Gonzalo Escribano: “El hidrógeno verde permite avanzar en la transición energética en aquellos sectores que son más difíciles de descarbonizar”

La próxima sesión del ciclo ’El Mediterráneo hoy’ abordará un tema de plena actualidad: El corredor mediterráneo de hidrógeno verde H2MED, impulsado por España, Francia y Portugal y sellado en la Cumbre Euromediterránea que tuvo lugar el pasado 9 de diciembre en Alicante. Este acuerdo permitirá el transporte por Europa de hidrógeno verde -combustible generado por energías renovables-, en un contexto de búsqueda de alternativas a las fuentes de energía contaminantes, y convertirá a la península ibérica en uno de los principales hubs energéticos de la Unión Europea.

Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, ahondará en el tema en el encuentro titulado “Declaración de Alicante: Impactos y desafíos geopolíticos del nuevo corredor de hidrógeno verde en el Mediterráneo”, que tendrá lugar el martes 17 de enero a las 19:00 horas en la sede de Casa Mediterráneo.

El proyecto incluye dos infraestructuras transfronterizas, una entre Celorico da Beira (Portugal) y Zamora, y otras submarina, entre Barcelona y Marsella, así como dos ejes troncales. El macroproyecto, que será financiado hasta en el 50% por fondos europeos, permitirá llevar hidrógeno obtenido con energías renovables a la UE. El H2MED sustituye al proyecto Midcat, un gasoducto entre España y Francia a través de los Pirineos, que España y Alemania querían sacar adelante para impulsar las interconexiones gasistas de la Unión, que se topó con la negativa de París. El nuevo corredor podrá transportar el 10% del consumo de hidrógeno verde previsto para la UE en 2030, alrededor de 2 millones de toneladas anuales, según los cálculos presentados por el Gobierno español.

Gonzalo Escribano es catedrático de Política Económica en el Departamento de Economía Aplicada de la UNED. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense, ha sido investigador visitante en Florida State University y en la Universidad Autónoma de Madrid y el CIEMAT, entre otras instituciones, e investigador asociado del Centro Español de Relaciones Internacionales de la Fundación Ortega y Gasset. Habitualmente imparte docencia de posgrado en numerosas universidades españolas y extranjeras sobre geopolítica de la energía y ha participado en diversos proyectos de investigación españoles e internacionales, destacando el VII Programa Marco y el H2020 de la UE. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el premio de investigación del Consejo Económico y Social.

¿Cuáles son las ventajas del hidrógeno verde frente a las energías fósiles?

Lo primero que habría que aclarar es que el hidrógeno verde no es una fuente energética, sino un conducto que permite coger otras fuentes. El hidrógeno verde se obtiene a partir de fuentes renovables, como la eólica, la solar o la hidroeléctrica, y luego se genera con un electrolizador. Hay otros tipos de hidrógeno descarbonizados, que pueden provenir por ejemplo de la nuclear, mediante la electrolisis, o de gas que está descarbonizado. Pero el hidrógeno verde procede de energías renovables y luego por se consigue por electrolisis.

¿Qué ventajas presenta ante las energías fósiles?

El hidrógeno en general, pero sobre todo el hidrógeno verde, presenta una vía de transición y de descarbonización para sustituir, en aquellos procesos industriales muy intensivos en energía y en calor, en la siderurgia, la cerámica, la petroquímica, el cemento, la farmacéutica…, al gas natural. De hecho, el hidrógeno que actualmente se utiliza es básicamente en la petroquímica, sobre todo en las refinerías. Lo que se pretende con el hidrógeno verde es sustituir el hidrógeno que sigue emitiendo carbono a partir de gas o de carbón, para reducir las emisiones y, por tanto, ayudar en el proceso de descarbonización. Por eso es tan importante el hidrógeno verde, porque permite avanzar en la transición energética en aquellos sectores que son más difíciles de descarbonizar al requerir un uso muy intensivo de energía.

¿Qué oportunidades geopolíticas y desafíos representa para Europa el desarrollo de un mercado de hidrógeno verde que integre los recursos energéticos renovables europeos y de los vecinos del Mediterráneo?

