Emilio Morenatti: “El periodismo de denuncia pasa por detectar aquello que la sociedad no debería permitir que ocurriera”

La próxima sesión del ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’, organizado por esta institución en colaboración con la Universidad Miguel Hernández, contará con la participación de Emilio Morenatti, fotoperiodista de dilatada trayectoria, galardonado entre otras importantes distinciones con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Gráfico. El encuentro se celebrará el viernes 26 de febrero a las 10:00 h. y podrá seguirse a través de la web de Casa Mediterráneo. Durante la charla virtual, Morenatti compartirá con los asistentes su trabajo en algunos de los puntos más conflictivos del planeta, marcado por una clara vocación de servicio y compromiso social.

Fotoperiodista de agencias con más de 30 años de profesión a sus espaldas, Emilio Morenatti ha cubierto conflictos armados principalmente en Oriente Medio, Afganistán, Pakistán y el norte de África para la agencia de noticias estadounidense The Associated Press (AP), donde en la actualidad dirige el departamento de fotografía en España y Portugal. Master en Fotoperiodismo y Fotografía Documental por la Universidad de Arte de Londres, forma parte del equipo de formadores oficiales del World Press Photo. Ha sido nombrado mejor fotoperiodista del año en América en dos ocasiones, en 2009 por “Pictures of the Year International” y en 2010 por la National Press Photographers Association de Estados Unidos. En 2009 obtuvo el primer premio Fotopres por su trabajo ‘Violencia de género en Pakistán’ y ese mismo año fue finalista del premio Pulitzer por la cobertura de la guerra de Afganistán. Entre sus galardones destacan el Godó de fotoperiodismo, el Lucas Dolega, el Ortega y Gasset y el World Press Photo en dos ocasiones.

Con el fin de acercarnos a su trabajo, que actualmente desarrolla desde Barcelona, mantuvimos una entrevista con este intrépido fotoperiodista que en 2006 fue secuestrado en Gaza y en 2009 sufrió un atentado en Afganistán. Sus imágenes en primicia de los féretros que nadie quería publicar en España durante los primeros meses de la pandemia, así como las fotografías de una playa de Barcelona atestada de gente sin guardar la distancia mínima de seguridad le acarrearon feroces críticas, algo que él asume bajo la convicción de que la sociedad tiene derecho a conocer la verdad y a juzgar por sí misma.

En un determinado momento de su carrera profesional cambió la calidad de vida que le ofrecía Sevilla por las incomodidades y los riesgos de las zonas en conflicto. ¿Qué le llevó a dar este paso?

Ya llevo un tiempo en Barcelona. Dejé aquella vida de periodista intrépido para llevar una existencia un poco más tranquila, aunque me encontré casi con otra guerra en casa, la guerra del Procés y los sucesos en Barcelona. Me considero una persona de acción, de calle, y encontré este trabajo que es perfecto para estar en el follón y dar rienda suelta a situarme en primera línea contando lo que pasa. Además, la cámara es una excusa perfecta para estar presenciando cierto tipo de cosas y llevar ese estilo de vida.

Sus fotografías se caracterizan por un firme compromiso social. He leído que un viaje a Malawi fue decisivo en este sentido. De hecho, montó una exposición con fines benéficos y puso en marcha el proyecto ‘porafrica.com‘. ¿De qué manera le marcó este viaje a África?

La fiebre de África sobrevino casi por casualidad a raíz de un trabajo fotográfico que tenía que hacer en unas instalaciones en Zimbabue. Entonces descubrí Malawi y a unas religiosas que tenían una leprosería y un colegio para huérfanos del Sida. Me quedé enganchado con el país y con el trabajo de estas misioneras. Después de varias semanas con ellas pude comprobar que uno como ser humano busca una utilidad y ahí encontré de alguna manera una función de servicio mediante lo que sabía hacer, la fotografía periodística con el fin de documentar una realidad. Entonces decidí apostar con toda mi energía por esa realidad auténtica. Después de unos años la vinculación con Malawi y ese amor por África se quedaron como parte de mi vida.

[su_quote]El periodista es una mera correa de transmisión entre una injusticia y la sociedad que tiene que ser consciente de ella.[/su_quote]

Recibió el Premio FotoPres 09 por sus retratos de mujeres paquistaníes víctimas de ataques con ácido. ¿Era ésta una realidad poco conocida que necesitaba ser denunciada para provocar una reacción contra estas prácticas?

Claro, el periodismo de denuncia pasa por ahí, por detectar aquello que funciona mal, aquello que la sociedad no debería permitir que ocurriera. Es el periodismo como mecanismo regulador el que tiene que difundirlo. El trabajo de periodista pasa por revelar ese tipo de situaciones y dejar que la sociedad decida y las juzgue, no el informador. El periodista es una mera correa de transmisión entre una injusticia y la sociedad que tiene que ser consciente de ella. Uno va detectando esas situaciones con sus parámetros, que no dejan de ser occidentales, pero parámetros al fin y al cabo, sofisticados gracias a las praxis sobre las que se sustenta el periodismo. A partir de ahí comienza un periodismo que se podría llamar de denuncia, pero al que no me gusta ponerle calificativos. El periodismo tiene que ser eso ya de entrada, sin necesidad de catalogarlo ni adjetivarlo. Este trabajo concreto de las mujeres atacadas con ácido es una denuncia social de un fenómeno que había que visibilizar, no exento de dificultades porque requería involucrarse en una sociedad muy hermética y patriarcal que intentaba ocultar toda esta lacra de violencia doméstica muy poco visibilizada.

AP Photo/Emilio Morenatti
A Pakistani displaced boy from Swat valley sleeps under a mosquito net outside his tent at the Jalozai refugee camp near Peshawar, Pakistan, Tuesday, May 26, 2009. Pakistan must immediately lift a curfew in the Swat Valley and airlift food, water and medicine to residents trapped by battles between the military and the Taliban or risk a humanitarian catastrophe, Human Rights Watch warned Tuesday. (AP Photo/Emilio Morenatti)

En los primeros meses de la pandemia de Coronavirus en los medios de comunicación españoles no se mostraron imágenes de ataúdes bajo el argumento de no generar alarma social. ¿Qué opina de las reacciones que desataron algunas de sus fotografías, captadas de forma clandestina, que fueron las primeras que se hicieron en una residencia de ancianos con los camilleros de una funeraria y en una morgue llena de ataúdes?

El periodismo debe ser un reto y te lo encuentras o bien en las instituciones o bien en aquellos  lugares donde hay un rechazo a que se cuenten ciertas cosas. Y ahí es donde se produce el desafío de informar y hacerlo bien. Se dieron dos circunstancias. Al principio de la pandemia todo era nuevo y las circunstancias nos sobrepasaban. En ese momento de caos se priorizaron otras cosas antes que dejar que un fotógrafo entrara en una UCI, una morgue o un cementerio. Yo eso lo puedo entender, lo que me cuesta más trabajo es que eso sirva de excusa continuamente para ocultar ciertas realidades. Vivimos en una sociedad infantilizada a la que no se considera lo suficientemente inteligente  y madura para asumir y digerir cierto tipo de imágenes, sino que de entrada hay alguien que piensa por nosotros. Ciertos mandatarios y gobernantes deciden lo que debe contarse o no. Y ese filtro lo deberían poner los medios de comunicación y la sociedad.

De hecho, en la primera ola de la pandemia en España, usted fue víctima de una feroz campaña en Twitter por una fotografía que mostraba el incumplimiento de la distancia de seguridad en una playa de Barcelona. Se le acusó de que el uso del teleobjetivo manipulaba la realidad ofreciendo una imagen de proximidad mayor entre la gente, aunque luego hizo esa misma foto con el móvil y el resultado no varió. ¿Por qué cree que le llovieron esas críticas?

Esto fue producto de algo que nos afectaba directamente. Si esa imagen se hubiera tomado en Madagascar o en Malawi no nos habría afectado. Si por ejemplo muestras una mala praxis de los políticos ese colectivo se resiente, pero si retratas y visibilizas una mala práctica de la sociedad, en la que se representa mucha gente, probablemente recibas una reacción de los propios involucrados. Esas personas no eran conscientes de lo que estaba pasando, tenía que haber una mirada marciana que lo mostrara. Reconocer que alguien que no hace algo correctamente o se le va de las manos es complicado, siempre hay una negación. Lo más fácil es decir que se trata de un montaje, es el camino más sencillo ante un hecho que prueba que hay una mala práctica.

