Teniente General Francisco Gan Pampols: «La Federación Rusa, heredera de la Unión Soviética y la Rusia de los zares, siempre ha querido tener a los potenciales enemigos alejados»

La última sesión del ciclo ‘Geoestrategia y el Mediterráneo’ abordó un tema de máxima actualidad: las “Implicaciones geoestratégicas del conflicto de Ucrania en el Mediterráneo”. Para analizar un tema tan complejo y de múltiples vertientes, contamos con un ponente de excepción, el Teniente General (en la reserva) D. Francisco Gan Pampols, quien participó el pasado 26 de abril en la sede de esta institución diplomática en una charla moderada por el General (en la reserva) Demetrio Muñoz ante un auditorio lleno. El encuentro, celebrado de manera presencial y emitido en directo en streaming, está disponible a través del canal de YouTube de Casa Mediterráneo.

Tras unos meses de máxima tensión y sucesión vertiginosa de los acontecimientos, cuando se cumplen 63 días de la invasión rusa de Ucrania, mantuvimos una entrevista con Teniente General D. Francisco Gan Pampols con el fin de conocer su visión del conflicto y su particular impacto en el espacio Mediterráneo.

D. Francisco Gan Pampols nació en Figueres (Girona) el 25 de abril de 1958 y pertenece a la XXXV promoción de la Academia General Militar. La vida profesional del Teniente General está muy ligada a dos áreas muy concretas, la primera la montaña, fue Teniente, Capitán, Comandante, Teniente Coronel y Coronel de Unidades de Montaña, prestando servicio en el Pirineo desde Cataluña y Aragón hasta Navarra. Esta vocación montañera la trasladó al ámbito personal, formando parte durante muchos años del Grupo Militar de Alta Montaña (GMAM), con el que recorrió los cinco continentes subiendo a los picos más altos de todos ellos, desde el Kilimanjaro hasta el Everest. Al alcanzar el generalato mandó como General de Brigada la Subdirección de Doctrina y la Academia General Militar, como General de División el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas y como Teniente General el Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad  (CGTAD) de la OTAN en Valencia. Ha participado en misiones en el exterior en Bosnia y Herzegovina (dos rondas), Kosovo y Afganistán como jefe del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT, siglas en inglés). Está en posesión de diversos cursos militares, es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la UNED y ha recibido diversas condecoraciones civiles y militares, tanto nacionales como extranjeras.

Encuentro con el Teniente General Francisco Gan Pampols celebrado en Casa Mediterráneo, presentado por Francisco Alcaraz, responsable de proyectos de la institución, y moderado por el General Demetrio Muñoz – © María Gilabert / Revista CM

El Presidente Vladimir Putin esgrimió la intención de Ucrania de adherirse a la OTAN como una de las principales razones de la invasión de Ucrania. Moscú sostiene que la OTAN se comprometió a no expandirse hacia el este. ¿Qué hay de cierto en esa afirmación? 

Hasta donde yo sé, nunca hubo un documento escrito en el que quedara reflejado con toda claridad esa hipótesis. Se alude a un acuerdo que se estableció inicialmente entre el Presidente Bush padre y Mijaíl Gorbachov, y posteriormente entre el primero y Yeltsin, a raíz de un acuerdo sobre la desnuclearización de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética para que el control sobre las armas nucleares quedara sólo en manos de una de ellas, que era la Federación Rusa. Estas dos ocasiones se citan como el foro en el que se trataron estos temas, pero no existe ningún respaldo documental. No hubo un tratado. Se viene a explicar que fue un acuerdo de caballeros, pero la diplomacia normalmente, cuando se trata de asuntos tan sensibles, procura dejarlo siempre registrado.

Más allá de la intención de Ucrania de adherirse a la OTAN, de las acusaciones de Putin hacia el régimen ucraniano de nazismo y de que éste reprimía a la población ruso parlante de la región del Donbás, argumentos de Moscú para justificar la invasión, ¿cuáles considera que son las verdaderas razones de esta guerra? ¿Al Presidente ruso le mueven sus ansias de expansión?

