Boti García Rodrigo: “Es urgente y perentorio la despatologización de las realidades trans”

El 28 de junio se celebra el Día del Orgullo LGTBI, una efeméride a la que Casa Mediterráneo se ha sumado este mes mediante la organización de encuentros y proyecciones sobre los derechos de este colectivo. En esta línea, el ciclo ‘Mujeres y el Mediterráneo’ contempla una charla con Boti García Rodrigo, Directora General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del Ministerio de Igualdad, histórica activista en la defensa de los derechos LGTBI, distinguida entre otros reconocimientos con la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Madrid. El encuentro se celebrará en formato virtual el jueves 17 de junio a las 19 h. en la web de Casa Mediterráneo y sus redes sociales, moderado por la periodista Sonia Marco.

En las últimas décadas, los países mediterráneos han evolucionado en distintas direcciones respecto a la visibilización y el reconocimiento de los derechos del colectivo LGTBI, con el logro de diferentes hitos y aspiraciones todavía por alcanzar. De todo ello, con especial incidencia en la evolución de la situación del colectivo en España, conversamos con Boti García Rodrigo.

Estos días acaba de publicar un libro de memorias titulado ‘Mayo del cuarenta y cinco’ (Dos Bigotes Ed., 2021). Háblenos de este libro y sus primeros años de activismo.

No lo llamaré libro, porque sería una pretensión. Recoge unas memorias de infancia que he dado en llamar “Mayo del cuarenta y cinco” porque es el año en el que nací. Que nadie espere que vaya a hablar de mi época de activista, de las conquistas de la militancia, de las luchas por la dignidad y los derechos… Eso no entra en “mi mayo”. Simplemente es un retrato de mis primeros años hasta que cumplí los 13. Como antecedente de la charla que vamos a mantener, por contextualizar, quiero decir que soy una mujer, madrileña, que nació en mayo de 1945. Una mujer lesbiana que vivió toda su infancia, gran parte de su juventud y parte de su madurez bajo en franquismo. Recojo mi perplejidad durante esos primeros años de vida por las circunstancias en el colegio, cómo traduje aquellas experiencias en las que estábamos inmersas, unas normas difíciles de digerir en un país difícil de digerir. En resumen, lo trato de una manera muy naíf. 

Trato de hacer un ejercicio de memoria imprescindible para las personas homosexuales y en ese paraguas se metía en esos años del nacionalcatolicismo, del nacional patriarcado, a todas las personas de la diversidad sexual y de género. Esos eternos años de la dictadura fueron una época de leyes represoras, punitivas, muy dolorosa, de juzgados especiales, un tiempo de doble vida, de emigrar a otros lugares en busca de un poco de libertad para respirar. Fue una época de delaciones por parte de las familias y los vecinos, de insultos, de palizas, de vejaciones, de desprecio, de torturas… Un tiempo de comisarías, de campos de internamiento, de muerte. Hay un libro de Fernando Olmeda que dice que durante los años 40, 50 y 60 España entera era una cárcel para las personas LGTBI. Y hay que recordarlo, porque tenemos que hacer un ejercicio de memoria. 

Quiero aclarar que cuando hablo de represión, de castigos, de sufrimiento, de palizas y de cárcel para el colectivo LGTBI hay que marcar una diferencia entre la situación de los hombres homosexuales, donde se incluía también a las personas transexuales, y de las mujeres homosexuales. La represión de la dictadura no afectó por igual a las lesbianas. Para el nacionalcatolicismo, que negaba la sexualidad y el deseo autónomo de las mujeres, con una sexualidad subsidiaria a la del varón, reservada exclusivamente a la maternidad, era inimaginable la disidencia sexual de las mujeres lesbianas. 

Quedaba todo invisibilizado, desde su nombre, hasta su realidad, su identidad, su existencia. Éramos las raritas, seres aparte, no nombradas como lesbianas, sometidas por mujeres heterodoxas sexuales al padre o al hermano mayor, al esposo en caso de matrimonio, al confesor, al director espiritual, al médico, al psiquiatra… El destino de las mujeres lesbianas, no nombradas, era el convento, los matrimonios forzosos, el psiquiátrico, el electroshock para curarnos, para quitarnos “esto”, la incapacitación por parte del pater familias, la invisibilidad. La negación de la realidad, en todo caso, la no existencia, condenadas al dolor de no existir. No podía imaginarse que pudieran existir mujeres que prescindieran del varón para poder hacer su vida.

