Ignacio del Olmo: «La lección positiva de la novela policíaca es que podemos salir del laberinto»

En ‘El laberinto y la diosa triple’ (Altaveu, 2021) Ignacio del Olmo, Comisario Principal, Jefe Provincial de la Policía Nacional en Alicante, gran aficionado a la novela negra, debuta como escritor mediante un exhaustivo recorrido por el género, en el que analiza sus orígenes, sus reglas y su relación con la sociedad cambiante de cada época. Por sus páginas se encuentran numerosas referencias a destacados autores del género como Edgar Allan Poe, Agatha Christie, Dashiell Hammett, Conan Doyle o Philip K. Dick, y sus sagaces detectives, así como reflexiones sobre la creatividad frente a la actual tiranía que ejercen las redes sociales.

Ignacio del Olmo presentará su libro el próximo 16 de junio a las 19 h. en Casa Mediterráneo, acompañado por la gestora cultural Marina Vicente, en el marco del ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’. La sesión podrá seguirse por redifusión a través de la web de la institución diplomática.

De forma previa al encuentro, mantuvimos una entrevista con Ignacio del Olmo para adentrarnos en los entresijos de un género que desde sus inicios sigue fascinando a millones de lectores en todo el mundo.

‘El laberinto y la diosa triple’ es difícil de encuadrar en un género literario concreto. No es una novela, quizás se acerque más al ensayo. ¿En qué género lo insertaría usted?

No tengo ni idea. Cuando le regalé el libro a mi hija me preguntó de qué iba y no fui capaz de explicárselo. Es un libro que está hecho para ser leído y releído. En el prólogo aconsejo que se siga el índice. El libro se asemeja a un laberinto, no está concebido de una manera convencional. Los capítulos están conscientemente desordenados y tienen diferentes tamaños. No sigue la estructura lógica de un libro al uso. En ese sentido, la forma de no extraviarse en el laberinto del libro es el índice, de tal manera que a un lector si le llama la atención el título de un capítulo puede ir a él sin necesidad de leer el volumen de manera secuencial. 

De alguna manera, lo que he querido es recuperar la tradición oral de contar historias. Antes de que existiera el libro en papel, que es una rareza y relativamente reciente, las historias se transmitían oralmente de una persona a otra, de generación en generación y además constituían el embrión de la educación. Los cuentos infantiles son grandiosas historias orales y la fuente de donde nace este libro es la constatación de su importancia y las enseñanzas que éstos contienen.

¿Qué le empujó a escribir el libro?

Yo no soy escritor, más que nada me considero lector. Y cuando me enfrenté a escribir un libro fue, entre otras cosas, porque esas historias que cuento aquí me habían acompañado durante toda mi vida y de alguna manera tenía que deshacerme de ellas compartiéndolas y dándoselas a los lectores. Si no, corría el peligro de quemar el manuscrito, porque esas historias no son mías, yo soy su mero transmisor, pero son tan buenas que querían salir a la luz y ser contadas. ¿Qué es este libro? Sinceramente, no lo sé. Soy el vehículo. La Diosa Triple, mencionada en el título, que es la figura de la inspiración de los poetas, la que propicia la creatividad humana, ha inspirado el libro. En el momento en el que ha visto la luz y físicamente lo he tenido en las manos he descansado, porque ya no me pertenece. El libro ya no es mío, es de los lectores y de quien se quiera interesar por él. Me parece magnífico que sea así, que las historias se sigan perpetuando y viviendo a través de los lectores y si alguno tiene interés en ellas me consideraré completamente reivindicado.

El libro alude con frecuencia a la mitología y en concreto al Laberinto del Minotauro y el hilo de Ariadna. ¿Qué relación guarda la mitología con la novela policíaca?

La mitología es una explicación del universo. Creo que había novela policíaca antes de su propia creación y me refiero al mito de Teseo y el Minotauro, porque en él se dan los cuatro elementos fundamentales que configuran este género. Están Teseo como el detective, el Minotauro como el antagonista y el laberinto como la ciudad, porque la novela policíaca es urbana. La ciudad moderna es un personaje más y además fundamental, y no sólo propicia la novela policíaca, sino también la creación de la policía moderna. Ésta se crea al hilo de la aparición de la ciudad, un entorno adecuado para que surja el último género clásico. Curiosamente, una de las razones por las que se crea el género es para mofarse de la policía oficial. El personaje del detective, que es un outsider, triunfa individualmente por su genio superior donde la policía teóricamente fracasa.

