Carlos Salem: “En la novela negra el asesino siempre es el sistema”

Con un número creciente de seguidores amantes de la poesía urbana de calidad y de novela negra, aunque no se encasilla en ningún género, el escritor y periodista Carlos Salem se ha convertido por derecho propio en un referente, tanto nacional como internacional, de la literatura contemporánea. El ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’ lo trae a la sede de la institución diplomática el miércoles 8 de septiembre a las 19:00 horas para conversar con la gestora cultural Marina Vicente sobre su novela ‘Los que merecen morir’ (Alrevés, 2021), un trepidante thriller en el que un asesino en serie llamado ‘Nadie’ decide tomarse la justicia por su mano escogiendo a sus víctimas entre personas de dudosa honorabilidad. El Gobierno crea una nueva brigada policial para atraparlo al mando de Severo Justo, el policía más condecorado y riguroso con el reglamento, con un pasado singular como sacerdote y lastrado por un tremendo drama personal. Para coger al asesino, Severo reúne un equipo heterogéneo que incluye a Dalia Fierro, una psiquiatra con cuatro doctorados y docenas de voces que discuten en su cabeza, una hacker octogenaria y un forense que habla con los muertos.

Como anticipo del encuentro, en el que el autor hablará también de la nueva ola de poesía al calor de las redes sociales y el micro abierto en bares culturales, así como de su trayectoria literaria, que abarca además de la novela negra, romántica y de humor, mantuvimos una entrevista telefónica con Carlos Salem. Las personas interesadas en asistir al acto presencial en Casa Mediterráneo deberán inscribirse en: eventos@casa-mediterraneo.es 

[su_animate type=»bounceInLeft»]Sobre Carlos Salem Sola[/su_animate]

Nace en Buenos Aires en 1959 y desde el año 1988 reside en Madrid. Escritor, poeta y periodista, ha dirigido diarios como El Faro de Ceuta y El Telegrama o El Faro de Melilla, y colabora con distintos medios de comunicación. Ha publicado los poemarios ‘Te he pedido amablemente que te mueras’ (1986), ‘Foto borrosa con mochila’ (2005) y ‘Poemas al otro lado de la barra’ (2007). En 2007 debutó en la novela con ‘Camino de ida’ (Salto de página), que recibió el Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela policíaca de 2007 escrita en español de la Semana negra de Gijón y fue finalista de los Grand prix de littérature policière a la mejor novela policial traducida al francés. Su segunda novela, ‘Matar y guardar la ropa’ (Salto de página, 2008) ganó el Premio Novelpol a la mejor novela negra publicada en español. ‘Pero sigo siendo el rey’ fue finalista del Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, y ganó el premio Mandarache de fomento a la lectura. Su versión francesa fue ganadora de la selección de otoño del premio de Narrativa de los ferrocarriles franceses.

Como poeta y agitador cultural, fue fundador en 2006 del espacio ‘Bukowski Club de Madrid’, un bar literario de Malasaña, que inició el actual movimiento poético que inunda las redes sociales en España, creando y coordinando Jam Sessions de Poesía. En la actualidad, hay en España una treintena de citas periódicas que siguen las características de las Jam creadas por él. Salem e Inés Pradilla fueron los coordinadores de la antología ‘Bukowski Club 06-08. Jam session de poesía’ (Escalera, 2008). En diciembre de 2008 publicó el poemario ‘Si Dios me pide un Bloody Mary’ (Casimiro Parker) y en abril de 2009 se alzó con el Premio internacional de novela romántica de Seseña con la obra ‘Cracovia sin ti’. En octubre de 2011 publicó su novela, ‘Un Jamón Calibre 45’, en la colección negra de RBA. En la actualidad, coordina talleres presenciales online, grupales e individuales, así como tutorías y seguimiento de proyectos literarios con escritores de una docena de países.

Su debut en el terreno de la novela se produjo en 2007 en el género policiaco con ‘Camino de ida’, una historia que le ha reportado importantes premios literarios.  ¿Por qué cree que la novela negra genera tanta fascinación y qué le llevó a usted a adentrarse en este género? 

Conozco el motivo por el que creo que la novela negra va a estar siempre vigente más allá de las modas. En 2007 o 2008 comenzó la moda con el éxito mundial de la saga ‘Millennium’ [de Stieg Larsson], escritores suecos como Camilla Läckberg y demás… Se convirtió en un género de moda incluso por razones que a mí no me gustan nada, pero a nadie le importa lo que yo piense. Hay personas que dicen que leen novela negra para ponerse al día de lo que ocurre o para ver lo distinta que es la vida en Suecia… A mí ese tipo de cosas la verdad es que me repatean. Si uno quiere informarse, se informa. ¿Por qué la novela negra sigue estando vigente? Hay motivos muy interesantes y valederos; porque la novela negra, entre otras cosas, es la novela política, la novela que cuenta la realidad. En la segunda mitad del siglo pasado ha tenido un peso muy importante en la tarea de contar cómo son las cosas y lo que hace la sociedad. Es una novela realista, una novela política, no digo ideológica -aunque también la hay-. Para mí lo importante no es que alguien lea un libro mío para hablar del trafico de órganos, aunque no es el caso todavía; sabemos que existe el tráfico de órganos, que puede ser el trasfondo y a mí me permite servir de excusa. Mi pregunta a la hora de escribir novela negra tiene más que ver con los porqués. La novela negra buena que a mí me gusta no busca tanto la justicia en el sentido de justicia clásica como la verdad, que son dos cosas distintas.

Puedes llegar a descubrir una verdad en la que hay un personaje poderoso que es responsable de un montón de cosas; quizás no lo puedes atrapar ni meter en la cárcel, pero sí le puedes amargar la vida, pincharle la rueda del coche… Es la novela que está cerca, no hay un héroe puro, por eso el detective alcohólico ya no se lleva. Son personas que con muy poquito más podrían ser iguales que la gente a la que persiguen. No hay un bueno y un malo al estilo del profesor Moriarty y Sherlock Holmes, por eso son fascinantes, porque no podrían existir en la realidad. En cambio, muchas de las cosas que suceden en la novela negra sí existen, aunque quizás personajes como el detective privado tampoco sobrevivirían posiblemente en ningún lado; se lo cargarían los propios policías corruptos. Es la novela que cuenta el hoy, novela negra histórica, pero desde otra perspectiva. 

Por establecer una última diferenciación: ya he dicho más de una vez que en la novela de detectives clásica, Agatha Christie, Sherlock Holmes, novela de intriga, el asesino siempre es el resabiado, el hijo bastardo, el desfavorecido. En la novela negra el asesino siempre es el sistema o la gente que lo lleva adelante en su beneficio. Esa diferencia para mí es importante, por eso posiblemente elegí la novela negra como una de las formas de contar cosas.

¿Qué nos dice la novela negra de la sociedad de una época y sobre la búsqueda de la justicia?

Es la búsqueda de la verdad. El problema es que hoy poder conocer la verdad de algo es casi imposible. La justicia puedes buscarla, pero a veces no se alcanza. De repente puede haber algún personaje que se tome la justicia por su mano o consiga detener a un poder determinado, pero en realidad el problema es conocer la verdad, porque la mayoría de las veces las muertes no les importan a nadie. 

Precisamente, en ‘Los que merecen morir’ en varias ocasiones la justicia brilla por su ausencia, por las grietas del sistema. Personas que han cometido delitos han salido indemnes, ya sea porque su dinero compra esa impunidad o porque hay crímenes que han prescrito. No obstante, las víctimas o sus allegados necesitan que se haga justicia para poder seguir adelante.

El fondo de la novela, Nadie (el asesino) -sin hacer spoiler- cree tener derecho a decir quién puede tirar la primera piedra. Hay muchas cosas que tienen que ver con eso. Por ejemplo, el Gobierno crea una brigada destinándola a fracasar porque tiene miedo de las redes sociales y de la prensa. No gobierna ni legisla en función de tratar de mejorar  la sociedad de una manera duradera, sino que trata de apagar fueguitos que arden y ganar las siguientes elecciones. Eso es lo que ocurre con la corrupción política; como casi todo el mundo da por hecho que la hay, es algo que se ha normalizado en los últimos años en nuestro país. Por eso, en la novela el Gobierno crea una brigada para que fracase. La política se ha vuelto un control permanente de daños más que una búsqueda de soluciones.

Aparte del retrato de la sociedad, esta novela se adentra de forma lúcida en la psicología de los protagonistas. ¿Cómo logra construir unos personajes que resultan tan creíbles?

Portada de ‘Los que merecen morir’

Son creíbles precisamente por lo que decía, porque a lo mejor podrían existir llevados a un extremo. Si profundizas mucho en los personajes como escritor, llega un momento en el que tienes que explicarte todo. Por ejemplo, Severo Justo, el policía protagonista es un tipo que a todas las lectoras que conozco les ha encantado -aunque a mí es el personaje que menos me gusta-, quizás porque es un hombre vulnerable, con pasión por darle una explicación a todas las cosas. Primero se ordenó sacerdote y cuando se enamoró y se dio cuenta de que no podía ser coherente, se hizo policía. Cuando un accidente provocado por un desaprensivo en un coche de lujo mató a su mujer y a su hija no hubo justicia y él se refugió en el lamento, sin embargo Nadie, el asesino, en lugar de hacer eso decide quién debe morir y quién no. Justo podría haber salido a dar cuatro hostias por ahí, porque había veinte testigos; cuando investiga se da cuenta de que esos testigos podrían estar pagados, podría haber seguido la pista y no la siguió, porque temía tomarse la justicia por su mano. Mientras que el personaje oponente ha decidido, por motivos que veremos y absolutamente mezquinos, como suelen serlos, quién merece morir y quién no. Éste es un personaje que no podría existir, quizás en la realidad sólo hasta cierto punto. 

En la ficción nosotros hacemos que las cosas funcionen de una manera que en la realidad no podrían funcionar, por eso contamos menos, pero en la psique de Nadie -no la quiero desvelar para no hacer spoiler- el verdadero motivo que le lleva a actuar no es nada altruista, sino muy egoísta. Severo Justo es alguien que está tan enfadado con Dios después de tantos años de estar aguantando la pena de la muerte de su mujer y la ira que decide suicidarse cuando termine su último caso. Toda es gente herida por la vida, pero sin caer en estereotipos.

Dalia Fierro, para mí la verdadera protagonista de la novela, casi más que Severo, no es una mujer de 25 años con cinco carreras, como suele hacerse. Ella es una mujer de 48 años, atractiva pero tampoco guapísima, que se mantiene muy en forma, es un genio pero tiene la cabeza llena de voces. Es la parte fuerte de la novela, comparado con Severo que es la parte más frágil en muchos sentidos. Por eso creo que se hacen creíbles, porque no cuentas toda su historia, sólo lo necesario. ¿Sabes qué pasa? En ciencias se dice que hay que demostrar con la acción. Yo creo que en literatura lo mejor es describir a una persona durante veinte páginas con su propia acción, sus reacciones y diálogos, aunque pudieran ser inverosímiles en la realidad.

Un reconocido escritor me dijo en una ocasión que la realidad no necesita ser verosímil, la literatura sí.

Sí, sí, yo tiendo a llevar la contraria cuando muchos compañeros y profesores en talleres y cursillos insisten en la verosimilitud. Yo lo cambio por credibilidad. Explico por qué, aunque en el fondo es lo mismo. Si hago una novela en la que vuelan las vacas hace veinte años, las habríamos matado ya o habríamos encontrado la manera de que no estuvieran cerca de la ciudad o tendríamos pasarelas con techo, porque si te cae una desde 200 metros te mata. Sería una tontería. Pero si hago esa novela en un ambiente opresivo y estoy contando esa locura, en el momento en el que salgas a la calle si miras hacia arriba para ver si hay una vaca, entonces lo habré conseguido. La credibilidad tiene que ver con un sistema más o menos delirante, como puede ser este caso, cercano a la realidad pero con algunos rasgos poco probables pero no imposibles. 

Otros casos son los personajes que vienen de la realidad. La abuela hacker, Dolores, está basada en gente que he conocido. Hace unos veinte años, cuando la informática comenzó a tener un mayor auge en España empezaron a surgir cursos para personas de la tercera edad para que aprendieran a manejar el ordenador y haciendo reportajes cuando ejercía de periodista conocí a una señora de unos 80 años que tras hacer los cursos se convirtió en ayudante de la profesora y se coló en la webcam de La Moncloa. Y si te pones a mirar, uno de los mejores gamers del mundo fue una señora de noventa y pico años. Entonces, si el tópico es un gordito que come patatas fritas en el sótano de su madre, con 45 años y no tiene novia, ¿por qué no puede ser una señora que ha aprendido ese nuevo lenguaje, que dispone de todo el tiempo del mundo y está muy viva, porque tiene eso que tienen las ancianas que pierden el pudor después de tantos años de represión? Para mí es una de las historias más bonitas de la novela y, de hecho, en la siguiente, que ya estoy escribiendo, Dolores va a seguir estando ahí. 

Además es un personaje que aporta un agudo sentido del humor. Desde el primer momento en el que aparece en escena, haciendo punto en el despacho del policía, provoca hilaridad.

A mí, que alguien de golpe en la mañana pueda matar a setenta chinos me divierte en el cine, pero eso sí, no se me hace creíble, me lo creo porque quiero. Pero el caso de que una mujer como Dolores tranquilamente pueda estar haciendo punto o cocinar para su nieto y al mismo tiempo estar colándose en un montón de sitios porque es algo que la mantiene viva, sigue funcionando de una manera maravillosa. Ella tiene esa habilidad y es una hacker de la que nadie sabe su identidad, fuera de sus compañeros. Pero es muy temida, porque es irreverente y muy buena. Entonces creo que sí, puede hacer punto, puede hacer croquetas y puede hablar de sexo desenfadadamente porque a las mujeres de su época se les negaba hablar de cualquier cosa y cuando cumplen cierta edad se vuelven más desvergonzadas. Dolores es un poco pícara, pero para mí es el personaje más tierno y alegre, frente al resto que son hostiles.

[su_quote]Estamos cifrando el éxito -y mucho tiene que ver la novela en eso- en la repercusión social de las redes[/su_quote]

Hablando de sentido del humor, se ha atrevido a dar el paso en este género con ‘Diario de un perfecto abandonado’. Suena a desamor con guasa… ¿Qué nos puede contar de este libro?

Carlos Salem – © Raquel Velilla B.

Resulta que a lo largo de toda mi carrera -son ya 14 años y 43 libros, que igual para el año que viene pueden ser 44 o 45- siempre se había dicho que había humor y yo nunca había escrito una novela de ese tipo. Para mí el humor se encontraba en la parte irónica de la vida, en la visión de un personaje que se construye, el gag jugado con cierta inteligencia. Pero hace unos años en una revista para la que trabajé hice una serie de cuentos con la idea de un día unirlos en una novela sobre un tipo absurdo al que lo deja la novia. Él va llevando un diario y lo único que quiere realmente es una oponente en el sexo, pero todo lo hace mal, es un tipo bastante surrealista, porque la vida a veces también lo es. Yo juego bastante con ese surrealismo absurdo llevado al extremo, pero no vuela. Es decir, que si se cae de un edificio se va a matar. No es una cosa de duendes, sino algo muy vigente y voy jugando con esa extrañeza. Por ejemplo: Qué buenos son los amigos, todos preocupados porque lo dejó Claudia, un pibón que nunca sabremos por qué lo quiso. El caso es que le sigue llevando la colada, a veces le dice que se vaya a dar una vuelta y vuelve con un novio para tener sexo. Es ingenua y al mismo tiempo a veces se desquita, pero no le ves malicia. Él es un imbécil, como somos todos los hombres, y le ocurren cosas que le ocurren a los imbéciles. Pero no está basado en hechos reales, más que lejanamente. Hay mucha ironía sobre el amor, sobre el deseo, sobre el sexo y sobre el diálogo que tenemos con el sexo… 

Hay un momento en el que la situación económica es terrible y decide que la mejor manera para poder tener sexo es a base de sexo sin fronteras. En ese capítulo pretende conocer a gente de distintos países a través de un crucero por el mundo; mira su dinero y sólo le alcanza para un bono del metro de diez viajes, se lo compra y como en verano Madrid se llena de turistas va buscando algo que sea racial, entonces va y se alquila un disfraz de torero. El traje es del “Niño de las tres piernas”. Hay un gatito dormido y se lo mete dentro del pantalón. De pronto, entra un ciego con un perro; el resto imagínatelo. Es un libro muy divertido que salió en un momento extraño, el año pasado, cuando parecía que la pandemia no se acababa. Y ha funcionado mejor en México y otros sitios que aquí, pero bueno, los libros están para que la gente decida leerlos. Ahora, por ejemplo, ha habido un montón de gente que ha descubierto la novela de la que estamos hablando y yo encantado, pero no voy a depender de que un libro lo compre Netflix y haga una serie. 

Yo escribo novelas. Quien quiera leerlas sabe dónde estoy y donde buscarlas. Y quien quiera leer lo que le diga la tele y el último componente de ‘Sálvame’, por mí bien. Es como las ventas. Claro, si el libro se vende mucho significa que lo ha leído mucha gente. Hay muchas personas que esperan a que salga un nuevo libro mío para comprarlo y lo recomiendan. Eso es un poco a lo lento, como se hacía antes, lo que perdura. Y ojalá que mañana se haga una serie de Netflix y esté bien hecha, pero en cualquiera caso no va a cambiar mi escritura; una vez terminada hay un montón de cosas que yo no controlo, no voy a poder manejar ese producto. Escritores superventas buenos, buenos, buenos… puedo tener el teléfono en una mano y un cigarro en la otra y me sobrarían dedos. En los últimos quince años es raro, quien vende muchísimo es casi Whooper, fast food. 

