Andrea Spinelli: “Las redes fantasmas son un tipo de contaminación invisible”

Alrededor de 640.000 toneladas de redes de pesca, abandonadas o perdidas accidentalmente, acaban cada año en el fondo de los océanos, según los informes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Estas redes cubren áreas cada vez más grandes de paredes y fondos rocosos que destruyen de forma gradual toda forma de vida, especialmente corales y peces que quedan atrapados y asfixiados por las mismas.

Los hermanos Andrea y Marco Spinelli, originarios de Sicilia, conscientes de esta problemática, que presenciaron directamente en el fondo marino del Golfo de Cefalù, emprendieron en el año 2020 la “Misión Eurídice” con el fin de extraer las redes de pesca que estaban mermando la biodiversidad de la zona y elaborar un estudio científico de sus efectos sobre la flora y fauna íctica.

Fruto de dos expediciones realizaron el documental titulado “Redes Fantasmas. Misión Eurídice”, que se proyectará el miércoles 13 de julio a las 19 h. en Casa Mediterráneo, con la participación de Andrea Spinelli, responsable del proyecto, y de la investigadora Dyana Vitale, que cuenta con la colaboración del Oceanogràphic, Cressi Sub, la Universidad de Valencia y Ogyre. El documental se emitirá en italiano y español con subtítulos en inglés. En esta entrevista, Andrea Spinelli nos avanza algunas de las claves del proyecto.

¿Cómo surgen la misión Eurídice y el documental “Redes fantasmas”?

Mi hermano y yo somos originarios de Sicilia y todos los años buceamos en el entorno en el que hemos crecido y pasado nuestra infancia. Buceando en el Golfo de Cefalù, nos habían hablado de un sitio de gran biodiversidad, con una población de corales y gorgonias impresionante, muchísimos peces… En 2020 descubrimos este lugar, pero al descender lo que nos encontramos fue un espectáculo dramático. Esperábamos ver rocas con corales y peces y en su lugar nos topamos con redes de pesca abandonadas, las llamadas “redes fantasmas”, que cubrían y asfixiaban el fondo marino. Había peces atrapados y corales cubiertos por las redes.

A partir de ahí surgió la idea de hacer un cortometraje titulado “Redes fantasmas”, de tres minutos de duración, para dar a conocer esta realidad y sensibilizar a la gente. Este es un tipo de “contaminación invisible” porque se encuentra bajo el mar y sobre todo porque es poco conocida, al estar fuera del alcance de los ojos del ser humano.

El vídeo lo enviamos a muchos festivales internacionales, con gran éxito. En 2021 nació la idea de retirar las redes fantasmas que estaban en el fondo marino de Cefalù, pero en plena pandemia fue imposible encontrar financiación y decidimos hacer una colecta. Lanzamos una campaña de crowdfunding [micromecenazgo] con la que conseguimos donaciones de unas mil personas, así como el apoyo del Oceanogràphic de Valencia desde el punto de vista logístico, la aportación de material de buceo por parte de Cressi Sub y la financiación de una parte del proyecto por Ogyre, una empresa que utiliza plásticos recogidos del mar para reciclarlos y hacer bañadores.

Así se creó un verdadero equipo de buceadores, científicos e investigadores, formado por cuatro personas: Dyana Vitale, investigadora y buceadora; Carlos Taorá, buceador profesional responsable de las actividades de buceo del Oceanogràphic; mi hermano Marco, encargado de las grabaciones submarinas; y yo. La primera campaña se centró en explorar el lugar y estudiar los protocolos para la extracción de las redes. Y la segunda consistió en la propia retirada de las redes y en la realización del estudio científico sobre su impacto ambiental.

Remoción de redes fantasmas en el marco de la Misión Eurídice – Imagen del documental «Redes fantasmas».

¿Qué dificultades tuvisteis para extraer las redes del fondo marino y grabar las imágenes del documental?

Cuando comenzó el proyecto decidimos hacer una primera expedición con el fin de estudiar el fondo, medir las redes y las rocas y empezar a desarrollar un verdadero protocolo para la extracción de las redes fantasmas. En junio de 2021 realizamos pruebas debajo del agua para poder cortar las redes de pesca en varios tramos, porque eran muy grandes, enrollarlos y empaquetarlos de una manera muy delicada, ya que bajo las redes había muchísimos organismos, sobre todo corales. Dos personas se encargaban de ir cortando las redes y recogerlas despacio, y otra iba liberando a todos los organismos que estaban atrapados. Cuando ya teníamos la red empaquetada, la metíamos dentro de unos sacos de malla que fabricaron unos pescadores, y los guardábamos en el fondo del mar. Al hacer este tipo de trabajo se levantaba muchísimo polvo en suspensión y eran los momentos más difíciles porque prácticamente no se veía nada, ni a un palmo de la mano. Entonces lo que hacíamos prácticamente era trabajar tocando el fondo y las redes. En estas circunstancias, a mi hermano le resultó muy complicado grabar debajo del agua, con esa nube de polvo en suspensión, así que de vez en cuando se alejaba para tener cierta visibilidad.

La primera expedición nos dio la oportunidad de establecer un protocolo, de manera que ya en la segunda parte de la campaña que hicimos en agosto íbamos bastante más rápidos, en el sentido de que ya sabíamos cómo actuar para remover la red, enrollarla, meterla dentro de los sacos y extraerla.

Integrantes del equipo de la Misión Eurídice.

Las redes de pesca perdidas o abandonadas en el mar, además del daño que ocasionan a las especies marinas, tienen un problema añadido: en su composición hay plásticos que al degradarse se convierten en microplásticos. ¿Cuál es la envergadura de este problema?

Además de extraer redes fantasmas del fondo del mar, hicimos un estudio científico sobre la población de coral que vivía por debajo de las redes. Realizamos otro estudio de la fauna íctica para conocer la biodiversidad que había en el lugar antes y después de la extracción de las redes, con el fin de poder comparar los datos. Y Dyana efectuó un estudio sobre los microplásticos que se podían haber acumulado debajo de la red.

Cogió unas muestras de las rocas y del sustrato que había por debajo de las redes fantasmas y se hicieron análisis para saber si se habían acumulado microplásticos. Como se verá en el documental encontramos microplásticos probablemente derivados de las redes fantasmas de pesca que se habrían acumulado durante su permanencia en el fondo marino. Descubrimos junto con la Guardia Costera que esas redes se encontraban allí desde hacía más de diez años.

Nuestro documental tiene el objetivo de sensibilizar a la gente sobre este tipo de contaminación invisible y sobre los microplásticos. Se trata de uno de los poquísimos estudios existentes donde se confirma que las redes fantasmas pueden degradarse en microplásticos. Y creo que el problema más grave es que la pesca comercial e industrial que se practica en Europa prácticamente no permite utilizar redes de fibra natural, mientras que en países como Indonesia o Filipinas, en el sudeste asiático, aún se emplean este tipo de materiales que no causan contaminación marina.

Redes fantasmas sobre las rocas del Golfo de Cefalù – Imagen del documental «Redes fantasmas».

¿Los estudios científicos que habéis efectuado antes de retirar las redes y a posteriori han evidenciado una mejora de las poblaciones de fauna y flora autóctonas?

, hemos apreciado un gran cambio después de la extracción de las redes. Antes de la remoción, el número de peces era bastante inferior al que contabilizamos después. Se observan resultados positivos desde el punto de vista de la biodiversidad, de la densidad de la fauna íctica y de la biomasa. El estrés generado por las redes fantasmas ha provocado sobre todo problemas en la fauna íctica, que se aprecia en el tamaño de los peces. Creo que se debe a que los organismos más grandes que encontramos estaban siempre atrapados en las redes. Previsiblemente, a lo largo de los años en los que las redes permanecieron en el fondo, los organismos de mayor tamaño murieron atrapados.

En estos momentos hay una buena biomasa, una óptima diversidad en equilibrio, pero el tamaño de los individuos es pequeño. No obstante, hemos notado un cambio positivo también entre los corales. Tras la extracción, hay una población de corales de un individuo por metro cuadrado, una cantidad muy alta para un sitio cubierto de redes fantasmas. Pero todos los corales estaban inclinados hacia abajo, torcidos, debido a que crecían por debajo de las redes.

¿Tenéis previsto que este proyecto tenga continuidad?

Nuestra idea es llevar a cabo un programa más amplio de extracción de redes, con operaciones puntuales entre Italia y España. Lo que más nos ayudaría sería contar con una buena red de contactos de pescadores y de centros de buceo, que son quienes principalmente localizan las redes. Este año hicimos dos extracciones más, de unos 100 y 150 kilos de redes en Sicilia, y tenemos pensado hacer otra en aguas de la Comunidad Valenciana, entre el verano y el otoño.