El cuarto elemento es el hilo de Ariadna, la habilidad del detective. Hay un quinto elemento, que quizás es el más fundamental de todos pero no forma parte del mito, y es el personaje de Ariadna, que he intentado rescatar. Ariadna es la hermana del antagonista, la que se enamora del protagonista, la que le da el hilo para salir del laberinto -porque lo difícil no era matar al Minotauro, sino escapar del laberinto una vez que se había entrado- y finalmente representa el personaje trágico porque es la mujer maltratada. Hay una parte en el libro en la que hablo de la violencia que se ejerce contra las mujeres, que de alguna manera ha sido una verdad ocultada a lo largo de la historia de la literatura. Sin pretenderlo, al final me ha salido un libro casi feminista porque era de justicia recuperar la figura tan esencial de Ariadna; sin ella no habría pasado nada de lo que sucede a continuación. Al igual que sin la mujer de Edgar Allan Poe, Virginia Clemm, no existirían él ni la novela policíaca. Es una justa reivindicación.

El libro parte de dos historias de amor. La primera, la mía a los 15 años, por la novela policíaca cuando me aficioné a ella. Y la segunda, la de Virginia Clemm a su marido, por el que profesa un amor y una devoción infinitos; si no llega a ser por ella, él no hubiera escrito, fue su sustento. Pese a que Poe se veía a sí mismo como un genio, sus contemporáneos no lo consideraban así. Y en justo reconocimiento a ella, hay que recordar a Virgina Clemm para reivindicar al creador de la novela policíaca. 

¿Qué rasgos destacaría de Edgar Allan Poe, al que usted considera el creador de la novela policiaca y responsable de la inserción de los pasatiempos en los periódicos?

Hay dos Edgar Allan Poe: el que él se creía que era y el que el resto de la humanidad cree que es. Se le tiene como un autor truculento, casi de ultratumba y obsesionado con la muerte. Pero realmente era todo lo contrario. Se consideraba un aristócrata virginiano, aunque fue pobre de solemnidad. Tuvo una vida bastante curiosa y aventurera. Contrasta el hecho de que fuera una persona muy avanzada en muchos aspectos y retrógrada en lo político y en otras cuestiones. Es un autor que no pasa de moda. Si lo comparamos con escritores contemporáneos suyos como Mariano José de Larra, un gran autor que tuvo mucha importancia en su momento, sin embargo éste ha caído en el olvido. Además le gusta tanto a los escritores como al público en general. Hay autores que le tienen auténtica devoción, como Cortázar, Borges, los simbolistas, Baudelaire… Es algo sorprendente. De hecho uno de los lugares más visitados es la tumba de Poe. 

Él se sentiría reivindicado en este momento, porque durante su vida fue profundamente infeliz, sobre todo por la pobreza. Sin embargo, fue rompedor. Es el primer periodista freelance, persevera y no ceja. Económicamente le va fatal pero él sigue adelante, como decía con el apoyo de su mujer, y es muy ingenioso e innovador. De hecho, es el creador de la sección de pasatiempos en los periódicos. Poe no deja indiferente. El balance es que estamos ante un genio, pero por razones distintas a las que él creía. Lo curioso es que él tenía una idea sobre sí mismo y la composición en la que negaba cualquier influencia de la inspiración. Sostenía que todo era mera planificación, sin embargo la forma que tenía que escribir y su obra desmienten esa idea. Yo me preguntaba cómo un autor, partiendo de la nada de pronto crea un género propio como el policíaco, qué es lo que lleva a que lo vislumbre además en cuatro cuentos, ni siquiera en una novela completa, y que a partir de ese momento haya sido continuado por todo el mundo y sea el más exitoso. ¿Qué es lo que llevó a Poe a tener ese arranque de genialidad? Eso me da pie a reflexionar sobre la creatividad humana y cómo funciona. Son las dos piernas sobre las que camina el libro. 

Por una parte, la novela policíaca como una metáfora de la vida. Al fin y al cabo la creación de la novela policíaca es la creación del detective, que es el guía en el laberinto y con el que se identifica el lector. Y se identifica en un segundo término: ante acontecimientos que son terroríficos en algunos casos, ya que implican la aparición del desorden en nuestra vida ordenada, de pronto el detective, con su genio superior, es capaz de restituir ese orden. Y luego, mucho más en la novela de serie negra. El detective nos da la esperanza de que aunque las cosas se pongan feas siempre hay una solución. Hay una posibilidad de redención. Podemos salir del laberinto. Ésa es la lección positiva que podemos extraer de la novela policíaca, aparte de la intriga y el placer de resolver enigmas que tiene para el lector. La otra parte es que la creatividad funciona y todos tenemos ese potencial implícito en nosotros. La Diosa Triple vive dentro de nosotros. Lo único que tenemos que hacer es escucharla. Y si la escuchamos la creatividad aflora, en todos los órdenes de la vida.

[su_quote]Hay que tener cuidado porque en determinadas condiciones, como decía Robert Blake, si miramos al abismo el abismo también nos mira a nosotros. [/su_quote]

Como contraposición a la creatividad en el libro critica el poder de las redes sociales, por su adoctrinamiento frente al desarrollo de criterio propio, al tiempo que alerta sobre los peligros del ciberespacio, un lugar propicio para el delito.

El ciberespacio es un laberinto. Me apasionaba precisamente por eso, por el potencial y el interés que suscita. La aparición del ciberespacio ha creado un nivel que se ha superpuesto a la experiencia que tenemos en este momento y es además muy disruptor, porque acaba con el tiempo tal como lo entendemos, el tiempo progresivo que avanza hacia delante. Eso en Internet no existe, ya que se da la simultaneidad. El ciberespacio es siempre tiempo presente y nos resulta muy difícil concebirlo. Es algo que me fascina.

El problema del ciberespacio es que se creó como si fuera el nuevo paraíso terrenal, un lugar en el que se iba a compartir la creatividad y el individuo iba a poder acceder al elenco de conocimientos de la humanidad sin restricciones. Todo iba a ser maravilloso y de pronto nos hemos dado cuenta de que lejos de eso es un escenario de pesadilla, sobre todo en determinados ámbitos. Y los que mejor se han adaptado a ese espacio han sido el terrorismo internacional y la delincuencia organizada. ¿Cómo es posible que la creación de algo que era positivo en sí mismo se haya desvirtuado de esa manera? Tiene que ver con el hecho, y forma parte también de la novela policíaca, de que las personas no somos ni buenas ni malas por naturaleza. Tenemos determinadas pulsiones y hay algo en nuestro interior que en un momento determinado puede elegir en un sentido o en otro. El antagonista y el detective no son tan diferentes, solamente tienen un distinto enfoque moral. Y siempre existe la tentación de ese arquetipo que llamaba Jung “La Sombra”, que es amoral y sencillamente lo que quiere es desarrollar sus impulsos. El subconsciente, donde radica todo ese tipo de pulsiones, es ambivalente, y como no tiene memoria siempre quiere llevarlas adelante. Y hay que tener cuidado porque en determinadas condiciones, como decía Robert Blake, si miramos al abismo el abismo también nos mira a nosotros. Eso es lo que de alguna manera ha desvirtuado Internet. 

Hemos creado una parte luminosa y visible, pero por debajo hay todo un iceberg de elementos que en este momento no controlamos, entre otros las redes sociales, que han explotado la necesidad de los seres humanos de ser sociales y de interactuar. Pero al mismo tiempo, como nuestra capacidad de atención y de memoria es limitada, cosa que no ocurre con las nuevas tecnologías e Internet, estamos involucrados en un experimento de control social. Y lo más paradójico de todo es que nosotros estamos colaborando voluntariamente en ese experimento, perdiendo nuestra propia libertad de forma voluntaria. ¿Cómo? Entrando en el adoctrinamiento de las redes sociales, de tal manera que existe una especie de tiranía por la viralidad y estamos acabando con la veracidad. En las redes sociales la veracidad no importa, no importa si lo que estás vendiendo es verdadero, sino si es replicado. Entonces, somos capaces de vender nuestro alma por que haya un número suficiente de replicaciones. 