Este es un tema bastante complejo y que tiene muchas derivadas, pero en principio si lo que te preocupan son los riesgos y las oportunidades, podemos empezar por estas últimas. Y hay que diferenciar. Lo que parece que tiene sentido, y esta es la senda de evolución del hidrógeno que estamos viendo, muy incipiente todavía, es que en un primer momento todo el hidrógeno verde que se consiga va a estar sobre todo destinado a satisfacer las necesidades de la industria local. Se tiene la idea de una senda de desarrollo en la que se empieza creando clústeres de hidrógeno. Alrededor de esos polos luego van creciendo y escalando hasta generar valles de hidrógeno –hay varios pensados en España, algunos de ellos en la Comunidad Valenciana, en el corredor mediterráneo- hasta generar corredores que unen unos valles con otros. Y en una etapa posterior podemos llegar incluso a proyectos que sean transnacionales, a la exportación o la importación, o a un tránsito de hidrógeno, exportando desde países como España, que tienen buena capacidad, hacia el resto de Europa y más adelante transitando hidrógeno verde que pueda venir del norte de África. Pero se trata de un proceso largo e incierto, del que todavía no sabemos, ni en cantidades ni en tiempo, cómo se va a desarrollar.

Las oportunidades para España son muy importantes. Primero, porque al tener uno de los costes de energías renovables más bajos de Europa, se espera que los costes de generar hidrógeno verde en España sean de los más reducidos también y eso puede ser un factor de competitividad industrial determinante en el medio y el largo plazo. Por eso, constituye una oportunidad fundamental para la industrialización en España, para crear competitividad y tejido industrial y atraer, en la medida de lo posible, inversiones industriales de alto consumo energético hacia nuestro país. Y en un estadio posterior, cuando haya escalado la producción, cuando tengamos capacidad de exportación, incluso se pueden exportar los excedentes y, por tanto, convertir a España en un exportador de hidrógeno verde a nivel europeo, al menos. Estas son las grandes oportunidades.

Los riesgos geopolíticos son si, por ejemplo, Europa opta por una senda de desarrollo del hidrógeno basada en la importación de hidrógeno verde o gris, es decir, sin descarbonizar, o azul, procedente de gas descarbonizado, de Arabia Saudí, del norte de África, etc. En ese caso podemos encontrarnos con la paradoja de que países que tienen unos criterios de sostenibilidad muy elevados, con mucho componente de renovables, como España o Portugal, se vean postergados por la competencia de países en el norte de África, como Marruecos que, por ejemplo, el 80% de la electricidad que genera es con carbón. No tiene mucho sentido que un país que no tiene para sí mismo suficientes renovables las exporte a la Unión Europea. Entonces, hay que fijar unos criterios de sostenibilidad, porque lo que no podemos hacer desde el punto de vista geopolítico es dejar de importar gas de Rusia al comprobar los riesgos que entraña para empezar a importar hidrógeno verde, azul o de otro tipo de Arabia Saudí, por ejemplo. Lo que esto supondría es un cambio de riesgos geopolíticos, mayores o menores, que no nos dotaría de tanta autonomía estratégica.

De modo que entre los riesgos que puede entrañar el hidrógeno verde se encuentra replicar la pauta de vulnerabilidad frente a terceros países, que no son precisamente países con un buen gobierno de los recursos, con unas buenas instituciones, con garantías democráticas, con respeto a los derechos humanos, etc. Se puede correr el riesgo de replicar el mismo modelo asociado al gas, que es el que queremos sustituir. Por eso es importante que haya una dimensión europea local en la medida de lo posible y que sin negarse, por supuesto, a que haya una interdependencia con los países del norte de África y en general del Mediterráneo, será una cuestión de más largo plazo cuando estos hayan desarrollado su sector renovable, hayan abastecido a su demanda local, porque no tiene sentido que sigan quemando carbón, petróleo y gas para exportarnos a nosotros recursos renovables. Esto es lo que se llama “adicionalidad” y por eso es importante fijar unas reglas del juego que no nos vuelvan a generar problemas de seguridad energética como los que estamos padeciendo en los últimos meses.

En este contexto, ¿qué perspectivas ofrece el corredor de energía verde H2MED impulsado por España, Francia y Portugal y sellado el pasado mes de diciembre en la Cumbre Mediterránea celebrada en Alicante?

Es una forma de resolver uno de los problemas que tiene la Unión Europea en su conjunto y es que hay una ausencia de interconexiones entre la península ibérica y el resto de Europa. Interconexiones de gas, eléctricas y, por supuesto, de hidrógeno. De momento, ahora no hay hidroductos nacionales de escala gasista y es lo que se pretende construir. ¿En qué medida aporta oportunidades? La idea inicial era hacer un tubo, un gasoducto, que luego fuera convertible de hidrógeno, pero Francia se opuso a ello y, por lo tanto, la única alternativa ha sido hacer un hidroducto, solamente para hidrógeno, que no pasa por los Pirineos, sino que tiene que ir offshore (fuera de la costa), lo que cual es un reto tecnológico. No se ha construido ningún hidroducto submarino de esa distancia; está por ver cuáles van a ser las cuentas y  si van a salir los análisis coste/beneficio. El proyecto actualmente se encuentra en la fase política. Hay unos estudios preliminares, pero todavía nos falta hacer el análisis coste/beneficio y tener un poco más de detalle de cómo puede funcionar, así como las fechas. Pero, en cualquier caso, es una oportunidad de futuro. Mejor tener un hidroducto submarino en 2030 que no tener nada. Hubiese sido a lo mejor más rápido, barato y óptimo disponer de un Midcat en dos o tres años y convertible en hidrógeno en otros tres o cuatro. Pero es mejor tener un hidroducto dentro de diez años que nada. En ese aspecto es una buena noticia y sobre todo se manda una señal política de respuesta a un problema real para España y para Europa, ya que nuestro país ahora mismo no puede aportar seguridad energética a Europa porque no tenemos interconexiones ni de gas ni de electricidad.

En la medida en la que se da un impulso al desarrollo del hidrógeno, y España es uno de los países que en principio espera obtener más rendimiento y mayores beneficios, también es una buena noticia que la Unión Europea lo apoye y se creen infraestructuras. Siendo buenas noticias y un mensaje político positivo, aunque no tanto como podría haberlo sido, conviene señalar que todo se encuentra en un estado muy incipiente, el desarrollo del hidrógeno plantea todavía muchas incertidumbres y hay que ser cauto.

El corredor de energía verde H2MED acordado entre España, Francia y Portugal provocó discrepancias en cuanto al tipo de hidrógeno que transportaría. Francia pretendía que pudiera llevar hidrógeno producido con energía procedente de sus reactores nucleares (hidrógeno rosa), mientras que España y Portugal querían que se limitara sólo al hidrógeno verde. ¿Este punto se ha solucionado o se encuentra en fase de discusión?

Bueno, no está solucionado ni está en discusión, porque no tiene mucho sentido. Se trata de un tubo que, en principio, estaría pensado para mandar hidrógeno desde la península ibérica hacia Francia, en concreto a un complejo petroquímico cercano a Marsella. No está pensado para exportar hidrógeno rosa francés a España y menos aún teniendo en cuenta el estado actual de la flota nuclear francesa. Las diferencias que hay entre España y Francia respecto a la política nuclear son, desde hace muchísimos años, un factor de enfrentamiento. Ya se reveló en la taxonomía cuando España se oponía a la inclusión de la nuclear y Francia consiguió incluirla. Son diferencias bien conocidas y, sin embargo, yo creo que a este caso concreto, en lo práctico, no se aplica demasiado, porque no se contempla la posibilidad de la exportación de hidrógeno rosa.

El hidrógeno verde forma parte de la estrategia para una Europa climáticamente neutra que presentó la UE en 2020. ¿Las energías renovables tienen visos de ser mayoritariamente implantadas, superando a las energías fósiles?

Eso es lo que se plantea en todos los planes europeos y nacionales. En nuestro PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima), por ejemplo, que va a ser revisado, se va a plantear un aumento de ambición considerable en renovables. El objetivo y todo lo que está planificado es que para 2050 Europa sea neutral en carbono. Algunos países como Alemania incluso lo han adelantado. Quizás España también lo haga. El fin está claro: que las renovables sustituyan casi en su totalidad a los combustibles fósiles. Por eso es tan importante el papel del hidrógeno, precisamente para aquellos sectores de la economía que son más difíciles de descarbonizar, también para el transporte a larga distancia, la aviación o el marítimo. En esos reductos donde va a ser muy difícil electrificar, el hidrógeno presenta muchas oportunidades y es parte de su interés.