Paula Izquierdo: “La obra de Picasso guarda una conexión muy profunda entre el mar y las mujeres”

Al hilo de los homenajes que este año se le rinden a Pablo Picasso en el 50 aniversario de su desaparición, Casa Mediterráneo celebrará el 14 de noviembre la jornada titulada ‘Pablo y el Mediterráneo’, un evento único en Alicante que, como su propio nombre indica, analizará la estrecha y constante relación del artista con el Mare Nostrum.

La cita contará con la participación de destacados expertos en la figura y la obra de Picasso, entre los que se encuentra Paula Izquierdo, doctora en Psicología y autora del documental y el libro Picasso y las mujeres (Belacqva, 2003), quien formará parte de la mesa redonda “Pablo y el Mediterráneo. ¿Una historia de amor?”. Conversamos con Paula Izquierdo para acercarnos a la extensa y tormentosa relación del pintor malagueño con las mujeres, reflejada en muchas de sus creaciones artísticas, y con su vinculación con el Mediterráneo en las distintas etapas de su vida.

¿Cómo surgió la idea del libro Picasso y las mujeres?

Hay que tener en cuenta una cosa muy importante y crítica para mí. Primero hice un documental, que me encargó Canal + y ganó un premio en Nueva York, sobre Picasso y sus mujeres. Lo vio un editor en España y me pidió que hiciera un ensayo, no un guion, con lo cual conozco a Picasso como si fuera de mi familia, tengo un gran vínculo con él.

¿Qué importancia tuvieron las mujeres que pasaron por la vida de Picasso en su obra? Las mujeres fueron extensamente retratadas en sus lienzos.

Sí y no solamente eso. Y, realmente, ni siquiera John Richardson, el biógrafo británico, cuando hablaba de la obra de Picasso llegó a unir esos dos aspectos. La obra de Picasso está imbricada con su vida sentimental. Empieza su época azul, aún no como pintor no de renombre, pero sí inicial, en 1904 al asentarse en París en el Bateau-Lavoir, precisamente con la muerte de su amigo Casagemas, que se pegó un tiro en la sien frente a una mujer que no le correspondía. El motivo era su impotencia. Picasso se lio con esa mujer.

[su_quote]Dos cosas que Picasso temía por encima de todo eran la soledad y la muerte.[/su_quote]

La vida sentimental de Picasso resultó bastante tormentosa. Fue pasando de una mujer a otra sin descanso. ¿Podría pensarse que esta forma de actuar era una forma de eludir la soledad?

Eso es. Pasaba de una mujer a otra, pero además las simultaneaba. Después de la época azul, que estaba relacionada con la muerte de Casagemas, su sentimiento de culpa se vislumbra en todos sus morados, malvas, oscuros y azules de la primera época. Después, cuando está en el Bateau-Lavoir se enamora de Fernande Olivier y entonces cambia el color de su pintura, pasa a la época rosa. Se ha enamorado, está feliz, vive con un montón de escritores, artistas e intelectuales y, no es que la vida le sonría, porque económicamente no tiene mucho dinero, pero se las arreglan. De hecho, cuando alguien vende un cuadro o cualquier otra obra artística lo celebran todos juntos.

Después de Fernande Olivier, Jacques Cocteau le pide que haga las pinturas de la escenografía del ballet de Diáguilev y allí, en Italia, conoce a Olga Khokhlova, la tercera mujer fundamental en su vida, independientemente de que no hayamos hablado de su madre, María. Picasso era el primogénito de la familia, luego su madre tuvo dos hijas más, y siempre estuvo rodeado de mujeres. El primer capítulo de mi ensayo se llama precisamente ‘El harén de Picasso’, porque estaba rodeado de mujeres; entre las sirvientas, sus hermanas y su madre era el niño mimado.

Pasando a la época clásica, cuando conoce a Olga Khokhlova la retrata al principio como una mujer bellísima, con un mantón de Manila en la cabeza, y cuando se rompe la relación, se rompe en la pintura. La termina pintando como una vagina dentada. A raíz de Olga Khokhlova tuvo varias relaciones, pero él no quería tener que compartir su dinero con ella, quien terminó en un manicomio. La bajaba por las escaleras tirándole de los pelos. Y mientras estaba con Olga, se relacionaba con dos mujeres más.

Después de Olga y del clasicismo de ese momento concreto, desde el punto de vista artístico y pictórico empieza el cubismo. Él tenía un lema: “No busques, encuentra”. Y otro aspecto fundamental para poder entender la personalidad de Picasso, que conocemos a través de biógrafos como John Richardson y de las mujeres con las que estuvo que escribieron sobre él, como Fernande Olivier o Dora Maar -una fotógrafa surrealista que fue la única que estuvo a su altura desde un punto de vista intelectual-, es que no podía estar solo. Dos cosas que temía por encima de todo eran la soledad y la muerte. La forma de no morir era pintar. Por ejemplo, Las señoritas de Avignon en realidad no se refiere la ciudad de Francia, sino a una calle de Barcelona donde había un local de prostitutas donde habitualmente iban sus amigos catalanes para celebrar la venta de un cuadro o una escultura.

Volviendo a las mujeres de Picasso, tras Olga vinieron otras, que interfirieron en su obra, cuando él ya se había incorporado al cubismo. Hace todo tipo de experimentaciones, pasa por muchas etapas, mantiene una relación especial con Marie-Thérèse Walter, con quien tiene una hija, Maya, y posteriormente con Françoise Gilot, con quien tiene dos hijos. Gilot fue la única que lo vio claro. Pensó “este hombre me va a matar, o voy a terminar en un psiquiátrico o me voy a pegar un tiro”, entonces escapó. Él la denominaba “la mujer flor”, era muy guapa, como todas las mujeres que estuvieron con Picasso, muy atractivas y seductoras.

¿Qué tenía este hombre para ejercer semejante magnetismo entre las mujeres?

Era bajito, de constitución fuerte y además hablaba muy mal francés al principio-, pero las mujeres se enamoraban de él por su enorme magnetismo en la mirada. Igual que utiliza el lienzo como algo precioso de admirar que luego se convierte en una daga, con la que mata a la persona que le acompaña, siempre tenía no sólo a una mujer como Olga, sino también a Marie-Thérèse Walter como amante y la siguiente, Geneviève Laporte. Desde el punto de vista psicológico lo interpreto, como psicóloga que soy, como una falta de seguridad en sí mismo. A partir del Guernica en 1937 comienza a tener muchísimo más éxito, pero como lo había pasado tan mal, sintiéndose marginal, único o distinto, pero no reconocido durante sus primeros años en París, a pesar de que estuviera enamorado de una de ellas, necesitaba tener a dos más de repuesto para intensificar su ego, su necesidad de ser reconocido no solamente en su pintura, sino también con las mujeres. Sus relaciones, desde el punto de vista sentimental, a pesar de haber tenido una vida muy longeva, han sido cuanto menos inquietantes.

De hecho, muchas de sus mujeres acabaron mal.

Como curiosidad, Marie-Thérèse Walter era la única persona del mundo entero que podía cortarle las uñas y el pelo. Era muy supersticioso, como solían ser los andaluces y más en aquella época. A pesar de estar con otras mujeres y antes de casarse con la última, Jaqueline Roque, sólo quería que lo hiciera Marie-Thérèse y ella, como una santa, se lo guardaba en bolsitas o botes, con la fecha, porque tenía miedo de que le hicieran vudú.

Una consideración muy importante es que hay que diferenciar entre el genio como artista -es el mayor pintor del siglo XX, no me cabe ninguna duda- y su vida sentimental, su complejo de Edipo (su padre un día le dio los pinceles y la paleta, en un gesto que denotaba que él era un pintor academicista y su hijo, un genio). Picasso no podía ser academicista y hacer cuadros para salones burgueses. Era un genio y era consciente de ello.

Después de Françoise Gilot, que se marchó a Estados Unidos y fue la única que lo abandonó, vino Jaqueline Roque. Se llevaban 40 años de diferencia, pero supo ser lo suficientemente sumisa para llamarle “monseñor”. A raíz de esta última relación, Jaqueline lo mantuvo en el ostracismo más absoluto. No dejaba que viera ni a sus amigos, ni a sus amantes pasadas, ni a sus hijos, a nadie. Lo tuvo encerrado, exclusivamente pintando. Es terrible, porque fueron bastantes años los que estuvo con ella.

Lo importante, respecto al Mediterráneo, es su especial vinculación desde pequeño. Nació a 400 metros del mar en Málaga, luego cuando estuvo en Barcelona hizo dibujos y pinturas sobre la Malagueta… Posteriormente, pasada la guerra, en Francia se dictó que no se podía tener más de una casa en propiedad, lo que le impulsó a marcharse de París e ir a la Costa Azul, donde estuvo viviendo en distintas casas, con distintas mujeres, perros, coches…

¿Cómo consiguió Jaqueline Roque aislarlo del mundo, teniendo en cuenta el carácter tan sociable de Picasso?

No lo entiendo, porque él amaba y necesitaba estar rodeado de gente. Durante los últimos veinte años de su vida, si algo le distingue además de su magnetismo es su minotauro, arlequín, príapo…, pero es posible que su sexualidad hubiera disminuido. Es la única explicación que doy al hecho de que él lo aceptara, porque era el rey y el señor de las casas en las que vivieron. No obstante, no sé muy bien cómo esta mujer se las ingenió con Picasso, que siempre tenía una cohorte de gente a su alrededor, para mantenerlo aislado, viviendo en el ostracismo, pintando y pintando, que era lo único que hacía.

[su_quote]Picasso dijo de forma premonitoria: ‘Cuando yo muera habrá un naufragio’.[/su_quote]

Jaqueline incluso no permitió que los herederos de Picasso fueran a su funeral.

