El ciclo ‘Historia y el Mediterráneo’ traerá el próximo martes 10 de septiembre a Casa Mediterráneo a la egiptóloga Zulema Barahona, quien ofrecerá la conferencia titulada “De las orillas del Nilo a la Península Ibérica: Ecos de la cerámica egipcia». El encuentro, abierto al público hasta completar aforo y con emisión online, comenzará a las 19 h. y será presentado por la historiadora del arte Natalia Molinos.
La egiptóloga hablará de la importancia de la cerámica para conocer nuestro pasado, revelando las increíbles conexiones entre el antiguo Egipto y la Península Ibérica en tiempos muy remotos, que están quedando evidenciadas gracias a las piezas de cerámica halladas en diversos yacimientos arqueológicos.
Zulema Barahona Mendieta es doctora en egiptología por la Universitat Autònoma de Barcelona (IEPOA – UAB), máster en Egiptología por la misma universidad y licenciada en Arqueología e Historia Antigua por la Universidad de Alicante. En la actualidad disfruta de un contrato de atracción de talento internacional María Zambrano en la UAB y es investigadora asociada en la Universidad de la Sorbonne (Paris IV, Labex-RESMED, UMR 8167, Mondes Pharaoniques, Orient & Méditerranée). Ha sido también investigadora posdoctoral en la Universidad de Basilea (Suiza) con un contrato de investigación asociado al proyecto “Histories of life of the Theban tombs” y financiado por la Swiss National Science Fundation. Desde el 2019 codirige el proyecto de investigación en el IFAO “Les céramiques thébaines: échanges et réseaux économiques» y desde el 2021 codirige el programa de investigación en el IFAO “Arts du feu : six millénaires d’artisanat du feu en Égypte (IIIe millénaire av. J.-C. – époque contemporaine)”.
En esta entrevista nos desvela algunos de los hallazgos que mostrará en su presentación, realmente sorprendentes y relevantes para darle a la cerámica el valor que merece.
La primera pregunta que me gustaría plantearle es bastante obvia: El título de su conferencia es “De las orillas del Nilo a la Península Ibérica. Ecos de la cerámica egipcia”. ¿Qué resonancias de la cerámica egipcia encontramos en la Península Ibérica?
Efectivamente, eso es de lo que voy a hablar. Es algo en lo que no se ha hecho mucho énfasis hasta ahora, pero que es evidente y va a poder comprobarse en muchas de las fotos que voy a presentar en la conferencia. Egipto fue una civilización muy importante del Mediterráneo e influyó a muchas culturas, entre ellas la fenicia, que tuvo una fortísima presencia en España. De hecho, la Península Ibérica se ha convertido en uno de los referentes más importantes en todo lo relativo al comercio fenicio, la ocupación, las colonias. Y ellos trajeron también en sus barcos la cultura que venía del Próximo Oriente, muy influenciada por la cerámica egipcia.
Lo que voy a mostrar es ciertas piezas, algunas muy paradigmáticas de los grandes hallazgos arqueológicos que tenemos la Península Ibérica y particularmente en el Levante, incluso en Alicante, que se ha dicho que venían de Egipto. En realidad, son jarras de piedra de alabastro, pero que imitan exactamente formas que se fabricaban en talleres del Alto Egipto y que influenciaron a los fenicios. Hasta podemos trazar sus viajes, yendo incluso a Sudán, a la antigua Nubia, a las pirámides de los faraones negros… Hay un recorrido bastante importante a lo largo del valle del Nilo y luego desde la costa sirio- palestina, atravesando todo el Mediterráneo hasta España. Eso es lo que voy a intentar ir trazando.
Aparte de las formas de las jarras halladas en la Península Ibérica que imitaban a las que se hacían en Egipto, ¿hay motivos decorativos que pudieran tener también influencia egipcia?
Eso está un poquito más diluido. Es verdad que la cerámica egipcia influye y bebe, al mismo tiempo, de la cerámica del Próximo Oriente, y acaba también en la Península Ibérica. Entonces, sí que podemos ver piezas similares, pero realmente estos objetos pueden seguir la pauta de que un vecino copia a otro y así sucesivamente.
Buena parte de la plata con la que los fenicios intentaban comerciar procedía de la Península Ibérica y llegó hasta Egipto. Y esa plata, además, acabó convertida en sarcófagos de algunos faraones.
Entonces, debe ser difícil detectar la originalidad de un diseño, teniendo en cuenta las múltiples influencias mutuas que debe haber habido a lo largo del tiempo, retroalimentándose.