Esto pasa continuamente cuando no queremos ver una realidad, sobre todo en la que nos podemos ver representados muy fácilmente. El problema era que la policía no acotó ese punto donde se iban a congregar muchas personas. No era un problema de la sociedad, sino de orden público. Yo lo que estaba condenando era el orden público, no a la gente que se concentró ahí a la hora punta de las 12 de la mañana porque quería ver el mar tras muchas semanas sin verlo, algo normal. Ahí hubo algo personal y no era ése el objetivo.

En cualquier caso, la fotografía finalmente tuvo como consecuencia el acotamiento posterior de la zona.

Sí, colocaron una valla y limitaron los aforos. Hubo una acción-reacción gracias al periodismo. Ésa es su misión, que regula de alguna manera esa mala práctica, pero siempre hay una víctima, la que aparece en la foto y se queja diciendo que esa imagen ha sido el producto de una lente larga. Si lo quieres ver así… pero la lente larga no pone a gente, lo que puede hacer es un efecto de compresión, lo que no evita que hubiera tantas personas como las que había. Pero lo más fácil es matar al mensajero.

En la cobertura que está realizando estos días de los altercados en Barcelona por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, ¿qué actitudes están teniendo los manifestantes violentos hacia los fotógrafos?

Normalmente siempre hay un rechazo contra la prensa para que no tomemos imágenes, pero van a su bola. Cuando hay alguien dedicándose a robar está más pendiente del hurto que de la foto que le hacen. Ayer [por el 22 de febrero] por ejemplo me atracaron al final de la manifestación y me intentaron quitar las cámaras prácticamente arrastrándome. En mis 32 años de carrera, esto no me había pasado nunca. Se trataba de un grupo de oportunistas, de gente que ya hacía ese tipo de acciones y ahora las sigue haciendo, lo que pasa es que ahora aprovecha las actuales circunstancias. No creo que tengan que ver con los raperos que se manifiestan, sino que son grupúsculos satélites que van al margen en su propio provecho.

A couple kiss in front of a barricade set by demonstrators during clashes with police following a protest condemning the arrest of rap singer Pablo Hasél in Barcelona, Spain, Thursday, Feb. 18, 2021. Protests over the imprisonment of a rapper convicted for insulting the Spanish monarchy and praising terrorist violence have morphed for the third night in a row into rioting. Pablo Hasél began this week to serve a 9-month sentence in a northeastern prison. (AP Photo/Emilio Morenatti)

También le quería preguntar cómo maneja el miedo, tanto en los lugares en conflicto donde ha trabajado -en 2006 le secuestraron en Gaza y en 2009 fue víctima de un ataque al vehículo en el que viajaba con las tropas estadounidenses en Afganistán-, como en situaciones como las actuales cubriendo unas manifestaciones plagadas de violencia.

Se compensa con un poco de inconsciencia. No te sientes un héroe ni un dios, sólo intentas no pensar mucho. Uno tiene ya un poco de experiencia y sabe dónde colocarse para tratar de correr menos riesgos, aunque luego te pueda ocurrir. El secuestro fue inevitable porque iban a por mí. El atentado sucedió porque iba en un coche y ahí entra en juego el destino. Puedo ser dueño de mis actos y pensar que me coloqué en un lugar equivocado y me alcanzaron, pero provoca más frustración cuando vas en un coche y te alcanzan, porque la decisión no estaba en mis manos.

Cuando estoy en una manifestación y hay un momento de violencia, me interesa mucho obtener una buena foto, pero al mismo tiempo inconscientemente vas protegiéndote y eso lo haces gracias a la experiencia. Lo que sí es cierto es que el miedo no contribuye a colocarte bien, ni a sacar buenas fotos, ni a mantener la calma. Entonces, para lidiar con el miedo tienes que guardártelo en algún sitio, tirar más de la inconsciencia y cuando ésta ya no puede más, entonces tienes que plegarte y marcharte. Pero el miedo está ahí y más ahora que tengo hijos. En estos momentos lo que me preocupa es que me pase algo y no poder responder a la familia ni ver a mis hijos. Cuando estaba haciendo guerra de trincheras en primera línea no era padre, de manera que si me liquidaban la situación era diferente. Cuando tienes hijos algo cambia, tienes una responsabilidad y no puedes cargársela a ellos. Son mi gasolina y no quiero que me pase nada porque quiero seguir viéndolos. Entonces, ahora el miedo se incrementa un poco más por ellos.

