Pedro Olalla: “El documental ‘Francisco Albo’ pone de relieve la importante participación de los griegos en la primera vuelta al mundo y en otras expediciones ultramarinas de la época”

En el marco de las conmemoraciones del quinto centenario de la primera expedición que circunnavegó la tierra, liderada por Magallanes y Elcano, el escritor, helenista, profesor, traductor y cineasta Pedro Olalla presenta en Casa Mediterráneo su documental ‘Francisco Albo. Marinos griegos en la Primera Vuelta al Mundo’ el próximo miércoles 24 de noviembre a las 19 h. con entrada libre.

El documental forma parte de una serie de proyectos culturales englobados en las celebraciones del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo puestos en marcha por la Embajada de España en Grecia y el Instituto Cervantes de Atenas desde 2019 hasta 2022 con la intención de mostrar la aportación de expertos navegantes griegos en la historia de los descubrimientos ultramarinos españoles. La película ha sido posible gracias también a la colaboración de otras instituciones como Casa Mediterráneo, la Fundación Nao Victoria, la Fundación María Tsakos, las municipalidades de Quíos y de Rodas y bajo los auspicios del Ministerio de Cultura de Grecia.

En el año 1519, unos 250 hombres y cinco naos partieron de Sevilla en busca de una nueva ruta por el oeste hacia las islas de las especias, las Molucas. Tres años después del inicio de la expedición, respaldada por Carlos I de España y V de Alemania, tan solo 18 hombres y una nao consiguieron regresar a España, a Sanlúcar de Barrameda, tras dar la vuelta al mundo, a pesar de que su objetivo no era ése, sino abrir una nueva ruta comercial. Esa nave, la Victoria, era pilotada por un marino griego, Francisco Albo, quien dejó un valioso diario náutico de aquella gesta. Una figura insuficientemente reconocida por la Historia, a la que Pedro Olalla rescata en este documental, a través de un planteamiento narrativo de ficción. A lo largo de la película, el personaje alegórico de la Historia interroga en las islas de Rodas y Quíos al piloto griego que logró llevar de vuelta a España la única nave que sobrevivió a la primera Vuelta al Mundo, tras superar grandes vicisitudes.

Con el fin de conocer más a fondo la génesis y el desarrollo del documental, así como la aportación de los marinos griegos a la expedición de la primera vuelta al mundo y a la exploración española por los mares, entrevistamos a su autor, Pedro Olalla, de ruta por nuestro país para poner de relieve a unos personajes insuficientemente conocidos y valorados.

¿Qué llevó a ocho marinos griegos procedentes de Rodas, Quíos, Nauplia y Corfú a embarcarse en la expedición de Magallanes y Elcano, tan ambiciosa y a la vez arriesgada, cuya finalidad no era dar la vuelta al mundo, sino abrir una nueva ruta comercial hacia la isla de las especias? 

Era un trayecto largo y totalmente desconocido a partir del Río de la Plata, donde había llegado Solís poco antes. A partir de ahí había que buscar y encontrar todavía el paso hacia el Océano Pacífico. El reto de la expedición era precisamente hallar el paso por el sur, en este caso hacia el Océano Pacífico, y después llegar a las Islas de la Especiería navegando hacia poniente, ir y volver. La idea no era regresar por el otro lado del mundo, sino hacerlo más o menos por las aguas ya transitadas. En principio era una expedición que trataba de encontrar una nueva ruta hacia la Especiería por el poniente para evitar la ruta portuguesa que ya iba circunnavegando África por el Índico, pero acabó convirtiéndose en la primera vuelta al mundo de una manera un tanto azarosa e incluso contraviniendo las órdenes del rey.

¿Cómo se encuentran ocho marinos griegos en esas circunstancias? Todos sobrevivieron y todos regresaron a España, no juntos. Pero es de destacar que cuatro de ellos volvieron en el único barco que logró sobrevivir a aquella expedición, y otro poco después porque había quedado preso junto a otros compañeros en las islas de Cabo Verde y fue rescatado apenas un mes después por intercesión del Emperador Carlos V. De los 18 hombres que regresaron en la nave de Elcano, cuatro de ellos eran griegos, y otro compatriota, como he mencionado, se había quedado en el camino pero también volvió. Los restantes regresarían en otras circunstancias. Uno de ellos retornó con la nave San Antonio, la que desertó en el Estrecho de Magallanes, y los otros dos desertaron en Borneo, pero hay noticia de que regresaron a España e incluso de que uno de ellos fue un marino importante, Nicolás de Nauplia, que volvió a participar en posteriores expediciones ultramarinas. 

En el por qué de todo esto, podrían señalarse varias causas. Una de ellas es que la propia expedición tuvo participación de personas de distintas nacionalidades. Había muchos españoles, quizás algo más de la mitad, pero no eran todos porque no había demasiados interesados en enrolarse en ese viaje inédito, insólito e imprevisible del que muchos pensaban que no iban a volver. La mayoría, no obstante, un poco más de la mitad, fueron españoles, pero también hubo muchos italianos, franceses, algunos alemanes, portugueses por supuesto -el propio Magallanes lo era y se rodeó de ellos en cierto sentido- y marinos griegos, en este caso nueve son los que se computan, aunque uno no llegó a embarcarse. 

Pero el hecho de que hubiera marinos griegos se explica también por que en el contexto de la conquista del territorio históricamente griego por parte del Imperio Otomano. A partir ya de mediados del siglo XV con la caída de Constantinopla en 1453 casi todos los territorios históricos griegos pasaron a formar parte del dominio otomano. No todos, porque algunas islas importantes como la de Creta, la de Naxos, la de Quíos, la de Rodas, otras islas del Egeo, del Jónico… permanecieron en manos de cristianos, si bien no de griegos, sino de latinos, fundamentalmente venecianos, genoveses, francos en algunos momentos. Y en ese contexto los griegos que quedaban en territorio no musulmán tenían una cierta tendencia a irse hacia España, a Castilla, y ponerse al servicio de la Corona como navegantes e integrantes de la Armada, como gente de mar, que era lo que mejor sabían hacer. 

En ese sentido, la puerta de entrada era fundamentalmente Sevilla. Hay muchos registros documentales en el Archivo de Indias y en los otros archivos de Sevilla en los que constatamos la presencia de griegos, muchos de ellos simplemente iban a buscar fortuna y se enrolaban en las naves, y otros incluso que se casaban con damas castellanas, se asentaban, hacían fortuna y se dedicaban al comercio. Pero la navegación es el tema por excelencia de los griegos. Hay que resaltar que en casi todas las empresas ultramarinas de las que tenemos constancia de las tripulaciones, ya desde el segundo viaje de Colón, hay marinos griegos. La primera vuelta al mundo no es un caso único. 

[su_quote]Aunque la presencia numérica de los griegos no fuera tan importante como la de los italianos o los portugueses, sí era cualitativamente relevante porque por su tradición marina y su experiencia en el Mediterráneo podían ofrecer mucho a la navegación de ese tiempo.[/su_quote]

Y otro aspecto que quisiera resaltar es que aunque la presencia numérica de los griegos evidentemente no fuera tan importante como la de los italianos o los portugueses, por razones obvias, sí era cualitativamente relevante porque pese a que también hubiera marineros rasos, por su tradición marina y su experiencia en el Mediterráneo (y no sólo) podían ofrecer mucho a la navegación de ese tiempo. De hecho, por ejemplo, en el caso de la nave Victoria, que es la que consigue sobrevivir a la expedición, después de la muerte de Magallanes, Elcano regresa con los supervivientes. El maestre era griego, Miguel de Rodas, que llegará a ser nombrado Caballero de Santiago y Piloto Mayor de su Majestad, un cargo importantísimo y de gran responsabilidad porque tenía a su cargo la organización de las expediciones a las Indias, la formación de los pilotos, la elaboración de la cartografía secreta del rey, etcétera.

Y luego, por supuesto, la figura que protagoniza en gran sentido la película, Francisco Albo, era el piloto que llevó a puerto la única nave superviviente y además fue el autor del ‘Derrotero’, el diario náutico de la expedición. Se trata de una de las obras más importantes de la historia de la navegación porque nos permite saber por dónde se realizó la expedición con una gran exactitud, y reconstruir esa ruta, conocer exactamente los puertos en los que recalaron, las islas que vieron, los pasos por donde se introdujeron… muchos detalles sobre cuánto avanzaban cada día, la velocidad de las naves, los vientos, las condiciones que tuvieron en cada mar, las distintas vicisitudes. No es una obra muy literaria en el sentido de que ni siquiera menciona la propia muerte de Magallanes, algo muy notorio, pero no hay que olvidar que no se trata de una crónica de la expedición, sino de un diario náutico, técnico, de la misma.