Es una marea que nos está arrastrando y que a mí me preocupa poderosamente. ¿Por qué? Porque los mayores consumidores de redes sociales son los jóvenes y durante la juventud necesitas formar un carácter y un criterio, en caso contrario no vas a ser libre a lo largo de tu vida, vas a estar constantemente manipulado. Que en estos momentos tengamos una sociedad que cada vez es más cómoda, más conformista y está más aborregada resulta muy peligroso para su propia pervivencia. El Presidente de España del futuro, en este momento está en el colegio. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué clase de Presidente del Gobierno español queremos? Y, por lo tanto, educar a los niños en consecuencia. Lejos de eso les damos un teléfono con 5G y les dejamos navegar libremente en un entorno salvaje, en el que están los peores depredadores. Y no tenemos control sobre eso. 

¿Tengo una opinión negativa sobre las redes sociales? No, creo que pueden ser enormemente valiosas, pero sí creo que este experimento se nos está yendo de las manos y eso no me gusta nada.

Ignacio del Olmo con un ejemplar de su libro – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

En el libro afirma que para un policía lo más difícil a la hora de resolver un caso no es encontrar al culpable. ¿Qué es lo más complicado?

En algún momento digo que a nosotros no nos gusta la novela policíaca. Primero, porque deja en mal lugar a la policía, lo cual no es agradable. Y en segundo lugar porque la novela policíaca fundamentalmente se basa en el paradigma del investigador, el descubridor. También nos enseña muchas cosas del proceso de descubrimiento. Lo cuento en el libro: Los tres pasos que sigue Holmes y en qué consiste el método del detective. Pero en el momento en el que sabes quién es el autor para nosotros, como profesionales de la policía, es trivial porque lo importante es poder demostrar la autoría mediante una prueba de cargo, es decir, desvirtuando la presunción de inocencia. Yo lo llamo un juego el muñecas rusas, en el que cada una se va superponiendo sobre la siguiente. Primero está la parte policíaca, que es la investigación. Después, la parte policial, que es la persecución del culpable, un juego del gato y el ratón, y además en la ciudad moderna que es una moderna jungla se produce una pirámide ecológica en la que la cúspide la representa la policía, el depredador superior que detiene a los delincuentes, que se superponen sobre las víctimas.

La metáfora, a diferencia de la investigación que es el descubrimiento, es la caza. Sobre ese nivel hay un tercero en el que se superponen los anteriores y se dan en secuencia. Si hay un policía implicado y ha descubierto al autor, lo que quiere es detenerlo. Puede no darse el nivel superior, que es el judicial, pero si ha habido una investigación de un delito y se ha descubierto al autor la norma dicta que se le lleve a juicio. No se puede imponer un sistema de castigo si no es mediante un sistema reglado de juicio que dé al acusado la posibilidad de que se defienda. La metáfora de ese tercer nivel es una representación teatral. En un escenario cerrado como es una sala de juicio, cada uno de los personajes representa un papel, se utilizan ropajes al uso, anticuados y solemnes, un lenguaje reglado e incluso esotérico que los no iniciados desconocen y en esas condiciones, bajo un aspecto de aparente frialdad, laten pasiones desbordadas: la venganza, el amor, los celos, el miedo… sobre todo el miedo a ser acusado falsamente y no poder probar tu inocencia.

Volviendo a la pregunta, lo que nos pasa a los policías es que saber quién es el autor es lo fácil, es más difícil probar la autoría, cogerlo, lo que es una forma simbólica de caza, de aprehensión. 

Todos los derechos de la obra los ha cedido a la Fundación de Huérfanos del Cuerpo Nacional de Policía.

Sí, entre otras razones porque al hermano gemelo de la persona a la que está dedicado el libro lo mató ETA y él se ocupó de la educación de sus cuatro sobrinos. Entonces, cuando decidimos tirar el proyecto hacia delante en homenaje a su hermano y a todos los compañeros muertos optamos por hacer esta mínima contribución y ceder los derechos al colegio de huérfanos.[su_divider]

El libro de puede adquirir en Amazon y en la web de la editorial Altaveu.