[su_quote]Hay puntos de inflexión en la vida que te cambian para siempre y hay imágenes que has vivido mientras estabas fotografiando esas situaciones que se te quedan grabadas en la mente. El Mediterráneo ha sido una experiencia que me ha marcado profundamente.[/su_quote]

¿De las coberturas que ha hecho de las crisis de los refugiados en Europa y su penosa singladura por el Mediterráneo qué le ha impactado más?

Cuando me hirieron en Afganistán me vine a Barcelona, donde empecé a cubrir una serie de protestas, y comenzaron los sucesos en el Mediterráneo. Al poco tiempo de estar aquí tuve la oportunidad de irme con Open Arms y cuando me marché tenía ya a mi primera hija. Me había ido antes, pero cuando mi hija tenía dos años tuve la ocasión de hacer una operación bastante potente con Open Arms y presencié una escena de unos niños muertos y de otros que habían perdido a sus padres, que se habían ahogado en un naufragio. Llevaron a estos niños huérfanos al barco y había uno de la edad de mi hija al que le dieron un globo azul para que se calmara, pero estaba en shock. Miraba el globo y fue un escena que no se me olvidará, porque no era consciente de que su padre y su madre acababan de morir. Eso me impactó sobremanera. A partir de entonces, cuando tocaba rescatar a un padre con su hijo, a padres que habían perdido a sus hijos o a niños que llegaban sin sus padres se me hacía enormemente duro por mi condición de padre.

Sin menospreciar los sentimientos que pueda experimentar la gente sin hijos, para un padre que tiene que presenciar escenas así y encima fotografiarlas es extremadamente duro. Yo pensaba que lo habría llevado mejor si no hubiera sido padre. Volví a casa y aquello seguía rayándome, es como cuando uno va por primera vez a una parte intensa de África, a la vuelta ya nunca es el mismo. Esto es igual.

Migrants, most of them from Eritrea, jumps onto the water from a crowded wooden boat as they are helped by members of an NGO during a rescue operation at the Mediterranean sea, about 13 miles north of Sabratha, Libya, Monday, Aug. 29, 2016. Thousands of migrants and refugees were rescued Monday morning from more than 20 boats by members of Proactiva Open Arms NGO before transferring them to the Italian cost guards and others NGO vessels operating at the zone.(AP Photo/Emilio Morenatti)

Hay puntos de inflexión en la vida que te cambian para siempre y hay imágenes que has vivido mientras estabas fotografiando esas situaciones que se te quedan grabadas en la mente. Por lo tanto, el Mediterráneo ha sido una experiencia que me ha marcado profundamente y me sigue sucediendo, porque como fotógrafo y editor ahora sigo recibiendo imágenes de compañeros que van hacia allá y me las mandan. Y les pongo voz a esas imágenes. Por eso es importante tirar de esa experiencia para aconsejar a los compañeros que van por primera vez a cubrir ese tipo de situaciones. Hay imágenes con las que tienes que tener mucho cuidado en la forma como se cuentan para que lleguen a la sociedad. No se pueden  quedar solamente en clichés exclusivos de un rescate. Tenemos que conseguir fotografías lo suficientemente potentes para que la gente cuando piense en el Mediterráneo proyecte esa imagen tan increíble y poderosa, al tiempo que cambie su mentalidad. Ésta es la misión del fotoperiodista.

Debes ser complicado conseguir un equilibrio en las imágenes para que no vulneren la dignidad de las víctimas ni tampoco dulcifiquen una dura realidad.

Sí, es muy complejo porque siempre te vas a encontrar a una parte de la sociedad que lo rechaza y que va a censurar que un padre se lance a esa travesía poniendo el riesgo la vida de su hijo. Al final cuando se es testigo de una realidad tan tremenda como ésta la responsabilidad es doble, porque tienes que hacerlo bien y al mismo tiempo asegurarte de que sea algo honesto y no afecte a la dignidad de las personas.