Sí, es una expansión, clarísimamente. Desde mi punto de vista se conjugan hasta cuatro causas distintas. Por una parte, una recuperación de la influencia económica, porque Ucrania es un país rico y en colaboración con la Federación Rusa hay una sinergia muy importante en cuanto a materias primas y elaboradas como acero de alta calidad, salida al Mar Negro, etc. Ese sería el trasfondo económico de una acción de este tipo. Hay que tener en cuenta que la parte más rica de Ucrania es la rusófona, la línea que va de Járkov a Odessa, cogiendo primero el Mar de Azov y luego la ribera del Mar Negro. Es la zona económicamente más boyante y además la que garantiza la salida al mar de productos como el trigo, el maíz, el acero, el carbón y otra serie de productos minerales que exporta Ucrania. Por otra parte, se encuentra el aspecto de la seguridad. La Federación Rusa, heredera de la Unión Soviética y la Rusia de los zares, siempre ha querido tener a los potenciales enemigos alejados, o bien por grandes accidentes geográficos como océanos, o bien por Estados que sean colchón, que actúen como hinterlands entre la tierra corazón, que para ellos es Rusia, Bielorrusia y Ucrania, y el resto. Por eso existía el Pacto de Varsovia, por eso existió el Muro [de Berlín], por eso se expandió inicialmente hacia el Este hasta Kamchatka y hacia el Sur con las repúblicas de Asia Central.

Un tercer aspecto es el relativo al paneslavismo. Rusia lo percibe como una traición al concepto de eslavo, a la hermandad eslava o al paneslavismo –eslavos hay en bastantes lugares, no sólo en Rusia; recordemos que Serbia es eslava, Yugoslavia se llamaba la “Tierra de los eslavos del Sur”, esa es su tradición-. Y por último, habría un aviso a navegantes: “Cuidado con salir de mi esfera de control, porque tiene un coste”. Este mensaje va dirigido a las antiguas repúblicas de la Unión Soviética, a los “tanes”: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Y a Moldavia: “Ojo con los devaneos de aproximarte más, que ya te costó Transnistria en 1992″. Es otra advertencia a Georgia, a Armenia y a Azerbaiyán para que no se inclinen demasiado… y al Cáucaso en general.

El Teniente General Francisco Gan Pampols acompañado del General Demetrio Muñoz en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Revista CM

¿Vladimir Putin midió las consecuencias de la invasión de Ucrania pensando que la conquista del país sería más sencilla y fulminante? 

Creo que ha habido un error de gran calado. El documento interno que se mueve a esos niveles es el juicio de inteligencia y el que se ha hecho ha sido malo por erróneo y, sobre todo, muy alejado a la realidad a la que se han enfrentado. Hay cuatro aspectos de ese juicio de inteligencia que han sido claramente erróneos o mal valorados. El primero es que se ha asumido una sobrecapacidad del Ejército de la Federación Rusa, que no tenía. Ha resultado ser un ejército con una mala logística, con problemas de toda índole, de mantenimiento, de abastecimiento, de transporte, de acondicionamiento, de atención sanitaria… se ha enfrentado a una labor compleja. Se ha hecho una mala gestión de rutas logísticas: se han concentrado muchos medios en unas vías de comunicación que no tenían capacidad, con lo cual se han atascado. Se ha infravalorado la capacidad de resistencia del Ejército ucraniano, que ha resultado ser moderno, muy competente, sobre todo en combate descentralizado.

Se ha hecho una pésima valoración del apoyo de la población ucraniana a la invasión y de la capacidad de liderazgo del Gobierno de Kiev, particularmente del Presidente Zelenski, quien ha resultado ser una persona con unos reflejos increíbles, que ha desarrollado un modelo de liderazgo heroico capaz de galvanizar a la sociedad a su alrededor, convirtiéndose en un referente. Y por último se ha evaluado pésimamente la reacción de las organizaciones internacionales de seguridad y defensa como la OTAN o político económicas como la Unión Europea, que han reaccionado de una forma prácticamente uniforme en la aplicación de sanciones y en la ayuda a través de armas, equipos y fondos económicos a Ucrania para que sostenga el envite de este acto de agresión. 

[su_quote]Hay demasiada flota, demasiado acero flotando en el Mediterráneo, con intereses encontrados, de tal forma que no es descartable que antes o después pueda llegar a haber alguna fricción que desemboque en una acción.[/su_quote]

Siguiendo el título de la conferencia que le ha traído a Casa Mediterráneo, ¿qué repercusiones tiene y tendrá esta guerra en el Mediterráneo?

El Mediterráneo es un mar pequeño y cerrado. No es mucho más grande que la suma de los Grandes Lagos. Tiene muchísimos países en sus riberas, algunos de los cuales son próximos en intereses geopolíticos a la Federación Rusa, influenciados por ella. La Federación Rusa tiene en Siria una base naval en Tartús y una base aérea. El Mar Negro tiene salida al Mediterráneo a través de los Dardanelos. Lo que significa que una flota, que es la rusa, en el Mar Negro transita en el Mediterráneo a través de zonas donde se puede generar conflicto, donde puede haber agresiones de falsa bandera… Es decir, la inestabilidad puede crecer. Y además hay demasiada flota, demasiado acero flotando en el Mediterráneo, con intereses encontrados, de tal forma que no es descartable que antes o después pueda llegar a haber alguna fricción que desemboque en una acción.

[su_quote]Estamos tratando a refugiados sujetos a desgracias de forma distinta según vengan del norte o del sur. Esto tiene que producir una quiebra emocional en el ciudadano europeo.[/su_quote]

A todo ello habría que añadir el elevado número de refugiados que están huyendo a Europa, con el cuantioso coste económico que ello conlleva para las arcas de cada Estado y los efectos de esa acogida por parte de las poblaciones autóctonas.

Efectivamente. Ahora mismo hay una especie de esquizofrenia porque estamos tratando a refugiados sujetos a desgracias, que son las que los han convertido en refugiados, de forma distinta según vengan del norte o del sur. Esto tiene que producir una quiebra emocional en el ciudadano europeo. Nos definimos como justos, no racistas e imparciales, pero resulta que para unas circunstancias nos movilizamos todos de una forma o de otra. Un ejemplo bastante reciente es la crisis de refugiados sirios a raíz de la guerra civil en ese país, ante la que reaccionamos de una forma bastante distinta. Eso hay que colocarlo en su justa dimensión y establecer mecanismos que nos hagan ser más justos, más equitativos y más transparentes.

Y además hay que tener en cuenta el coste que va a suponer todo esto, que inevitablemente va a repercutir en la capacidad de actuación de Europa en otras crisis, porque se va a llevar una ingente cantidad de recursos. Estamos hablando, solo de refugiados, de cinco millones y medio. Y si sumamos los desplazados, que son mas de ocho millones, estamos hablando de atender a prácticamente 13 millones y medio de personas, un tercio, entre un 30 y un 33% de la población ucraniana que no puede producir, a los que hay que atender porque no son productores de nada, sino reclamantes de todo. Ahora lo único que pueden hacer es colocarse en los países de acogida e intentar integrarse lo más rápidamente posible porque el retorno a corto plazo resulta muy improbable, ya que el nivel de destrucción es muy elevado. Uno no puede volver a un sitio donde no tiene nada.

El efecto económico de este conflicto en el Mediterráneo ya se está produciendo. Por ejemplo, en España aunque no dependa del gas ruso, el precio gas natural licuado que importa se verá incrementado ante la mayor demanda mundial de este recurso.

Sí, nosotros ya estamos inmersos en un proceso de inflación no controlada, rondando los dos dígitos, lo que hace que el colchón económico que podíamos tener para aumentar el grado de solidaridad y compromiso con otros países haya que modularlo porque vamos a tener necesidades internas crecientes. En un proceso como este la sociedad se empobrece. El nivel de ayudas que hay que proporcionar a los nacionales es mayor y los recursos son los que son.

Los precios están subiendo, no solo del gas y el petróleo.

Efectivamente, de prácticamente de todos los productos, los básicos. El modelo de generación de cadena de valor empieza en lo más básico, que es el sector primario: agricultura, pesca y ganadería. Si los piensos que se daban al ganado y que procedían fundamentalmente de soja y maíz de Ucrania ya no llegan porque no se exportan o porque no hay cosecha; si además el carburante que sirve para calentar, para transportar y para reciclar se encarece; el gas, tres cuartos de lo mismo; los productos básicos tienen mayor demanda y menor oferta, esto acaba produciendo una formación de precios donde los costes se incrementan. Es un círculo vicioso y en mundo globalizado como el nuestro, más. Además, los demandantes natos de recursos primarios son los países africanos, que es donde se están produciendo hambrunas, sequías y cambio climático. Lo van a notar. Lo está notando el Programa Mundial de Alimentos ya.