Ana Isabel Páramo: «Uno de los mayores retos que tenemos en España es la falta de concienciación y de conocimiento de la Inteligencia Económica»

La Inteligencia Económica es un concepto algo confuso y quizás poco conocido en nuestro país. Sin embargo, su conocimiento y puesta en marcha, tanto en el sector privado como en el estatal, resulta crucial para poder anticiparse a posibles escenarios de futuro caracterizados por la incertidumbre y la volatilidad. Básicamente, se trataría de la obtención de información para la toma de decisiones, transformándola en ventaja empresarial. La Inteligencia Económica tiene un claro componente estatal, por lo que su objetivo sería ayudar al proceso de toma de decisiones de la política económica de un Estado.

Con el propósito de conocer el funcionamiento, las implicaciones y la importancia de la Inteligencia Económica, el Observatorio Geopolítico de Radix Intelligentia y Casa Mediterráneo, con la colaboración de la Universidad de Alicante, organizan el Seminario sobre Inteligencia Económica en el Mediterráneo. La institución diplomática con sede en Alicante acogerá el evento el 12 de marzo a las 18:30 horas, con la participación de destacados expertos en la materia: Ana Isabel Páramo Carretero, Omar A. Moreno y Ezequiel Parra, a quienes presentará el profesor de la UA y presidente de Radix Intelligentia, José Sanmartín. Al evento se puede asistir mediante inscripción en el correo electrónico contact@radixintelligentia.org (el plazo termina el 8 de marzo) y se emitirá online. La sesión podrá seguirse de forma telemática a través de este enlace: youtube.com/watch?v=6WQ_fueptmY

En esta entrevista, Ana Isabel Páramo, analista de inteligencia, formadora especializada en análisis de inteligencia y mentora en inteligencia corporativa, nos explica en qué consiste la Inteligencia Económica, su utilidad, sus retos y en qué medida se está aplicando en España y los países de la región mediterránea.

Inteligencia Económica es un término no muy extendido en nuestro país, que en ocasiones se suele confundir con el de Inteligencia Empresarial e Inteligencia Competitiva. ¿Qué es la Inteligencia Económica y en qué se diferencia de los citados conceptos?

La Inteligencia Económica, tradicionalmente, y si miramos el Glosario de Inteligencia, que es uno de los referentes en cuanto a terminología propia de la inteligencia, nos dice que es la que realizan los Estados para defender los intereses económicos nacionales. Ahora bien, la Inteligencia Económica, hoy en día, ya es tanto la que realizan los Estados como las empresas o cualquier tipo de organizaciones con fines de salvaguarda de los intereses económicos. De manera que la Inteligencia Económica es tanto la que llevan a cabo los Estados, las agencias de inteligencia públicas, como las que efectúan las empresas.

Mientras que la Inteligencia Empresarial hace referencia a la Inteligencia Económica privada, hecha por empresas; son prácticamente sinónimos, así como de la Inteligencia Corporativa. Las empresas tienden a identificar su unidad de inteligencia con una Inteligencia Corporativa. Y la Inteligencia Competitiva es aquélla que mira al entorno competitivo, es decir, a clientes, a proveedores, a competidores, tanto reales como potenciales, de manera que podemos decir que ésta es una parte de la Inteligencia Económica.

En cuanto a su aplicación en el ámbito estatal, ¿España dispone de un Sistema de Inteligencia Económica?

En estos momentos, desde mi punto de vista, lamentablemente España no cuenta con un Sistema de Inteligencia Económica. Sí que es cierto que hay instituciones públicas que realizan Inteligencia Económica. El caso más claro es el del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), que tiene atribuida por ley esta competencia: usar la inteligencia para defender los intereses económicos y la estabilidad financiera de España. Una cosa es decir que no tenemos un Sistema de Inteligencia Económica del que disponen otros países y otra cosa es afirmar que nadie hace Inteligencia Económica en el país. Además, hay otras instituciones públicas, como el Sepblac, que hace Inteligencia Financiera, que es el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias y el Servicio de Vigilancia Aduanera, que fundamentalmente realiza ciertas actividades de obtención de información, más que de valoración de inteligencia, con la finalidad de evitar la entrada de mercancías ilícitas en territorio nacional.

¿Qué herramientas se suelen emplear en la Inteligencia Económica para analizar información y poder anticiparse a posibles escenarios de futuro?

Todas las herramientas que, de alguna manera, la imaginación y la mente humana sean capaces de diseñar. Es verdad que hay unas herramientas de análisis, que ya están muy estudiadas y sirven para diagnosticar o anticipar. Obviamente, cuando estamos hablando de fomentar la anticipación, que es la esencia de la inteligencia, acudiremos sobre todo al diseño de escenarios y a técnicas de prospectiva, dependiendo del ámbito en el que nos estemos moviendo y hasta dónde queramos llegar. Con independencia de que existan estas herramientas (hay bastantes y están muy bien estructuradas), si alguien piensa que un procedimiento es bueno para anticiparse al futuro, bienvenido sea. Ojalá se nos ocurrieran muchos y pudiéramos probar que son medianamente efectivos. Lo importante es que haya una metodología de análisis y que no nos limitemos al “yo creo que va a pasar”, porque si no, no podremos revisar posibles errores.

Esas herramientas deben seguir unos parámetros éticos y legítimos. ¿El espionaje sería una forma ilegítima de obtener información?

Por supuesto. Cuando hablamos de Inteligencia Económica o de Inteligencia sin calificativos, sea jurídica, militar o del tipo que sea, tanto pública como privada, orientada a la obtención de ese conocimiento útil, siempre debe ser dentro de la legalidad, porque para eso estamos dentro de un Estado de Derecho. Si no se ajustara a la legalidad, hablaríamos de figuras delictivas como el espionaje. La inteligencia, como cualquier actividad en un Estado de Derecho, tiene que estar sujeta a la legalidad. El CNI, por ejemplo, tiene su propio código ético, que hace referencia a la inteligencia pública, pero además las empresas también tienen un código de conducta y se cumple o se ha de cumplir, de lo contrario tendrían que responder ante la ley.

Países como Francia están bastante avanzados en el desarrollo de sistemas de Inteligencia Económica. ¿Otros países de nuestro entorno, en concreto los de la región mediterránea, están apostando por este campo?

El caso más conocido es Francia, que tiene un sistema muy bueno de Inteligencia Económica. De hecho, su centro de formación en Inteligencia Económica se llama Escuela de Guerra Económica. De modo que va incluso más allá. Pero además de Francia, me gustaría mencionar a Italia, quizás una de las desconocidas en cuanto a sistemas de Inteligencia Económica pública, que suele ir asociada a un desarrollo también en el ámbito privado. Eso, por hablar de dos vecinos mediterráneos europeos, pero Marruecos, por ejemplo, también apuesta por la Inteligencia Económica. Y Argelia tiene, de alguna manera supongo que inspirado por la ideología francesa como antigua metrópoli, unidades de Inteligencia Económica y prospectiva, de carácter público. No sólo debemos centrarnos en países mediterráneos de nuestro entorno europeo, sino que si estamos hablando del Mediterráneo también tenemos que saber lo que hacen en la parte sur.

¿A qué retos se enfrentan los servicios de inteligencia occidentales relacionados con la economía, con implicaciones en la seguridad nacional, como la transferencia de tecnología, espionaje a empresas nacionales…?

Los retos son muchos. El primero al que nos enfrentamos, y creo que ya lo estamos sufriendo, es la cadena de suministro, además de los que has mencionado. La ruptura en la cadena de suministro tiene un alto impacto en la seguridad de los intereses nacionales, prácticamente de todos los países. España y todo el arco mediterráneo lo pueden sufrir. España, no solamente como país, sino también como miembro de la Unión Europea. Lo estamos viendo con el conflicto en el mar Rojo y, sobre todo, por nuestra dependencia de muchas materias primas que vienen de Asia, y más específicamente de China, aunque no olvidemos que India también está ahí.

Y luego, por supuesto, como muy bien decías, otros desafíos son los ciberataques y el mundo del espionaje. Hay bastantes más casos de espionaje de los que nos pudiéramos imaginar. Lo que ocurre es que algunos trascienden y otros no, pero al final la lucha por llegar primero y en mejores condiciones a cualquier adelanto tecnológico o de cualquier otro tipo están ahí. Y las empresas hacen lo que pueden o lo que quieren, y en algunos lugares con unas limitaciones mayores o menores.

Ante todos estos retos, ¿en España existe formación específica en Inteligencia Económica?

Existe formación en materia de Inteligencia Económica, pero me gustaría hacer dos matizaciones. Uno de los mayores retos que tenemos en España es la falta de concienciación y de conocimiento de la Inteligencia Económica o Corporativa. Entonces, independientemente de que haya oferta en formación, si no se sabe que existe y que es útil, ¿hasta qué punto se va a asistir a las formaciones? Es verdad que prácticamente casi todas las grandes empresas, y me refiero a las del IBEX, tienen su unidad de inteligencia y conocen su utilidad. También algunas de sectores estratégicos como la industria de defensa. Pero fuera de este círculo hay pocas empresas medianas y pequeñas que tengan conocimiento de la Inteligencia Económica, de que les puede resultar útil y de que es accesible en todos los sentidos. Y a todo esto se añade otro reto: el miedo. En inteligencia lo que suele trascender a la opinión pública son los fracasos y los escándalos, que ocasionan que las empresas tengan miedo porque no les queda claro su legalidad.

En cuanto a la formación, ¿hay oferta de Inteligencia Económica en España? ¿Hay másteres? Oficiales, que yo sepa, sólo existe el de la Universidad Nebrija de Madrid, pero hay otras formaciones en Inteligencia Económica. Concretamente, en la Comunidad Valenciana se ofrece un Máster en la Universidad Jaime I de Castellón y formación específica en la Universidad Autónoma de Madrid. Y hay instituciones más pequeñas, no universitarias, que también imparten formación en inteligencia. Poco a poco va calando. Yo confío en que, a medida que aumente la sensibilización del colectivo empresarial, crecerá la demanda de esta formación y, por tanto, también la oferta. Insistiría en que sensibilizar es el primer paso, porque si no conoces algo, no vas a sentir la necesidad de usarlo.

Cuando el foro Mesías Marca España presentó uno de sus últimos informes sobre la percepción del empresariado español que sale al extranjero, uno de los puntos que más demandaban los empresarios era la inteligencia, porque lo que decían era que les faltaba información útil para poder actuar en igualdad de condiciones con las empresas de otros países. Esto ya por sí solo es un dato que revela que hay empresas en estos procesos de internacionalización que se han dado cuenta de que este tipo de información habría sido útil y la echan en falta. Ésta es una pincelada que evidencia que se siente la necesidad, pero si no sabes que existe un producto que puede darte resultado, no lo vas a buscar.

¿Esta demanda de información por parte de las empresas se reclama al Estado?

Sí, la reclaman al Estado. Si una empresa española va competir, por ejemplo, con una empresa francesa, si no es grande, ni tiene su propia unidad de inteligencia, ni está en un sector de los estratégicos, probablemente ni sepa que puede recurrir a inteligencia pública para poder tener las mismas condiciones que su competidor. Entonces, volvemos al punto de partida: la falta de concienciación sobre la existencia y la utilidad de la Inteligencia Económica, y la necesidad de vencer el miedo a sufrir un escándalo, que es lo que suele trascender en prensa.

A ello se une el hecho de que la inteligencia ha de ser, ante todo, discreta, con lo cual los éxitos apenas de conocen. Suelo equiparar el departamento de inteligencia, ya sea empresarial o estatal, con el de informática. Cuando todo funciona bien, nadie se acuerda del departamento de informática, que vela por que todo funcione. Pero el día que funciona mal, todo el mundo lo critica. Es así de ingrato. No obstante, nadie renunciaría a un departamento de informática por que un día se cayera la red. Ojalá lleguemos al punto en el que alguien diga: “No voy a renunciar a tener una unidad de inteligencia o a que alguien me la produzca de forma externalizada, por que un día haya un error”.