Carmen Morales, investigadora marina: «Con una regulación adecuada los impactos disminuyen, incluso para contaminantes persistentes como el plástico»

El plástico representa el 95% de los residuos que flotan en el Mar Mediterráneo, según alertan estudios de ONG como Greenpeace y WWF. La mayor parte de estos plásticos acaba en el mar procedente de Turquía y España, seguidos de Italia, Egipto y Francia, países desde los que la basura marina se incrementa en un 40% cada verano. Estos desechos constituyen una seria amenaza, no sólo para numerosas especies como los delfines, las tortugas o las aves marinas, sino también para la salud de los seres humanos cuando los microplásticos (inferiores a 5 milímetros) y los nanoplásticos (partículas más pequeñas que una micra) entran en la cadena alimenticia al ser ingeridos por peces y crustáceos. Pero sus efectos no acaban ahí: los plásticos suponen un peligro para la reputación de la pesca y el turismo del Mediterráneo, sectores económicos clave para muchas comunidades locales.

Casa Mediterráneo ha querido profundizar en este preocupante fenómeno, abordando sus causas, su envergadura en el Mare Nostrum y las medidas necesarias para atajarlo, con la charla virtual ‘El Mediterráneo, ¿un mar de plástico?’ que ofrecerá el miércoles 3 de febrero Carmen Morales Caselles, investigadora del Departamento de Biología de la Universidad de Cádiz. El encuentro, enmarcado en el ciclo ‘Medio Ambiente y el Mediterráneo’, comenzará a las 19 h. y será moderado por Beatriz Beeckmans

Carmen Morales Caselles es investigadora marina y ecotoxicóloga. La vida de Carmen ha estado fuertemente ligada al mar y su gran reto personal y profesional siempre ha sido la protección del medio marino. Su pasión la llevó a estudiar Ciencias del Mar en Cádiz para continuar con un doctorado especializado en contaminación marina y ecotoxicología que le permitió trabajar en Italia, Reino Unido y Portugal. Tras el doctorado se mudó a París donde trabajó en la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, que le brindó la oportunidad de investigar en diversos países de Europa y Latinoamérica. En los últimos años ha estado viviendo en Canadá donde ha liderado una red de monitoreo de contaminantes en la costa oeste del país, además de trabajar con grupos aborígenes en seguridad alimentaria de productos del mar y transferencia de contaminantes en la cadena trófica. Hace tres años volvió a su universidad de origen donde estudia la contaminación por plástico en los mares y océanos del mundo.

¿En qué consisten las actuales investigaciones sobre la contaminación por plástico en mares y océanos que realiza desde la Universidad de Cádiz?

“MALUCA Lab”, el grupo de basuras marinas en el Departamento de Biología de la Universidad de Cádiz, tiene como objetivo generar conocimiento científico para la toma de decisiones frente a los desafíos ambientales y sociales que plantea la acumulación de basura en los océanos. Nos interesa entender dónde y cuándo aparecen las acumulaciones de basura, cómo se ven afectados la vida marina y los ecosistemas en conjunto, además de conocer qué tipo de objetos tienen mayor presencia y generan mayores impactos. Toda esta información nos ofrece la base científica para una gestión preventiva, orientar esfuerzos y evaluar la eficacia de las acciones tomadas.

[su_quote]La concentración de basuras flotantes en el Mar Mediterráneo es equiparable a la que existe en los cinco grandes giros oceánicos, coloquialmente denominados “islas de plástico”, presentes en el Atlántico, Pacífico e Índico.[/su_quote]

¿Cuál es la envergadura de la presencia de plásticos en el Mar Mediterráneo?

Las estimaciones de carga de basuras en el Mediterráneo tienen todavía cierto margen de incertidumbre y variabilidad. Aún así, hoy sabemos que la concentración de basuras flotantes en el Mar Mediterráneo es equiparable a la que existe en los cinco grandes giros oceánicos, coloquialmente denominados “islas de plástico”, presentes en el Atlántico, Pacífico e Índico. A pesar de que el Mediterráneo supone un 1% de la superficie marina del planeta, acapara el 7% de las entradas de residuos globales. Además, por ser una cuenca semicerrada, el Mediterráneo tiende a acumular los vertidos, bien sea flotando, en playas, en la columna de agua o en los fondos, destino final de la mayor parte de la basura. 

Según un estudio de WWF, España es el segundo país que más plástico vierte al Mediterráneo después de Turquía y el cuarto país de la Unión Europea que más plástico consume. ¿Cuáles son las razones de que tantos plásticos procedentes de nuestro país acaben en el mar?

Las estimaciones de lo que se vierte al Mediterráneo por país vienen determinadas por una combinación de población costera y nivel de gestión de residuos, o más bien, nivel de gestión inadecuada. En España en particular, la franja costera está altamente urbanizada, lo que dispara los números. Además, aún es habitual ver en playas residuos procedentes de higiene personal, tras eventos de tormentas por ejemplo, lo que posiblemente sea un problema relacionado, unido a la gestión en sí. Hay también ciertas actividades muy arraigadas en nuestro país, como el ocio de playa, que contribuyen a la contaminación marina. Hay aún un amplio margen de mejora. 

¿Qué impacto tienen los macroplásticos y los microplásticos en la fauna marina del Mediterráneo?

Los macroplásticos, que son los plásticos mayores de 5 milímetros, suelen mostrarnos efectos muy visuales, como son las imágenes de animales enmallados o atrapados. Hay otros impactos que no se perciben de manera inmediata, como es la ingestión de residuos, que pueden bloquear el tracto digestivo. Los plásticos flotantes pueden ser también usados como un medio de transporte para que larvas y organismos de pequeño tamaño alcancen destinos lejanos, antes inalcanzables, lo que puede amenazar la fauna y flora autóctonas.

Los microplásticos tienen un rango de tamaño similar al plancton, base de la red trófica, y pueden ser confundidos por alimento. Conocemos que en la composición de los plásticos suelen incluir una serie variable de aditivos y éstos podrían tener efectos en las cadenas alimentarias marinas a gran escala. Una amenaza preocupante.

¿Cuáles son las especies marinas más perjudicadas?

Es difícil conocer con exactitud, pero hay especies que, por su forma de vida, hábitos de alimentación, localización, etc. van a estar más expuestas que otras. También aquéllas que ya de por sí sean especies amenazadas o que se encuentren en “números rojos” pueden verse especialmente perjudicadas por su particular vulnerabilidad. Con los macroplásticos se han visto efectos directos en ciertas especies de cetáceos y tortugas, pero también podemos ver efectos indirectos y más amplios cuando alteran hábitats como las praderas de fanerógamas. En el caso de microplásticos es difícil determinar, pero cabría esperar que aquellos organismos cuya alimentación dependa del plancton y sean menos selectivos, como los filtradores, podrían verse afectados especialmente.

¿Los microplásticos ingeridos por los peces y crustáceos pueden llegar a tener un impacto en la salud de los seres humanos? Hay estudios que apuntan a que los microplásticos se quedarían en el intestino de los peces y no pasarían al tejido muscular, que es lo que nosotros consumimos, pero su degradación los puede convertir en nanoplásticos, materiales microscópicos e invisibles que sí pueden migrar a los tejidos y los órganos. ¿Hay estudios al respecto?

Por un lado, hay estudios que muestran que los nanoplásticos pueden ser incorporados por los tejidos, pudiendo causar daño estructural. Por otro lado, también hay trabajos de ecotoxicología que muestran los efectos de los aditivos de los plásticos en organismos, a nivel de estrés oxidativo o a nivel endocrino, por ejemplo. Sin embargo, aún se conoce muy poco sobre los efectos potenciales de los microplásticos en la salud de las especies y la salud humana. A pesar de la incertidumbre, podemos intuir que una alimentación con contenido en plástico (ya no sólo a través de los productos del mar, sino de tantos otros en los que se está encontrando plástico) no nos va a hacer ningún bien, por lo que debemos responder lo antes posible. 

En los últimos años usted ha liderado una red de monitoreo de contaminantes en la costa oeste de Canadá y ha trabajado con grupos aborígenes en seguridad alimentaria de productos del mar y transferencia de contaminantes en la cadena trófica. ¿Cuáles han sido los resultados de estos trabajos?

El trabajo con las “Primeras Naciones” me llevó a darme cuenta de lo importante que es incluir a todos los colectivos a la hora de realizar tomas de decisión. Por ejemplo, el consumo de productos del mar por un canadiense medio es mucho menor que lo que consume una población con una cultura fuertemente ligada al mar. Y esta variabilidad es importante tenerla en cuenta cuando ha habido eventos de contaminación. Además, pude comprobar la extraordinaria recuperación de especies una vez que se regulaba el uso de ciertos contaminantes, algunos altamente persistentes y tóxicos. Es importante dar a conocer estas noticias positivas, porque son el ejemplo esperanzador de que con una regulación adecuada los impactos disminuyen, incluso para contaminantes persistentes como el plástico.

Además de la amenaza que suponen los plásticos para la biodiversidad marina y eventualmente para la salud humana, ¿de qué forma pueden afectar estos residuos a sectores económicos tan importantes en nuestro país como la pesca o el turismo?

La cultura, la economía y la forma de vida en nuestro país están muy vinculadas al mar. Las basuras marinas son de los contaminantes más visibles, realmente pueden ser muy llamativos y en ese sentido afectar directamente al sector turístico y al ocio o disfrute de la naturaleza, por ejemplo, cuando aparecen en las playas. Pueden causar problemas como las provocadas por las toallitas en redes de alcantarillado. Todo ello repercute directamente en la economía y el bienestar de las personas.

Los propios pescadores nos han manifestado en alguna ocasión que han tenido problemas mientras faenaban a causa de enredamientos con redes o barcas abandonadas que incluso han destruido sus propias artes de pesca. El mar les da de comer y muchas cofradías en España están ayudando en la recuperación de residuos.

En relación a ello, en España hay iniciativas de empresas textiles de economía circular que con la colaboración de las cofradías de pescadores recogen plásticos del mar y los convierten en filamentos con los que fabrican prendas de ropa. Se trata de un paso positivo, pero ¿hay en marcha medidas de mayor envergadura para reducir la presencia de estos residuos del Mediterráneo?

Cualquier iniciativa que cierre el círculo de una economía hasta ahora muy lineal, será positivo. Ahora bien, hay que ser realista, y para ello es bueno echar un vistazo a los residuos que recuperan los pescadores. Suelen ser basuras de todo tipo, enredadas, sucias y, a nivel químico, mezcla de diferentes polímeros. Para poder aprovechar y reutilizar un material, ha de cumplir ciertos requisitos, y muy muy poco de esta basura lo cumple. Por tanto, esos avances están bien, pero es cierto que sólo sirven para una pequeña parte de los residuos que se sacan del mar. Lo que nos debe recordar la importancia de “cerrar el grifo” para que, en primera instancia, esos residuos no acaben en el mar.

A partir de este año, en la Unión Europea estarán prohibidos los plásticos de un solo uso. ¿Qué otras medidas sería necesario adoptar para atajar la contaminación por plásticos en el Mediterráneo?

Por lo que tengo entendido, lo que se prohibirá es una pequeña lista de objetos (cubiertos, palillos de los oídos, etc.), pero por ejemplo no incluye botellas, uno de los residuos más habituales, ni muchos otros objetos prioritarios. Esta directiva da pasos importantes hacia la obligatoriedad de reciclado para muchos plásticos de un solo uso en los próximos años, pero realmente no se eliminan. Es un avance, pero hay que ser algo más ambicioso y dirigir las políticas preventivas hacia otra serie objetos, como por ejemplo las botellas de plástico, las latas, el plástico de empaquetado, plásticos derivados de agricultura, que son los grandes residuos que estamos encontrando en todos los ecosistemas.

[su_quote]La sensibilización es importantísima, porque va a informar y guiar los hábitos y la demanda de los consumidores hacia productos más amables con nuestro entorno y con nuestros mares.[/su_quote]

¿Hace falta más educación medioambiental en las escuelas y sensibilización ciudadana para eliminar el uso de plásticos no biodegradables y que el reciclaje sea un hábito generalizado en los hogares españoles?

Ha habido avances hacia los plásticos biodegradables, pero realmente hay que tener cierta cautela; ya que la biodegradabilidad entraña trampa. En ocasiones implica que el plástico se fragmenta en condiciones naturales, dando lugar a pedazos más pequeños, a microplásticos, lo cual realmente no soluciona el problema. Los plásticos compostables podrían ser una parte de la solución, siempre y cuando se garantice que su producción no supone un impacto añadido y que su gestión posterior esté garantizada. La sensibilización es importantísima, porque va a informar y guiar los hábitos y la demanda de los consumidores hacia productos más amables con nuestro entorno y con nuestros mares.