Enrique Feás: “El Mediterráneo es, con diferencia, una de las zonas más importantes para la política comercial europea”

La nueva estrategia comercial de la Unión Europea emerge ante los grandes retos a los que se enfrenta el actual escenario internacional: la recuperación económica, el cambio climático y la degradación medioambiental, crecientes tensiones internacionales y mayor recurso al unilateralismo. Para dar respuesta a estos desafíos, la UE se ha marcado como medidas prioritarias el apoyo a las transformaciones ecológica y digital, el refuerzo del multilateralismo y las reforma de las normas comerciales mundiales para que éstas sean justas y sostenibles. En este escenario, la política comercial de la UE otorga especial importancia a la región del Mediterráneo.

Con el fin de analizar la estrategia de política comercial de la Unión Europea y sus implicaciones en el Mediterráneo, Casa Mediterráneo ha organizado un encuentro con Enrique Feás, investigador principal del Real Instituto Elcano, consultor independiente y profesor asociado en la IE University y la IE School of Global and Public Affairs. La charla, enmarcada en el ciclo ‘Geoestrategia y el Mediterráneo’, se celebró el martes 16 de noviembre en formato online, moderada por el General en la reserva Demetrio Muñoz, disponible en el canal de YouTube de la institución diplomática.

Enrique Feás es técnico comercial y economista del Estado en excedencia. Con anterioridad ha sido Consejero Económico y Comercial en las Embajadas de España en Egipto y en Filipinas, Subdirector de Política Comercial con Países Mediterráneos, África y Oriente Medio y Asesor para Asuntos Internacionales del Vicepresidente y Ministro de Economía, subdirector adjunto de la Subdirección de Estudios del Ministerio de Comercio y subdirector de las revistas de Información Comercial Española.  Es fundador y coeditor del blog de política económica Blog NewDeal, columnista en el diario Voz Pópuli, coautor del libro ‘La Unión hace la fuerza: Europa ante los desafíos del siglo XXI’, editado por Deusto y colabora habitualmente en diversos medios de comunicación.

Tras la irrupción de la pandemia de Covid-19 y con el fin de contribuir al crecimiento económico y la creación de empleo, la Comisión Europea presentó el pasado mes de febrero su estrategia comercial para los próximos años. ¿A qué obedece esta nueva estrategia y cuáles son sus principales medidas?

La Comisión ha bautizado su nueva estrategia de política comercial bajo el concepto de autonomía estratégica abierta. La política comercial es la herramienta más poderosa de la Unión Europea, ya que en el fondo es una de las pocas herramientas con las que la UE actúa con una sola voz, porque las competencias en política comercial son de la Comisión. Al igual que en otros ámbitos de la política económica -la política monetaria se mezcla un poco con la política fiscal cuando el Banco Central compra deuda-, la política comercial muchas veces en las economías modernas invade aspectos de la política industrial, de la política de la competencia, de la política de desarrollo e incluso de la política exterior. Entonces, de lo que se trata es de utilizar una herramienta poderosa para, digamos, perder un poco la inocencia que tenía la Unión Europea en un mundo más sencillo en el que funcionaban las reglas. Y ahora, en el mundo que tenemos un poco más multipolar, donde la cooperación es un poco menor, intentar seguir manteniendo la defensa del multilateralismo y del libre comercio, pero tratando de hacer valer sus intereses y sus objetivos de una forma más clara que hasta ahora.

La Comisión sitúa la sostenibilidad en el centro de su nueva estrategia comercial, al tiempo que apuesta firmemente por la digitalización. ¿Qué medidas propugna en este sentido?

Lo que intenta la política comercial es ayudar a los objetivos generales de la Unión Europea. Y, claramente, dos de los objetivos más importantes definidos en los últimos años son la transición energética con la lucha contra el cambio climático y la digitalización. La política comercial va a intentar apoyar en la medida de lo posible estos dos objetivos. Por ejemplo, en el ámbito de la transición energética, si la UE se propone reducir sus emisiones puede haber una tentación de trasladar todas las industrias a países vecinos de la Unión Europea para producir allí, de manera que las emisiones serían las mismas para todo el mundo.

