El festival de novela negra Alicante Noir continúa su cita mensual con las escritoras Arantza Portabales y Esther Abellán. Tras el éxito de su serie protagonizada por los policías Abad y Barroso, Arantza Portabales vuelve con Asesinato en la Casa Rosa (Lumen, 2025), el primer caso de la inspectora Iria Santaclara, que combina de forma acertada misterio y diversión, y Esther Abellán, presenta su debut en el género con Fue suficiente (Real Noir Ediciones, 2023), una historia poderosa y cruda desde una mirada femenina y poética. Ambas estarán el próximo jueves 24 de abril en Casa Mediterráneo para hablar de literatura y de sus últimas novelas. El evento comenzará a las 19 horas, con entrada libre hasta completar aforo.
Esther Abellán (Villena) es escritora, poeta y actriz. Hasta la fecha ha publicado ocho poemarios, entre los que destaca Alianzas con el aire (Premio Ciudad de Aspe de Poesía 2016). En el campo del ensayo se encuentran las obras Poetas en el Puente de los Espejos y El maestro del laúd sin cuerdas. Haikus de Juan Miguel Asensi (I Premio de ensayo Breve Fundación El Cantarano, 2023). La autora se estrena en el género de la novela negra con Fue suficiente (Real Noir), que la ha llevado a ser finalista en el I Concurso Internacional de Novela Policial Puerto Negro, Valparaíso (Chile).
Por su parte, Arantza Portabales (San Sebastián), licenciada en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, comenzó su carrera literaria en 2013 con la microficción, un género que le ha valido el Premio de Narración Breve de la UNED y el Premio Manuel Murguía de relato. Es autora de la colección de microrrelatos A Celeste la compré en un rastrillo (2015) y del libro de relatos ilustrado Historias De Mentes (2020). En 2015 publicó su primera novela en lengua gallega, Sobreviviendo, que mereció el XV Premio de Novela por Entregas de La Voz de Galicia. Su segunda novela, Deje su mensaje después de la señal, obtuvo el Premio Novela Europea Casino de Santiago 2021.
Con Belleza roja (Lumen, 2019), ganadora del Premio Frei Martín Sarmiento, inició la serie protagonizada por la pareja de policías Abad y Barroso, que continuó con La vida secreta de Úrsula Bas (Lumen, 2021) y El hombre que mató a Antía Morgade (Lumen, 2023). Asesinato en la Casa Rosa (Lumen, 2025) es el primer caso de la serie «Los Crímenes de Loeiro», protagonizada por la inspectora Iria Santaclara. La autora ha recibido, entre otros, el Premio de Novela Europea Casino de Santiago y Tormo Negro Masfarné. En esta entrevista nos adentramos con Arantza Portabales en su última novela y en su trayectoria que tanto éxito le está reportando entre los amantes de la literatura, no en vano ha sido distinguida en 2024 con el premio de la Xunta de Galicia a la autora más leída en los clubes de lectura.

‘Asesinato en la Casa Rosa’ es la primera novela de una nueva saga que tiene como protagonista a la inspectora Iria Santaclara. ¿Cómo nació la idea de esta historia? ¿Hubo algún hecho real que la inspirara para crearla?
Creo que tiene mucho que ver con ‘Succession’ [serie de TV estadounidense], pero a la gallega. No obstante, lo que realmente me impulsó fue salir de la saga anterior. No es que estuviera aburrida de los protagonistas, aunque sí de los escenarios y de sus dinámicas, y me lancé de lleno a hacer una novela negra en un pueblo pequeño, me fui al mío de toda la vida y el de mi madre, Loeiro, y resultó muy emocionante reencontrarme con ese espacio. Y todo junto me llevó a esta trama.
La ambientación juega un papel muy importante en el desarrollo de la historia. ¿Por qué eligió la Casa Rosa y ese pueblo gallego para situar el crimen?
