Najat El Hachmi, ganadora del Premio Nadal: «Hubo una época en la que pasé muchísimo miedo porque todavía no había recorrido todo este camino hacia una vida más libre»

La flamante ganadora del Premio Nadal 2021, Natat El Hachmi, por su novela ‘El lunes nos querrán’, participará el martes 23 de febrero en una nueva sesión del ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’. El encuentro, en formato virtual, arrancará a las 19 h. en la página web de Casa Mediterráneo y estará moderado por Marina Vicente.

‘El lunes nos querrán’ (Destino, 2021) cuenta la historia de una hija de la inmigración de origen marroquí criada en un barrio situado en la periferia de la periferia de Barcelona. Su vida transcurre bajo el ambiente asfixiante de una rígida familia tradicional, donde sus ansias de libertad se ven continuamente coartadas por el entorno que la rodea. Sin embargo, la influencia de una amiga la empujará a perseguir sus sueños pese a todas las dificultades que se le presentan en el camino. La novela aborda con un lenguaje directo, preciso y sugerente una realidad poco conocida para el común de los españoles, aunque forme parte de nuestra propia sociedad. Temas como los derechos de las mujeres, la igualdad, la libertad, la violencia de género, la discriminación o la xenofobia se abordan en la historia, invitando a una profunda reflexión.

Najat El Hachmi nació en Beni Sidel (Marruecos) en 1979, pero a los ocho años se trasladó a Vic (Barcelona), ciudad donde se crió. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona y antes de dedicarse de lleno a la escritura fue mediadora cultural y técnica de acogida. Su compromiso con los derechos de las mujeres y la igualdad y la lucha contra la discriminación y la xenofobia impregnan toda su obra.

En 2004 publicó el ensayo ‘Jo també soc catalana’. Con ‘El último patriarca’ (2008), traducida a diez idiomas, ganó el prestigioso Premio Ramon Llull, el Prix Ulysse y fue finalista del Prix Mediterranée étranger. Le siguieron ‘La cazadora de cuerpos’ (2011), ‘La hija extranjera’ (2015), Premio Sant Joan de Narrativa, y ‘Madre de leche y miel’ (2018). En 2019 publicó ‘Siempre han hablado por nosotras’, un demoledor manifiesto feminista que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación y entre los lectores. Actualmente colabora en el diario El País.

Como antesala a su encuentro en Casa Mediterráneo, mantuvimos una entrevista telefónica con la autora, tremendamente solicitada por la prensa tras su obtención del Nadal.

La protagonista de ‘El lunes nos querrán’ vive un constante conflicto entre sus ansias de libertad y la estricta mentalidad de su entorno que tira de ella hacia atrás. Por un lado aspira a ser feliz sintiéndose realizada, pero por otro no quiere que dejen de quererla. Y ambos deseos parecen incompatibles. ¿El título de su novela es un alegato a la esperanza, a no renunciar a los sueños pese a tenerlo todo en contra?

Sí, ese mantra que se va repitiendo la protagonista de “el lunes empezaremos, haremos toda una serie de cosas que nos van a llevar a una situación mejor de la que tenemos” es una invocación a ese tiempo nuevo en el que va a ser posible esa conciliación entre tantos elementos contradictorios. Creo que es una novela en la que se van rompiendo muchas idealizaciones, que es lo que nos pasa cuando nos hacemos adultos. De repente veíamos el mundo de una forma y luego pasamos a verlo como realmente es. Pero aún así está esa esperanza de poder cambiar las cosas y hacerlo todo compatible, porque realmente la idea de tener que romper y también aceptar que no nos quieren tal como somos es muy difícil y dolorosa.

Entonces, antes que aceptar eso nos convencemos de que si cambiamos nosotras, quienes no nos quieren nos van a querer o quienes no nos tratan bien nos van a tratar bien, quienes nos discriminan van a dejar de discriminarnos. Y claro eso no funciona muy bien así porque esas actitudes no vienen dadas por lo que tú eres, sino por la visión que los demás tienen de ti. En el caso de la novela, cómo ve la familia a la narradora en tanto que mujer y fuera de ese círculo cómo la ve la sociedad en tanto que hija de inmigrante. Entonces, eso no depende de que el lunes empieces una dieta o a organizarte mejor, pero claro hasta llegar al punto de entenderlo, se tiene que hacer un recorrido que a veces es doloroso porque consiste en entender la vida misma.

