Anna Bosch: “La precariedad económica que padece la industria periodística es la principal coartada contra la libertad de expresión”

Coincidiendo con el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la periodista de RTVE Anna Bosch participará en el ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ el lunes 3 de mayo a las 11:00 h. El encuentro, que cuenta con la colaboración de la Universidad Miguel Hernández (UMH), podrá seguirse a través de la web de la institución diplomática y sus redes sociales.

Previamente, mantuvimos una entrevista con la veterana periodista para hablar sobre Europa, un tema que conoce muy de cerca (entre otras cosas es coautora del libro ‘Europa soy yo’ y ha recibido el Premio Ernest Udina a la trayectoria europeísta por la Asociación de Periodistas Europeos de Cataluña en 2020), y la actual situación que atraviesa el periodismo.

Anna Bosch inició su carrera periodística en el mundo de la radio, primero en Antena 3 Radio, después en Cadena 13 y la Cadena SER de Barcelona. De 1992 a 1994 formó parte del equipo que puso en marcha la cadena de televisión Euronews. Está especializada en información internacional, labor que ha desarrollado como corresponsal de RTVE en Moscú (1998-2000), Washington (2004-2009) y Londres (2009-2013) y enviada especial. Entre sus coberturas se encuentran acontecimientos de calado histórico, como el proceso de paz en Irlanda del Norte, los últimos años de Yeltsin y los primeros de Putin, la segunda guerra de Chechenia, el segundo mandato de George W. Bush, la ascensión de Barack Obama a la Casa Blanca y las dos últimas elecciones de EE.UU., con las victorias de Donald Trump y la más reciente de Joe Biden. 

Como enviada especial ha cubierto atentados y catástrofes naturales, y actualmente forma parte del equipo del espacio televisivo ‘En Portada’, especializado en reportajes de actualidad internacional. Anna Bosch es coautora del libro ‘Europa soy yo’ (5W, 2020), junto al periodista Pablo R. Suanzes, donde reflexionan sobre el Brexit, el euroescepticismo, la pérdida de confianza en las instituciones y el trabajo periodístico en grandes capitales como Bruselas, Londres y Moscú. Entre los reconocimientos que ha recibido por su trabajo se encuentra el Premio Madariaga de Televisión otorgado en 2013 por la Asociación de Periodistas Europeos.

El 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que este año tiene como lema «La información como un bien común”. Esta fecha es una ocasión para evaluar la libertad de prensa a nivel mundial y, entre otras cosas, rendir homenaje a los periodistas que han perdido la vida en el desempeño de su profesión, como tristemente acaba de sucederles a los reporteros españoles David Beriain y Roberto Fraile en Burkina Faso. ¿Cuáles considera que en estos momentos son las principales amenazas a la libertad de prensa en el mundo? 

Yo distinguiría dos tipos de amenazas a la libertad de prensa. Una es física, la amenaza de acabar con tu vida o secuestrarte en zonas de guerra, de conflicto o de insurgencia o en dictaduras y regímenes poco democráticos. Recordemos la cantidad de periodistas que han sido asesinados en el ejercicio de su profesión. En la Unión Europea hace pocos años, en 2017, asesinaron a la periodista Daphne Caruana cuando investigaba un caso de corrupción en Malta. No hablemos ya de Rusia. Anna Politkóvskaya es el caso más conocido. Fue famosa por investigar y denunciar los crímenes que se cometían en Chechenia. La amenaza más absoluta es la posibilidad de que acaben con tu vida. La amenaza del secuestro supone un grado menos de peligrosidad porque en principio “sólo te secuestran”, pero con ello infunden miedo y eso lleva a que muchos medios no manden periodistas a cubrir determinadas zonas. 

Y estos últimos años están creciendo la amenaza económica y psicológica. No hay peor enemigo en una democracia, donde al ejercer el periodismo no te juegas la vida, que si escribir sobre determinadas cosas ponga en riesgo tu sueldo o directamente tu puesto de trabajo. Y sabes además que si te quedas en paro va a ser muy difícil encontrar otro empleo que te permita llegar a fin de mes. Ésa es una forma de coartar la libertad de prensa en la que el periodista se autocensura, pero no sólo él, sino también el medio de comunicación. En estos momentos, absolutamente todos los medios de comunicación tienen problemas económicos. Dependen de la publicidad, de subvenciones de organismos públicos y de préstamos bancarios, con lo cual va a ser difícil que mantengan su libertad de información cuando hay de por medio intereses que afectan a quien les presta esos créditos, a quien les da las subvenciones o a quien les pone publicidad en sus medios. 

Otra amenaza a la libertad de prensa es el acoso psicológico, que desgraciadamente ahora se está produciendo en las redes sociales. Hay diversos estudios que constatan que somos las periodistas mujeres quienes más acoso sufrimos en las redes sociales, fundamentalmente en Twitter, en función de lo que publiquemos.