Es muy importante porque me remito a una frase que cogí de la novela Peyton Place: “Pueblo pequeño, infierno grande”. En las grandes ciudades todo se diluye; en los pueblos pequeños todo es superlativo, todos los ojos están encima de todo el mundo, atraviesan las puertas. Todo el mundo sabe lo que pasa de puertas adentro y afuera, y si no lo saben, se lo inventa, que todavía es peor.
La protagonista se encuentra en una encrucijada. Se halla en excedencia como policía para ocuparse de su marido enfermo cuando le ofrecen un trabajo que le puede salvar la vida, aunque también puede comprometerla. ¿A veces es necesario saltarse las reglas por un bien superior o personal?
No, lo que está claro es que todos tenemos un precio, aunque creamos que no. Las situaciones límite nos llevan a actuar de una forma que nunca pensaríamos. E incluso podemos pensar: “Si yo estuviera en esa situación, haría lo mismo”. Y luego, llegado el momento, haríamos lo contrario. Uno no sabe nunca cómo va a reaccionar hasta que llega a ese punto. Las reglas, a veces, no tienen toda la lógica. Obedecen a estándares comunes, que no son aplicables a todas las situaciones.
Por primera vez en mi vida, lo único que quería era pasármelo bien, que la novela fuera divertida, un artefacto de ocio, hacer un noir muy clásico, de señorita Marple a la gallega.
¿En esta novela, qué temas de fondo quería explorar más allá del crimen?
Por primera vez en mi vida, lo único que quería era pasármelo bien, que la novela fuera divertida, un artefacto de ocio, hacer un noir muy clásico, de señorita Marple a la gallega. Pero la verdad es que uno se pone a contar y cuenta la vida, donde hay un montón de temas de fondo. Y en esta novela está muy presente el cuidado, los problemas que tenemos para cuidar de los nuestros. Lo vemos en el caso del marido de Iria y en otro personaje que sufre una discapacidad. Y luego también aparece el análisis de cómo los ricos se creen que lo pueden comprar todo, hasta la verdad. Es la premisa con la que parte Ulises Villamor, que lo único que quiere es saber la verdad, pero sin que conlleve consecuencias. Quiere una verdad privada, sólo para él, comprándola. También surge el tema de la justicia. Uno termina el libro sin saber si la hay, si la justicia de la vida impera, aunque no impere la de los hombres que, en según qué casos, no opera. Esas reflexiones quedan en el aire.
La vida de una familia rica queda muy bien reflejada en la novela. ¿Se documentó para mostrar ese mundo, normalmente bastante cerrado y hermético?
Mira, soy una señora muy ocupada (risas), pero también es verdad que muy poca gente tiene acceso a esos círculos. Acabas conociendo a una persona con dinero, pero a gente multimillonaria de la lista Forbes, no. Suelen ser personas bastante invisibles, que salen en los medios cuando quieren. De modo que todos bebemos del imaginario, de la cinematografía, de los libros… Y tampoco a mí me importa excesivamente que los ricos vivan exactamente así.
Lo que me importa es que el lector de mi libro se crea que los ricos viven de esa manera. Puedes documentarte un montón y plasmarlo perfectamente como si fuera la vida real, pero si no escribes de forma verosímil al lector no le va a impresionar. Para mí, lo importante es que la vida de los Villamor sea verosímil, más que sea exacta a cómo viven los ricos. Esto es un artefacto de ocio y una ficción para pasarlo bien. Y creo que se está cumpliendo, porque el libro ya anda por los tres meses en la calle y los comentarios de la gente son muy buenos. Lo que me dicen es: “¡Qué bien me lo he pasado!”. No aspiro a mucho más, la verdad.
Mis historias no son novelas negras de explorar los bajos fondos, de quinquis, de mafias… Juego un poco al cluedo con el lector.
¿Le resulta difícil llegar a ese equilibrio entre el suspense y el divertimento que ofrece la novela?