Exacto, pero también es verdad que vemos algunos puentes muy importantes entre unas cosas y otras. Además, hay objetos egipcios que se convierten en bienes de prestigio. Es decir, tener un objeto egipcio, independientemente de su composición – aunque si se trataba de materias nobles, como piedra o metal, mejor- equivalía a algo parecido a llevar un diamante encima. Y esos objetos apreciados sirvieron también para el comercio en la Península Ibérica.
Asimismo, en ese momento la Península Ibérica se convierte en un centro minero muy importante. Algunos autores creen -y hay indicios para pensarlo- que buena parte de la plata con la que los fenicios, entre otros, intentaban comerciar procedía de la Península Ibérica y llegó hasta Egipto. Y esa plata, además, acabó convertida en sarcófagos de algunos faraones. De modo que hay un trasvase de objetos y de cultura material, algunos elementos muy valiosos, como la plata o la piedra, pero también voy a mostrar ejemplos de cosas mucho más humildes, como la cerámica. Expondré cómo ciertas piezas que salen de un contexto de talleres cerámicos humildes en el Alto Egipto, creadas por personas que no tenían prácticamente contacto con el Mediterráneo, acaban llamando tanto la atención a estos habitantes del Mediterráneo casi globalizados que terminan en el otro extremo.
¿Todos estos hallazgos constatan que la navegación, en este caso por el Mediterráneo, era fundamental en aquella época, probablemente la principal vía de intercambios comerciales y culturales?
Sí. Para situarnos, estamos hablando de un período situado entre el siglo IX, VIII o VII antes de Cristo; es decir, una época muy pretérita. Prácticamente, se trata de las dataciones más antiguas de yacimientos ya muy desarrollados de España. Y esa es una época verdaderamente activa en todo el Mediterráneo. Efectivamente, gracias a estas transacciones comerciales y a estos contactos, el Mediterráneo -que para la época antigua no dejaba de ser complicado, aunque ya los griegos habían hecho mucho comercio- se empieza a convertir en un “pequeño mar” en el cual, se puede comerciar desde un extremo al otro. Y eso dará pie después a muchos más contactos: colonias griegas y luego ya romanas, que se convirtieron en los reyes del Mediterráneo.
En el año 2022, el escritor y helenista Pedro Olalla ofreció una charla en Casa Mediterráneo a raíz de la publicación de su libro ‘Palabras del Egeo’, en la que subrayaba la importancia del dominio de la navegación por parte del pueblo griego, lo que lo llevó a convertirse en una potente civilización. Olalla incidió en que existen evidencias de navegación desde el Paleolítico, y los hallazgos de obsidiana (un tipo de roca volcánica) prueban que ya se comerciaba con ella por mar desde hace, al menos, doce mil años.
Estoy totalmente de acuerdo con él. El problema de estos viajes, claro, es que probablemente son bastante únicos, y que no dejan, sobre todo, muchas trazas materiales. Todo lo que es orgánico ha desaparecido y nosotros sólo podemos basarnos en lo que queda material; y claro, a veces subsiste muy poco y luego entra en juego el azar de encontrarlo, de que no se haya destruido en épocas posteriores por mil razones… Pero, precisamente, la cerámica es una de estas cosas. Por eso, voy a centrarme en algo muy humilde, e incluso a veces muy poco atractivo, pero que puede ser absolutamente importante.
Por ejemplo, en este tipo de viajes extraordinarios de los que estamos hablando, una de las pocas cosas materiales que podríamos tener para para demostrar que se han llevado a cabo son los fragmentos de cerámica. Todo lo orgánico ha desaparecido y las cerámicas son muy particulares de cada sitio. Están hechas con la tierra de cada lugar y las arcillas son muy diferentes. Aparte se encuentran las formas características de cada cultura. Y el conocimiento de esto tan básico nos puede ayudar. De hecho, ahora se están haciendo muchos progresos. Hace poco participé en un congreso del Mar Rojo y se hablaba de este comercio impresionante entre China, entre África, entre Grecia, el Próximo Oriente, a veces con cosas maravillosas, como piedras preciosas, pero en otras ocasiones simplemente con cuatro fragmentos de cerámica hallados, que venían de la otra punta del mundo. Y por desgracia, es lo único que nos queda como prueba de que ese viaje “extraordinario” de verdad se produjo.
Ha mencionado que ciertos objetos de cerámica que pueden parecer modestos o hasta insignificantes, tienen mucha importancia porque nos dicen mucho de su finalidad y de cómo era la vida en una época. ¿Nos puede ofrecer algunos ejemplos de esas piezas de cerámica?
Precisamente una de las formas que encontramos en la Península Ibérica son las jarras de alabastro, muy famosas. Algunas están en el Museo Arqueológico de Granada. Algunas de esas jarras de alabastro están imitando un tipo de jarras que se producían en un taller del Alto Egipto, en Medamud, muy cerca del templo de Karnak; al otro lado está el Valle de los Reyes, para que nos podamos situar.
