Antonio Di Natale: “Los océanos son un sistema imprescindible para la vida de todo el planeta”

Durante unos análisis realizados por la Marina estadounidense sobre grabaciones de cadenas de sensores acústicos colocadas en el Ártico y la zona del Caribe, casualmente, se descubrió que los sonidos emitidos por un grupo de ballenas que estaban en el Ártico eran «respondidos» por un grupo de ballenas que se hallaban en la zona del Caribe. Este tipo de información captada por azar confirma la enorme capacidad de las ballenas para transmitir sonidos de baja frecuencia a distancias muy largas, lo que evidentemente permite intercambios de comunicación entre distintos grupos. Este descubrimiento fue la causa que impidió realizar un gran estudio de las corrientes marinas, que se basaba precisamente en el uso de transmisiones de baja frecuencia y había sido propuesto por el famoso oceanógrafo Walter Munk. El estudio, de gran importancia científica, no se llevó a cabo por el posible impacto negativo que habría tenido sobre las ballenas.

Sorprendentes hallazgos como este son una muestra del enorme desconocimiento que tenemos sobre los océanos. Ocupan la mayor parte de la superficie del planeta, un 71% pero, debido a que gran parte está inexplorado, tan solo conocemos una pequeña proporción de los seres que los habitan, entre el 8 y el 10 %. Especies conocidas y desconocidas que sufren los efectos devastadores de la contaminación, la sobrepesca y el cambio climático. La falta de una regulación mundial ha favorecido que los océanos hayan experimentado una preocupante degradación que afecta sobremanera al conjunto del planeta. Ante esta situación, la regata The Ocean Race, junto a su vertiente deportiva ha puesto el acento en la sostenibilidad medioambiental, con una serie de iniciativas que van más allá de las palabras.

En la actual edición de The Ocean Race, que cumple su 50 aniversario, el Mediterráneo cobra además especial protagonismo, al albergar a las dos ciudades que son punto de salida, Alicante el 15 de enero, y de llegada, Génova, el 1 de julio de 2023, tras seis meses de navegación alrededor del mundo. En este contexto, Casa Mediterráneo acogió el pasado 12 de enero la mesa redonda titulada “El Mediterráneo: inicio y final de The Ocean Race, la vuelta al mundo más dura de la vela”, con la participación de Antonio Di Natale, biólogo marino y secretario general de la Fundación del Acuario de Génova; Carla Nebreda, directora comercial de The Ocean Race, y Tamara Echegoyen, regatista del equipo Guyot Environnement, así con la asistencia de Johan Salen, presidente de The Ocean Race, a quien el director general de Casa Mediterráneo, Andrés Perelló, dio la bienvenida.

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La competición tiene previsto recopilar más datos sobre el Medio Ambiente que cualquier otro evento deportivo en el mundo. Durante su periplo de seis meses, a lo largo de 60.000 Km., los barcos llevarán a bordo equipos especializados para medir una serie de variables que serán analizadas por científicos de ocho organizaciones de investigación con el propósito de conocer mejor el estado del océano. Estos equipos medirán la contaminación por microplásticos, recogerán información sobre el impacto del cambio climático en el océano y recabarán datos para mejorar el pronóstico global del tiempo.

En este marco surge el “Proceso de Génova”, una iniciativa que reúne a expertos internacionales, diplomacia, ciencia oceánica y deporte, cuya finalidad es otorgar una voz al océano. A través de una serie de cumbres y talleres de innovación se redactarán los principios de los Derechos del Océano, que se presentarán en Génova en la gran final y posteriormente, en noviembre de 2023, se entregarán en la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Para profundizar en los derechos del océano, sus principales amenazas y los retos que presenta su conservación mantuvimos una entrevista con uno de los principales expertos mundiales en la materia, Antonio Di Natale.

¿Qué actividades se van a desarrollar en Génova en la actual edición de The Ocean Race, más allá de tratarse del puerto donde tendrá lugar la final de la regata, donde desempeña un importante papel la sostenibilidad ambiental?

