María Ramírez, subdirectora de elDiario.es: «Lo más importante es tener buenos reporteros en la redacción»

La próxima sesión del ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ contará con la participación de María Ramírez, subdirectora de elDiario.es, periodista con amplia experiencia internacional que aportará su visión sobre la profesión periodística en un encuentro online que se celebrará el viernes 26 de marzo a las 10 h. organizado por Casa Mediterráneo y el Grado de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche.

María Ramírez estudió en la Universidad de Columbia de Nueva York con una Beca Fullbright. Trabajó durante 15 años en El Mundo, diario para el que fue corresponsal en Nueva York y Bruselas. Tras su salida del periódico en 2014 fue contratada por Univisión, donde ejerció como reportera política en Estados Unidos. En 2015 fue cofundadora del diario digital El Español junto a su padre, Pedro J. Ramírez, y en 2016 de Politibot, un bot de información sin sesgo ideológico que aunaba aplicaciones de mensajería e inteligencia artificial.

En 2017 consiguió una de las becas más importantes del mundo, la Nieman Fellow de la Universidad de Harvard. Al año siguiente fue fichada por elDiario.es como directora de estrategia, medio del que actualmente es subdirectora. Colabora con The Washington Post, Nieman Reports y The Atlantic y es autora de varios libros sobre política estadounidense y europea.

El periodismo en España atraviesa serias dificultades desde 2007, afectado por la crisis económica y la irrupción de las nuevas tecnologías, ¿qué otros factores considera que han abocado a la actual situación que vive el sector y cuáles son sus retos más apremiantes?

Lo primero que me gustaría decir es que creo que no estamos en un momento tan dramático como tal vez pudiera parecer hace unos años. Por supuesto, hay muchos retos que todavía quedan por resolver en la prensa en general y en la prensa española en particular, pero lo cierto es que a diferencia de la situación en la que nos encontrábamos hace unos años por fin se ve un modelo de negocio viable, e incluso yo diría que más sano para la prensa, que depende más de los lectores a través de suscripciones, membresías u otras fórmulas. Es algo que estamos viendo y además hemos visto muy aceleradamente en los últimos años. Hace unos días El País anunció que ya tenía 100.000 suscriptores digitales, en el caso de elDiario.es disponemos de 63.000 y es una empresa que da beneficios. De modo que no nos hallamos ante un panorama tan complicado, por lo menos desde un punto de vista económico, ni hay tantos recortes como hace unos años con la crisis económica.

Respecto a los retos, aparte de lo que has mencionado, un gran problema es cómo abordar la gran cantidad de desinformación que hay en redes sociales, que a menudo vienen de los políticos y otras veces de redes organizadas de bots que pueden tener que ver o no con la política nacional. Desde luego, quizás se trata del problema más grave al que nos enfrentamos en los últimos años y para el que todavía no hay una respuesta clara.

elDiario.es, del que usted es subdirectora, se caracteriza entre otras cosas por el hecho de que más de un 70% del periódico está en manos de sus trabajadores, que son dueños de su propia redacción. ¿Este modelo es una forma de evitar los intereses económicos y financieros que pueda haber detrás de las grandes empresas propietarias de los medios de comunicación?

Ésa era la idea para la fundación del diario: hacer un periódico que no dependiera de grandes inversores y la verdad es que ha conseguido, después de todos estos años, seguir en manos básicamente de periodistas. Desde luego, eso creo que ayuda pero al final lo esencial, más allá de quien tenga la propiedad de la empresa, es de dónde vienen los ingresos y en esto creo que no sólo eldiario.es sino también otros medios han avanzado mucho porque ya no dependen tanto de la publicidad. Y considero que esto es bueno en general para el sector. Ahora mismo, en el caso de elDiario.es la mitad de los ingresos depende de los socios, los suscriptores, y la otra mitad de la publicidad. Es un buen equilibrio.

Cuando la prensa digital irrumpió en España era complicado que los lectores quisieran pagar por sus contenidos. ¿Ahora sin embargo, esta tendencia ha cambiado?

Sin duda y lo hemos visto aceleradamente en este último año de pandemia, que ha sido muy trágico para las redacciones y la sociedad, pero que a la vez ha acelerado en general la digitalización de todos los servicios y desde luego el pago de suscripciones, pero no sólo en los digitales. Como mencionaba, El País también ha lanzado un modelo exitoso de suscripción digital y en el caso de elDiario.es se trata de un medio rentable gracias a esta fórmula. Estamos viendo muchos ejemplos en España, en El Mundo, El Correo y otros medios regionales. Ha habido una transición. Por un lado, han bajado muchísimo las ventas en papel en los kioscos, pero por otro lado, este fenómeno parece que por fin está siendo compensado en parte por las suscripciones digitales, lo que constituye una buena noticia. No es un modelo sostenible para todo el mundo, pero desde luego es una vía para muchos.

[su_quote]Incluso en los peores momentos económicos para la prensa, los grandes medios estadounidenses han tenido claro que tenían que seguir invirtiendo en la redacción.[/su_quote]

Usted conoce muy bien el periodismo estadounidense, país donde ha estudiado, ha ejercido la profesión y además colabora con varios medios. ¿Qué diferencias esenciales aprecia entre el periodismo que se hace en Estados Unidos y en España?

Creo que los estándares del periodismo de los grandes medios de Estados Unidos no tienen parangón con ningún otro país del mundo y ya no hablo sólo de España, sino en general, también comparado con Europa y con Reino Unido, donde ahora vivo. Los grandes medios tienen unos estándares periodísticos muy altos y una inversión en las redacciones que no se ve en ningún otro país del mundo. A veces los países con menos medios también tenemos mérito porque aún así existe una prensa de calidad con muchos menos recursos, como ocurre en España. Invertimos bien lo que hay, aunque aún nos separa una gran distancia. En español no hay un periódico equivalente a The New York Times o The Washington Post. El País lo intenta, pero todavía está muy lejos. Realmente creo que hay muy pocos equivalentes en cualquier idioma.

Hay muchos patrones que se pueden seguir y es muy interesante observar cómo incluso en los peores momentos económicos para la prensa, los grandes medios estadounidenses han tenido claro que tenían que seguir invirtiendo en la redacción, en el reporterismo. Y ahora que la situación ha mejorado están haciendo muchas cosas innovadoras con las herramientas digitales, pero nunca han perdido de vista -y creo que esto es una lección que se puede aprender en cualquier país- que lo más importante es tener buenos reporteros en la redacción. En el caso del New York Times tienen mil, pero bueno aunque dispongas de cien, como nos pasa en las redacciones en España, llegas muy lejos. Es una de las cosas que nunca hay que perder de vista. Las herramientas digitales nos ofrecen muchas posibilidades, pero lo más básico de nuestro trabajo es lo que al final siempre cuenta.

En 2017 consiguió una de las becas más importantes del mundo, la Nieman Fellow de la Universidad de Harvard. ¿En qué consiste esta ayuda?

Es una maravilla, verdaderamente lo mejor que te puede pasar en la vida siendo periodista. La beca te permite pasar un año en Harvard y en el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), donde tienes acceso gratuito a todas las clases de las facultades de ambas universidades. Te pagan por estar allí y eligen a 24 periodistas cada año, doce de Estados Unidos y doce del resto del mundo. En esta fundación de periodismo que tiene Harvard hay programas especiales donde se debaten los retos de la profesión y las tensiones culturales de cada momento entre periodistas que se encuentran en una situación parecida de su carrera.

El perfil tipo normalmente es de cuarentañeros, personas que llevan un par de décadas ejerciendo la profesión y a las que todavía les queda camino por delante. Hay una parte dedicada a compartir experiencias y otra a tomar clases. Cada cual tiene unos intereses y un proyecto específico. En mi caso, en aquel año, que vino justo después de la elección de Trump, estuve estudiando la polarización y cómo la tecnología nos puede ayudar o no a superarla, así como otras cuestiones de modelos de negocio que me interesaban. Supone una gran oportunidad para compartir con los colegas los retos del momento y tener a tu disposición la maravilla que es Harvard.

¿Los reportajes que ha publicado en Nieman Reports forman parte de la beca?

No, eso en realidad lo he hecho yo porque me gusta seguir escribiendo, pero no forma parte de la beca. Nieman Reports es una publicación dedicada al periodismo con la que colaboro, que depende de la fundación, y cuando puedo publico algo.

En Nieman Reports escribió un exhaustivo reportaje sobre la figura de Ruth Cowan, una periodista pionera que cubrió la Segunda Guerra Mundial y que pese al mérito de abrirse camino en ámbitos del periodismo reservados en aquel momento a los hombres apenas es conocida. ¿Qué le atrajo de esta mujer adelantada a su tiempo y por qué decidió rescatar su historia?

La beca que recibí para estar en la Nieman llevaba su nombre: la Beca Ruth Cowan de Periodismo. Estas becas cuentan con fondos que consigue la fundación, en parte de Harvard y en parte de donantes. Y una de las becas procede del dinero que hace muchos años donó la familia de Ruth Cowan para invertirlo y lo que pidió fue que se destinara en particular a corresponsales europeos o que hubieran estado en Europa. Se me asignó a mí un poco por casualidad porque encajaba en el perfil y también a otra colega de la República Checa. Gracias a ello me interesó la figura de Ruth Cowan; no la conocía, como casi nadie. Empecé a investigar y descubrí que sus papeles, sus artículos, sus diarios y sus tickets de viaje se encontraban en una biblioteca en Harvard dedicada a la historia de las mujeres. Detecté que casi no se había escrito nada sobre ella pese a haber sido una de las primeras mujeres en cubrir un conflicto armado, fue corresponsal de la agencia AP en la Segunda Guerra Mundial. Ella empezó a trabajar en los años 20 y 30 y,  al igual que les ocurrió a muchas mujeres de aquella época que fueron pioneras, vivió años de bastante silencio o desmemoria sobre su historia y se quedó en el olvido. Llegó pronto, antes que otras mujeres que lo hicieron en los años 60 y 70, a las que conocemos más, y en cambio las que comenzaron a trabajar con anterioridad a esa época se quedaron en tierra de nadie.

Me gustó mucho su historia. En Harvard hay incluso un manuscrito de un libro que ella nunca publicó. Me puse a investigar y me fui a Virginia Occidental, donde Ruth acabó viviendo y hablé con la gente que la conoció -murió en los años 90- y la verdad es que me apasionó su historia como pionera olvidada del periodismo, además con la conexión europea. Además tiene una trayectoria muy interesante. Empezó informando sobre el crimen en Chicago, cubrió el juicio más famoso de Al Capone… Es una de las oportunidades que te ofrece Harvard, empezar a escarbar y encontrar los innumerables tesoros que guardan sus bibliotecas. Escribí esta historia y siempre tengo ganas de investigar un poco más.

Usted fue cofundadora de ‘Politibot’, un bot que nació en Telegram con motivo de las elecciones generales de 2016 y que posteriormente se extendió a messenger de Facebook. ¿Pese al éxito que alcanzó, ya no existe?

Fue un proyecto que hicimos entre varios colegas, cada uno con sus trabajos, un experimento que desde hace un tiempo ya no funciona. Tenemos la esperanza de que en algún momento podamos retomarlo, pero tanto los desarrolladores como los periodistas estamos involucrados en otros trabajos y lo hemos dejado parado desde hace más de un año.

Portada del podcast Politibot

¿Qué valor añadido aportaba este servicio a los lectores frente a la información de los medios convencionales?

Creo que fue un experimento interesante porque en aquel momento no había tantos canales de Telegram y era una manera de destilar la información a lo más básico sin el ruido que genera toda la avalancha de noticias que vemos en las webs. Era muy sencillo, sin publicidad ni nada que interrumpiera la lectura. Y creo que cumplió una buena función  como guía fácil de información entre tanta avalancha que tenemos a menudo.

Ése es el espíritu que estamos viendo después en otros medios en cuanto a cómo utilizan los boletines, los canales de Telegram y otros servicios de mensajería. También seguía la idea de que se podía tener un medio sin una web convencional, con un canal de Telegram y un podcast. El tiempo que duró tuvo muy buena acogida. Era algo distinto, enfocado a la política pero de una manera un poco más fresca, dirigida a gente joven, con mucho gráfico y datos, que ofrecía lo más básico y menos declaraciones, que es a lo que estamos acostumbrados. Y con un espíritu más global, más allá de España.