Ángel Fitor: “El valor de la expedición del Banco Skerki es incalculable porque explica muchas de las razones por las que estamos aquí”

El fotógrafo, biólogo marino y buzo Ángel Fitor ha representado a Casa Mediterráneo en una ambiciosa prospección submarina de la UNESCO dirigida a documentar uno de los principales, más antiguos y desconocidos cementerios marinos de barcos, el ‘Banco Skerki’, situado en una vasta extensión de agua situada entre Sicilia, Cerdeña y Túnez. Casa Mediterráneo representa a España en esta misión internacional de 16 días auspiciada por la UNESCO, que ha contado con la participación de Ángel Fitor (Alicante, 1973), un reconocido profesional habitual de las producciones de la BBC y National Geographic, que acumula premios de fotografía como el World Press Photo, NHM Wildlife Photographer of the Year, GDT European Wildlife Photographer of the Year, Big Picture, National Geographic Photo Contest o Sony World Photography Awards

El Banco Skerki es una zona sumamente peligrosa para la navegación, debido a la presencia de arrecifes y las fuertes corrientes marinas, a lo que se debe su alto potencial arqueológico por naufragios desde la época fenicia. Además de forma más reciente, estas aguas fueron testigo de batallas navales durante la Segunda Guerra Mundial.

Con este proyecto, la UNESCO busca mapear el patrimonio cultural subacuático y crear conciencia a nivel nacional e internacional del valor del mismo en esta ruta marítima tan frecuentada desde la antigüedad con el fin de promover su protección. La misión zarpó el pasado 21 de agosto y finalizó el 4 de septiembre a bordo del buque francés de exploración arqueológica submarina ‘Alfred Merlin’, de 46 metros de eslora, botado este año 2022 y equipado con última tecnología en prospecciones marinas de profundidad. El equipo, formado por arqueólogos y científicos de la UNESCO, ha realizado un mapeo del fondo marino de Skerki y ha documentado los pecios mediante el uso de sofisticados vehículos de control remoto.

El objetivo final es declarar Skerki Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en ese reto están implicados varios países del Mare Nostrum, entre ellos España –que participa en la Convención de la UNESCO sobre Patrimonio Cultural Subacuático de 2001- junto con Argelia, Croacia, Egipto, Francia, Italia, Marruecos y Túnez. Para conocer más a fondo esta misión y los hallazgos de esta primera expedición, que ha contado con la reciente visita del director general de Casa Mediterráneo, Andrés Perelló, y el apoyo del Embajador de España en Túnez, Guillermo Ardizone, mantuvimos una entrevista con Ángel Fitor.

La misión Skerki, entre sus propósitos, se ha marcado descubrir nuevos pecios de los que tan solo había indicios indirectos. ¿Se ha producido algún descubrimiento significativo durante esta ambiciosa expedición llevada a cabo entre aguas tunecinas y sicilianas?

Por lo que yo sé, ya que no soy arqueólogo, sino biólogo, lo único que he podido registrar es el entusiasmo de la gente en determinados momentos, en la parte siciliana, que es la que estaba previamente registrada desde Ballard [famoso oceanógrafo, conocido por su trabajo en arqueología submarina y descubridor del Titanic] simplemente se ha constatado el estado de conservación de lo que ya estaba descrito; allí no se ha descubierto nada nuevo, que yo sepa.

No obstante, en la parte tunecina todo lo que se ha descubierto es nuevo; hubiera o no indicios, lo que es cierto es que nunca se había registrado. En una primera fase se ha barrido el fondo con una tecnología llamada “multibeam”, que es una especie de sónar de barrido que recorre el fondo, ida y vuelta, y va trazando una cuadrícula, un mapa de todo el fondo submarino de la zona que se encuentra bajo el barco. Ahí ha ido apareciendo lo que los científicos llaman una serie de anomalías, pequeños resaltes en el fondo que pueden ser indicios de que allí haya algo, y donde los arqueólogos han considerado que, por los ingredientes que tenía esa anomalía sobre el fondo marino, podía ser potencialmente el resto de algún tipo de pecio.

En una segunda fase, en cada uno de esos puntos que habían marcado han bajado el robot para comprobar a qué correspondía esa anomalía. Y muchas de ellas, efectivamente eran restos de algún barco. Dentro de esas anomalías comprobadas con un robot, se han descubierto barcos de los que no se tenía ninguna constancia de la época contemporánea, del último siglo, pero también se ha hallado en concreto un túmulo de ánforas y un barco de época romana. De modo que, efectivamente, se han producido descubrimientos, todos ellos en la parte tunecina de la extensión.

Restos de ánforas en el fondo del mar – Imagen de la expedición del Banco Skerki de la UNESCO.

¿En concreto, en qué ha consistido su participación en esta expedición y cómo se originó?

La colaboración ha surgido al cien por cien a través de Casa Mediterráneo, con la que entré en contacto gracias a un nombramiento del que tuve el honor en la Universidad de Alicante. Me hicieron miembro el Programa Alumni, que reconoce el talento de profesionales de todos los ámbitos que han tenido éxito o han destacado por algo en sus profesiones. A raíz de aquello se produjo una experiencia de networking y di con Casa Mediterráneo y su director, Andrés Perelló. Surgió justo en el momento en el que se estaba a punto de lanzar la expedición de Skerki. Hubo unas sinergias inmediatas entre un fotógrafo de Alicante especializado en temas marinos y un proyecto de esta envergadura auspiciado por la UNESCO; y con Casa Mediterráneo de por medio se hizo la magia. Esa fue la razón por la que entré a formar parte de la misión.

En cuanto a cuál ha sido mi trabajo allí, yo soy fundamentalmente fotógrafo, más que fotoperiodista. No he trabajado nunca para prensa, sino que lo que hago es fotografía, aportando un poco de cinematografía a la realidad para, sin alterarla, sí ensalzarla con las herramientas fotográficas y algo que puede parecer ordinario convertirlo en extraordinario. Básicamente lo que he hecho ha sido una labor de documentación de todos los trabajos que se han efectuado a bordo. También he tenido la oportunidad de poder sumergirme en un momento puntual para documentar algunos aspectos de los trabajos a bordo –incluso me pude sumergir en el propio Banco de Skerki para tomar algunas fotografías-. Una de las finalidades de mi trabajo es confeccionar una exposición fotográfica que se mostrará en noviembre en París, en la ceremonia en la que se van a publicar todos los resultados de la campaña de la UNESCO en el Banco de Skerki.

¿Qué se siente al fotografiar restos de naufragios, pecios y objetos que estos transportaban en tiempos muy remotos?

Tengo que puntualizar que, en realidad, estoy especializado en fotografía submarina, una de las razones por las que inicialmente me incorporé al proyecto. En sus inicios, este contemplaba la inmersión de buceadores en algunos de los puntos para registrar lo que se iba descubriendo, pero no ha sido una campaña de buceo. No he buceado, no he metido mi cámara en el agua más que en un par de ocasiones y sólo en aguas superficiales. Esta es una campaña de arqueología de aguas profundas y todo se ha hecho con robots; no he descendido en ningún momento a ningún barco sumergido.

En la parte siciliana estábamos trabajando a 850 metros de profundidad, lo que es una auténtica barbaridad, ahí no hay buceador que baje. Y en la parte tunecina los trabajos se han estado realizando a profundidades entre 60 y 100 metros, adonde a pesar de que se puede descender con determinada tecnología ello implica unos riesgos muy grandes, por lo que esta expedición no estaba preparada en absoluto para que bajaran buceadores.

De modo que a nivel submarino todo se ha hecho a través de robots, pero eso no quita para que estuviera presente en la sala de robótica a bordo del barco que controlaba por medio de monitores todas las imágenes que iba aportando en directo el robot y la emoción del descubrimiento ha estado presente. La he podido vivir en persona y también a través de los arqueólogos, que son quienes tienen realmente la sensibilidad para saber qué es exactamente lo que tienen delante. Ha habido momentos de emoción, en los que incluso, sin saber bien lo que estaba viendo más allá de un puñado de ánforas, lo que de por sí es emocionante, al girar la vista observé que algunos de los arqueólogos derramaban unas lágrimas, lo que me hizo pensar que se trataba de algo importante. También cayeron algunas de mis lágrimas por el hecho de compartir la emoción de ese descubrimiento y de esa gente apasionada que estaba allí haciendo realidad el sueño de un proyecto que, por lo que sé, ha estado tres o cuatro años gestándose. Estos quince días han sido sólo la culminación de un trabajo muy largo.

Buque Alfred Merlin – © M. Pradinaud 2022. Imagen publicada en la web de la UNESCO sobre la expedición Skerki.

Antes ha hecho alusión al descubrimiento de tres pecios romanos por expediciones estadounidenses Ballard-MacCann en los años 90. El robot Arthur, utilizado en esta misión para documentar pecios de la plataforma continental italiana, ha vuelto a localizarlos.  ¿Con las nuevas tecnologías que se han utilizado, se han podido documentar mejor estos hallazgos, 30 años después?

Sí. Las tecnologías son distintas y aunque hayan pasado relativamente pocos años y el trabajo de Ballard estuviera muy bien hecho, por ejemplo ha habido algunos pecios que no se han podido encontrar. Las coordenadas que proporcionó en su día Ballard pudieron ser incorrectas por la tecnología empleada, con lo que pudo producirse un desfase y en consecuencia un error en la localización exacta de los pecios. Se ha bajado a esas coordenadas y no se ha encontrado nada en unos casos, en otros sí. Pero también cabe otra posibilidad: oí conversaciones de gente que intentó contactar con Robert Ballard y jamás respondió. Cuando se hacen descubrimientos y se publican para la comunidad científica, siempre cabe la posibilidad de que el descubridor se guarde algo para sí mismo. El hecho de no haber podido encontrar algunos de los pecios que Ballard describió se puede deber a errores de la tecnología por el desfase de los años que han pasado o bien, según las malas lenguas, por esa opacidad en las palabras del oceanógrafo.

[su_animate][su_quote]Un proyecto en mar abierto se asemeja prácticamente a la exploración espacial en el sentido de que son espacios tan absolutamente gigantescos que los recursos que hay que invertir para poder hacer exploración son importantísimos.[/su_quote][/su_animate]

¿Por qué razón Skerki, siendo uno de los principales cementerios submarinos del mundo, sigue albergando pecios sin descubrir?

La razón es muy sencilla: se trata de aguas internacionales y profundas. Lo que implica un esfuerzo de cooperación internacional sin precedentes, que es lo que ha hecho la misión Skerki, y constituye su principal valor. Es el primer intento de cooperación internacional para abordar un proyecto de tal envergadura, en una zona de mar amplísima como es el Canal de Sicilia, con muchas millas. Un proyecto en mar abierto se asemeja prácticamente a la exploración espacial en el sentido de que son espacios tan absolutamente gigantescos que los recursos que hay que invertir para poder hacer exploración, sea en el Canal de Sicilia o en cualquier otra parte del mundo, son importantísimos. El esfuerzo de cooperación internacional, además del sentido de hermanamiento entre países, también implica unos gastos espectaculares para poder acometer una misión así. Y básicamente esa es la razón. Los mares no los conocemos porque nos falta dinero, en cantidades ingentes.

Ante el esfuerzo económico y logístico que implica este tipo de misiones, ¿los restos que yacen bajo las aguas de Skerki son susceptibles de haber sufrido saqueos por parte de buceadores aficionados a lo largo de los años?

Sí, es bastante probable que los haya habido. Es muy difícil documentarlo porque habría que haber encontrado algún pecio con restos de saqueo, como una zona de ánforas con huecos en medio, lo que es tremendamente complicado; o que haya habido algún tipo de incautación a posteriori en tierra de material arqueológico, histórico, ilegal y que se haya podido comprobar que lo incautado pertenece a uno de los pecios que se hayan descubierto. En definitiva, es un trabajo de detectives, básicamente.

La principal amenaza para el patrimonio arqueológico sumergido de aguas profundas, a las que no llegan los buceadores, es la pesca de arrastre. El problema de la conservación del patrimonio cultural no solamente es el saqueo, que puede producirse hasta profundidades de 100 metros como mucho, ya jugándose la vida, sino realmente la pesca de arrastre, un arte que arrasa el fondo y si a su paso encuentra un yacimiento de ánforas lo destrozará. Por lo que he visto allí, no hay constancia de ello puesto que el propio Skerki es un arrecife rocoso que impide que se metan barcos de arrastre; si lo hicieran, perderían las redes.

La propia geología del banco ofrece cierta protección, pero hay que tener en cuenta además que abarca una zona amplísima de mar, mucho más de lo que hemos estado explorando, que solamente ha sido la punta del iceberg. Eso no impide que en otras zonas del banco de Skerki sí se pueda estar produciendo ese destrozo por la pesca de arrastre, aunque no tenemos constancia de la presencia de este tipo de pesqueros en la zona.

Restos hallados en el Banco Skerki – Imagen de la página web de la expedición de la UNESCO.

Otro de los objetivos de la expedición es mapear el patrimonio cultural subacuático y promover su protección. ¿Para que haya una concienciación social, previamente es preciso conocer y valorar lo que se esconde en el fondo del mar?

Es lo más imprescindible porque todo se hace con recursos públicos y en una sociedad civilizada y con democracias avanzadas la política tiene que rendir cuentas ante la sociedad. Necesitamos saber lo que hay, divulgarlo a la sociedad y hacerle entender exactamente cuál es el valor, histórico en este caso, del patrimonio, que no es ni más ni menos que conocer nuestra propia trayectoria como seres humanos a lo largo de la historia, conocer quiénes somos y de dónde venimos. Desde ese punto de vista, el valor que tiene esta expedición es incalculable porque explica muchas de las razones por las que estamos aquí y permite ahondar en terrenos de filosofía, antropología e incluso en cuestiones religiosas. Es un campo fascinante que se abre, poder explicar las razones de nuestra propia existencia, de nuestra propia historia.

Más información:

En la página web de la UNESCO sobre la misión: Underwater Expedition to the Skerki Bank | UNESCO.

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Fotografía superior destacada: Ángel Fitor – Vincent Creuze & Arthur – ROV-DRASSM (c) Manuel AÑÒ – ProdAqua