Esta novela es la más divertida que he escrito. Tiene un poso de humor súper importante y, sin embargo, eso no quiere decir que los temas duros que se aborden estén tratados de forma jocosa. Creo que en mi vida privada también me ha sucedido así. En los momentos en los que peor he estado, el humor me ha salvado. Tengo que poner humor hasta en los funerales. Creo que ayuda a poner perspectiva, pero eso no significa que los temas tratados son sean duros. También es verdad que mis historias no son novelas negras de explorar los bajos fondos, de quinquis, de mafias… Juego un poco al cluedo con el lector. Al final es un juego y el lector que acude a mis novelas lo sabe, al igual que el que va a las de Agatha Christie, a las de Elizabeth George o a las de Camilla Läckberg.
¿Ese rasgo de la novela negra, en la que se plantean desafíos al lector, que se ve impelido a averiguar quién es el asesino, siguiendo las pistas que le presenta el autor, es uno de sus atractivos? ¿A qué cree que se debe el boom que vive el género?
A que es entretenido. Luego, acabamos no siendo bien vistos, porque somos comerciales. Hay narrativa contemporánea que es bazofia, otra que es maravillosa, al igual que hay novelas negras que son obras maestras de la literatura. Entonces, ante esa sensación de que hay que denostarla, los autores salimos en su defensa, pero yo no lo hago argumentando lo que siempre se dice sobre que es el género que mejor retrata a la sociedad. Es la literatura de todos los géneros la que retrata a la sociedad. Parece que tenemos que defender la novela negra, cuando es un género entretenido, que se vende mucho, que al lector le divierte. Cuando la gente llega a su casa, si tiene la opción Netflix, ha de pasarlo igual de bien con una novela. Y luego, a veces, hay momentos en la vida en los que quiere explorar quiénes somos y de dónde venimos y otros en los que quiere tumbarse y pasárselo bien. Hay miles de perspectivas. Es el eterno debate, que no tiene que ver con la literatura, sino con si la calidad está reñida con lo popular o no. Pasa con el cine y con todo.
Para ir acabando, me gustaría preguntarle por Sinda, también conocida con la Gestapo, una maestra jubilada que conoce todos los secretos del pueblo. Es un personaje secundario que resulta fascinante. ¿Qué papel desempeña en la trama?
Soy súper fan de ella; todo el mundo lo es. Estoy firmando los libros con el hashtag #todassomoslagestapo. Es la eterna curiosa, que se pasa el día espiando a sus vecinos, pero al mismo tiempo quería reivindicar a este personaje, dejando claro que para mí no es lo mismo querer saber que querer saber y juzgar, que son dos cosas muy diferentes. Considero que la curiosidad es innata y humana, aunque hay personas que lo reconocen y otras no. Es algo real. Es decir, cuando pasa una desgracia, todos queremos saber lo que ocurrió. Otra cosa es que no lo manifestemos públicamente. Yo creo que el carácter insidioso viene cuando alguien quiere saber la verdad, juzgarla y estar por encima de las personas a través de su juicio. Eso queda claro en la Gestapo, que es un personaje que cae fenomenal y desde el primer día lo que está diciendo es que quiere saber lo que pasa en la vida de todo el mundo, porque ella no es cotilla, es curiosa. Es la frase de una amiga mía, que reivindico totalmente y, además, con un matiz: quería que fuera ilustrada, que fuera una mujer leída y adelantada a su tiempo, porque una mujer de 76 años, estudiada, en un pueblo de Galicia lo es. Tiene inspiración real -sólo en eso- en una mujer del pueblo, que decía que se había quedado soltera de tanto estudiar. Es un personaje muy agradable y, sobre todo, muy acertado, porque ayuda a poner el punto de equilibrio entre la tragedia y lo que sucede.
¿Nos puede contar algo sobre sus próximos proyectos literarios?
Vamos a resumirlo en una frase: En mi cabeza ya está muriendo gente de Loeiro. Estamos con Iria Santaclara, César Araújo y La Gestapo viendo quién ha muerto en Loeiro y por qué. Es un caso distinto, en el que no aparecen los Villamor, pero sí el desenlace, porque me gustan las tramas autoconclusivas, no dejar a la gente esperando saber qué ha pasado, quién es el asesino.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo.