Pilar Pequeño: «Elegí la fotografía porque era dibujar con luz»

En las fotografías de Pilar Pequeño la naturaleza adquiere un papel protagonista. Hojas y flores, bodegones de interior, plantas de invernadero, paisajes campestres, edificios abandonados donde la naturaleza recupera su espacio natural arrebatado… Imágenes sutiles y delicadas donde la luz y el agua están muy presentes, que parecen pinturas donde el tiempo se detiene. La reconocida fotógrafa, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y galardonada en el certamen PhotoEspaña 2019, expone en Casa Mediterráneo una selección de obras de su serie ‘Naturalezas muertas’ centradas en La flora mediterránea. Una muestra formada por 16 fotografías de plantas, flores y frutas sumergidas junto a bodegones inspirados en las pinturas del Museo Nacional del Prado.

La exposición instalada en la sede de la institución diplomática, en Alicante, es de gran formato y se detiene en la flora mediterránea, muy amplia y enriquecida con las aportaciones de varias civilizaciones asentadas en la península ibérica. Egipcios, fenicios, griegos, cartagineses y romanos introdujeron en la Europa mediterránea a través del reino nazarí otras variedades procedentes de diversas zonas del mundo islámico, entre ellas los cítricos, que aparecen retratados en esta muestra.

Con el fin de acercarnos a su figura y su obra de forma previa a la inauguración de la exposición, que tendrá lugar el martes 14 de septiembre, a las 19:00 horas en Casa Mediterráneo, mantuvimos una entrevista con Pilar Pequeño. Las personas interesadas en asistir al evento, con aforo reducido, deberán inscribirse por correo electrónico (eventos@casa-mediterraneo.es). La presentación de la colección podrá seguirse también en streaming desde la web de la institución.

¿Cómo surgió su amor por la fotografía? ¿De alguna manera es un intento de perpetuar la belleza?

Realmente, empecé dibujando. Desde pequeña me pasaba el tiempo dibujando y mi madre me decía: ¿Pero no sales? Luego, cuando ya fui adulta, conocí al que sería mi marido en la universidad y un verano en el que me vino a visitar a Galicia se hizo amigo de un fotógrafo que tenía una tienda y hacía fotos de las fiestas de los pueblos. Se metieron en el laboratorio y se interesó muchísimo. Cuando le interesa una cosa, se centra en ella, compra libros… Entonces, juntos empezamos a profundizar y cada vez me iba interesando más la fotografía. Durante un tiempo fui compaginando la fotografía y el dibujo, pero pensé que si quería hacer una de las cosas bien me tenía que dedicar en exclusiva a ella y elegí la fotografía porque era dibujar con luz. Y me parecía que era lo que mejor representaba la luz, algo que me emociona mucho. Desde el principio de mi fotografía el agua y la luz han estado presentes prácticamente en todas las series, independientemente de qué tipo fueran.

[su_quote]Yo creo que la luz, salvo pintores como Vermeer, no se puede expresar tan bien como con la fotografía.[/su_quote]

En relación a lo que cuenta sobre sus inicios como dibujante, sus fotografías parecen pinturas. 

Sí, pero tienen otra cosa más: yo creo que la luz, salvo pintores como Vermeer, no se puede expresar tan bien como con la fotografía. Yo hacía muchas fotos de paisajes y luego me iba acercando más a las plantas hasta que llegó un momento en el que empecé a hacer, un día en el que estábamos al lado del Mediterráneo, en Castell de Ferro, en la costa mediterránea de Granada, fotografías a través del plástico de los invernaderos. Me levantaba muy pronto, iba a los invernaderos y esperaba a que cayeran las gotas del rocío a través del plástico y las plantas se mostraban, según me acercaba más, como algo abstracto, con juegos de sombras y luces. Esa serie es la que ha dado origen, posteriormente, a la de ‘Naturalezas muertas’.

En las naturalezas muertas no hay que esperar a que suceda el momento adecuado, no es necesario acudir al lugar cuando sale o se pone el sol, sino que la luz, la escena lumínica la creas tú. Se busca el sujeto principal, los que le acompañan, la planta… Empiezas a pensar ya cuando estás en el campo, cogiendo las silvestres y dices: ¡Uy, ésta me gusta mucho! Fíjate cómo tiene el rabo o qué hoja, cómo va a dar con la luz las transparencias… Estás ahí dándole vueltas y te lo pasas muy bien, pero cuando llego a mi estudio y me planteo el bodegón -para el que siempre utilizo luz natural, de ventana-, lo que hago es tamizar la luz mediante plásticos o la dirijo con cartones o lo que sea. 

Sumergidas. Membrillos – © Pilar Pequeño

Voy cambiando la luz con una flor durante dos o tres días hasta que se estropea del todo, dejándola por la noche metida en agua para que le salgan burbujas, luego pongo diferentes fondos detrás del cristal… En todas las series de ‘Naturalezas muertas’ al principio las plantas las ponía sobre una superficie, hacía la luz y las gotas de agua iban sobre los pétalos. Posteriormente, introduje un vaso, un jarrón o un recipiente de cristal con agua donde metía la planta, entonces me alejaba del sujeto y lo que hacía era ver cómo los reflejos y las luces se producían alrededor, en el mantel… Y después me iba acercando al sujeto cada vez más y llegaba un momento en el que no fotografiaba los bordes del jarrón, sino la superficie del agua, que al principio era una línea que separaba lo que estaba dentro y lo que estaba fuera, las transparencias también cambiaban y se reflejaba el color de la flor en las rayas de la superficie. Pero posteriormente fui jugando con esa superficie y ésta se convirtió en un plano. Y es en ese plano donde la planta se rompe, se fragmenta, se repite, no sabes dónde está, qué es lo que se está reflejando. Eso es algo que me entusiasmó y empecé mi serie de ‘Plantas sumergidas’, en la que sigo trabajando. Hasta que no me canse… porque para mí es apasionante ver cómo voy cambiando la luz, cómo va cambiando el sujeto y la escena concreta.

La exposición que presenta en Casa Mediterráneo se centra en la flora mediterránea e incluye imágenes de la serie de ‘Naturalezas muertas’: ‘plantas’, ‘flores sumergidas’ y ‘bodegones’.  ¿Qué elementos caracterizan estas colecciones?

He tenido que elegir una serie y me parece muy interesante y personal mi serie ‘Naturalezas muertas’. También me gustan mucho las obras de los grandes maestros del bodegón y eso surgió porque en el año del 400 aniversario de la publicación del Quijote -ya había hecho yo bodegones-, Luis Revenga, que era el comisario de la exposición ‘El Quijote, una nueva mirada’ me propuso si quería participar en ella. Le dije que sí, pero con naturalezas muertas. Entonces, me puse a estudiar a los grandes maestros, sobre todo a Zurbarán, a su hijo, a Meléndez Melos… aunque es demasiado abigarrado, me gustaban más los que incluyen menos elementos. 

En ese momento hacía fotografía en blanco y negro y traté de representar así la atmósfera de los bodegones del Siglo de Oro. Hice una serie bastante grande de esos bodegones y luego he seguido haciéndolo, intermitentemente, cuando veía una fruta o una flor. En el año 2018 me llamaron de la Fundación de Amigos del Museo del Prado y me preguntaron si quería participar en la exposición ‘Doce fotógrafos’.

El comisario, precisamente, era autor de uno de los libros que yo había estado utilizando para documentarme sobre la época del Quijote, el catálogo titulado ‘El bodegón español. De Zurbarán a Picasso’ para una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao 1999-2000, Francisco Calvo Serraller, que falleció justo al poco de inaugurarse la exposición. Cuando me llamaron por teléfono me dijeron que podía hacer lo que quisiera, aunque me sugirieron bodegones, y les respondí que era lo primero en lo que había pensado. 

Me he centrado más en los bodegones españoles, pero también en los flamencos. Ya verás que en la exposición de Casa Mediterráneo los bodegones españoles tienen fondo oscuro, salen las frutas y las plantas sobre las luces, son muy claroscuros, de la época. Pero luego están los pintores flamencos, que tienen fondos dorados, otro tipo de vista y también intervienen en ellos bastantes floreros, flores y el agua. Lo que hice fue darme un atracón durante un año o año y pico para preparar la exposición, pero sobre todo para desarrollar eso que me gusta. Me eligieron dos fotografías, una basada en Zurbarán, que tiene una copa de agua y un clavel sobre un plato de estaño, y otra consistente en unas cebollas también sobre un plato de estaño, que la traigo aquí. En el año 2019, trabajando con la Galería Marita Segovia, hice una exposición que comprendía desde mis primeros trabajos de plantas hasta los últimos de bodegones, por la que me dieron el Premio de PhotoEspaña a mi trayectoria.

Naturalezas muertas. Cebollas sobre plato de estaño – © Pilar Pequeño

¿Cuántas fotografías componen la exposición de Casa Mediterráneo? ¿Qué formatos ha empleado, en qué materiales están impresas y qué plantas y flores plasma?

Son 16 fotografías en gran formato, impresas en lonas frontlit de alta resolución. Anteriormente, yo había trabajado con la gente que se ha encargado de la impresión, en Alcobendas, en un bulevar donde se instalaron unas 30 fotos. 

En cuanto a las flores y plantas incluidas en esta exposición, por ejemplo, hay dos silvestres, borraja y ricino, que están cogidas en la desembocadura del río Torres. Tengo otras, que no se encuentran en esta exposición, que están extraídas de la falda del Porroig, como el malvavisco marino, prácticamente extinguido. Tenía localizado de vista un arbusto donde me iba a hacer las fotos, y resulta que llego un día, me encuentro con grúas y lo habían quitado. Por lo menos podrían pensar, si hay plantas que se encuentran en proceso de extinción o de las que quedan pocas, en sacarlas de ahí y replantarlas. Ya no he visto más y me da una pena… 

[su_quote]De las plantas y las frutas que cojo, me gustan más las del campo, las de los jardines de las huertas y de los mercadillos porque tienen otra personalidad, no han de ser perfectas, ni estar libres de manchas, ni de arrugas, no han de parecer de plástico.[/su_quote]

Otra cosa que me gustaría destacar es que de las plantas y las frutas que cojo, me gustan más las del campo, las de los jardines de las huertas y de los mercadillos porque tienen otra personalidad, no han de ser perfectas, ni estar libres de manchas, ni de arrugas, no han de parecer de plástico. Por eso disfruto mucho cuando voy buscándolas también por los mercadillos. En el de Altea sólo conocía los nabicoles que están en los supermercados, pero allí vi unos manojos preciosos, con sus hojas…, que no tienen nada que ver. Esas frutas se las suelen rechazar porque tienen imperfecciones y lo que yo busco justo es eso. Y también me gustan mucho las plantas de los jardines mediterráneos, como pueden ser el jazmín, los limoneros, que en realidad fueron introducidos por los árabes en la península ibérica. 

Me parece que tenemos una obligación de reconocimiento a todo lo que introdujeron los árabes en el campo de la agricultura, las técnicas de regadío, los cítricos, el ciruelo, muchas plantas aromáticas. Es decir, la flora mediterránea es muy variada porque ha llegado de muchas civilizaciones y se ha integrado en la flora de los diferentes países, cultivándose en los jardines -muchas de las plantas que ahí se encuentran las trajeron los nazaríes para los personajes eminentes de la época-. Sobre todo, los árabes de Al-Andalus aportaron muchos frutales que nos parece que son de aquí. 

Naturalezas muertas. Peonia – © Pilar Pequeño

¿La gente en general, en estos tiempos tan apresurados, se detiene a admirar la belleza de lo cotidiano, de las cosas pequeñas, como las flores y las plantas que protagonizan sus fotografías convertidas en obras de arte?

Haciendo las fotografías, acercándote a la planta, ves las transparencias, se aprecian muchos detalles que pueden pasar desapercibidos. Como las estudio, descubro la belleza, y es algo que no voy a dejar de hacer, aunque intento no repetirme, porque las plantas son distintas. 

Sus fotografías parecen pinturas en las que el tiempo está detenido. Un efecto que también ocurre en sus imágenes sobre edificios abandonados, en los que la naturaleza ha invadido el espacio. 

Los edificios abandonados son muy interesantes. Elegí dos, uno en el norte, en Galicia, y otro aquí, en el Mar Menor. Son dos edificios que están abandonados, que se han ido muriendo lentamente, y la naturaleza se ha metido por las puertas, por las ventanas… Las construcciones varían, no sólo por su arquitectura, sino también por su historia, por la luz y la actuación de la naturaleza, que quiere recuperar lo que le ha sido arrebatado. El edificio de Galicia es un colegio de los Jesuitas que fue muy importante cuando se creó  a finales del siglo XIX, la cuna de la Universidad de Comillas, la primera que hizo esta compañía. También fue seminario, colegio y cárcel, donde murió mucha gente. Cuando era pequeña y veraneaba en Galicia, al lado del cementerio hay un monte al que llamaban “La Sangriña” por las matanzas allí cometidas.

El otro es un edificio que está en Los Alcázares (Murcia). Durante varios años a principios del siglo XX el hermano de Franco, Ramón, fue jefe militar de la Base Aérea de Los Alcázares, donde le hicieron una casa muy bonita. Cuando entró en desgracia y murió en un accidente de aviación -hay rumores de que pudo ser víctima de un sabotaje- dejaron caer la casa, quedando abandonada. Yo, paseando un día por allí, cuando no estaba vallada, la descubrí, sin saber de quién había sido. Pensé que había pertenecido a unos labradores adinerados. Era muy bonita, pegada al mar. Mientras que en la casa de Galicia, aunque esté cerca del Miño, no se ve el río, sólo las plantas a través de las ventanas, en cambio, ésta es abierta al exterior y se ve el mar, las palmeras… parece un cuadro. Ése es un trabajo que también me gustó mucho. 

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Más información sobre la obra de Pilar Pequeño, en su página web pilarpequeno.com