A veces queda la idea de que la amenaza a la libertad de expresión es sólo que te peguen un tiro o te secuestren y no es así. En estos momentos, en los sitios en los que afortunadamente no te juegas la vida, la coacción se ejerce de otras maneras, con el riesgo de que mañana te vayas a la calle y te quedes sin trabajo. Eso, al currito. Y a la empresa, con la posibilidad de no concederle más créditos. La manera de conocer las causas de los cambios en consejos de administraciones y en direcciones de muchos medios privados es ir a averiguar qué pasa con su financiación, si ha cambiado el accionariado, si necesitan determinados avales para unos créditos… La precariedad económica que padece la industria periodística en estos momentos en todo el mundo es la principal coartada contra la libertad de expresión.

Anna Bosch – © Diego Castreño TVE

Usted es coautora del libro ‘Europa soy yo’, escrito junto con el periodista Pablo R. Suanzes y publicado en 2020. ¿En los últimos tiempos, especialmente a raíz de la respuesta de la UE ante la pandemia, el sentimiento europeísta se ha visto reforzado entre la ciudadanía frente al euroescepticismo y la desafección a las instituciones comunitarias?

Creo es que una foto compleja y ésa es una de las cosas que Pablo Suanzes y yo destacamos mil veces en el libro. Se trata de una obra de dos europeístas críticos. El hecho de que seamos militantemente europeístas no quiere decir que no seamos muy conscientes de los fallos de funcionamiento y de las meteduras de pata de la Unión Europea. Nuestro europeísmo es tan militante como crítico. 

La gestión de la pandemia, personalmente, la estoy viviendo de una manera muy directa. Mis amistades en el Reino Unido y en Estados Unidos, de mi edad o incluso más jóvenes, ya están vacunadas. Yo no sé cuándo me van a vacunar, igual acaba el verano y aún no me han llamado. Ante esta situación, lo primero que te sale es criticar a la Unión Europea porque recordemos que la gestión de las vacunas se está haciendo a nivel europeo, la disponibilidad no depende de los Estados miembros. Y se han establecido unos baremos y una política de distribución de las vacunas de acuerdo con la filosofía fundacional de la Unión Europea, que es la cooperación. Otra opción era que cada país comprara o produjera lo que pudiera por su cuenta y se las quedara para sí mismo, que es lo que han hecho el Reino Unido y Estados Unidos.

EE.UU. se ha puesto a producir a toda máquina, ha movilizado incluso al Ejército y a toda la sociedad para distribuir las vacunas y no ha exportado nada, ni una dosis. En este caso el Presidente Biden ha aplicado la filosofía de la America first de Donald Trump. En el Reino Unido ha pasado tres cuartos de lo mismo. No han exportado ni una vacuna. Y no sólo eso, sino que también hay un litigio sobre si AstraZeneca ha cumplido o no el contrato con la Unión Europea. 

La UE, por una cuestión de filosofía fundacional de su propia existencia, no ha podido hacer eso. Entonces, de entrada, las vacunas que produce o compra la Unión Europea las distribuye entre 27 miembros, para que no se dé el caso por ejemplo de que estemos el 60% vacunados en España y el 0% en Rumanía. 

Otra lección es que tenemos que invertir más en ciencia, en patentes y en producción, pero también ser conscientes de que como hemos tenido que repartir entre 27 miembros desiguales, que no tienen la misma capacidad para producir y comprar, tocamos a menos por cabeza. Entonces, si los europeos tenemos intención de informarnos, llegaremos a un conflicto entre el egoísmo en el caso de los países que estamos en la banda media, como es el caso de España, y la solidaridad entre los 27 miembros de la UE. Si sales a la calle y preguntas, la mayoría de la gente te dirá que la Unión Europea lo está haciendo fatal, porque en ninguno de los 27 países miembros hay el porcentaje de vacunados que se da en Israel, en el Reino Unido o en Estados Unidos. Es más, se da la circunstancia de que la Unión Europea ha exportado vacunas al Reino Unido y a Estados Unidos. Hay razones para criticar la gestión de la vacunación por parte de la UE, pero tiene que ser una crítica con muchos matices. 

¿Cómo están percibiendo ahora los británicos su separación de la UE? ¿La gestión de la vacunación que ha hecho el gobierno británico ha supuesto un espaldarazo al Bréxit?

Efectivamente, así es. Es palmario. Allí han vacunado a un elevado porcentaje de su población, frente a los datos de la UE. Aunque de nuevo entramos en matices. El Reino Unido ha aplicado el criterio de administrar muchísimas primeras dosis y menos de la segunda para llegar al mayor número de personas, mientras que en la UE, por ejemplo, a la gente mayor se le ha administrado las dos dosis de Pfizer con un intervalo de tiempo menor. El contraste en dosis administradas no es tan espectacular como lo es la cantidad de población totalmente inmunizada. Pero por muy matizado que sea, al final el mensaje que queda es la cantidad de personas a las que ya han pinchado en el Reino Unido. 

