Mikel Ayestarán: “El día a día en Jerusalén es una constante reivindicación de la legitimidad sobre la ciudad”

‘Jerusalén, santa y cautiva. Desde el corazón de la Ciudad Vieja a la eternidad ‘(Península, 2021) es el título del último libro publicado por el corresponsal en Oriente Medio Mikel Ayestarán, quien a lo largo de sus páginas traza un ameno y esclarecedor retrato humano de una ciudad que tan bien conoce desde dentro, puesto que allí reside desde 2015. Una Jerusalén santa y cautiva de su propia santidad, donde las piedras exudan religiosidad para los creyentes de las diferentes religiones que se la quieren apropiar y donde se concentran, en su Ciudad Vieja, los más singulares personajes que uno pudiera imaginar.

El libro no es un libro de viajes, sino una una crónica de Jerusalén escrita en primera persona tras recoger las historias de vecinos de los cuatro barrios (musulmán, judío, armenio y cristiano) de la Ciudad Vieja. A través de ellas, el autor habla de cómo es la vida en una ciudad ansiada y disputada por judíos, musulmanes y cristianos, una Tierra Santa en la que el peso del pasado lastra el presente y el futuro.

Con motivo de su paso por Casa Mediterráneo, dentro del ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’, donde el 28 de septiembre presentó su obra ante un aforo completo, mantuvimos una entrevista con Mikel Ayestarán.

Su libro sobre Jerusalén es distinto a sus anteriores obras, más centradas en el conflicto. En ésta ofrece una crónica personal de sus vivencias en la Ciudad Santa, en la que entrevista a todo tipo de personajes singulares, mostrando una imagen de esta compleja ciudad alejada de lo que podemos conocer a través de las noticias o de un viaje como turistas.

Es diferente la visión de un turista de la de un residente, no se puede comparar. No obstante, hay libros de viajes que han hecho turistas o viajeros que son espectaculares. Pero éste no es un libro de viajes, aunque quiere invitar al viaje también. 

Aunque el libro no habla de la guerra, el conflicto no deja de estar presente en sus páginas. Por ejemplo, aunque usted no toma partido por ninguna de las partes, en las entrevistas se revela que por ejemplo los judíos intentan demostrar su posesión de lugares o cosas que reivindican a su vez los musulmanes, algo que llega incluso a platos típicos de la gastronomía del lugar como el hummus. ¿Esta tensión se percibe por las calles en el día a día?

Por supuesto, si tuviera que añadir una palabra más al título de “santa y cautiva” sería “intensa”. Es una ciudad muy intensa, en la cual, como dices, yo no me he inventado nada. Son los propios protagonistas del libro los que constantemente están intentando reivindicar su posesión sobre la ciudad, su legitimidad. Hay que tener en cuenta que esta ciudad, como dice uno de los protagonistas, los cristianos intentamos cristianizarla y no tuvimos éxito, los musulmanes han intentado islamizarla y no han tenido éxito y ahora nos encontramos en la etapa en la cual los judíos están intentando judaizarla, desde el año 1948. Vamos a ver qué pasa, pero como dices, el día a día es una constante reivindicación de la legitimidad sobre esa ciudad, por encima de los otros grupos. 

Siempre tienes que demostrar que tú fuiste el primero y eso es lo que cada grupo trata de demostrar sin darse cuenta de lo bonito que podría ser una ciudad en la que cada comunidad respetara el importante legado que ha ido dejando a lo largo de la historia de Jerusalén. No se produce ese respeto, sino que hay un solapamiento y cada grupo lo que quiere precisamente es cautivar, monopolizar Jerusalén para sus intereses. Ahora mismo estamos en una época en la que los que más fuerza tienen son los judíos, quienes lo que están intentando a toda costa es buscar todo tipo de argumentos para justificar que Jerusalén es suya. Antes lo hicimos los cristianos y los musulmanes. No es nuevo.

En el libro se mencionan situaciones como la atribución de viviendas a la comunidad judía pertenecientes a los palestinos cuando tuvieron que abandonar sus hogares a causa de la guerra. Este tipo de hechos, que afectan al pasado, el presente y el futuro, deben aumentar las tensiones existentes entre los grupos.

Es un pasado reciente, además. Estamos hablando de diferentes guerras, la del 48, la del 67… Pero tenemos que entender también que Israel ha ganado la guerra. Israel es la parte vencedora, ha ganado militarmente la guerra y como tales son los que gestionan el territorio. Lo que pasa es que ellos buscan algo más que la legitimidad de la victoria militar; ellos buscan la legitimidad del sueño sionista: “Somos los dueños de esta tierra porque nos la ha dado Dios”. Es lo que intentan justificar, pero claro, como dices, hay propiedades que eran palestinas hasta el 48 y ahora están en manos israelíes, lo que se ve claramente en una ciudad como Jerusalén. Hay amplias partes que han pasado a manos de los vencedores en esa guerra. Pero esto pasa en todas las guerras.

¿Por qué es tan caro vivir en Jerusalén? En el libro se evidencia una especulación inmobiliaria desorbitada. Los precios de las casas, tanto para su alquiler como para su compra, están por las nubes.

Porque es la capital del pueblo elegido. Es el precio del peaje. Hay muchos motivos para que Jerusalén sea una ciudad tan cara. En general, Israel es muy país muy caro, el día a día cuesta tres veces más que en España. Los motivos, fundamentalmente, creo que se deben a que hay una carga de impuestos muy fuerte y gran parte de este dinero va destinado al mecanismo de defensa; luego hay una franja muy potente de la población que no participa y se beneficia de esas tasas, como son los judíos ultraortodoxos -ellos no pagan impuestos pero se benefician de todo-. Y también hay un componente muy importante, en el caso de Jerusalén, debido a esa santidad precisamente: Muchos judíos que viven en el extranjero deciden invertir para el día de mañana, entonces ellos compran casas a precios prohibitivos para los sueldos que hay en Israel para venir uno, dos o tres veces al año y eso contribuye a que el mercado haya reventado. Luego hay además una burbuja internacional muy importante de Naciones Unidas, la Unión Europea… con sueldos de expatriados muy elevados, lo que ha alimentado la burbuja inmobiliaria. Eso hace que la vida sea realmente cara.

Mikel Ayestarán – © Quique Kierszenbaum

En el libro alude al icónico periodista Manu Leguineche, quien decía que para ser corresponsal había que cumplir tres requisitos: ser alcohólico, divorciado y deprimido. Usted confiesa que no cumple ninguna de esas tres premisas, a lo que suma el hecho de que no tiene detrás a una empresa que le ofrezca plena seguridad económica. ¿A qué dificultades se enfrenta hoy en día un corresponsal freelance?

Vamos a ver, los tiempos han cambiado y creo que la figura del corresponsal está muy mitificada, por nosotros mismos, por la propia profesión. Y también por dos aspectos: hablamos de algo que pasa a miles de kilómetros de casa y además hay grandes nombres que todos hemos seguido. Pero fundamentalmente, como has dicho, es un trabajo de autónomo, en vez de vivir en España, resido en Jerusalén, y pago los impuestos como todos los autónomos. Soy freelance y eso genera un problema básico que es el tema de los gastos. En mi caso, trabajo como un burro, verdaderamente. Trabajo todo el año para diferentes medios, pero tengo la enorme suerte de que los medios con los que colaboro me pagan con dignidad. Con lo cual, sí, trabajo mucho pero me pagan bien y hasta ahora no he tenido problemas para mantenerme. No obstante, es verdad que cuando me fui tenía este trabajo muy mitificado, el corresponsal para mí era una figura muy poética, pero hay que pensárselo dos veces. El nivel de gastos en el día a día es brutal. 

[su_animate type=»bounceInLeft»][su_quote]Jerusalén es un lugar inagotable de personajes. Lo más importante es tener tiempo para sentarte y escucharles.[/su_quote][/su_animate]

Los personajes que aparecen en su relato resultan muy peculiares (un tatuador de motivos religiosos, una persona que alquila cruces a los turistas para hacer el Vía Crucis…). Parecen sacados de una película y darían para más de un libro.

Sí, pero son reales. La verdad es que mirándolos con perspectiva desde Alicante la colección de personajes que he juntado aquí parece un grupo de frikis. Incluso parecen irreales algunos de ellos, pero no lo son. Te los encuentras en Jerusalén y creo que también son entrañables. Como dices, de muchos de ellos podrías escribir un solo libro, como por ejemplo de la familia de los tatuadores, sobre la historia del tatuaje, del peregrinaje… O del propio Santa Claus, que para mí tiene una historia preciosa, su pasado familiar, cómo llega a la patria de los Reyes Magos y está allí trabajando. El mismo Hotel Imperial, cada una de las puertas de la Ciudad Vieja… Es un lugar inagotable de personajes. Lo más importante es tener tiempo para sentarte y escucharles. Eso marca la diferencia entre un libro de viajes y un libro de una persona que vive allí. Yo tengo tiempo de sentarme y hablar con ellos, con gente como Santiago de Michigan, que lleva siete u ocho años viviendo allí y que quiere seguir el modelo de Cristo hasta que llegue el Juicio Final. Son cosas que pasan si vives allí y te los vas encontrando en el día a día. Son personajes reales que solamente son posibles en un escenario como la Ciudad Vieja de Jerusalén. 

Los turistas que acuden a Jerusalén en busca de espiritualidad deben tenerlo difícil, rodeados de ruido y de una inmensa muchedumbre, al menos antes de la pandemia. En el escenario actual, ¿hay de nuevo turistas y el bullicio habitual?

En absoluto, el país sigue cerrado al turismo. Llegan pequeños grupos de forma aislada, con cuenta gotas, pero hay muy poco. Sin embargo, hay mucho turismo interno. Te vas encontrando grupos de israelíes, pero éstos ni se acercan al Santo Sepulcro, por ponerte un ejemplo. En cuanto a la espiritualidad, sí, a mí me resultaba muy complicado encontrarla en el Jerusalén pre Covid, sobre todo porque había tocado techo en cuanto al número de turistas. Era una barbaridad, no podías caminar por la Ciudad Vieja, eran todo gritos, gente haciendo shopping, grupos de diferentes países con la banderita… Era muy difícil, pero sin embargo era constante el turismo de fe. Estoy hablando de turismo cristiano, sobre todo. Eso se ha cortado con la pandemia, pero la vida en los lugares santos ha seguido. Y yo, que tanto culto a las piedras me había producido un rechazo bastante fuerte, ahora con el silencio y el vacío de la Ciudad Vieja empiezo a notar sensaciones que antes no notaba. Me veo yendo a la Ciudad Vieja a las cinco de la mañana a escuchar cómo suena la llamada a la oración o me acerco al Santo Sepulcro cuando está amaneciendo. Es un sitio muy potente, pero eso me lo ha dado la pos pandemia. Antes no se me ocurría hacerlo, entre tanta gente me parecía muy difícil buscar un punto de espiritualidad.

Mikel Ayestarán – © Quique Kierszenbaum

Muchos escritores de viajes describen cómo sienten la huella de las personas y la historia de ciertos lugares donde ha habido vivencias intensas, más allá de que se trate de un escenario religioso o espiritual como lo es Jerusalén.

Aquí la historia pesa, pero sobre todo creo que nos pesa a nosotros, por nuestra educación judeocristiana. Por ejemplo, hay ciudades de Oriente Medio que ni nos suenan, sin embargo, todos hemos oído hablar de Jerusalén, Haifa, Belén, Nazaret… Luego cuando llegas a esos lugares de los que has oído hablar tantas veces en tu vida, sí te puede generar esa carga añadida, indudablemente. No soy una persona muy de energías, pero sí que es cierto que ésta es una ciudad, como diría Camarón, que tiene duende; la Ciudad Vieja, insisto. Fuera de ahí, me parece una ciudad de lo más normalucha, no destacaría nada. 

En las primeras páginas del libro cita al célebre escritor Amos Oz, a quien trató personalmente. ¿Qué destacaría de la visión de Oz sobre Jerusalén?

Esa relación de amor-odio. Por un lado, era su principal fuente de inspiración para poder escribir. Yo diría que el cenit de su obra es gracias a Jerusalén, pero por otro lado tuvo que tomar distancia e irse de la ciudad para poder respirar y vivir. Eso, por una parte, respecto a Jerusalén, pero por otra, políticamente estamos hablando de una persona que representa lo que está pasando en el Israel de hoy en día. Era una voz muy crítica con la ocupación, con las políticas ultraderechistas de los gobiernos de Netanyahu, por ejemplo, y eso le costó el rechazo y el repudio social por parte de otros judíos, hasta el grado de recibir amenazas. 

Y eso es lo que está pasando también en un país que no es ajeno a la involución general que se está produciendo en todo Oriente Medio desde el punto de vista religioso y en Europa desde el punto de vista político, con la llegada de los populismos, de los movimientos de ultraderecha, de los grupos cada vez más fundamentalistas… Israel no es ajeno. Amos Oz en ese aspecto era una voz crítica y eso le costó la censura por parte de sus compatriotas. Pero lo que más me gustaba de él era esa forma que tenía de mirar a Jerusalén desde lejos, diciendo: “Bien, yo me inspiro en Jerusalén, pero vivo en Tel Aviv”. Son dos mundos diferentes, en apenas una hora, y él sabía mantener ese juego, pero siempre con Jerusalén como fuente de inspiración.

La sesión, presentada por la periodista Sonia Marco, puede verse en el canal de YouTube de Casa Mediterráneo.

[su_box title=»Sobre Mikel Ayestaran (1975 Beasain, Gipuzkoa, Euskal Herria):»]

Desde muy joven compaginó sus estudios con su pasión por viajar. Dio sus primero pasos como profesional del medio en El Faro de Ceuta. En 2005 decide dejar las redacciones tras estar una década en la de El Diario Vasco y comienza su aventura como freelance dedicándose a los conflictos abiertos en Oriente Medio. Su bautismo de fuego fue en 2006 cuando se produjo la invasión israelí de Líbano, dedicándose también a Irán, Irak, Afganistán y Pakistán.

Ha viajado a Israel y a Territorios Palestinos cuando se producían crisis, cubriendo tres ofensivas de Israel contra la Franja de Gaza entre 2008 y 2014. En 2011 con la llegada de la “Primavera árabe” recorre Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Siria. En 2015 encuentra su residencia en Jerusalén, trabajando allí como periodista multimedia y cubriendo toda la región.

Colabora con la radio televisión pública vasca EiTB, con el grupo Vocento y forma parte del equipo fundador de la plataforma periodística de información internacional 5W. Cubre las zonas de: Túnez, Libia, Egipto, Yemen, India, Israel, Palestina, Líbano, Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Egipto, Georgia y Siria. Es autor de libros como Oriente Medio, Oriente roto (2017) o Gaza, Cuna de mártires (2016).[/su_box] [su_divider]

Fotografía superior destacada: Mikel Ayestarán – © Quique Kierszenbaum