Absolutamente. Se está planeando una gran cantidad de actividades. Una de ellas es una cumbre para los derechos del océano, que va a ser muy importante, donde se van a decidir algunos puntos clave. Al mismo tiempo, vamos a celebrar un taller de innovación para ultimar los principios que van a estar detrás de la Declaración sobre los Derechos del Océano. Se va a obtener un documento bastante innovador porque va a comprender los derechos de las poblaciones que viven muy cerca del océano, pequeños pueblos, comunidades de pequeñas islas, normalmente excluidas de cualquier tipo de protección. Y además va a haber una parte medioambiental súper importante, porque no hay tratados en la actualidad que hablen de la protección del sistema del océano: las corrientes, la calidad del agua, la salinidad, las comunidades oceánicas desde el punto de vista de la historia natural, ya que a algunas hay que protegerlas más para que el sistema no se vea afectado. En estos momentos no está contemplado en ningún acuerdo. Hay acuerdos por sustancias químicas, por diversas emisiones, pero no existe otro tipo de protección, que es fundamental porque el sistema océano tiene que funcionar por el futuro del planeta.

Mesa redonda celebrada en Casa Mediterráneo.

La Declaración de los Derechos del Océano se va a presentar ante la Asamblea General de la ONU, en Nueva York. Para que se cumplan esos derechos, se necesita un amplio compromiso de carácter internacional. ¿Cómo se puede conseguir este respaldo?

El sistema es bastante complicado. La idea es poner encima de la mesa de la Asamblea General de Naciones Unidas una petición para solicitar la Declaración de Universal de los Derechos de los Océanos. El principal problema es que se necesita un montón de negociaciones entre países y no todos lo van a aceptar, pero el funcionamiento de la Asamblea General es por mayoría, no por consenso, así como la Corte Penal Internacional y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y algunos no los han aceptado. Hay que ser consciente de ello. Nunca vamos a conseguir que todos los países firmen los Derechos del Océano, pero cuantos más mejor. Hablamos de un sistema que es indispensable para la vida de todos. La pesca es una parte importante, pero pequeña. El sistema océano regula toda la vida del planeta: el clima, la humedad, la lluvia, el agua dulce, las ciudades… si sube el nivel del mar muchos pueblos van a tener problemas. Varias islas, sobre todo en el Océano Pacífico, se van a ver sumergidas. Es bastante grave que no se piense en esto.

¿Cuáles son los principales problemas que afectan actualmente a los océanos?

Los microplásticos y las microfibras son importantes, pero hay otros factores aún más preocupantes. Hay algunos tipos de contaminación que no tienen solución. Los contaminantes persistentes como el PCB o el DDT se quedan en el océano y no sabemos hasta cuándo, porque hasta ahora la naturaleza no ha conseguido intervenir en estas moléculas para cambiarlas. Se mantienen en el océano, también en la tierra, con la misma peligrosidad que tenían al principio. No se van a degradar de ninguna manera. Son sustancias muy peligrosas, cancerígenas, teratógenas… que afectan a toda la cadena alimentaria del planeta y no las podemos extraer una vez que se encuentran en el Medio Ambiente. El DDT del siglo XIX se encuentra ahora mismo en la Antártida, exactamente igual a cómo estaba en su origen. Procede de la agricultura; se utilizaba para luchar contra los insectos. Y los PCB son un subproducto industrial que se ha utilizado mucho; ahora está totalmente prohibido, pero no hay manera de sacarlo del mar.

También hay residuos nucleares y algunos de los isótopos tienen un tiempo de decadencia del 50% en 14 millones de años. Hablamos de cosas que están fuera del control del ser humano. Las pruebas nucleares que se hacen tanto en el mar como en la tierra llegan al agua y son sustancias muy peligrosas. A estas se suman los microplásticos, los nanoplásticos… He mantenido una reunión con uno de los mayores expertos del mundo en virus y bacterias marinas y me ha dicho que cada vez que hace un análisis se encuentra nanoplásticos y residuos nucleares en micropartículas en cualquier parte del océano, incluso en áreas muy profundas. Eso significa que hemos contaminado el océano de una manera sustancial, sin disponer de fórmulas para solucionarlo, de manera que el problema se va agravando. Cada año llegan a los océanos entre 8 y 15 millones de toneladas de plástico de varios tipos, una parte de los cuales vuelven a la tierra con las corrientes, pero otra parte se queda en el mar, se fragmenta, va hasta el fondo… produciéndose un montón de situaciones distintas. Seguimos contaminando y esto no se puede aceptar. Tenemos que bloquear los plásticos lo más rápido posible. Los que están en el mar no se pueden recoger. Y tenemos que ser conscientes de ello, porque hay varias iniciativas de recogida de plásticos, pero son un negocio y un lavado de imagen, nada más, green washing (ecoblanqueo). Buscan mucho dinero para estos proyectos y al final los resultados son cero.

El final de la primera etapa de The Ocean Race Europe desde Lorient (Francia) hasta Cascais (Portugal) en una edición anterior de la regata.

La regata tiene previsto recopilar datos sobre el Medio Ambiente para conocer la envergadura de la contaminación y el impacto del cambio climático en los océanos. ¿Es una oportunidad para recabar información en zonas de difícil acceso de las que se carece de datos?

Hay que tener en cuenta que nuestro conocimiento del océano es muy pequeño. Se considera que en estos momentos sólo conocemos entre el 8 y el 10% de las especies que viven en el océano y de las que habitan en el fondo, muy poco. Tenemos una imagen general de todo, pero una imagen detalla escasa y en áreas muy pequeñas. Sabemos cómo funciona el sistema en general, pero los detalles faltan. El dinero que destinamos para estudiar los océanos es mínimo comparado con las necesidades, pero esto no significa que no podamos hacer algo. En la parte que conocemos, podemos hacer mucho. Y al mismo tiempo, hay organizaciones como The Ocean Race donde cada barco tiene contactos y acuerdos con varias instituciones científicas para realizar una parte de un programa científico que es muy variado, porque cada embarcación tiene el suyo propio, donde analizan la calidad del agua, recogen muestras por todos los océanos, incluso en zonas de difícil acceso y poco conocidas. Se recaba información sobre la presencia de animales como aves, mamíferos marinos, algo muy importante en áreas que son muy poco conocidas… The Ocean Race es consciente de que una regata como esta tiene que dar algo al océano, ya que es el espacio que permite su desarrollo. Su compromiso es muy fuerte. Hay muchas reuniones y, este año en particular, se está dedicando mucho esfuerzo en favor de los derechos de los océanos, pero, en general, siempre tiene un gran compromiso medioambiental.

Se trata de una regata con una enorme proyección y visibilidad internacional, de ahí la oportunidad que supone en el ámbito de la sensibilización institucional y ciudadana.

Involucra a muchos políticos, hay también organizaciones al lado de The Ocean Race, como 11th Hour Racing, que al mismo tiempo está pensando financiar varios proyectos en el mundo de carácter medioambiental… Hay una gran cantidad de actividades que son muy importantes y se ponen al lado de otras, como investigaciones hechas por universidades de todo el mundo, gobiernos, instituciones internacionales… Juntando todas esas iniciativas vamos a tener algo más de conocimiento del océano.

Los Derechos del Océano que se presentarán ante la Asamblea General de la ONU están enmarcados en el Proceso de Génova. ¿Cómo surge?

Había que llamar de alguna manera a toda esta cantidad de iniciativas que se hacían por los derechos de los océanos. Y se decidió denominar “Proceso de Génova” al conjunto de cumbres y talleres de innovación para llevar a cabo la declaración de los Derechos del Océano. Este proceso está absolutamente vinculado a The Ocean Race, tal como lo decidió la organización de la regata con la municipalidad de Génova y con todos los lugares donde haya escalas. Esto significa involucrar a comunidades locales, políticos y científicos de diversas partes del mundo.

Otro problema para los océanos son las redes de pesca fantasma que se pierden de forma accidental en mares y océanos, atrapando a peces y corales. ¿Cuál es la envergadura de este fenómeno?

Es uno de muchos problemas, como la pesca ilegal. El fenómeno de las redes fantasma ocurre en todo el mundo. Los pescadores de vez en cuando pierden sus redes, no de una manera voluntaria, pero se quedan en el fondo, entre los corales, las rocas… Y normalmente el mismo pescador no puede sacarla a la superficie y tiene que cortar la red. ¿Cuál es el problema? Que en ningún país hay un sistema para registrar el lugar donde los pescadores pierden sus redes, por varios motivos: el pescador no va a perder tiempo en declarar ante capitanía marítima dónde la ha perdido, además a veces está faenando en aguas donde no está permitido hacerlo.

Estas redes se quedan en el fondo, se van a cubrir con organismos naturales que las conectan de manera más sólida al lecho marino y, además, por cierto tiempo siguen pescando, matando animales que después sirven de alimento a otros, pero afectan también a los recursos. Es como si hubiera un barco, noche y día, pescando durante años. Esto provoca un daño enorme y la única manera de rescatar estas redes es con submarinistas, pero resulta complicado porque en el fondo cambia el aspecto físico de la red con el tiempo.

Además supone un problema su reciclaje. Hay varios tipos de hilos que se utilizan para hacer redes de pesca y cada uno tiene su forma de reciclaje, algunos más fáciles que otros. Si hay restos orgánicos en la red, hay que limpiarlos antes, lo que incrementa los costes. Si se trata de una red que ha llegado al mar el día antes, no hay problema, se saca y se recicla; pero si lleva muchos años en el fondo, cuando sube a la superficie está totalmente cubierta de organismos. También este fenómeno es objeto de green washing. Todo se puede reciclar, pero si no tiene una economicidad nadie querrá hacerlo. En los años 50, después de la II Guerra Mundial, se produjo un cambio sustancial, porque antes casi todas las redes estaban hechas con sustancias naturales, que fueron sustituidas por plásticos. Esas redes de fibras naturales con el tiempo se deshacían y la naturaleza las degradaba, pero con el plástico no es posible.

¿Sería factible volver a utilizar redes hechas a base de materiales naturales?

Habría que cambiar todo el sistema. Una red natural saca un montón de agua, de modo que su peso es mucho más grande que una de plástico. Hay algún tipo de red de plástico que sí retiene agua, las de multifilamento, que se utilizaba en la pesca de deriva para capturar grandes pelágicos y ahora está prohibidas por otros motivos. Además, las redes naturales tenían un tamaño bastante pequeño, mientras que las de plástico pueden llegar a más de 40 kilómetros. Hay todo un sistema que indica que es muy difícil, aunque no imposible, volver al pasado. Y la economía de la pesca no lo permite.

El mundo ha cambiado mucho, no siempre para mejor, y eso hay que considerarlo. Y la pesca es uno de los grandes temas. Mientras que para nosotros, los humanos, la pesca es sinónimo de comida, importante para la nutrición; para el océano supone sustraer recursos del sistema natural. Somos predadores y necesitamos comer, pero lo justo, y ahí surge un discurso bastante complicado: ¿qué es lo justo? Para un miembro de una comunidad indígena que vive en una pequeña isla es la comida diaria y poco más para hacer intercambios con otros. Para un pescador industrial supone buscar una gran cantidad de pescado para venderlo en los mercados locales, nacionales o internacionales y ganar lo máximo que pueda. Por eso es difícil encontrar un balance que sea válido para todos. Pero se puede hacer y esto falta. Hay pesquerías que están controladas y otras que no lo están en absoluto. La pesca ilegal, no regulada y no registrada, es bastante importante. Según algunas estimaciones, la pesca ilegal puede suponer cerca del 30% de las capturas totales registradas. En algunas áreas es mucho más y en otras mucho menos, pero esto significa que el control de la pesca no es perfecto y tiene muchos problemas. También implica sustraer recursos sin conocer su efecto en el Medio Ambiente. Y carecemos de datos suficientes para conocer la envergadura de este problema, que es muy importante, y se gestiona normalmente por organizaciones regionales e internacionales de pesca que intentan hacer lo que pueden.

Recogida de firmas por los Derechos del Océano:
ONE BLUE VOICE – ONE BLUE VOICE – The Ocean Race 2022-23