El próximo miércoles 22 de enero Casa Mediterráneo ofrecerá en el Colegio de España en París una conferencia sobre la artista española Juana Francés (1924-1990), única mujer que perteneció al importante grupo informalista El Paso. Una artista que luchó por estar entre los más grandes de su generación, con presencia en espacios internacionales tan potentes como la Bienal de Venecia, en la que estuvo en cuatro ocasiones, o el Guggenheim de Nueva York. París está muy relacionado con ella desde 1951; fue su primer destino fuera de España con una beca del Gobierno francés. Volvería en 1953, 1956 y muchas otras veces realizando exposiciones en galerías de arte, ferias como la FIAC y una individual muy importante en 1977 en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París. Esta charla se enmarca en las celebraciones del centenario de la autora y se trata de un evento organizado entre el Colegio de España, Casa Mediterráneo y el Instituto Cervantes de París, con el que estamos trabajando también en una ruta de los lugares más emblemáticos del paso de Juana Francés por la ciudad.
París era todavía en los años 50 la ciudad que inspiraba a los artistas más rompedores. En la ciudad-luz surgieron los impresionistas en la segunda mitad del siglo XIX y, con ellos, una nueva visión del arte, su exposición y su comercio. Una ciudad moderna que atraía a artistas y creadores de todo el mundo. El cambio a una nueva estética plástica fue aún más rompedor con las vanguardias de principios de siglo, muchas de las cuales, como el cubismo o el fauvismo, se gestaron en la ciudad o por artistas radicados en ella y, tras la segunda Guerra Mundial, a la vez que en Estados Unidos surgía el Expresionismo Abstracto, en Europa surge una nueva abstracción matérica que se conocerá como informalismo. París en ese tiempo continúa siendo una ciudad que acoge el arte que está en constante ebullición, atrayendo a muchos de los jóvenes creadores de España en su búsqueda por encontrar nuevos caminos estéticos.

En España, artistas que acaban de finalizar sus estudios reciben becas para salir al extranjero. Es el caso de Juana Francés, que recibe en 1951 una del Instituto Francés por la que se desplaza por primera vez fuera de su país. En esta primera visita le deslumbran los impresionistas y el Louvre. En 1953 regresa a la capital francesa con una bolsa de viaje del Gobierno español. En esta ocasión entra ya en contacto con el arte más contemporáneo. Durante estos años la pintora está desarrollando su primera etapa artística, de figuración hierática, con éxitos notables como su presencia en las Bienales Hispanoamericanas, sus primeras exposiciones individuales o su primera participación –de cuatro en total- en la Bienal de Venecia.
Su siguiente viaje a París, en 1956 será ya junto a su pareja, el escultor Pablo Serrano y el crítico de arte Moreno Galván. Juana comienza desde 1956 su segunda etapa, caracterizada por la abstracción matérica. Los viajes por Europa y resto del mundo abundan para toda la generación de artistas informalistas españoles, cuyo arte de calidad es requerido en exposiciones y muestras incluso en Estados Unidos y Japón. Juana participa en colectivas en la Tate Modern, en el Guggenheim de Nueva York y muchos otros espacios. En París residen muchos amigos de Juana y los viajes a la ciudad son constantes.
Y sigue investigando y evolucionando en su trabajo, va incluyendo materiales encontrados, relacionándose con el arte povera y otros movimientos que surgen en ese momento… hasta que poco a poco las anteriores formas abstractas van formando seres antropomórficos, seres que recuerdan a robots, seres que se están convirtiendo en máquinas, que se están “cosificando” como dice la propia autora. Se trata de su tercera etapa artística, la más larga, la más conceptual por su preocupación respecto al ser humano y su relación con los demás en el nuevo entorno impersonal de la ciudad. En esta etapa, Juana Francés llega a residir periodos largos en la capital del Sena, en la que adquieren un taller al crítico francés Pierre Restany, que fue anteriormente del escultor Giacometti. La idea es radicarse en la ciudad, pero la salud de Pablo Serrano les obliga a regresar a Madrid. La relación con París se mantiene fuerte y una de las más importantes exposiciones individuales de Juana Francés tiene lugar en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París, en 1977, institución que hasta la construcción del Pompidou mostraba el arte más contemporáneo.
La década de 1980 a 1990 será la última de la vida de Juana Francés. Tras veinte años de una pintura dura, casi pesimista, la artista da un giro al color y al lirismo con las abstracciones de los Fondos Submarinos y los/las Cometas, una reivindicación del soporte papel, y una vuelta al formato grande en lienzo a partir del año 85.
Natalia Molinos
Doctora en Historia del Arte