[su_quote]En la mayoría de los casos, las mujeres que han emprendido un camino distinto del que estaba previsto para ellas tienen que asumir que no pueden estar con aquellas personas con las que crecieron porque simplemente las rechazan por haber tomado esas decisiones.[/su_quote]

¿Cuál es el precio que ella tiene que pagar por perseguir la libertad?

Yo creo que la soledad. En la mayoría de los casos, las mujeres que han emprendido un camino distinto del que estaba previsto para ellas tienen que asumir que no pueden estar con aquellas personas con las que crecieron porque simplemente las rechazan por haber tomado esas decisiones. Y eso se ve muy claro en este caso de una chica de origen musulmán que se opone a todas esas normas, pero a lo largo de la historia lo hemos visto con muchas mujeres que rompieron barreras y se las condenó al exilio en todas sus formas simplemente por eso. Esas vidas me han ayudado mucho a entender la historia de las protagonistas, lo que les pasó a tantas otras mujeres mucho antes que a nosotras, que por primera vez se atrevieron a alzar la voz contra lo que estaba establecido como normal.

Por ir en contra de lo establecido las protagonistas son objeto de constantes críticas y ante tanto sufrimiento, en un momento dado la narradora llega a decir que dimite de la vida.

¿No crees que esa es una sensación que alguna vez hemos compartido todas? Hay momentos en los que decimos: “Ya no puedo más, me rindo”, porque realmente el nivel de exigencia es tremendo y creo que ha ido a más. El nivel de exigencia, por ejemplo, para poder sostenerte económicamente, algo tan simple como eso que es básico para la libertad. Tal como está ahora mismo el mercado laboral, que en las últimas tres décadas ha ido empeorando -es más precario, más temporal, peor pagado-, poder sostenerte requiere un esfuerzo descomunal. Eso está generando un malestar muy importante entre hombres y mujeres, pero especialmente en las mujeres porque como siempre la carga es doble.

Y en el caso de las mujeres como las protagonistas de mi novela, esa soledad también tiene que ver con esa dificultad para poder seguir de pie porque si careces de apoyo familiar, por ejemplo, a la hora de poder conciliar la maternidad, tienes la sensación de que si te caes no dispones de ningún lugar al que volver. Esa sensación de desamparo es muy dura, por eso con frecuencia hay muchas dudas antes de emprender ese camino hacia la propia independencia.

[su_quote]Seguridad sin poder vivir no tiene sentido porque todos tenemos esa necesidad de poder sentirnos a gusto con lo que somos, poder decidir lo que queremos hacer, poder relacionarnos con quien queramos, poder tener una vida rica a todos los niveles… y claro, estar encerradas no nos lo permite.[/su_quote]

La vida que la protagonista llevaba en el seno de su familia le proporcionaba seguridad, pero esa protección era a costa de su libertad y su dignidad.

Claro, los sistemas más tradicionales, con esas normas tan estrictas, es verdad que son seguros, porque ahí no tienes la posibilidad de salirte de ese esquema. Los esquemas cerrados siempre nos dan seguridad, pero no son formas dignas de vivir, sobre todo a título individual. No son sistemas justos, están condenando a una parte, que son las mujeres, a ocupar un lugar de segunda, a hacerse cargo de muchas tareas solamente por su condición femenina, a someterse continuamente, a que no se tenga en cuenta lo que ellas desean, lo que ellas quieren, lo que ellas anhelan en la vida.

Es un sistema seguro, pero más de muerte que de vida. Estás renunciando realmente a tu propia vida. Seguridad sin poder vivir no tiene sentido porque todos tenemos esa necesidad de poder  sentirnos a gusto con lo que somos, poder decidir lo que queremos hacer, poder relacionarnos con quien queramos, poder tener una vida rica a todos los niveles… y claro, estar encerradas no nos lo permite.

El amor y el sexo son temas presentes en la novela. Cuando la protagonista es adolescente experimenta deseos que se fuerza a reprimir y a la vez le ocasionan sentimientos de culpa. Su visión del amor es ingenua e idealista, ya que sólo lo conoce a través de las revistas y del cine. Esta falta de información y de experiencia es lo que la lleva a creer estar enamorada de hombres cuya actitud, en realidad, dista mucho de sus expectativas.

Ella vive una situación casi esquizofrénica porque, por un lado, tiene una represión del tipo clásico dentro de casa, es decir, la represión que niega el deseo, que castiga a aquellas mujeres que salen a intentar satisfacer sus propias necesidades tanto afectivas como sexuales. Y, por otro lado, tiene unos referentes fuera de esa familia, porque no conoce la experiencia ni del amor ni del sexo más que a través de esas representaciones que aparecen en las series de televisión, en las canciones, en las revistas y en la literatura. Ahí se forma una imagen muy idealizada y creo que cuando partes de esta base, entre que sientes culpa por tu propio deseo y a la vez tienes un imaginario romántico absolutamente irreal, lo más probable es que acabes cayendo en las garras de hombres que te van a hacer más mal que bien. Pero claro se trata de un aprendizaje, de romper esas imágenes que te has construido de muchos temas.

Además el amor es algo nuevo para estas hijas de la inmigración porque para sus madres no era una opción, ya que se casaron por matrimonios pactados y conocieron a sus maridos en la noche de bodas. El amor era algo secundario porque lo principal era la familia. Y claro también está esa incertidumbre de ser las primeras en intentar descubrir cómo se pone en práctica eso que es objeto de tantos poemas, canciones, películas, libros, pero que en la vida real se puede manifestar o no. Creo también que cuando partes de una situación en la que tu amor propio ha estado tan por los suelos, con esta meta de tener que mejorar y tener que ser otra para que te quieran, normalmente no atraes a los hombres más indicados. Esa falta de autoestima condiciona las relaciones que vas a tener.

Las protagonistas intentan alcanzar los modelos de belleza que venden las revistas de moda pasando hambre, lanzándose a duras sesiones de deporte, comprándose cremas, sometiéndose a tratamientos dolorosos… ¿No es ésta otra forma de esclavitud?

Sí, ellas van escapando del modelo de las madres, de amas de casa que están ocupándose de los hijos, limpiando y cocinando sin salir en todo el día. Huyen de ese modelo porque no lo quieren para ellas mismas y escapando se incorporan a otro modelo de mujer que es el que tienen al alcance, el de las mujeres que están fuera de su entorno. Lo que interiorizan más rápidamente son todas esas normas sobre el cuerpo de la mujer. Al principio les parece liberador porque el cuerpo de las madres lo equiparan al de la maternidad e ir hacia uno más estilizado, más delgado, sin los rasgos característicos de alguien que va a tener un hijo detrás de otro resulta atractivo. Es como agarrarte a un modelo corporal que ya ha dejado atrás a la madre.

Pero claro eso también genera muchísimo malestar porque te tienes que mortificar, sacrificar, pasar hambre y hacer extenuantes sesiones de ejercicio y sobre todo perder muchísimo tiempo y dinero. Y al final se convierte en una explotación de las mujeres, otra vez, porque con esta historia que nos han vendido tan bien nos están robando una parte muy importante de nuestras vidas. Parte de nuestro ocio, por ejemplo, del tiempo que tenemos libre, en vez de dedicarlo a disfrutar de las cosas que nos gustan lo empleamos en machacarnos en el gimnasio. Pero no solamente las mujeres como las protagonistas, las hijas de la inmigración. Creo que todas las mujeres estamos en un proceso de intentar conquistar muchos espacios en los que antes no estábamos, pero ¿cómo vamos a hacer esa conquista a base de menta poleo y poca cosa más? (risas) Necesitamos comer para poder conquistar el mundo.

Retrato de la escritora Najat El Hachmi, ganadora del 77 Premio Nadal 2021 – © Xavier Torres-Bacchetta / HBO

La literatura es un elemento importante en la novela. Para la protagonista, la lectura le permite vivir una vida que parece inalcanzable y escribir también se convierte en su tabla de salvación. ¿Qué la empujó a usted a dedicarse a la literatura?

La lectura me enganchó desde muy pequeñita. Yo llegué a España con mi familia con ocho años, fue un cambio bastante importante, descubrí la lectura y me fascinó, a través de la biblioteca, por supuesto, porque en casa no había libros. Y luego, a base de leer mucho al final llega un momento en el que también te apetece contar tus propias historias. Además es un refugio porque puedes estar ahí sin tener que dar muchas explicaciones sobre lo que estás haciendo y sintiéndote muy libre, tanto por los libros que lees como por lo que escribes. Y luego, creo que la lectura tiene el poder de hacerte imaginar otros mundos, otras vidas y eso es muy importante porque supone abrir puertas o ventanas a la esperanza. A veces, cuando estás en un entorno muy reducido y cerrado en el que no parece posible otra existencia, leer las vidas de otros te permite pensar que sí, que puedes tener otra vida distinta a la que te ha tocado.

Especialmente en estos tiempos de pandemia para muchas personas la lectura se ha convertido en una ventana al mundo que les permite seguir viviendo experiencias a través de las vidas de otros.

Sí y también tener visiones distintas de la propia vida te enriquece y te hace plantearte cosas, verlas de otro modo. Eso es libertad de pensamiento, poder tener acceso a otras ideas, a otras formas de entender el mundo.

En concreto esta novela saca a la luz una realidad desconocida para la mayoría de la población española, la de las hijas de la inmigración que a pesar de vivir en una sociedad libre se enfrentan a grandes dificultades para conquistar su propia libertad.

Sí, una cuestión que nos tenemos que plantear muchas veces es quiénes son representados a través de la literatura o de la cultura, quiénes son los protagonistas de las novelas que se leen. La mayoría de las veces a lo largo de la historia siempre han sido hombres y luego cuando han sido mujeres les ha costado dios y ayuda poder ser ellas las que escribieran y que no hablaran en su lugar. Y entonces claro lo que no se representa, las personas que no son nunca protagonistas quedan absolutamente fuera del foco, es como si no existieran. Creo que la representación a nivel cultural sigue siendo muy poderosa en ese sentido, articulando ese imaginario, y ahí tenemos que incluir realidades que la literatura está dejando fuera. Y no es una cuestión de que en España haya personas de origen inmigrante hace poco. Yo llevo más de 30 años y mi padre llegó mucho antes. No es un fenómeno reciente. Pero si no los representamos, si no los incorporamos, estaremos siempre con la idea de que esto no forma parte de nuestra realidad y no es así. No estamos hablando de personajes que estén viviendo en Marruecos o en Irán, sino de personas que están viviendo aquí, que son de aquí y que forman parte de esta sociedad.

En la novela, el sexo se aborda abiertamente, sin tapujos. ¿Este tema por el hecho de estar escrito por una mujer y además en un contexto de mujeres procedentes de un entorno extremadamente tradicional cree que puede desatar asombro entre los lectores?

El que las mujeres escribamos sobre sexo sigue despertando sorpresas y sigue siendo algo que se ve con ojos distintos que si lo hace un hombre. Hay muchas autoras que, de hecho, relatan la misma experiencia. Les dicen: ¡Pero cuánto sexo hay en tus novelas! Y luego al analizar si eso es verdad o no, resulta que tampoco hay tanto. Creo que hay ciertas lecturas cargadas de prejuicios todavía a día de hoy aunque parezca que estamos todos en el mismo mercado y a todos se nos juzga igual, pero no es exactamente así. Eso se ve también a veces incluso en la crítica o cuando se hacen algunas afirmaciones que en muchas ocasiones son sexistas. La mirada de las personas que forman parte de este mundo también está muchas veces condicionada, aunque se tenga formación, se sea un intelectual o se haya leído mucho, si hay prejuicios los hay.

Ya por último, me gustaría preguntarle por el miedo, un sentimiento que está muy presente en el día a día de la protagonista de la historia. ¿Usted lo ha sentido en algún momento al escribir abiertamente sobre temas considerados tabúes?

En estos momentos estoy viviendo una situación privilegiada, en la que no tengo ningún tipo de problema con mi entorno más inmediato y además puedo escribir y expresarme libremente. Pero sí hubo una época en la que pasé muchísimo miedo porque todavía no había recorrido todo este camino hacia una vida más libre. Y bueno aprendes a convivir con ese miedo, a sobreponerte a él todos los días. No es que desaparezca, ni que digas “no tengo miedo”. No tener miedo sería una locura en este contexto. Bueno, en general no tener miedo es un síntoma más de locura que de cordura. Pero la cuestión es poder sobreponerte. Hay días en los que te cuesta más y días en los que te cuesta menos, pero hay que ir superándolo. Yo lo que también intento hacer, ahora que estoy en una situación en la que no me siento amenazada, es hablar por las que no pueden hacerlo, por las que están viviendo unas circunstancias parecidas a las de las protagonistas en las que no pueden alzar la voz, ni romper esa ley del silencio porque si lo hacen serán duramente castigadas.

Imagen superior destacada: Najat El Hachmi – © Xavier Torres-Bacchetta / HBO