Efectivamente. Es terrible. Además, él lo dijo: “Cuando yo muera habrá un naufragio”. Su hijo Paulo ingirió lejía y murió a los tres meses en un hospital, porque no le dejaron asistir al funeral. Marie-Thérèse Walter se ahorcó en el garaje de su casa y Jaqueline Roque se pegó un tiro en la sien, un método de suicidio poco habitual entre las mujeres. Esa es la historia y lo que es cierto es que, sobre todo en la época en la que estuvo viviendo en la Riviera francesa, hubo en sus obras una conexión muy profunda entre el mar y las mujeres.

Precisamente, iba a preguntarte si en sus años en el sur de Francia Picasso intensificó su relación artística con el Mediterráneo.

En cierta medida sí, porque ten en cuenta que durante mucho tiempo él estuvo viviendo en París y cuando estaba haciendo las pinturas para la escenografía de los ballets de Diáguilev estuvo en Italia y ese ambiente le influyó. Él era como una esponja y además tenía una memoria fotográfica, de modo que todo lo que percibía lo manifestaba. Una cosa muy importante es que a partir del momento en el que el Gobierno francés prohíbe tener más de una casa, decide irse a la Costa Azul. Entonces, las imágenes marinas en representaciones de mujeres son muy frecuentes y los elementos del mar en sus pinturas también. Utiliza motivos marinos como peces, conchas, barcos… y según dice su nieto, es cierto que la luz del Mediterráneo le resarcía.

Cuando empieza a ir a la Riviera francesa, con poco más de 53 años, y se sitúa en Antibes, donde reposan sus restos y hay un Museo Picasso, el Mar Mediterráneo y sus diversas facetas de la cultura le cautivaron, le interesaron y le sirvieron de inspiración para algunas de sus obras. De manera que, a lo largo de su existencia, desde pequeñito -su primera pintura al óleo fue con ocho años, “El matador vestido de amarillo”- también la mitología grecolatina, la guitarra española, la luz del mar del sur de Francia, los bañistas y un largo etcétera fueron motivos de su creación.

¿El Mediterráneo, entonces, estuvo presente en su obra aunque fuera de distinta manera a lo largo de su vida?

Sí, tuvo un antes y un después. Cuando era niño estaba en Málaga, después de pasar por La Coruña fue a Barcelona, luego permaneció mucho tiempo viviendo en París y a continuación, y hasta que murió, en el sur de Francia. Siguiendo su máxima de “no busques, encuentra”, estaba experimentando continuamente y todo se le quedaba. Cuando estuvo en Italia retuvo la mitología grecolatina y luego no podemos olvidar que nació en una ciudad marítima y portuaria, y lo primero que dijo no fue ni mamá ni papá, sino “piz”, refiriéndose a lápiz porque veía a su padre, un dibujante academicista que intentó sacar adelante a su familia sin alcanzar el éxito de su hijo, a quien le pasó la paleta de colores. Cuando era muy pequeñito su padre le llevaba ya a los toros y una de sus primeras pinturas, precisamente, plasma la plaza de toros de la Malagueta. La superstición, la idea de que con la mirada puedes penetrar a una mujer, la mitología cuando estuvo en Italia y las imitaciones mediterráneas son sus grandes temas, heredados de la iconografía griega y romana.

Muchos de sus cuadros contienen representaciones de minotauros y figuras mitológicas.

Exactamente, los mitos clásicos y los seres mitológicos. Pinta desde centauros hasta faunos, que están constantemente presentes en su obra y precisamente por eso se le imbrica con la cultura mediterránea, desde la griega a la romana, pasando por el mundo árabe, recogidos desde 1905, un año después de llegar a París. Hubo un momento, en 1986, ya siendo mayor, en el que alcanzó una gran importancia todo lo que tenía que ver con lo que a Picasso le inspiró el Mediterráneo, no solamente la luz, sino también el infinito, el misterio… y eso lo combinaba muy bien con las mujeres con las que estuvo, que son incalculables.

El tipo de relación que mantuvo con las mujeres hoy en día posiblemente estaría muy mal visto.

Dora Maar, que era una magnífica fotógrafa, fue tratada por un psiquiatra, Jacques Lacan. Estuvo durante un año recibiendo electroshocks. Lacan le dijo: «Tienes dos opciones, o seguir recibiendo electroshocks o creyendo en Dios». Por su parte, Olga Khokhlova, la bailarina maravillosa del ballet de Diáguilev, también acabó en un psiquiátrico. Y Marie-Thérèse Walter acabó en un psiquiátrico y su mujer, Jaqueline Roque, pegándose un tiro. Él murió en el 73 y Jaqueline siguió viva hasta el 86, pero tomó la determinación de suicidarse. Como antes señalaba, Picasso bien dijo: “Después de mi muerte habrá un naufragio”. Su capacidad, no sólo de construir, reconstruir e interpretar la vida, sino también de ser premonitorio de lo que iba a ocurrir una vez muriera es tal cual.