Entonces, sin duda, la vacunación ha sido un espaldarazo a la política de Boris Johnson, pero luego por ejemplo en Irlanda del Norte está habiendo dificultades de abastecimiento de algunos sectores, problemas de exportación sobre todo en agricultura y ganadería y se han vuelto a producir incidentes violentos en Belfast y en Derry entre católicos y protestantes. Depende de a dónde mires. Si miras la situación de Irlanda del Norte, la tensión entre católicos y protestantes está peor que antes y recordemos lo difícil que fue llegar a los acuerdos de paz de 1998. 

Y, como decía, en algunos sectores tienen problemas de abastecimiento y en otros de exportación. La exportación, sobre todo a la Unión Europea, se ha encarecido y se ha ralentizado bastante, porque hay mucho más papeleo que hacer. Si preguntas a los sectores que exportan a la Unión Europea el balance es negativo porque les está resultando mucho más costoso y mucho más laborioso exportar. Desde un punto de vista popular se dice: “¿Ves que bien lo estamos haciendo nosotros en cuanto a la vacunación y qué mal lo está haciendo la Unión Europea?”. Pero vas a los exportadores o simplemente buscas en Google “Irlanda del Norte news” y vuelves a ver furgones de la policía incendiados, gente tirándose piedras, cócteles molotov…

[su_quote]La gran lección de la pandemia es que tenemos que invertir más en ciencia y tecnología sin desatender la manufactura.[/su_quote]

Por último, me gustaría preguntarle por la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Washington ha sido un aliado tradicional de Bruselas, pero las medidas unilaterales y la retirada de tratados y organizaciones internaciones con Donald Trump en el poder han marcado sus relaciones en los últimos años. ¿La investidura de Joe Biden como Presidente se percibe como una oportunidad para fortalecer las relaciones transatlánticas?

El lema de la presidencia de Biden es: America is back, es decir, Estados Unidos ha vuelto. El mensaje que desde la campaña electoral, y ahora como Presidente, Joe Biden manda al mundo es: La presidencia de Donald Trump fue un paréntesis, una excepción, volvemos a ser una potencia implicada en la organizaciones internacionales y en el multilateralismo. En el discurso que hizo el pasado miércoles, cuando se cumplía el día cien de su presidencia, al hablar de política exterior mencionó a China y la UE. De modo que la Unión Europea vuelve a estar en el mapa de la Casa Blanca entre sus aliados.

Dicho esto, los europeos no podemos esperar, porque nos engañaríamos, que la política de Estados Unidos vuelva a ser la que fue con Bush padre ni con Clinton. ¿Por qué? Porque la Unión Europea, primero, ha dejado de ser un lugar en el que el comunismo pueda triunfar, con la caída de la Unión Soviética, con lo cual Estados Unidos tiene menos interés en mimarnos, porque ya no hay peligro de que caigamos en manos de ese sistema político. Eso por una parte. 

Y, por otra, Estados Unidos, ya con Bush y especialmente con Obama, ha virado su interés y preocupación a Asia y en concreto a China. El país que más mencionó Biden en su primer discurso a las dos cámaras a los cien días de su presidencia fue China y lo hizo para alertar de que les estaba ganando el siglo XXI, en ciencia, en tecnología… Y quien domine la ciencia y la tecnología en el siglo XXI será quien domine el siglo XXI. Por lo tanto, el interés principal, la obsesión, la preocupación de Estados Unidos en este momento no es pactar asuntos con la Unión Europea, entre otras cosas porque ya es considerada un socio por descontado. El grueso de toda la inteligencia del Gobierno de Estados Unidos está mirando a Asia, a la India y sobre todo a China como competidores. Y en Europa tenemos que ser conscientes de esta situación, lo estamos empezando a ser, pero lo que no acabamos de ver claro es cómo posicionarnos entre esas dos grandes potencias. ¿Vamos detrás de Estados Unidos como un apéndice o encontramos nuestro espacio? 

La gran lección de la pandemia es que tenemos que invertir más en ciencia y tecnología sin desatender la manufactura, porque luego llega una pandemia como ésta y resulta que no tenemos mascarillas porque se producen en China. La pandemia ha puesto en evidencia, de una manera trágica, el nuevo mundo en el que vivimos. Tenemos que generar medicamentos, conocer mejor el cáncer, el Alzheimer, los virus… hay que invertir más. Si no lo hacemos vamos a perder la carrera y a ser insignificantes, no sólo económica sino también políticamente y, más trágico todavía, vamos a ser insignificantes en el cuidado de nuestra salud. 

Fotografía superior destacada: Anna Bosch – © Diego Castreño TVE