Esas jarras, a priori, eran contenedores para guardar agua, vino o transportar algún tipo de líquido. Y, sobre todo, una de sus características más importantes es que están hechas de un tipo de arcilla que permite la evaporación, lo que posibilita que el líquido siempre esté fresco. Muchas veces les digo a los estudiantes: “Esto es la tecnología del botijo, ni más ni menos, que en la península conocemos muy bien”. La cualidad de los botijos es que el agua va a estar siempre bastante fresca. Eso se consigue porque tiene un tipo de arcilla concreta y precisa. Allí también descubrieron que ese tipo de arcilla servía perfectamente para el transporte y la conservación de productos.
Otra de sus cualidades radica en que se trata de una arcilla muy clarita, blanquita, parecida a la del botijo y a veces recuerda a la piedra. Muchas de esas jarras se han encontrado en necrópolis reales, por ejemplo, en Nubia, en Sudán, al lado de copias en piedra. Es decir, que hubo una transmisión, no sabemos muy bien si de un lado a otro, pero llevaron a la conclusión de que ese tipo de envase era muy bonito, de una calidad excelente y se convirtió en una forma casi icónica. Es algo parecido a lo que nos pasa a nosotros con las botellas de vino o de champagne: que siempre las asociamos con una forma concreta. No vamos a meter un buen vino en una botella de plástico, sino en una como Dios manda, y siempre con la misma forma. A ellos les pasó lo mismo y esta idea de la forma la transformaron en piedra, en otros materiales y llegó hasta la otra punta del Mediterráneo.
Estas creaciones de jarras en piedra para colocarlas en una necrópolis, ¿obedecían a una razón estética para demostrar el prestigio de la persona allí enterrada?
Exacto. Evidentemente, la piedra cuesta más encontrarla que la arcilla. Además, tiene una serie de cualidades. Algunos tipos de piedras son bastante resistentes, aunque éstas de alabastro son relativamente blanditas, pero en cualquier caso poseen belleza. Quienes hayan visitado el Museo Arqueológico Nacional -pondré fotos en la conferencia- habrán visto que estas jarras son blancas e incluso a veces tienen un tono tirando a dorado. Son muy bonitas y tenemos que pensar que las culturas antiguas, como muchas culturas tradicionales que todavía existen, le daban mucho sentido al simbolismo en conceptos, incluso en ocasiones, mágicos, de ritual. El hecho de que fueran blancas también puede tener una connotación sagrada. Por consiguiente, tiene su lógica que estos objetos los encontremos en las tumbas.
Y en el caso de las de la Península Ibérica, ha sido algo extraordinario encontrar una piedra que no existía en este territorio, con inscripciones en jeroglíficos. Era algo que venía de un sitio muy exótico, casi mítico, y el hecho de que ese objeto lo tuviera un personaje importante de la sociedad del momento, prácticamente equivalía a poseer un tesoro en oro.
En Villajoyosa se encontró una cantimplora de fayenza con inscripciones de jeroglíficos.
¿Podría citar ejemplos de yacimientos arqueológicos del Levante español donde se haya encontrado algún objeto de cerámica con influencia egipcia o procedente de Egipto?

necrópolis de Les Casetes, Villajoyosa.
Museo Municipal de Villajoyosa – Fuente: MOOCreligiones en España (ull.es)
Eso es algo que estoy todavía investigando. Es difícil porque, sobre todo, tenemos muchos objetos fenicios o imitaciones fenicias. El problema de la cerámica egipcia es que hasta hace pocas décadas prácticamente no se estudiaba y por ello no la podíamos definir. Por ello, es complicado identificar este tipo de importaciones. En períodos posteriores está mucho más claro. Por ejemplo, en la Península Ibérica tenemos ánforas de vino egipcias, pero estamos hablando ya de la época bizantina en adelante. No obstante, en etapas más antiguas, como éstas de las que estamos hablando -el siglo VIII y VII antes de Cristo- es muy posible que haya piezas de cerámica, pero todavía no se han identificado.
Sí se han registrado muchas piezas fenicias de cerámica. Lo que me lleva a pensar que es muy posible que hubiera ese tipo de piezas de cerámica es el hecho de que hayamos encontramos esos otros materiales que han llamado más la atención y que nos hablan claramente de una referencia egipcia. Y en la Península también somos muy ricos en escarabeos de fayenza que vienen de Egipto, en amuletos, en cantimploras… Por ejemplo, en Villajoyosa se encontró una cantimplora de fayenza con inscripciones de jeroglíficos. Es decir, se están descubriendo piezas importantes desde un punto de vista histórico y de una gran belleza. Pero claro, como decía, la cerámica es muy humilde. Muchas veces pasa desapercibido un fragmento que es un poco raro y al desconocer de dónde viene se deja aparte hasta que se consigue encontrar a una persona que lo sabe identificar.
Lo que está contando es muy interesante porque, por ejemplo, cuando una persona visita un museo arqueológico al observar piezas o fragmentos de cerámica, si éstas no vienen acompañadas de información sobre su procedencia, material, utilidad o simbolismo no le puede dar la importancia que tiene.
Efectivamente, voy a poner ahora un ejemplo que, aunque no es relativo a la cerámica, sino a otro material, creo que nos permite visualizar muy bien lo que acabas de decir. Se trata de unas cuentas de un collar; unas pequeñas bolitas azules de vidrio que se encontraron en una tumba de la Edad de Bronce -estaríamos hablando del 1.400 antes de Cristo- en Dinamarca. Cuando las analizaron, descubrieron que el componente con el que estaba hecho ese cristal procedía de Egipto. Son cuentas que, en la época de Akenatón y Nefertiti, para que nos pongamos en contexto, atravesaron todo el Mediterráneo, recorrieron Europa y llegaron hasta Escandinavia. Pero eso, si lo ves sin información en el museo, son sólo dos puntitos azules en el fondo de una vitrina, que no te dicen nada. Sin embargo, si lo pones en su escala, en su contexto, te quedas impresionado. Cuando te imaginas los miles de kilómetros que tuvieron que recorrer, cómo, en qué manos, quién los llevaba, por qué… se abre un mundo casi de película.
Si se conoce la historia que hay detrás de una pieza arqueológica, ésta adquiere un valor, el visitante la puede disfrutar y enriquecerse con nuevos conocimientos sobre el pasado de la humanidad.
Totalmente. Me ha pasado muchas veces que he sido bastante crítica en algunas colecciones de museos. No me sirve para nada que me pongan una pieza, me da igual la que sea, y que solamente se identifique con un texto que diga: Vasija número de inventario no sé qué, 1500. No. Debe especificarse: para qué servía, qué es lo que significa, por qué está ahí. ¿Se exhibe sólo porque está entera? No, dime qué es lo que hay detrás para que yo lo pueda poner en su contexto, en su dimensión. Eso es lo que a veces nos falta.
No me gustaría acabar la entrevista sin antes preguntarle por los proyectos en los que está actualmente involucrada.
Estoy involucrada en varios proyectos. En Egipto, principalmente en dos, aunque luego hay otros proyectos colaterales. Uno es el yacimiento de Medamud, conocido porque era un templo que estaba cerca de Karnak, en Luxor, en el valle del Nilo. Ahora lo que estamos investigando es la vida cotidiana allí, en el contexto de una ciudad pequeñita de provincias, pero que muchas veces no nos podemos imaginar en el antiguo Egipto porque solemos fijarnos en lo grande y no en lo pequeño. Este lugar fue muy importante desde el punto de vista artesanal, en cuanto a la fabricación cerámica, cómo se producía, tanto a nivel técnico, como humano; quiénes eran esos artesanos y cómo lo hacían.
También estoy inmersa en otro proyecto que está en contacto con aquél y es complementario: el “Proyecto Djehuty”, una tumba que, en realidad, es toda una necrópolis que abarca prácticamente desde el 2200 antes de Cristo hasta la época romana. Y permite comparar ambos proyectos porque está al otro lado del Nilo. Así, tenemos una perspectiva de la vida más común en una pequeña ciudad, frente a un enclave real y todo lo que ello conlleva.
Además, estoy dirigiendo varios proyectos sobre producciones de otros materiales como el vidrio y técnicas de producción en Egipto. De forma adicional, colaboro con un proyecto de la Universidad Autónoma de Barcelona en la necrópolis de Saqqara, con otro en el Templo de Kom Ombo y con uno más en el Sinaí, pero bueno, esos ya son pequeños trabajos puntuales.
Bueno, veo que no se aburre. Además, si no lo he entendido mal, hasta la fecha no se han desarrollado demasiados estudios arqueológicos centrados en la cerámica.
Así es. En estas últimas décadas este campo se está desarrollando más y hay un número considerable de especialistas en la materia. Pero es verdad que nos quedaba un camino por recorrer enorme, porque mientras que en el mundo romano y en el mundo griego, la cerámica es algo común y normal que todo el mundo tenía que conocer, en Egipto al haber pirámides y faraones, ¿para qué estudiar cacharros rotos? Risas.
Entiendo. Como Egipto tiene tantas pirámides, templos, tumbas, obeliscos, momias y objetos de todo tipo, el estudio de la cerámica quedó relegado. Entonces, ¿ahora sí que se le está dando la importancia que merece?
Efectivamente, ahora se le está dando más relieve, sí.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo.