Argelia se circunscribía de Gandía hacia el sur, hasta que me topé con un caso en Zucaina, un pueblecito del interior de la montaña de Castellón, y otro en Campanar, un barrio al noroeste de Valencia. La historia de este último me sorprendió porque se trataba de un chocolatero que dejó una gran ciudad para irse a Argelia.
También hay otras historias relacionadas con el Stanbrook, muy desconocidas e impactantes, y con los campos de concentración tras la Guerra Civil, donde acabaron confinados muchos valencianos y alicantinos. De alguna forma, muchos de los hechos que cuento en el libro se están repitiendo hoy en día en cualquier ruta migratoria en el Mediterráneo. Cuando el Stanbrook llegó a Argelia estuvo retenido durante más de un mes con más de 2.500 personas (exactamente 2.638) malviviendo mientras esperaban la autorización para poder desembarcar. La historia se repite. Eso me ha chocado mucho, porque no hemos aprendido del pasado.
En su obra afirma que, si escarbáramos un poco en nuestro pasado, descubriríamos que una gran mayoría somos descendientes de emigrantes. ¿Ser conscientes de ello podría contribuir a que miráramos con otros ojos el fenómeno migratorio, despojándonos de prejuicios?
Sí. Como le digo, estoy viendo que la historia, de alguna forma, se repite. Donde pongo Stanbrook y una fecha, si quitas el nombre del barco y pones la fecha que quieras ahí tienes los barcos de Open Arms. Quien se deja su casa, en la mayoría de los casos es por necesidad. Me impactó mucho una historia ocurrida en Grecia, donde un socorrista de la Cruz Roja rescató muerto a un bebé con el chaleco salvavidas lleno de papeles y maderas. Por no hablar de Aylan Kurdi, un niño de 3 años con camiseta roja y pantalón azul que apareció en la costa turca y que conmovió al mundo.
Usted sostiene que la historia está viva y no todo está escrito, por lo que anima a que los pied-noir o sus descendientes que lo deseen le envíen sus historias familiares por correo electrónico (piednoirvalencianos@gmail.com) ¿Estos relatos tiene intención de publicarlos en algún sitio?
La idea sería publicarlos para que quedara por escrito esa memoria colectiva y contribuir a que esa identidad se revalorice. Yo no soy pied-noir, pero si actualmente vivo en Gandía fue porque algún emigrante decidió venir aquí. También es una forma de dar a conocer un tipo de emigración que no es tan conocida y valorada como la del norte de España hacia América, pese a que las fechas y las causas son prácticamente las mismas. Al mismo tiempo, el libro pretende que esas familias tengan un pequeño reconocimiento de los hechos que vivieron sus antepasados y de la valentía que tuvieron para dejar su casa.
¿Dónde se puede adquirir el libro?
Se trata de una publicación bajo demanda, que está disponible en la web de la editorial Círculo Rojo y en librerías. También se puede leer en formato epub en Amazon.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo.