Ángel García Catalá, comisario de la exposición ‘Las conquistas de la mujer en el trabajo’: “El futuro es en clave femenina”

Casa Mediterráneo acoge la exposición fotográfica ’Las conquistas de la mujer en el trabajo’ que, con motivo del Día Internacional de los Trabajadores, inauguró el 2 de mayo a las 13:30 h. el Director General de Casa Mediterráneo, Andrés Perelló, acompañado de la Presidenta de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante (APPA), Rosalía Mayor, y el Presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig. La muestra, organizada por la APPA, con el patrocinio y apoyo de la Generalitat Valenciana y Casa Mediterráneo en colaboración con la Subdelegación del Gobierno en Alicante, consta de 32 fotografías realizadas por 20 fotoperiodistas de la provincia que reflejan la incorporación de la mujer al mercado laboral y su evolución a lo largo de las dos últimas décadas, mostrando tanto las conquistas alcanzadas como los desafíos a los que aún se enfrentan.

Comisariada por los fotoperiodistas Pilar Cortés Alemañ y Ángel García Catalá, la muestra trata de reconocer la aportación laboral de la mujer a la sociedad y de visibilizar su papel fundamental en una amplia diversidad de profesiones. Las imágenes revelan, asimismo, cómo la presencia de la mujer en algunos sectores ha pasado de ser algo residual y llamativo a aceptarse con total normalidad en apenas 60 años.

Las imágenes que componen la exposición son obra de los fotoperiodistas: Axel Álvarez Amorós, Rafa Arjones Gómez, Ernesto Caparrós Verdú, José Manuel Carratalá Baeza, Pilar Cortés Alemañ, Jesús Cruces Lago, Álex Domínguez Marín, Héctor Fuentes Abia, Ángel García Catalá, Pep García Morell, Joaquín de Haro Rodríguez, Manuel Lorenzo Ramón, Rafa Molina Fernández, José Navarro Urban, David Revenga Gosálbez, Juani Ruz Sillero, Roberto Sánchez Milán, Tony Sevilla Terrés, Juan Carlos Soler Pascual y Antonio Vigueras Espinosa.

Con el fin de conocer más a fondo las características de la exposición mantuvimos una entrevista con Ángel García Catalá. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Alicante y posgrado en Fotoperiodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona, García Catalá ha sido redactor gráfico y editor del diario El Mundo (edición de Alicante), de La Verdad (edición de Alicante), de El Periódico de Alicante y del semanario alemán Costa Blanca Nachrichten (CBN). Actualmente, ejerce como profesor de Geografía e Historia en el IES Tirant lo Blanc d’Elx.

¿Cuáles son los objetivos de esta exposición?

La idea principal era brindar una visión panorámica, blanca y optimista, en esta época tan dura que estamos viviendo de guerras y pandemia. Si miramos los datos estadísticos de la situación laboral de la mujer, todavía hay tanto que hacer… El trabajo precario está básicamente ejercido por mujeres, sobre todo los que no se tienen en cuenta, como los domésticos, de cuidados, etc. Se ha avanzado mucho, pero todavía queda mucho por hacer, con toneladas de documentación que lo evidencian. No obstante, de vez en cuando es necesario pararse y echar la vista atrás para tener una visión vitalista y optimista de las cosas, aunque sólo sea para coger impulso. 

Evidentemente, en 20 o 30 años no se va a recuperar una brecha de 2.000 años. Está claro que las mujeres se han incorporado a un mundo laboral en el que rigen unas normas muy antiguas y masculinizadas, donde no van a poder cambiar las reglas del juego de la noche a la mañana. Se trata de un proceso lento. Aunque nos encantaría que la igualdad fuese ya una realidad, aún queda un largo camino por recorrer. Pese a ello, echemos la vista atrás, veamos de donde venimos. Y no me refiero a las mujeres que estaban en las fuentes de los pueblos con cántaros de agua, sino a un pasado reciente, al año 2000. La mayoría de las fotos son de 2003 en adelante, estamos hablando de las últimas dos décadas. Vamos a ver qué se ha conseguido en este periodo de tiempo, que es mucho, donde hay muchas pioneras y las habrá, porque todavía existen bastantes ámbitos laborales donde las mujeres no están o están representadas de forma muy minoritaria. Date una vuelta por cualquier polígono industrial y verás cuántas mujeres hay: las que sirven las comidas en los restaurantes. Están más representadas en igualdad de condiciones en los ámbitos en los que hay estudios superiores. De hecho, la mayor desigualdad se produce en los sectores que no los requieren. 

En cualquier caso, la exposición trata también de mostrar esta realidad en clave positiva. Vamos a ver a las pioneras en la provincia de Alicante, sin nombres propios. A los fotoperiodistas se les ha pedido que busquen en sus archivos fotografías digitales en color. La digitalización fotoperiodística no se remonta más allá del año 2000, cuando empezamos a cambiar las fotos analógicas por las digitales. En los primeros años la fotografía digital no tenía mucha calidad, de modo que hasta 2004 no disponíamos de imágenes que pudiéramos positivar en grande a buena resolución. Pusimos la línea roja en esa fecha para ver qué habían hecho las mujeres de la provincia de Alicante, en qué ámbitos han progresado o destacado, y en plan documentalista señalamos profesiones que están en los medios de comunicación por diferentes motivos, desde las kellys de hoteles, hasta mujeres ganaderas y agricultoras, científicas, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, policías, guardias civiles, bomberos, etc. Bajo la premisa del eclecticismo, se ha seguido el criterio de la calidad fotográfica a la elección de cada fotoperiodista. Una profesión en la que hay una mayoría de hombres. De hecho, de los 20 fotógrafos que participan en la exposición, sólo dos son mujeres: Pilar Cortés y Juani Ruz. Un ejemplo más de lo mucho que queda por recorrer. Paradójicamente, la elite española del fotoperiodismo actual está integrada por mujeres. Los dos únicos fotógrafos españoles que hay en Magnum lo son: Cristina de Middle y Cristina García Rodero. Sin embargo, cuando bajas al nivel del fotoperiodismo local y nacional, todavía hay una mayoría de hombres. De manera que si vamos a hacer crítica, empecemos por nuestra propia profesión.

Ángel García ante la exposición ‘Las conquistas de la mujer en el trabajo’ – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) publicado en octubre de 2021 revela que cada vez son más las mujeres que eligen los estudios asociados con la salud y los cuidados y menos las que escogen disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), debido a varios factores como la existencia de estereotipos de género que las hacen creer que se trata de profesiones masculinas, la falta de referentes femeninos y las dificultades para compatibilizar estas carreras con la maternidad. ¿Entre las fotografías de la exposición hay mujeres que sí se dedican a estos ámbitos?

Se han roto muchas barreras y al mundo laboral se le ha dado la vuelta como a un calcetín. Si se ha conseguido en muchas profesiones, ¿por qué no se va a conseguir en carreras científicas? De hecho, hay más mujeres que hombres en las universidades. Ahora soy profesor de Secundaria y veo que los chavales están mucho más dispersos, algo que tiene que ver con la maduración personal. En la etapa del instituto, la maduración está exageradamente más avanzada en ellas que en ellos. Por lo tanto, las chicas se toman mucho más en serio sus estudios, tienen mayor rendimiento académico y más posibilidades de escoger las carreras que deseen. El futuro lo veo en femenino. Si analizas la cantera, que es el instituto de Secundaria, el futuro es en clave femenina, sobre todo a nivel de estudios superiores. Chicos y chicas se igualan en la etapa de la universidad, pero ahí ya es demasiado tarde para escoger la carrera deseada.

¿La conciliación laboral y familiar es una asignatura pendiente en nuestro país?

Sí y tiene que ver con el nivel de riqueza. Si nos comparamos con países de nuestro entorno, la conciliación se consigue por negociaciones colectivas. No podemos permitir que las mujeres se enfrenten solas a la dirección de sus empresas. Los sindicatos y los partidos políticos son los que tienen que conseguir esos derechos, unos salarios mínimos dignos en ciertas profesiones. Por ejemplo, la conciliación laboral debería hacerse por decreto, por ley, repartida al 50% entre hombres y mujeres. No podemos pedirles siempre a las mismas que paralicen su carrera profesional uno o dos años, algo que además es inviable en la actualidad.

La sociedad española envejece, como tantas sociedades de Europa occidental. Cada vez las familias tienen menos hijos, porque económicamente no pueden permitírselo. El feminismo debería ser transversal a todos los partidos políticos y aunar a todo tipo de ideologías, liberales, de tradición socialista y obrera, de derechas… A fin de cuentas son los movimientos que han hecho avanzar a las mujeres. Por eso, me parece una desgracia que solo haya ciertos partidos que levanten esa bandera. Debería ser absolutamente transversal, para sacarlo del debate político, porque a todos nos interesa que las mujeres avancen. Si no hay conciliación familiar, si no se apoya económicamente a las mujeres, cada vez van a tener menos hijos, lo que llevará a una sociedad más envejecida, con todo lo que ello implica para el sistema de pensiones.

Otro reto es la brecha salarial existente entre hombres y mujeres. Según datos del Ministerio de Hacienda, en el año 2020 la diferencia salarial anual entre un hombre y una mujer fue de 4.915 euros, lo que equivale a un 28,6%. Se calcula que España necesitaría 105 años para cerrar esta brecha. 

Es un desastre. Si eso lo trasladamos a la cantidad de días que las mujeres necesitarían de media para igualar sus salarios a los de los hombres en un puesto similar estaríamos hablando de una media de 56 o 59 días. Las mujeres deberían trabajar casi dos meses más al año para cobrar lo mismo que los hombres. Es absurdo. Si sales del funcionariado, la enseñanza o la sanidad pública te encuentras con esa realidad. Y eso no va a cambiar de motu propio por parte de las empresas, sino de las negociaciones colectivas, de la política y los sindicatos. 

Por ejemplo, las familias monoparentales, que en España están compuestas por una mujer y un hijo en un 83%, tienen el doble de posibilidades de caer en la pobreza que las familias formadas por dos cónyuges. Además, en España la pobreza afecta especialmente a las mujeres inmigrantes que vienen de fuera de la Unión Europea y están condenadas a desempeñar trabajos en la economía sumergida. 

Esa brecha salarial se está consiguiendo recortar, pero solo en algunos ámbitos. Hay sectores en los que no entran los hombres. ¿Quién tiene un trabajador doméstico? ¿Y los limpiadores de hoteles o colegios? ¿Por qué esos trabajos precarios, mal pagados, con subcontratas, están feminizados? Tal como la realidad, este tipo de exposiciones tiene dos caras: la blanca y la oscura. ¿Dónde pongo el foco? ¿En lo que queda por hacer o en lo que hemos conseguido?

¿Esta exposición muestra ambas caras?

Sí. Las mujeres llevan trabajando duro, al igual que los hombres, desde el neolítico. ¿En qué cabeza cabe que todas las sociedades humanas hayan salido adelante si no es con el trabajo duro de las mujeres? Siempre ha estado ahí, pero invisibilizado o no remunerado. 

¿Qué importancia tienen las palabras a la hora de visibilizar y reconocer el trabajo de las mujeres?

Mucha. La vanguardia del feminismo es la que acuña palabras nuevas, sobre todo procedentes del vocabulario anglosajón: “Techo de cristal”, “mansplaining” [cuando el hombre explica algo de modo condescendiente a la mujer, dando por hecho que él tiene más conocimiento que ella], “acantilado de cristal”… Se definen problemas antiguos con palabras nuevas. Cuando surge una nueva expresión nos paramos a pensar en ello y a intentar comprender lo que hay detrás. 

¿Qué profesiones tradicionalmente consideradas masculinas a las que se han incorporado las mujeres se pueden ver en esta exposición?

Por ejemplo, hay una mujer albañil en la obra, un ámbito esencialmente masculino, policías, una bombera… La foto en la que se ve a una mujer más descontextualizada es en la de la obra, asomada a un andamio, resulta realmente impactante. No obstante, ser pioneras en contextos masculinos en ocasiones puede tener un precio alto. Los ámbitos masculinos muy cerrados muchas veces crean espacios sin oxígeno, irrespirables, y creo que lo mejor que podría ocurrirles a esas profesiones es que entren más mujeres.