Las matemáticas están detrás de todo lo que hacemos en nuestra vida diaria. Nos sirven para conocer el mundo y manejarnos en él con soltura, al tiempo que permiten el avance imparable de las nuevas tecnologías. Pero las matemáticas trascienden de la mera utilidad cotidiana, nos impulsan a salir de nosotros mismos y nuestros condicionantes, ayudándonos a construirnos como personas para alcanzar la plenitud. Y la oralidad no es ajena a este noble fin. Contar relatos es una constante a lo largo de la historia del ser humano, que pone voz a los sucesos de la sociedad y permite crear comunidad.
La relación entre ambas realidades se abordará en la conferencia titulada “La invención de los números y la necesidad de contar” dentro del ciclo ‘Tradiciones del Mediterráneo’, el próximo martes 21 de enero a las 19 horas a cargo de Eduardo Sáenz de Cabezón Irigaray, matemático, profesor de Lenguajes y Sistemas Informáticos, teólogo, escritor y presentador (RTV2), quien mantendrá un diálogo con la narradora Raquel López. Doctor en Matemáticas y licenciado en Teología, Sáenz de Cabezón compagina su carrera docente con la narración de cuentos y la divulgación científica. Es miembro y fundador del grupo de científicos e investigadores dedicados a la divulgación científica llamado Big Van Ciencia, creador y administrador del canal de YouTube Derivando con más de un millón de seguidores y autor de varios libros, entre ellos Inteligencia Matemática.
En esta entrevista, nos ofrece unas pinceladas sobre los asuntos que tratará en Casa Mediterráneo, un encuentro abierto al público hasta completar aforo y con emisión online.
En este mundo tan pragmático, se suelen valorar los saberes en función de su utilidad, más allá de las satisfacciones que nos pueda proporcionar simplemente el hecho de ampliar nuestros conocimientos. ¿Para qué sirven las matemáticas en la vida diaria?
En la vida diaria yo diría que las matemáticas sirven para casi todas las gestiones que nos hacen enfrentarnos al mundo de una forma que nos permita manejarlo y predecirlo. Hay un matemático colombiano que dice que las matemáticas son contar, medir y ordenar. Todo lo que tenga que ver con esas acciones. Por ejemplo, nos sirven para saber que estamos en la misma hora, cuánto falta para el momento en el que tengo que llamar a una persona, a qué distancia está un sitio de otro… Cotidianamente, hay montones de cosas que las hacemos con las matemáticas, probablemente no con las escolares, aunque también. Y luego hay otro montón de matemáticas, a las que no todo el mundo se dedica, que son las que están detrás de absolutamente toda la tecnología y la ciencia que manejamos a diario.
Las matemáticas nos aportan rigor para analizar los problemas, saber interpretar los datos e hilar argumentos. Están detrás de la lógica, un elemento fundamental para la vida diaria de cualquier persona, aunque quizás no se suela pensar en ello.
Fue uno de los impulsos de la matemática griega, porque el resto de los pueblos en torno al Mediterráneo que la practicaron al principio, como los egipcios o los babilonios, no se la plantearon desde un punto de vista argumental, como hicieron aquéllos. Los griegos sí, porque tomaban las matemáticas también como un entrenamiento para la argumentación y para la vida política, para la democracia.
Las matemáticas y las ciencias en general están llenas de historias. ¿En qué reside el poder de las historias?
En muchas formas. Por un lado, nosotros, los seres humanos, naturalmente estamos hechos de historia. Como especie y en todas las culturas hemos crecido a través de historias que además tienen unas constantes muy universales. Casi todo el mundo ha contado las historias tradicionales más o menos del mismo modo. Y eso es importante, porque las historias nos dicen cómo, al igual que las matemáticas, los humanos nos enfrentamos a la incertidumbre del mundo, a qué es lo que está bien y cómo podemos estar mejor juntos. Entonces, eso propicia que esté muy metido dentro de nuestro acervo cultural y personal el hecho de que seamos capaces de aprender a través de las historias. Y las matemáticas no escapan a ello. No solamente podemos contar conceptos matemáticos y científicos en general utilizando historias de una forma que tiene que ver con su estructura en sí, sino que como todo eso ha nacido en un entorno humano, cultural, muchas veces las historias de esos hallazgos nos dicen muchísimo sobre quiénes somos y sobre los propios descubrimientos.
Somos seres orales, a los que nos interesan las historias, y seres matemáticos, que medimos el mundo, tratamos de comprenderlo y sistematizarlo. ¿Ambas características precisan una de la otra?
¿Te refieres a la comprensión y el cálculo?
Sí.
Muchas veces en la escuela sustituimos un poco la comprensión por el cálculo, por los algoritmos y, en ocasiones, no llegamos a entender todo lo que estamos haciendo. Y pese a que los cálculos nos permiten, lo que decía antes, el desarrollo de tecnologías y muchas cosas que no podríamos hacer si no supiéramos adecuadamente multiplicar, dividir, sacar derivadas y todo ese tipo de operaciones, eso no puede sustituir a la comprensión.
La comprensión nos dice muchas más cosas, que van más allá de sólo entender cómo es el funcionamiento interno, las operaciones matemáticas. Y esa comprensión profunda también nos lleva a lo que hablábamos antes de las historias. ¿Por qué las matemáticas que tenemos son así y no otras? ¿Si hubiera una civilización extraterrestre tendría las mismas matemáticas que nosotros? Pues probablemente no, porque pese a que hay muchas cosas que seguramente son invariantes como el tratamiento de la cantidad, muchas de las matemáticas que hacemos tienen un componente cultural y están pegadas a la historia de la propia disciplina.
La clase de matemáticas es un lugar muy apropiado para entrenar la tolerancia a la frustración o también un cierto sentido de la justicia.
Las matemáticas suelen ser una asignatura que les cuesta en general a los escolares españoles. ¿El actual enfoque del sistema educativo va bien encaminado o qué orientación considera que debería tener?
Aquí haría un par de puntualizaciones. Por una parte, no estoy de acuerdo con que a los españoles, en general, nos vaya peor en matemáticas que en otros países. No nos va mal y no nos enseñan mal. Y, por otra parte, yo no soy especialista en educación matemática. Por lo tanto, no me siento autorizado para decir a los profes cómo tienen que enseñar las matemáticas. Ya hay expertos que investigan la didáctica de las matemáticas.
Si bien es cierto que hay una cosa que nos falla a nosotros y a casi todos los países, y es que cuando alguien sale de la escuela un porcentaje demasiado pequeño de gente mantiene interés por el conocimiento y por el conocimiento matemático, en particular. Creo que ahí sí que tenemos que fijarnos más en lo que hablábamos antes: ofrecer un poco más de contexto, incidir en por qué hacemos las cosas, qué sentido tiene que expliquemos límites, derivadas o divisiones, qué ventaja cultural y personal aporta esto a mi vida. Más allá de la mera utilidad, cómo me permite enriquecer mi vida de alguna forma.
Considero que a esta cuestión le prestamos demasiada poca atención y que la clase de matemáticas es una buena oportunidad para inculcar actitudes muy positivas en muchos sentidos, no solamente en cuanto a las habilidades matemáticas. Por ejemplo, la clase de matemáticas es un lugar muy apropiado para entrenar la tolerancia a la frustración o también un cierto sentido de la justicia. Algo en matemáticas es verdad, independientemente de quien lo diga, sea el alumno o el profesor. Y es muy útil para inculcar y trabajar este tipo de actitudes.
Quizás la escuela se dirija demasiado hacia el futuro profesional, dejando algo de lado el presente más inmediato y el disfrute del propio aprendizaje en sí.
Muchas veces lo dejamos un poco de lado. Espero que no sea así en general, en la escuela, en la sociedad, en los institutos… Efectivamente, para mí uno de los mayores tesoros que una persona se lleva de su paso por la Secundaria es el amor por el conocimiento. Y eso no se puede solamente compartir a partir de la preparación profesional, sino que es necesario pensar también en presente, como dices.
Platón decía que las matemáticas nos ayudan a buscar el bien a través de la verdad. ¿A qué se refería?
Hay una identificación del bien y de la verdad en Platón. La verdad tiene muchas definiciones, muchas caras y muchas formas. Y una de las formas es la adecuación interna, la coherencia interna, y la verdad matemática es eso: coherencia interna. Entonces, a través del entrenamiento matemático y del contacto con las matemáticas, uno se ve expuesto también a ese tipo de verdad, que es la coherencia interna y, por lo tanto, forma parte del bien. Y el bien es el objetivo de la educación para Platón; hacer personas buenas en el sentido más pleno de la palabra.
En el encuentro que le traerá a Casa Mediterráneo, ¿qué otros asuntos tiene previsto abordar con su interlocutora, Raquel López?
Seguramente conectemos el inicio de las matemáticas y aquello que nos llevó a cuantificar el mundo de alguna forma con lo que estamos ahora haciendo en un mundo muy tecnologizado. Analizaremos qué oportunidades y qué amenazas surgen en un mundo en el que la tecnología, la inteligencia artificial, los ordenadores y las redes sociales están tan presentes y tienen tanta influencia en nuestra vida.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo.