Casa Mediterráneo abre la segunda semana de noviembre con una cita ineludible para los amantes de la historia y la arquitectura. El próximo martes 11, el arabista Carlos Varona, ofrecerá la conferencia titulada «Damasco: una estación singular de tren entre Estambul y La Meca», a las 19:00 horas en el Ágora, con entrada libre hasta completar aforo y retransmisión online.
Carlos Varona Narvión es doctor en Filología Árabe y escritor, ha residido largos años en Oriente Próximo (Siria, Jordania y Egipto), donde fue profesor universitario y director del Instituto Cervantes en varias de sus capitales, entre otras Damasco y Amán.
En este encuentro realizaremos un viaje en el tiempo a través del Ferrocarril del Hiyaz, un ambicioso proyecto del Imperio Otomano que buscaba unir Estambul con los lugares santos del islam. La historia de su estación en Damasco —una joya arquitectónica diseñada por el ingeniero español Fernando de Aranda— sirve de punto de partida para explorar un fascinante cruce de civilizaciones y un periodo decisivo en la configuración del actual Oriente Medio.
En la entrevista que sigue, Carlos Varona nos comparte los secretos de esta estación única, la huella española en su construcción y la historia detrás de este mítico ferrocarril.
La conferencia lleva por título «Damasco: una estación singular de tren entre Estambul y La Meca». ¿Qué hace de la estación de Damasco un lugar tan único?
La estación de Al-Hijaz en Damasco es un lugar singular por varias razones. En primer lugar, formaba parte del ambicioso proyecto del ferrocarril del Hiyaz, una línea que pretendía conectar Estambul, capital del Imperio Otomano, con La Meca, el principal destino de peregrinación del islam.
En segundo lugar, la estación de Damasco es que fue construida por un arquitecto español, algo insólito en aquella región y época (entre 1910 y 1912). Además, su diseño combina influencias modernistas europeas con elementos locales, lo que la convierte en una joya arquitectónica del Oriente Medio.
Otro aspecto curioso es su similitud con la estación de Benalúa en Alicante. Aunque están separadas por miles de kilómetros, ambas comparten rasgos arquitectónicos propios de su tiempo.
El Ferrocarril del Hiyaz unió Damasco con Medina entre 1908 y 1916, y originalmente debía extenderse hasta La Meca, aunque el proyecto nunca se completó. ¿Por qué no llegó a construirse ese último tramo?
No llegó hasta La Meca principalmente por la revuelta árabe de 1916, que tuvo lugar en el contexto de la Primera Guerra Mundial. El proyecto había sido impulsado por el Imperio Otomano, que pretendía unir Estambul con los lugares santos del islam —Medina y La Meca—, no solo con fines religiosos, sino también estratégicos y militares, ya que la línea permitiría transportar tropas y armamento con rapidez por todo el sur del imperio.
Sin embargo, durante la guerra, las tribus árabes de la península, hasta entonces divididas, se unieron bajo la influencia de Lawrence de Arabia, un oficial británico que logró organizar la Revuelta Árabe contra el dominio otomano. Los británicos apoyaron este levantamiento porque les convenía debilitar al Imperio Otomano, aliado de Alemania.
Las tribus árabes se opusieron firmemente a que los turcos continuaran la construcción del ferrocarril hasta La Meca, ya que veían en él una amenaza: la línea permitiría al ejército otomano llegar fácilmente a sus territorios con cañones y ametralladoras, consolidando su control sobre la región.
¿Qué papel político, espiritual o simbólico tenía el Ferrocarril del Hiyaz para el imperio otomano?
Desde el punto de vista espiritual y religioso, la línea pretendía facilitar la peregrinación a La Meca, uno de los cinco pilares del islam. Antes de su construcción, el trayecto hasta La Meca se hacía en caravanas que tardaban entre 40 y 50 días atravesando el desierto, con enormes dificultades: falta de agua, tormentas de arena y riesgos de asaltos. El ferrocarril reducía ese viaje a unos pocos días, ofreciendo una ruta más segura, rápida y digna para los peregrinos.
En el plano político y estratégico, el ferrocarril tenía un valor clave para el control del imperio. Permitía movilizar tropas y suministros hacia las provincias más alejadas del sur, reforzando la autoridad otomana sobre territorios que hoy forman parte de Siria, Jordania y Arabia Saudí.
La estación de Al-Hijaz en Damasco fue diseñada por el ingeniero español Fernando de Aranda. ¿Cómo llegó un arquitecto madrileño a participar en un proyecto tan emblemático del mundo árabe-otomano?
En 1889 su padre, que era músico, viaja a París para participar en la Exposición Universal. Allí es escuchado por uno de los consejeros del sultán otomano. Su talento impresiona tanto que es contratado como director de las orquestas imperiales en Estambul. Así, hacia 1905, la familia Aranda se traslada a la capital del Imperio Otomano.
Tras estudiar ingeniería, Fernando de Aranda se muda a Damasco, donde participa en la construcción de la estación de Al-Hijaz entre 1910 y 1912, una de las obras más emblemáticas del Ferrocarril del Hiyaz. Aranda permanecerá en Siria durante el resto de su vida, llegando a ser incluso cónsul general de España en Damasco.
Sobre la estación, ¿qué elementos destacan en la fachada y el edificio de la estación?
En cuanto al edificio en sí, es arquitectura neoclásica. Lo destacable es su interior que es totalmente musulmán. Los techos, las paredes, los cristales… Todo es de inspiración musulmana, Es una particularidad del estilo de Fernando de Aranda, que también diseño el Banco Central de Damasco, la Universidad Central y varios edificios importantes de la época.
Así que, mientras el interior es muy musulmán (con artesonados, vidrieras, mucha decoración vegetal…), el exterior es inspiración europea (cubismo, art decó…).
Más allá de su uso ferroviario, la estación de Damasco debió de ser un lugar de encuentro de culturas, religiones e imperios, ¿verdad?
Efectivamente. En la época en que se construyó, durante el reinado del sultán Abdul Hamid II en Estambul, el Imperio Otomano aún abarcaba una vasta extensión de territorios que incluían todo Oriente Medio y buena parte del sudeste de Europa, hasta regiones como Albania, donde también dejaron un notable legado arquitectónico e histórico. Sin embargo, a pesar de su poder político y territorial, el imperio tenía unas infraestructuras obsoletas y falta de personal cualificado para acometer grandes obras de ingeniería.
Por esa razón, en la construcción del Ferrocarril del Hiyaz y de su estación principal en Damasco participaron profesionales de muy diversas procedencias: ingenieros alemanes y franceses, técnicos egipcios, y trabajadores serbios, croatas, bosnios, chipriotas, griegos y árabes. Aquella obra se convirtió en una especie de «Naciones Unidas».
Además, Damasco en ese momento era una ciudad cosmopolita y abierta al mundo, visitada por diplomáticos, comerciantes y viajeros europeos, especialmente ingleses y franceses.
¿De dónde surge su interés por el mundo otomano y por la historia de la estación del Ferrocarril del Hiyaz?
Pues nace de una experiencia personal y profesional muy directa con Siria. Viví en Damasco durante unos cinco o seis años; la primera vez que estuve allí fue en 1979, cuando pasé una temporada en el Monasterio de San Pablo. Años más tarde, entre 2000 y 2004, tuve el honor de ser director del Instituto Cervantes de Damasco, lo que me permitió conocer a fondo la arquitectura, la historia y la vida cultural del país.
Siria me cautivó desde el principio: es un país acogedor, profundamente histórico y desconocido en España y en gran parte de Europa. Pocos saben que algunas de las ciudades más impresionantes del antiguo Imperio Romano no están en Italia, sino en Siria y en el norte de Jordania, donde se conservan restos arquitectónicos extraordinarios.
Mi interés por la estación de Al-Hijaz surgió precisamente durante mi etapa en el Instituto Cervantes. En la biblioteca del centro descubrí una colección de libros de arquitectura donados por Fernando de Aranda, el ingeniero español que diseñó la estación. Aquellos volúmenes antiguos despertaron mi curiosidad y me llevaron a investigar la vida y la obra de este arquitecto casi olvidado, quien además fue autor del Hotel Zenobia de Palmira.
La estación de tren de Al-Hijaz es uno de los monumentos históricos más importantes de Siria, ¿en qué estado se encuentra actualmente, tras tantos años de conflicto en el país?
A pesar de los años de conflicto que ha vivido Siria, la estación de Al-Hiyaz en Damasco se mantiene en pie y conserva su gran valor histórico. En la actualidad, parece que existen proyectos para rehabilitarla y darle una nueva vida, incluso como parte de un futuro sistema de metro o transporte urbano de la capital.
La estación ha pasado por etapas difíciles: en los años sesenta incluso se llegó a plantear su demolición, pero gracias a su inclusión en el plan general de urbanismo de Damasco logró conservarse.
Por otro lado, la estación final de Medina, en Arabia Saudí, ha corrido mejor suerte: se encuentra restaurada y convertida en un museo dedicado al Ferrocarril del Hiyaz, donde se conservan locomotoras, documentos y materiales originales de la línea que unió Damasco con Medina a comienzos del siglo XX.
Por último, ¿Por qué nadie debería perderse esta conferencia?
Porque a partir de un elemento tan concreto y fascinante como la estación de tren de Al-Hijaz en Damasco, intentaré ofrecer una mirada amplia y profunda sobre la historia y la complejidad de Oriente Medio.
A través de la historia del Ferrocarril del Hiyaz y del Imperio Otomano, abordaré los acontecimientos que marcaron el destino de la región, desde la caída del imperio tras la Primera Guerra Mundial hasta los acuerdos entre franceses y británicos que redibujaron el mapa político de Oriente Medio. También hablaré de la creación del Estado de Israel en 1948 y el conflicto palestino-israelí, que sigue siendo uno de los grandes desafíos geopolíticos de la actualidad.
Por Gemma Belén
Técnico de áreas, Casa Mediterráneo

