Mamen Mendizábal, periodista: “Nuestro trabajo es hacer preguntas incómodas”

Mamen Mendizábal es uno de los rostros más populares de la televisión en nuestro país. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, sus inicios fueron en el programa radiofónico Hoy por hoy de La Ser al lado de Iñaki Gabilondo, y Punto de fuga, los fines de semana. Posteriormente, se pasó al formato televisivo para presentar el espacio de debate 59 segundos de TVE, al frente del cual se mantendría hasta principios de 2006, cuando fue fichada por la nueva cadena de televisión La Sexta. Allí ha sido presentadora de La Sexta Noticias, Sexto Sentido, diversos espacios informativos y el magazine de actualidad de tres horas en directo Más vale tarde, donde ha permanecido desde 2012 hasta junio de este año, compaginándolo con diversos programas como Scoop, de periodismo de investigación, y Palo y astilla, un espacio de entrevistas.

Mendizábal es la nueva invitada al ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ organizado por Casa Mediterráneo con la colaboración del grado de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche, a cuyas aulas acudirá para hablar de su experiencia a los estudiantes universitarios el viernes 19 de noviembre a las 11 h. La charla podrá seguirse en directo a través de canal de YouTube de Casa Mediterráneo.

Durante nueve años presentó y dirigió el espacio diario de actualidad ‘Más vale tarde’, en La Sexta. ¿Qué tipo de dedicación conlleva dirigir y conducir este tipo de programas?

Se puede resumir de forma tan fácil como decir: toda. No existe otra forma de decirlo. Cualquiera que trabaje, dirija y presente un programa de actualidad de tres horas diarias necesita un buen equipo, eso desde luego, y mucha dedicación. Es capaz de comerse todo lo que le des y de demandar mucho más. Me he tomado de descanso los sábados durante muchos años y los domingos por la mañana, porque sabía que por la tarde ya era día de trabajo para organizar el lunes siguiente.

Un programa así, además de mucha preparación, debe requerir una gran capacidad de improvisación.

Bueno, ésa es la clave en nuestra profesión. Más allá de que hagas un programa en directo o no, de si es diario o dura tres horas, la duración da igual, en nuestra profesión es fundamental. Si vas a una rueda de prensa necesitas capacidad de improvisación también para adaptarte al mensaje del otro. Si estás en directo y el invitado va por un lado diferente al que tenías previsto, la necesitas. Y la improvisación se sujeta con el conocimiento, es un talento también, cómo no, pero si está atada con el trabajo, el estudio y el conocimiento de la materia sale sola o por lo menos te da mucha más tranquilidad hacia donde vas, no es un terreno desconocido.

En una entrevista que le hice a la periodista y escritora Rosa Montero, afirmó que buena entrevista se sustenta principalmente en informarse bien sobre el entrevistado y en generar empatía para que no haya una barrera y se abra a ti. ¿Para usted qué es lo más importante a la hora de hacer una entrevista?

Hay que tener habilidades sociales en el periodismo y en la vida. Como empieces a relacionarte con alguien desde la agresividad o desde la falta de respeto, el bloqueo es inmediato en el otro y no te va a abrir su corazón, ni su cabeza, ni nada. Se trata de utilizar la lógica de las habilidades sociales al servicio de tu profesión.

¿Es difícil lograr un equilibrio entre ser agradable y plantear ciertas preguntas que puedan resultar incómodas?

Creo que el camino es generar empatía y seguir haciendo nuestro trabajo. Decir algo duro o no ser agradable… nuestro trabajo no consiste en hacerle la pelota a alguien, ni pasarle la mano por la espalda. Hay preguntas, especialmente en política, en cuestiones económicas o de derechos humanos, que son tremendamente duras y que necesitan de un periodismo crítico. Para eso tenemos que hacer las preguntas adecuadas. Creo que quien se ofende con preguntas que no están hechas para hacer daño, sino para encontrar la verdad, es que tiene algo que ocultar, porque nuestro trabajo es hacer preguntas incómodas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay políticos que antes de empezar una comparecencia dicen que no aceptan preguntas que no tengan que ver con el asunto de la convocatoria de prensa, lo que es una muestra de censura…

El político es un cargo público, que se deje del no: “No lo voy a contestar», «esto no toca ahora”, “això avui no toca” que decía mucho Jordi Pujol. Hoy toca todo, creo que en la prensa nacional está mucho más asimilado. En la prensa regional las relaciones son un poco más cercanas y a veces cuesta más diferenciar lo personal de lo profesional; la cercanía también lleva a la confusión, puede generar lío, pero eso no se puede aceptar. 

La carrera de Periodismo en la UCM en los años noventa ofrecía una base de conocimientos, pero adolecía de práctica, que debía adquirirse trabajando en verano, mediante becas, etc. ¿Cuál fue su caso a la hora de prepararse para trabajar en radio y televisión?

Siempre he tenido esta conciencia que comentas de que la carrera se quedaba corta, en conocimiento, en formación y en experiencia. En cuanto al conocimiento, he leído y sigo leyendo mucho, la verdad. Me gustaría tener otra clave, pero el conocimiento se adquiere así, aunque ahora también a través de los documentales. El mundo audiovisual ha ampliado muchísimo su versatilidad, pero es verdad que he leído y me he informado mucho. He intentado también viajar y he hecho muchísimas cosas, que no sé si recomendar o no, pero era la única forma, gratis a cambio de tener experiencia.

Antes de conseguir una beca trabajé de script en rodajes, hice varios documentales para una ONG en Perú, en Chile, en Bolivia… o sea que me he buscado la vida para acaparar experiencia al margen de que eso me diera para comer. Para eso también hay que ser afortunado, porque hay veces que tu prioridad es pagar el alquiler, no tener experiencia. En nuestra carrera mucha gente se queda fuera precisamente por eso. Luego también mi primer trabajo en la radio fue con Gabilondo; eran seis horas de directo diarias, súper líder, muy exigente y eso me hizo tener una dedicación continua y mucha formación. Se aprende mientras trabajas. Yo sigo haciéndolo o, por lo menos, tengo la mente abierta para hacerlo. 

Usted fue enviada especial de La Sexta en las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos, las de Obama. ¿Qué destacaría de esa experiencia y de la forma de hacer periodismo en EE.UU.?

Fue un acontecimiento mundial y difícilmente repetible. Cuando tengamos la primera presidenta estadounidense mujer creo que el acontecimiento estará a la altura del primer presidente negro en Estados Unidos. Hasta los años 70 hay que recordar que los negros no podían subirse en algunos transportes públicos. Está muy reciente la historia de discriminación. E incluso es contemporánea a nosotros; lo estamos viendo ahora mismo con distintos movimientos del ‘Black lives matter’ [‘Las vidas negras importan’, en español]. Todo estaba revestido de una entidad enorme porque es que era un hecho histórico. 

Y luego, la manera de hacer política de Obama también representó un pseudo enfrentamiento al establishment, una incorporación de un discurso muy igualitario, muy de derechos humanos. Además, supuso asistir un gran espectáculo… En Estados Unidos todo es espectáculo y también la política. Asistir al espectáculo de las Primarias cuando compitió con Hillary Clinton y después al de toda la carrera electoral es una experiencia brutal. 

En Estados Unidos Donald Trump ha intentado censurar a la prensa sin conseguirlo. Lo que comentábamos antes de “esto no toca ahora” es inconcebible allí, en el sentido de que el periodismo tiene muchísima más reforzada su identidad, su capacidad crítica, su pluralidad… Tiene un poco más de experiencia democrática en eso, y matizo en eso.

Periodistas españoles veteranos y prestigiosos como Ramón Lobo o Gervasio Sánchez critican y lamentan que el periodismo que actualmente se hace en España ha prescindido en gran medida de las corresponsalías, de los periodistas en el terreno, y de la labor de investigación. ¿Qué opina al respecto?

No puedo estar más de acuerdo con estos dos genios del periodismo y del periodismo de guerra. Pero no hace falta estar en guerra para enviar a un periodista de enviado especial. Creo que cada vez, efectivamente, los medios de comunicación tienen menos dinero o destinan menos a hacer coberturas especiales. No estoy dentro de la cabeza de los empresarios de la comunicación, pero sí que estoy como lectora o como espectadora y echo de menos Ramones Lobo sobre el terreno, una información personalizada con el contexto español intentando siempre aportar algo, muy contrastada, muy profesional, muy valiente… Ahora cuando las redacciones son muy jóvenes y muy empobrecidas, los salarios de los periodistas están cada vez más encogidos es muy difícil mandar a alguien, pero es muy difícil también tener prensa y periodistas libres. Con esta situación laboral es complicado. Estamos arrastrando una crisis permanente en este sector. 

[su_quote]Las noticias falsas van directas al corazón, a las emociones, buscan polarizar, entran dentro de un clima donde hay mucha crispación y tienen elementos ciertos, pero muchas mentiras, para dar esa sensación de veracidad.[/su_quote]

Las noticias falsas han proliferado en los últimos tiempos a través de Internet, las redes sociales y los smartphones, y se han visto agudizadas a raíz de la pandemia de Covid-19. ¿Cree que la sociedad española es lo suficientemente crítica como para discernir entre las fuentes de información fiables de las que no lo son?

Pues no. Lo tengo clarísimo, viendo a alguien a quien considero muy inteligente y muy bien formado como es mi padre. No me tengo que ir a otro contexto. Mi padre a veces me comenta algo y le digo que eso es mentira. Le pregunto que dónde lo ha leído y me dice que le ha llegado a través de WhatsApp. Bueno, esta dinámica podría reproducirse por mil. Durante la pandemia hemos hablado de “infodemia”, tiene hasta un término. Las noticias falsas van directas al corazón, a las emociones, buscan polarizar, entran dentro de un clima donde hay mucha crispación y tienen elementos ciertos, pero muchas mentiras, para dar esa sensación de veracidad. O sea, es un cóctel que está muy bien pensado, no se trata de un tipo en su casa que lanza lo primero que se le ocurre. Entran directamente a través de nuestros teléfonos, con lo cual las sentimos todavía más cercanas. Son peligrosísimas y además ponen en riesgo la salud democrática, no hablo ya sólo del periodismo. Como generan estos estados de ánimo tan efervescentes resultan muy peligrosas en ese sentido. 

Creo que el periodismo es más necesario que nunca. Y tenemos que articular los mecanismos para tener credibilidad. El periodismo se ha cargado la credibilidad en muchas ocasiones, de modo que las noticias falsas han encontrado un hueco que hemos dejado, no han entrado por un canal nuevo. Por lo tanto, somos más necesarios que nunca, tenemos que afianzar nuestra forma de contar los hechos y decirle al espectador quiénes somos y por qué nosotros hacemos las cosas bien. 

Por ejemplo, la portada de El Mundo del domingo pasado habla del libro de Miguel Bosé, donde cuenta su primera experiencia sexual con un hombre, que comparte nombre con un jugador de fútbol. El periodista no comprueba quién es y ponen en portada al jugador de fútbol, que nunca ha tenido relaciones con Miguel Bosé. Nunca llamaron al jugador para saber si era verdad. Es otra persona, ésta no tiene nada que ver. Nos estamos cargando la forma en la que el público creía en nosotros.

En Estados Unidos se llega a contrastar hasta tres veces una información, consultando a fuentes distintas. 

Al aludido es lo mínimo al que se debe recurrir para tener decencia periodística o humana. Es verdad que en varios medios americanos las tres formas de confirmar son la base. Además, en un programa en directo como el que yo he hecho durante tanto tiempo, he estado obsesionada con eso, porque si matas a alguien ya está muerto. No se puede resucitar a nadie a quien hayas matado en directo. Ya está mal contado. O si acusas a alguien de algo que no ha hecho. Es muy delicado. Todo lo que tienes que llevar a antena o a la prensa escrita, al negro sobre blanco, debe estar muy bien estructurado. Nos jugamos nuestra profesión y nuestra propia credibilidad.

Además, una rectificación no suele tener el mismo eco que la información falsa difundida.

Nada. No hay que llegar el primero. Creo que con las nuevas tecnologías, a veces, éstas pueden por encima de la ética periodística y no hay ninguna necesidad de contarlo el primero, sino bien. También por dar la primicia veo muchas informaciones copiadas de otros medios; un copia y pega sin aportar nada nuevo. Eso terrible y así claro que hay territorio para que entren las fake news y todo lo que quieras. Se lo estamos dejándolo nosotros.

Por último, ¿cuáles son sus próximos proyectos en televisión?

Estoy preparando un programa que empiezo a grabar la semana que viene ya. Será semanal y emitiremos durante tres o cuatro meses. No te puedo contar mucho, porque no se ha hecho nada público, pero te adelanto que es un programa para La Sexta, para el prime time. Hasta ahí puedo leer.