Una forma de utilizar la política comercial es imponer un arancel a toda la producción contaminante intensiva en carbono cuando intente importarse dentro de la UE. Es difícil de aplicar, pero son ejemplos de cómo para evitar que tu esfuerzo sea en balde estableces una serie de interconexiones para no forzar a mis productores a reducir sus emisiones y que simplemente las empresas se vayan al país de al lado e importemos sin ningún tipo de problema, de manera que no habremos solucionado nada. En el ámbito de la digitalización, la política comercial se utiliza como un apoyo, por ejemplo en los acuerdos comerciales mediante el establecimiento  de mecanismos para garantizar en el comercio de servicios tecnológicos la privacidad de datos. Es decir, todos los objetivos generales de la Unión Europea se incorporan de alguna forma a sus acciones comerciales.

La Unión Europea también apuesta por apoyar a los Países Menos Avanzados (PMA), cuya participación en el comercio mundial sigue siendo baja, sobre todo por la escasa diversificación de sus exportaciones, una situación que se ha acentuado con la pandemia de Covid-19. Una posible respuesta sería la iniciativa de Cadenas Globales de Valor al servicio de los PMA, ¿en qué consiste?

En la mayoría de las ocasiones lo que se comercia no son bien finales, sino bienes intermedios que forman parte de aquéllos, que se producen en todo el mundo. Es decir, desde los años noventa del siglo pasado la producción se ha desagregado en partes, de manera que la producción mundial se desagrega en cadenas de valor y cada parte del proceso productivo se produce en el lugar donde es más eficiente hacerlo. Lo que ocurre es que muchas veces los países en desarrollo intervienen de forma activa en esos procesos productivos, pero sufren mucho más los aranceles porque éstos en general con frecuencia no reflejan adecuadamente la contribución de las distintas naciones porque el comercio se mide en términos finales o de valor, no en trocitos de valor añadido. Es un poco complicado de explicar, pero en definitiva se trata de que las estadísticas de comercio recojan la complejidad de los procesos productivos para hacer que las aportaciones de los países en desarrollo sufran un menor arancel que el que sufren actualmente. 

Esta estrategia comercial también da prioridad a la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Estados Unidos comparte este interés?

Sí, pero un poco menos. Lo que está claro que ha variado con el cambio de gobierno en Estados Unidos es que ahora la administración estadounidense ha vuelto al mundo de la diplomacia, pero esto no quiere decir que se haya convertido en un creyente o que los problemas que haya habido de proteccionismo hayan desaparecido -el proteccionismo norteamericano no lo inventó Trump- y la crisis del multilateralismo, acentuada por EE.UU. todavía no ha desaparecido. De hecho, uno de los elementos que bloquean la reforma de la OMC actualmente es el nombramiento de una serie de jueces que forman parte del mecanismo de apelación, los que solucionan, por así decirlo, las discrepancias dentro de la OMC. Entonces, aunque Estados Unidos es mucho más colaborador y cree mucho más en la cooperación que la administración anterior, no está tan claro que esté dispuesto a una reforma a fondo del multilateralismo o de la OMC en la medida en la que no esté seguro de que la reforma resultante vaya a ser adecuada para sus intereses. Está haciendo difíciles equilibrios entre la defensa de sus intereses o la reforma del multilateralismo. La Unión Europea es mucho más creyente en las ventajas de la OMC que lo que puede ser actualmente Estados Unidos.

En otro orden de cosas, ¿en qué estado se encuentran actualmente las relaciones comerciales entre la Unión Europea y China, un actor principal en el comercio mundial con el que se mantiene una fuerte pugna?

En los últimos años hemos vivido una fuerte guerra comercial y tecnológica -gran parte de esta pugna entre EE.UU. y China es tecnológica, no lo olvidemos, más que puramente comercial- y la Unión Europea comparte, sin duda, parte del diagnóstico de Estados Unidos respecto a los problemas que supone el país asiático en el contexto multilateral, el aprovechamiento de determinadas normas, la falta de respeto a la propiedad intelectual y otra serie de problemas. Pero que comparta el diagnóstico no quiere decir necesariamente que comparta la estrategia de solución. 

Y la estrategia de Estados Unidos ha sido mucho más agresiva respecto a China y a una separación o alejamiento muy claro y marcado de las relaciones con este país. Aunque la UE pueda compartir la necesidad de solucionar los problemas de la actuación de China en el marco multilateral, es más partidaria de ofrecerle salidas, dar alguna oportunidad para que se incorpore al modelo multilateral y evitar un enfrentamiento directo. No es que la UE esté entre medias de Estados Unidos y de China -lógicamente los valores de la Unión Europea se aproximan mucho más a EE.UU.-, pero es partidaria de un enfoque un poco más pragmático y una prueba es el Acuerdo de Inversiones, que todavía no se ha ratificado pero que firmó con China para incentivar que intente incorporarse de una forma más comprometida con el marco de reglas multilaterales.

Respecto a Reino Unido, ¿qué lecciones pueden extraerse de la actual situación de desabastecimiento de productos y de escasez de transportistas, sin muchos visos de solución debido a las medidas temporales que está adoptando el gobierno? 

Exactamente, es justo lo que usted dice. La falta de camioneros o la dificultad entre ajustar la oferta y la demanda de trabajadores en ciertos sectores es un problema general, que afecta a muchos países de la Unión Europea. Lo que ha hecho el Brexit es convertir ese problema, que es fácilmente solucionable con una contratación de refuerzo de otros países europeos, en imposible de solucionar. Es la demostración palpable de que el Brexit es mucho más que aranceles. Una de las cosas que permitía el mercado único precisamente es la flexibilidad en las necesidades de abastecimiento de mano de obra para los distintos sectores. Haberse salido del mercado único va muchísimo más allá de los aranceles y tiene que ver con el funcionamiento operativo, la flexibilidad del sistema productivo para adaptarse a sus necesidades, que es lo que se ha cargado el Brexit. La situación de desabastecimiento tiene componentes globales como pueden ser los problemas de las cadenas de valor y también específicos derivados del Brexit como consecuencia del absurdo que es reducir flexibilidad en un mundo complejo.

Además pone en evidencia que la mano de obra procedente de la inmigración es necesaria y no supone una amenaza para los puestos de trabajo autóctonos. 

Claro, pone en evidencia que jamás vas a poder cubrir tus necesidades de mano de obra con trabajadores locales, ni por especialización, ni por rapidez, ni por flexibilidad, ni por interés porque en el fondo en muchos casos el motivo principal es que se trata de un trabajo duro que no todos los jóvenes están dispuestos a hacer teniendo alternativas laborales. Cuanto más amplio sea el mercado donde puedas elegir, más fácil será que cubras tus necesidades. Pretender que la oferta se ajuste perfectamente a la demanda en el mercado laboral es un absurdo. Cuanto más pequeño es el mercado peor va a funcionar por no tener esa flexibilidad. 

[su_quote]En estos momentos vivimos una serie de tensiones en el Mediterráneo que dificultan la propia integración entre esos países, que sería mucho más fácil para aprovechar todas las ventajas que tiene la política comercial.[/su_quote]

¿En concreto, qué implicaciones tiene la estrategia comercial de la UE en la región del Mediterráneo?

La relación con los países vecinos del Mediterráneo es uno de los elementos esenciales de la política comercial de la Unión Europea. Lo que pasa es que muchas veces las relaciones internacionales no sólo dependen del propio interés de la UE, sino también del propio interés de los países del Mediterráneo. Y en estos momentos vivimos una serie de tensiones en el Mediterráneo, por ejemplo entre Argelia y Marruecos, que dificultan la propia integración entre esos países, que sería mucho más fácil para aprovechar todas las ventajas que tiene la política comercial. Una política es tanto más exitosa en cuanto se desarrolle con otro bloque homogéneo. En la medida en la que la heterogeneidad en el Mediterráneo no se resuelva un poco es una pena porque no se aprovechan por completo todas las posibilidades que tiene de aumentar los flujos de comercio y favorecer el desarrollo económico de la región.

¿La Unión Europea ha expresado de forma manifiesta su interés por reforzar las relaciones comerciales con el Mediterráneo?

El Mediterráneo es, con diferencia, una de las zonas más importantes para la política comercial europea en el objetivo de garantizar la estabilidad en la zona, de favorecer el crecimiento de las áreas vecinas con la Unión Europea y mantener unas excelentes relaciones comerciales. La política comercial de la Unión Europea es mucho más clara en la promoción de las relaciones con el Mediterráneo que las relaciones con Latinoamérica, por ejemplo. Se observa una cierta preferencia de la UE por el Mediterráneo y África, en detrimento de otras zonas como la mencionada.

En este escenario, ¿España desempeña un papel importante?

Por supuesto, por cercanía, por ser uno de los países más próximos a la zona mediterránea y por los propios intereses de España hacia los vecinos de la Unión Europea.