Estamos cifrando el éxito -y mucho tiene que ver la novela en eso- en la repercusión social de las redes, y así ves poetas que tienen tres millones de seguidores y no saben si “mamá” va con o sin tilde. También gracias a las redes hay excelentes poetas que pueden publicar su trabajo. ¿Sólo el éxito garantiza? ¿Sólo el éxito ratifica? Yo creo que te ratifica cuando alguien lee un libro tuyo y dice: ¿Cuándo sale el próximo? Y cuando le ha gustado sin ser fast food, pero bueno tampoco soy una autoridad, ni un intelectual.

Si se hace una serie de Netflix basada en un libro suyo, independientemente de si el producto es bueno o no, le va a dar proyección y ayudará a que gente que no haya leído ningún libro suyo quizás se anime a hacerlo.

Yo soy sincero en esto, aunque muchos compañeros y compañeras no, porque parece que está mal decirlo. Lo primero que piensas cuando te dicen que quieren hacer una película sobre tu novela es: ¡Qué bien!, porque voy a tener dinero suficiente para dedicarme a escribir sin problemas durante un par de años. Si te contara los proyectos de películas de libros míos… Me han comprado lo que se llama “opción”, pero por una crisis no ha acabado saliendo. 

Mi amigo y maestro, el formidable escritor Fernando Marías, de los que primero me acompañó cuando empezaba, su novela ‘Esta noche moriré’ -una maravilla, una joyita-, en su momento no sé cuántas veces la había vendido -no a la vez-, como una opción, lo que significa que esa productora o persona te alquila el derecho a poder recaudar dinero para hacer una película o una serie de televisión con esa obra tuya, porque no puedes ir pidiendo dinero a productores para una obra de la que no tienes los derechos. En esa opción se consigna lo que te van a pagar. En su momento, a Fernando en varias ocasiones le habían comprado su obra, maravillosa para hacer una película, y por motivos totalmente ajenos a la literatura no ha salido. En definitiva, claro que a uno le hace ilusión que salga, sin embargo lo que me preocupa más es que la próxima novela llegue a gente que no me conoce, pero no por moda, sino porque de golpe alguien diga que se lo lee porque es interesante. Un thriller al modo mío, quien ya me conoce pensará que no he cambiado mi manera de escribir y quien no me conoce verá que una misma novela puede ser divertida, amena, llevar emociones, contener poesía… y si es mala se libera.

[su_youtube url=»https://youtu.be/Ss71J6Cfm9M «]

Ha señalado que hasta la fecha tiene 43 libros publicados, ¿cuál es el último que ha salido a las librerías? 

Este año han salido tres libros: ‘Los que merecen morir’; ‘Popesía’, un ensayo periodístico sobre lo que llevamos de siglo prácticamente de poesía popular de España, teniendo en cuenta la poesía en las redes, de Instagram, en los bares, que en cierta medida la puse en marcha, los micros abiertos… He vivido mucho ese fenómeno, muy de cerca y he sido uno de los protagonistas menores. Entonces, hice una investigación periodística tanto de lo que recordaba como de lo que, sin recordarlo, sabía que estaba ocurriendo. Entrevisté a un montón de gente, unas 80 personas, para contar este fenómeno que ha hecho que, por ejemplo, en 2014 Espasa sacara 50.000 ejemplares del nuevo Diccionario de la Real Academia y vendiera 8.000 o 9.000 y dos años después César Brandon publicara su libro ‘Las almas de Brandon’ y vendiera 80.000 ejemplares. El título tiene que ver con que la poesía siempre tiene algo de rock and roll y la dominante es una poesía pop, como la canción del verano.

Para la poesía sí que ha habido una buena venida de moda, que empezó en los bares, siguió en la red de una manera más personal con el boca a boca y luego esta tendencia de “escribe una frase corta donde menciones lugares, personas y autoayuda” y tengo 100.000 seguidores. Sin ser crítico -eso lo cuento en el libro-, soy súper ecuánime y creo que es un libro bastante entretenido, que tiene el valor de que está contado desde dentro y desde cerca. Y hace muy poco acabo de sacar mi último poemario, que se llama ‘Una sirena en la montaña’ con una editorial de León, Mariposa Ediciones, que en verano se fue presentando como se pudo por las restricciones y a partir de octubre o noviembre se presentará en librerías. Es un poemario de esperanza, pero no el típico sobre el cielo y las mascarillas; estoy un poco cansado de tanta tontería. Contiene poemas muy amargos y como tenía más cosas que contar empecé a contarlas y salió este poemario que más que nada es un canto a la poesía y a las ganas de vivir.

Más información sobre Carlos Salem:

Instagram: instagram.com/carlos.salem/

Blog: elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com

[su_divider]

Fotografía superior destacada: Carlos Salem – © Laura Muñoz Hermida