De hecho, la expedición contaba para ello con su propio cronista.

Exacto. La crónica fundamental es la que hace el italiano Antonio Pigafetta, pero poder contrastar, casar y comparar su testimonio con el de Albo nos da una imagen con más relieve de la expedición y podemos conocer cosas que uno dice y el otro no. Se complementan, se apoyan y a veces incluso hay percepciones un tanto diferentes de los hechos. Pero es de hacer notar que el valor documental que tiene la obra de Albo es fundamentalmente náutico, para conocer la navegación de ese tiempo, la ruta y comprobar muchas técnicas que a veces nos sorprende que pudieran estar tan desarrolladas en ese momento, como por ejemplo la forma en la que calculaban la longitud, con un simple reloj de arena, que además tenía que ser mantenido constantemente en funcionamiento a bordo, día y noche, en condiciones adversas. Vemos hasta qué punto era fácil o difícil manejar toda esa parte técnica de la navegación. 

Francisco Albo partió desde Sevilla como contramaestre en otra nave, la Trinidad, ¿de ahí cómo llegó a pilotar la nao Victoria en su regreso a España?

Como comentaba, en la expedición salieron cinco naves y luego algunas se fueron quedando por el camino. La nao Santiago encalló cerca del Río de La Plata y tuvo que ser abandonada. La nao San Antonio fue la que desertó en el Estrecho de Magallanes y se volvió a España con sus supervivientes. Después en la zona de las Islas de las Especias tuvieron que quemar la nave Concepción por falta de tripulación; a medida que fueron perdiéndose los tripulantes llegó un momento en que no había gente para tanta nave y se vieron forzados a abandonarla. Y la nave Trinidad, en las propias Islas de la Especiería, cuando iba a regresar se descubrió que tenía una vía de agua y tuvo que dar la vuelta y quedarse ahí durante más de un mes para ser reparada. 

Los otros tripulantes, entre tanto, emprendieron el regreso por el Índico con la nave Victoria. Y la Trinidad cuando intentó emprender la ruta por el Pacífico, es decir, por donde habían venido, el llamado “torna viaje” que se hará después, realizó un tramo pero fue en unas condiciones muy adversas, la embarcación estaba cada vez peor, de manera que se vieron obligados a volver a Tidore, que era la isla de la Especiería donde estuvo reparándose, y allí fueron apresados por los portugueses. Con lo cual, de las cinco naves solo logró sobrevivir una, en muy malas condiciones; ya venían achicando agua durante su paso por todo el Océano Índico y luego el Atlántico desde que remontaron el Cabo de Buena Esperanza.

La travesía del Índico fue la más dura de todas porque duró más de cien días, tres meses sin hacer escalas, con vientos y corrientes en contra. La del Pacífico fue especialmente larga, pero tuvieron mejor suerte con el tiempo. De hecho, encontraron tan apacible el mar que lo llamaron “Océano Pacífico”; fueron ellos quienes le pusieron ese nombre. No fue así en el caso del Índico, donde además tuvieron que alejarse muy al sur. La ruta conocida por el Índico era la que iba por el norte, la que seguían los portugueses para ir y venir de las especias, más próximos a las costas. Pero precisamente, aunque Albo, por lo que aparece en los testimonios, y Miguel de Rodas aconsejaron a Elcano seguir la misma ruta, éste por miedo a ser apresados por los portugueses decidió abrirse hacia aguas desconocidas por el sur. Y tan al sur se abrieron que estuvieron a punto de descubrir Australia. Pasaron muy cerca, sin verla, lógicamente, y sin descubrirla, por aguas mucho más difíciles que por las que ya habían navegado, totalmente desconocidas. 

Según dicen, con el viento a la contra casi todo el tiempo y tormentas permanentes. Ahí todavía tenían provisiones de arroz y de alimentos que habían cogido en Tidore, pero una vez que doblaron el Cabo de Buena Esperanza, donde tuvieron quince días más de tormentas, se les partió el cabo mayor y otra de las vergas, tenían por delante un ruta en la que remontar todo el Atlántico hasta intentar entrar por el estrecho. También tenían que navegar separados de las costas para evitar a los portugueses. Nos cuentan que cuando llegaron a las islas de Cabo Verde decidieron que o morían todos o bajaban a buscar agua y provisiones a un puerto enemigo. Y ahí fue cuando los portugueses apresaron a trece de los suyos, los otros consiguieron volver al barco y escapar, perseguidos, se fueron a las Azores y después al estrecho. Inmediatamente Elcano escribió una carta al emperador comunicándole la llegada, pidiéndole audiencia y que intentara rescatar a los trece que quedaron en Cabo Verde. En esa carta el propio Pigafetta refiere todas estas privaciones y Elcano deja constancia de las condiciones lamentables en las que llegaron, totalmente demacrados. Cada día tenían que tirar por la borda a alguien, se comían las ratas de la bodega, el cuero de los cables, la madera hecha serrín y además tenían que estar bombeando día y noche el agua que entraba por las grietas que tenía el barco. Ésa es, en líneas generales, la ruta que siguieron.

A todas esas penalidades habría que añadir, supongo, el frío, la humedad, enfermedades como el escorbuto…

Por supuesto. El escorbuto lo habían padecido ya en el Pacífico, eso fue ya tremendo.

En España apenas se conoce la participación de los marinos griegos en la expedición de la Vuelta al Mundo. En Grecia, su país de origen, ¿es conocida y valorada?

Tampoco. De hecho, cuando digo que son desconocidos no quiero decir que ahora estemos aportando una información que haya salido a la luz en este momento. Son desconocidos porque aunque existe la fuente que lo documenta, no es una historia que la gente en general conozca, ni siquiera los historiadores incluso. En realidad, en el marco de todas las actividades que se están haciendo desde 2019 hasta 2022 -de 1519 a 1522 fue lo que duró la primera circunnavegación, por ello se conmemora el quinto centenario en estos tres años-, en todo el mundo se están realizando iniciativas que ponen de manifiesto algún aspecto de esta expedición. En Grecia, la Embajada de España, junto con el Instituto Cervantes de Atenas y otras instituciones intentamos hacer una serie de obras encaminadas a dar a conocer y poner de relieve la importante participación de los griegos en aquella expedición y en otras expediciones ultramarinas de la época. 

Puede decirse que no eran conocidos y siguen sin serlo, pero esperemos que a partir de todas estas actividades vaya habiendo un mayor conocimiento. Los investigadores que más han aportado a este asunto han sido, por la parte de España, fundamentalmente, Juan Gil, Íñigo Albo, que lleva el mismo apellido que Francisco aunque no es su descendiente, y Consuelo Varela; y por la parte griega, Ioannis Hassiotis. Estos investigadores aparecen en la película en un momento dado aportando algunos testimonios introductorios, porque es un trabajo de docuficción, totalmente documental desde el punto de vista de la veracidad de los hechos, pero está presentada a través de una ficción literaria cinematográfica. Estos investigadores, trabajando en archivos de Sevilla y griegos, y en el propio texto de Albo, son los que más luz han aportado a esta historia. Las acciones que hemos realizado para intentar poner de relieve la participación de los griegos en esta expedición y en otras de la época han sido complementarias entre ellas. 

Por un lado, hicimos una edición trilingüe en griego, español e ingles del ‘Derrotero’ de Francisco Albo, una obra que a pesar de su importancia en España no se editó hasta el siglo XIX y en Grecia sólo se conocía a través de una edición de fragmentos incluidos en otras obras; no había una publicación completa en griego. Entonces, con la Fundación María Tsakos de Grecia realizamos una edición trilingüe de esta obra. A mí me correspondió ser el coordinador, el editor de la obra, y hacer también la traducción al griego porque hay que decir que está escrita en español. Aunque el piloto era griego, la obra se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla es una copia de la época del manuscrito original -que no se conserva-, en la que probablemente haya ya algún pequeño retoque y añadido, pero es lo que conservamos. La obra original estaba escrita en un español no literario, sino con el estilo de un piloto que toma unas notas en el barco, es decir, muy técnico, muy repetitivo, intenta ser preciso, aunque da algún toque subjetivo y deja caer alguna noticia. Su valor reside en ser un documento de navegación que arroja mucha luz sobre cómo se navegaba en ese momento y por dónde se navegó en la expedición. La obra completa no existía en griego hasta este momento. 

¿Qué otras acciones en el marco del V Centenario se han puesto en marcha desde la Embajada de Grecia y el Instituto Cervantes?

Otra de las acciones ha sido la colocación en Rodas y en Quíos de dos copias de un monumento a los marinos griegos en la Primera Vuelta al Mundo para que tuviesen un punto de referencia donde ser recordados permanentemente, en las dos islas que fueron patria de la mayoría de los que participaron en la expedición. También se organizó una conferencia que impartí en el albergue de España de los Caballeros de Rodas en esa isla, en la que presentamos todo lo que hemos podido recopilar sobre este asunto en un contexto más amplio, hablando también de la tradición naval de los griegos, de lo que se hizo una pequeña edición bilingüe. También se organizó una exposición sobre la primera Vuelta al Mundo por parte de la Comisión del V Centenario, que nosotros en Grecia tradujimos al griego y complementamos con unos paneles sobre la participación griega. La película viene a ser el formato audiovisual de todo lo que estamos hablando. 

¿Qué recorrido va a tener el documental?

Ahora estamos dándola a conocer. Se hizo un estreno en la Filmoteca Nacional de Atenas el pasado 1 de noviembre y ahora la estrenamos en Casa Mediterráneo. Haremos otro acto presencial de presentación de la película, con charla y coloquio en CineBaix, en Barcelona, y a partir de diciembre estará disponible en abierto, de forma gratuita, para todas las personas interesadas, en la página web de la Embajada de España en Grecia y en la de Casa Mediterráneo, ya que participó en el proyecto.  

[su_quote]La película es también una reflexión sobre el propio proceso de gestación de la Historia; un gran puzzle que se va haciendo a través de pequeñas piezas y se va revisando y ampliando constantemente.[/su_quote]

¿Cómo se ha articulado la historia para narrarla de una manera atractiva en el cine?

Lo que se ha tratado es de darle un formato narrativo cinematográfico. Reunir el corpus, la información y manejarla de manera coherente tiene su dificultad, pero otra complejidad añadida era darle forma cinematográfica con un presupuesto muy reducido -no se trata de una película de Hollywood, sino cultural-, lo que era un desafío. La película está rodada precisamente en la islas de Rodas y de Quíos para que fueran escenarios griegos, pero tiene también imágenes de muchos de los lugares por donde pasó la expedición, de la réplica de la nave que tiene la Fundación Nao Victoria, que también ha participado en el proyecto. 

Primero, hay una introducción que hacen los historiadores para que el espectador tenga la sensación de que va a ver un documental histórico, para que no crea que está ante una película de ficción. Y a partir de un punto, ese apartado testimonial se cierra y empieza una parte más literaria que es un diálogo un poco renacentista, como eran los de esa época en la que se desarrolló la expedición, entre la propia Historia como figura alegórica, un personaje femenino no presente en la imagen, que aparece sólo en forma de voz, y el protagonista de los hechos, Francisco Albo, pero como si fuese un fantasma de su tiempo que es convocado por aquélla a los escenarios de hoy, de Rodas y de Quíos donde se desarrolló su vida, con la intención de interrogarle sobre los hechos. 

La película es también una reflexión sobre el propio proceso de gestación de la Historia; un gran puzzle que se va haciendo a través de pequeñas piezas y se va revisando y ampliando constantemente. Es una labor como lo que la memoria es al ser humano, la Historia para la humanidad en su conjunto. Esa toma de conciencia colectiva y esa construcción que se va realizando igual que la memoria está en gran medida hecha a base de olvidos y de piezas supervivientes que conservamos de manera un poco aislada, como piedras sobre las que vamos saltando de unas a otras. La Historia colectiva también está hecha de esos retazos. A veces van apareciendo cosas nuevas que van obligando a reconsiderar lo que ya sabíamos o van abriendo una perspectiva diferente. 

Esa labor del historiador se halla también en la película, está representada por ese personaje alegórico que sabe algunas cosas que desconoce el propio protagonista, porque sucedieron después o porque no fue testigo él mismo en su época. Pero a la vez, el protagonista se presenta como portador de algunas informaciones que la Historia no conoce porque no estaba allí. A través de ese juego de diálogo entre uno y otro, de ese artificio, mientras él merodea por los sitios que le fueron familiares, vamos presentando todo lo que sabemos de los marineros de ese tiempo. Vamos haciendo una pequeña semblanza de cada uno, él pregunta qué fue de sus compañeros, la Historia le contesta lo que sabemos de ellos y Francisco aporta alguna otra información. Es una manera de contar alejada de un narrador omnisciente que va diciéndolo todo mientras pasan unos cromos, sino de exponer la información a través de una dialéctica entre dos figuras, la alegoría de la Historia y el personaje histórico. Como la Historia está hecha en gran medida de vacíos y de interrogantes a veces los historiadores para estar realmente seguros de nuestro trabajo tendríamos que poder entrevistar a sus protagonistas. Y ése es el juego que se plantea en la película a la hora de contar lo que sabemos.

El miembro de la Real Academia de la Historia, Carlos Martínez Shaw, considera que uno de los hitos de esta expedición radica en que fue la pieza clave de una primera globalización. La apertura de una red de intercambios intercontinentales que generó la aparición de un solo mundo y la posibilidad de concebir por primera vez una Historia universal. 

Es verdad que se maneja mucho esta idea de que supuso la primera piedra del mundo global tal como lo entendemos hoy día. Yo, en ello, estoy de acuerdo parcialmente, hasta cierto punto porque es cierto que si tenemos que poner un punto de partida a nuestra visión del mundo actual, podría ser ese momento en el que se circunnavega por primera vez el globo terrestre, se hace un viaje del que queda testimonio alrededor del mundo, a la vez que acababa de descubrirse el Nuevo Mundo y empezaba a explorarse en esas primeras décadas del siglo XVI. Con lo cual la preeminencia durante un tiempo del Imperio español y el portugués, el desarrollo posterior del Imperio británico, de las colonias holandesas… son pasos de una misma cadena cuyo primer eslabón bien podría estar en esta primera vuelta al mundo. 

De manera que sí es aceptable esa idea, bastante cierta y sugerente, pero también es verdad que cada vez sabemos mejor que en otros momentos históricos el mundo era más conocido de lo que creíamos hasta ahora. Es decir, las propias culturas del Egeo, por no decir ya el mundo griego en stricto sensu, no como lo considerábamos históricamente sino las culturas anteriores a los griegos, los minoicos, los micénicos, etcétera navegaron también por los océanos, por el Índico, por el Atlántico. Tenemos testimonios arqueológicos y algunos literarios, cada vez sabemos más de sus conocimientos astronómicos, de su sistema de medición de los grados de la circunferencia de la tierra, los antecesores de los paralelos, los meridianos. Sabemos que tenían conciencia de la precesión del eje terrestre, es decir, de fenómenos que nos parecía hasta ahora que no había constancia. Nos dan a entender que en el segundo, tercer y cuarto milenio antes del Cristo, el mundo era mucho más transitado y conocido de lo que creíamos hasta ahora y probablemente vayamos descubriendo cada vez más en este sentido. 

Por lo tanto, podemos decir que la globalización, en la continuidad que tendrá hasta llegar a nosotros, “empieza” de alguna manera con esa primera vuelta al mundo, pero que hubo también momentos anteriores en la historia que supusieron un proceso de globalización en cierto sentido, de interacción entre comunidades, poblaciones y culturas, de dispersión del ser humano por la superficie terrestre. La propia extensión de la cultura neolítica, o sea de la cultura agraria a partir del oriente del Mediterráneo y del creciente fértil en todas las direcciones es un proceso de globalización en cierto sentido. La propia extensión del neardental y del sapiens por todo el globo es un proceso de globalización. Los imperios de la antigüedad, el Imperio romano, el Imperio de Alejandro Magno, el Imperio Persa, eran ya multiculturales. Ha habido otros procesos de globalización, de dispersión de la humanidad, ahora bien, es verdad que en un sentido más estricto y palpable la globalización moderna puede tener un punto de partida en esa primera vuelta al mundo.

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Más información, en la página web de Pedro Olalla.