Pedro Zerolo [uno de los principales promotores de la defensa de los derechos LGTB en el Congreso de los Diputados] decía: “Venimos de las catacumbas, de sufrir una atroz represión”. Pero, y ahora quiero virar al optimismo, con nuestro esfuerzo y nuestra lucha hemos sabido conquistar derechos. Hay que refrescar otras fechas. En el año 1977 se celebró la primera manifestación del Orgullo en este país, en Barcelona. Al año siguiente, en 1978, en Madrid. Otra fecha importante es la del 26 de diciembre de 1978, con la despenalización de la homosexualidad. En 1980 se legalizaron las asociaciones y en 1990 la OMS eliminó la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales, cosa que ha hecho en 2018 con la transexualidad. Se trata de hitos en la lucha del activismo, del movimiento por la libertad, por la dignidad y los derechos de las personas LGTBI. 

La aprobación de la Ley 13/2005 del Matrimonio Igualitario permitió la unión legal entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que las parejas heterosexuales. España se convirtió así en el tercer país del mundo en legalizarlo, tras Países Bajos (2000) y Bélgica (2003). ¿Cómo fue el proceso hasta alcanzar este objetivo?

Boti García Rodrigo

Todavía cuando recuerdo esa época me sigo emocionando. Fue una época de eclosión de la militancia del colectivo en este país. Cuando en los años noventa me integré en COGAM [Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid] en aquel entonces el movimiento estaba en el empeño de conseguir las leyes de parejas de hecho. Y se fueron consiguiendo leyes autonómicas que concedían una serie de beneficios. Fue un primer avance. Pero el objetivo fue unificarlas en una ley de parejas de hecho estatal que confiriera derechos semejantes para que no fueran diferentes entre un territorio y otro. Sin embargo, había algo en eso que tenía truco. Nos dimos cuenta de que había dos vías: una lenta, con un tren de madera que echaba humo, en el que nos metían a las personas LGTB, y luego estaba el rápido, lleno de lujos, que estaba reservado a las personas heterosexuales. Esto no era igualitario. No queríamos ser considerados ciudadanos de segunda. Por lo tanto, si la igualdad se llamaba matrimonio, teníamos que ir a por el matrimonio. Y así dimos una vuelta en el enfoque de la lucha. Queríamos la igualdad completa.

Empezamos a trasladar esa idea. Primero, dentro de nuestra propia casa, dentro del colectivo. Y después a la sociedad entera, a los medios de comunicación, a los partidos de la izquierda (gobernaba entonces el PP). El señor Aznar nos ofrecía una Ley de Parejas de Hecho tan completa como fuera posible si nosotros rechazábamos la pretensión utópica de alcanzar el matrimonio en igualdad. Rechazamos esa oferta. Queríamos el matrimonio en igualdad con el resto de la ciudadanía y seguimos luchando. Nos reunimos con la izquierda de este país, que entendió perfectamente nuestra necesidad y la hizo suya. Cuando en 2004, tras las elecciones generales, la victoria fue para el PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que nos había escuchado y se había comprometido con nuestra necesidad accedió a que se aprobara la ley que confería la igualdad mediante el matrimonio igualitario. Fue la Ley 13/2005, por la que se modificó el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio sin distinción alguna entre las personas. Donde antes decía hombre y mujer, decía ahora cónyuges.

Lo más importante de todo fue que conseguimos ser una estela que ya nunca se apagó. Se fue extendiendo por Europa, saltó a América y todavía sigue propagando su beneficio en cuanto a la igualdad legal de las personas del colectivo.

[su_quote]Necesitamos dotarnos de leyes que terminen de perfilar todo lo que nos queda por conseguir en materia de igualdad legal, pero sobre todo dar el paso para alcanzar la igualdad social real. [/su_quote]

Quince años después de la Ley 13/2005, ¿cuáles son los próximos objetivos del colectivo LGTBI en su lucha por la igualdad? 

A nivel nacional necesitamos un paquete legislativo, dotarnos de leyes que terminen de perfilar todo lo que nos queda por conseguir en materia de igualdad legal, pero sobre todo dar el paso para alcanzar la igualdad social real. Yo lo llamo “la igualdad de la máquina de café”. Cuando vas a tomar el café en tu oficina, la felicidad de la máquina de café consiste en que yo, lesbiana, he pasado todo el fin de semana en Ávila, donde viven los padres de mi novia y cada poco vamos a verlos. Supone que Pepito el informático comente que su marido está empeñado en ir estas vacaciones a la playa y él quiere hacer el Camino de Santiago. Ejemplos que suponen la igualdad social por la que tenemos que empeñarnos como objetivo para el colectivo LGTBI.

Y sobre todo es urgente y perentorio la despatologización de las realidades trans y el reconocimiento de la autodeterminación de género. Se trata de hablar de derechos humanos, de ser sin tutelas de ningún tipo, porque no hay violencia mayor que a una persona se le prive de su derecho a ser y se le obligue a estar tutelada. Las personas trans llevan siglos luchando y esperando la igualdad real y la dignidad. Las personas trans viven cotidianamente vidas muy vulnerables, necesitan documentos para poder vivir, para ir a la escuela, para trabajar, para viajar, para ir al médico, para alquilar una casa… Necesitan no sentirse discriminadas ni humilladas. El sufrimiento aboca incluso al suicidio de escolares cuando no se les reconoce como son. Por esa igualdad real para las personas trans tenemos que trabajar, porque su día a día es de discriminación. Y hay que cambiarla.

¿A día de hoy cuánto tiempo tarda una persona trans en poder efectuar un cambio legal de papeles? 

Puede acogerse a la Ley 3/2007 que está vigente, pero le obliga a presentar un certificado médico o psicológico que acredite patologización y eso es lo que no vamos a consentir, porque además la OMS ya lo ha eliminado de las enfermedades. Por lo tanto, lo que estamos pidiendo es la despatologización absoluta y el reconocimiento de la autodeterminación de género. Hay que superar esa Ley 3/2007 y que alcance a los menores y a las personas extranjeras, realidades que están fuera de esa norma obsoleta, que en su momento supuso un paso importante pero que ahora se nos ha quedado pequeña. Hay que hacerla grande. Hay que dar la dignidad y la igualdad real que las personas del colectivo trans merecen. 

A nivel internacional, nos encontramos con que en más de 70 países existe una legislación que penaliza a las personas LGTBI y en once de ellos se les castiga con pena de muerte. Por tanto, hay que defender los derechos LGTBI a nivel internacional como derechos humanos.

Según el último informe publicado por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA) en su delegación de Europa, en el último año se ha recrudecido el discurso político en algunos países en contra de los derechos del colectivo, como en Polonia y Hungría, y se ha paralizado la consecución de derechos por la vía legal en otros. Esta asociación concluye que la pandemia ha puesto de manifiesto la debilidad del progreso alcanzado en cuanto a los derechos LGTBI en el continente. ¿Estamos ante una nueva era de marcha atrás respecto a la igualdad real del colectivo? 

Es cierto que hay indicios preocupantes, retrocesos en países como Rusia o Polonia, pero yo quiero ver la botella medio llena, los avances que se están produciendo ahora en la nueva dirección. Por ejemplo, en la Unión Europea tenemos desde 2020 por primera vez una estrategia LGTBIQ para los próximos cinco años, que establece líneas de trabajo para avanzar, algo histórico. Y en nuestro país hay que señalar que seguimos avanzando con la aprobación de dos leyes más, autonómicas, la cántabra y la canaria. Estamos luchando y vamos a conseguir la Ley Estatal LGTBI. 

También aporta optimismo el hecho de que desde el Ministerio de Igualdad se haya creado una dirección general específica de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, que tengo el orgullo y el honor de dirigir, que aparecerá en los libros de historia porque nombra y visibiliza la diversidad de las personas LGTBI. Además constituye una reparación histórica. De modo que aunque haya indicios preocupantes, también hay avances concretos que se pueden tocar y nos tienen que permitir dirigir una mirada optimista sobre el futuro de los derechos de las personas LGTBI.

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Imagen superior destacada: Boti García Rodrigo – © Autoría: Ministerio de Igualdad