Almudena Ariza: «El objetivo no debe ser llegar los primeros para explicar lo ocurrido, basta con llegar a tiempo y tratar de ser los mejores en contarlo»

El próximo encuentro del ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ contará con la participación de la corresponsal de RTVE en París, Almudena Ariza, uno de los rostros más populares de la televisión de nuestro país. La veterana periodista ofrecerá su visión sobre el estado la profesión periodística y de la actualidad internacional que tan bien conoce tras más de dos décadas en la cadena pública. La sesión, organizada en colaboración con la Universidad Miguel Hernández, podrá seguirse el martes 13 de abril a las 11:00 h. a través de la web de Casa Mediterráneo.

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, Almudena Ariza comenzó a trabajar en TVE a los 25 años. En su extensa trayectoria ha sido editora y presentadora del Telediario en diferentes etapas y ha presentado ‘Informe Semanal’. Como reportera ha estado en decenas de coberturas informativas en todos los continentes, cubriendo desastres naturales, conflictos armados y todo tipo de acontecimientos, con especial sensibilidad hacia los temas de interés social. Ha sido corresponsal en Asia Pacífico, con sede en Pekín, y en Nueva York. Actualmente ocupa la corresponsalía de París, desde donde sigue informando a los espectadores con su particular estilo claro, ameno y directo. 

Su trabajo ha recibido numerosos reconocimientos como la Antena de Oro 2010; Premio por la cobertura en Afganistán del Ministerio del Interior 2009; Premio Club Internacional de Prensa al Mejor Corresponsal 2011; Premio al mejor reportero de la Academia de la Televisión 2011; Premio Derechos Humanos del Consejo General de la Abogacía Española 2012; el Premio Nacional de Periodismo Pedro Antonio de Alarcón; o el XVII Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara en 2020. 

¿Cómo una estudiante de guitarra clásica y flamenca ha acabado recorriendo medio mundo como reportera, enviada especial y corresponsal de TVE?

Desde pequeña soñaba con ser concertista de guitarra flamenca. Mi familia es de Cádiz y en mi casa era habitual cantar y bailar flamenco. A mí me gustaba la idea de coger mi guitarra y poder dar vueltas por el mundo pisando escenarios. Era muy tímida pero, en cambio, el micrófono no me imponía tanto como las personas. Lo descubrí cuando me presenté a unas pruebas para un programa de radio musical. Yo tenía 17 años y lo que veía como un trabajo temporal para ganar algún dinerillo se fue convirtiendo poco a poco en algo más serio. La radio me enamoró desde el primer día y fui aparcando mi idea de ser concertista. Así que empecé periodismo y continué en la radio, en Informativos. Un día, también casualmente, apareció la televisión en mi vida. Empecé como presentadora cuando en realidad lo que más me atraía era el periodismo en terreno. Eso llegó con el 11S, mi primera gran cobertura internacional, y donde comenzó la parte más apasionante de mi labor periodística.

Su debut ante las cámaras de televisión fue junto a Jesús Hermida en ‘Diario noche’. ¿Qué destacaría de esa etapa junto al mítico periodista?

Trabajé apenas unos meses con él pero lo suficiente para darme cuenta de que era un genio de la comunicación. Me hizo un gran regalo sin yo saberlo entonces. Me prohibió usar el teleprompter así que todas las entradillas “las llevaba en la cabeza” y apenas me permitía tener papeles encima de la mesa. Así que aprendí a improvisar delante de la cámara y a no tener miedo al vacío de no llevar nada escrito. Desde entonces, en rarísimas ocasiones salgo con un papel en la mano.

[su_quote]Cuando la noticia deja de importar es cuando, probablemente, la población más abandonada está y más necesita ser escuchada.[/su_quote]
Almudena Ariza en una de sus coberturas internacionales

Como reportera usted ha cubierto guerras como la de Afganistán e Irak. Cuando los conflictos armados acaban normalmente decae el interés de los medios sobre las situaciones de posguerra. Sin embargo, usted vuelve para informar de las circunstancias que atraviesa la población tras el trauma vivido. ¿Cuál es la importancia de ofrecer este tipo de informaciones?

He vuelto en algunas ocasiones para hacer seguimiento de hechos como el tsunami de Indonesia, el de Japón, el terremoto de Haití…Volvía al mes, a los tres meses, a los seis meses, al año, etc.

Es importante volver a esos lugares porque cuando la noticia deja de importar es cuando, probablemente, la población más abandonada está y más necesita ser escuchada. Pero claro, es una apuesta costosa que pocos medios pueden afrontar.

Sus coberturas de terremotos como los de Turquía, Irán o Haití en ocasiones han durado meses, permitiendo comprobar la evolución de las crisis. ¿Los medios españoles en la actualidad favorecen hacer este tipo de seguimiento u optan por coberturas más efímeras?

Las coberturas son cada vez más efímeras por falta de recursos y porque vivimos inmersos en la urgencia informativa y con la presión de la inmediatez. Todo lo queremos contar ya y ahora, aunque no lo contemos demasiado bien. Y lo que pasó hace unos días ya nos parece viejo o te dicen que “eso ya está contado”. Hemos acortado la vida de los hechos noticiosos y eso conlleva una simplificación y una banalización de la realidad que resulta peligrosa. El objetivo no debe ser llegar los primeros para explicar lo ocurrido, basta con llegar a tiempo y tratar de ser los mejores en contarlo.

[su_quote]Creo cada vez más en un periodismo que ayude a mejorar el mundo.[/su_quote]

Como enviada especial, en América Latina ha informado sobre la situación de los indígenas en Guatemala, las maras en Centroamérica, la vida en las favelas de Brasil o la pobreza en El Salvador y Nicaragua. ¿Cree que el periodismo puede contribuir a cambiar situaciones de injusticia?

Creo cada vez más en un periodismo que ayude a mejorar el mundo. Hay compañeros que realizan una labor extraordinaria, pero también hay muchos medios que fomentan el ruido, la intolerancia, la crispación, la división… y que utilizan la intoxicación informativa. Y hay también una instrumentalización del periodismo por parte de los políticos. Leo a menudo ataques injustificados a medios que algunos políticos realizan seguramente no porque lo crean, sino para subirse a la ola de populismo imperante.

Entre 2010 y 2012, siendo corresponsal de TVE para Asia-Pacífico, en China realizó numerosos reportajes eludiendo la censura del régimen de Pekín. ¿A qué intentos de control informativo tuvo que enfrentarse?

El control era diario y no se ocultaba. A veces nos seguían coches de la policía secreta, especialmente cuando íbamos a algún rodaje que no era del gusto del régimen. Nos daban “toques” sobre el riesgo de hablar de determinados temas y dejaban caer la posibilidad de quitarnos el visado. En más de una ocasión policías de paisano nos impidieron rodar y nos exigieron que les entregáramos el material… Es también muy habitual que corten las señales de los canales internacionales cuando abordan temas que al Gobierno chino no le gustan… Todo esto formaba parte de la rutina diaria.

En dos ocasiones logró entrar en Corea del Norte. ¿Cómo consiguió acceder a un país vetado para los periodistas? ¿Logró obtener declaraciones de una población atemorizada por la férrea dictadura?

No fue mérito mío. Fue una visita “preparada” por el Gobierno para mostrar cierta apertura, pero lo que vimos fue estremecedor. Un país cuyo régimen mata de hambre a sus ciudadanos porque la mayor parte del presupuesto lo emplea en mantener uno de los Ejércitos más poderosos del mundo. Es una cárcel para 22 millones de personas, donde expresar una opinión te puede condenar a prisión de por vida, donde a los desertores se les ha llegado a ejecutar en la vía pública y sus familiares han sido enviados a campos de concentración, donde se prohíbe a los ciudadanos viajar, reunirse, usar Internet…Ellos llevan años confinados mucho antes de que existiera el Covid. 

[su_quote]Aprendí mucho en Japón de resiliencia, de serenidad ante la desgracia, de aceptación del dolor y la fatalidad y del manejo de las emociones.[/su_quote]

En Japón informó sobre el accidente nuclear de Fukushima provocado por un terremoto el 11 de marzo de 2011, recorriendo los pueblos abandonados de la zona. ¿Qué sintió al transitar por esos lugares fantasmagóricos afectados por la radiación nuclear?

Era extraño. Todo estaba desierto y había un enorme silencio. Los campos seguían siendo verdes y en las localidades de alrededor veías multitud de casas, todas bonitas y cuidadas, al estilo japonés. Así que el cuadro resultaba pintoresco pero al mismo tiempo había algo distópico en ese vacío, en la ausencia de vida. Porque todas las localidades de alrededor de la central habían sido desalojadas. Recuerdo solo a algunos mayores que se mantuvieron en sus casas y hablamos con ellos. Nos decían que, básicamente, les quedaba poco tiempo de vida y no les merecía la pena comenzar a vivir en otro lado. Aprendí mucho en Japón de resiliencia, de serenidad ante la desgracia, de aceptación del dolor y la fatalidad y del manejo de las emociones. 

Durante su etapa como corresponsal de TVE en Nueva York, entre otros temas, ha tratado el problema de las armas de fuego en Estados Unidos. Ha acudido a lugares donde se han producido tiroteos masivos como Parkland (Florida), donde se ha creado un movimiento contra las armas denominado ‘Never again’. ¿Por qué resulta tan complicado que prosperen medidas legislativas para el control de armas en el país?

Por el formidable poder de lobby que tiene la NRA, la Asociación Nacional del Rifle. Son 5 millones de miembros y tiene un enorme poder en Washington. Invierten mucho dinero en campañas, así que hay muchos políticos que les deben parte de su carrera. Y luego está la cultura de las armas, tan arraigada en muchos estados, donde la población siente que cuanto más armas tiene más segura está. Es muy difícil escapar de todo eso.

Desde agosto de 2019 es corresponsal de TVE en París. ¿Qué destacaría de la sociedad francesa y de la forma de gobernar de Emmanuel Macron?

Hay una frase lapidaria que he oído muchas veces: “Francia es ese paraíso donde la gente cree vivir en el infierno”. Me sigue sorprendiendo que en el país con la mayor protección social del mundo los niveles de descontento sean tan elevados y esté tan instalado el pesimismo. Habrá que ver qué ocurre cuando el Covid empiece a controlarse y la gente salga “de sus madrigueras”. Se adivina una época de profunda crisis y de gran tensión social porque las ayudas no durarán siempre y las arcas del Estado se empezarán a vaciar. Y Macron se juega su futuro en las presidenciales del 2022… y no queda tanto.