General Gennaro Scala: «China sigue una estrategia meramente comercial en el Mediterráneo»

“La economía china en el siglo XXI y su impacto en el Mediterráneoes el título de la nueva sesión del ciclo de conferencias sobre Inteligencia Económica, un asunto que abordará el jueves 26 de mayo a las 19 h. en Casa Mediterráneo el general en la reserva Gennaro Scala del Arma dei Carabinieri de Italia y vicepresidente de Radix Intelligentia. El acto, de carácter presencial, también podrá seguirse a través de la web y las redes sociales de Casa Mediterráneo y contará con la intervención de José Sanmartín, profesor titular de la Universidad de Alicante y Presidente de Radix Intelligentia.

Con el fin de ahondar en el papel que desempeña en el Mediterráneo la segunda economía más importante del mundo en un complejo escenario internacional marcado por el conflicto de Ucrania, la crisis energética, la inflación y los problemas en la cadena de suministros, mantuvimos una entrevista con el general Scala, quien durante más de 37 años ha servido en las filas de los Carabinieri y ha destacado particularmente en la lucha contra el terrorismo. Fue uno de los colaboradores del general Carlo Alberto Dalla Chiesa en la lucha contra las Brigadas Rojas, el crimen organizado y la mafia siciliana “Cosa Nostra”, ámbito en el que trabajó con los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, asesinados hace ahora 30 años. Fue jefe de la Oficina de Formación de la Escuela de los Carabinieri en Roma y jefe de la Sección de Archivos Electrónicos y Estrategia de la Dirección Central de los Servicios para el Control de Drogas-DCSA del Ministerio del Interior.

Acreditado internacionalmente como asesor senior de seguridad y experto de Inteligencia y Geopolítica, Gennaro Scala colabora con revistas de inteligencia y es autor de publicaciones de carácter científico en materia de criminalidad organizada, organizaciones mafiosas, producción y tráfico transnacional de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, lavado de dinero e Inteligencia Económica.

En los últimos años, China se ha marcado como objetivo prioritario reducir su dependencia del exterior, produciéndolo prácticamente todo en un tendencia hacia la autosuficiencia. Esta nueva estrategia, conocida como “circulación dual”, ¿de qué manera puede afectar a sus grandes socios comerciales?

China está haciendo todo lo posible para ser autosuficiente, sobre todo después de la crisis que siguió a la pandemia. Su discurso se basa esencialmente en la extracción y explotación de las tierras raras, los famosos 17 elementos, que son la base de todo, de la alta tecnología actual: semiconductores, microchips, inteligencia artificial, computación cuántica, etcétera, etcétera. China tiene ahora el monopolio absoluto, pero esta es la consecuencia del trabajo sucio que nosotros le hemos demandado desde su ingreso hace veintiún años en la Organización Mundial del Comercio.

Aquí hay un problema que no es de ahora y que se remonta a 1972, cuando el entonces presidente del Partido Comunista chino dijo: “Ustedes tienen el oro del presente, el petróleo; nosotros tenemos el oro del futuro, las tierras raras”. Ellos ya sabían entonces cuál era problema del siglo XXI y gracias a nosotros, a los países occidentales, porque les hemos demandado ese trabajo. ¿Por qué? Porque es una tarea que comporta una elevada contaminación, que requiere grandes cantidades agua y sobre todo muchos de esos yacimientos se encuentran en países pobres, especialmente en África y en Asia Oriental, donde no hay ningún escrúpulo a la hora de utilizar mano de obra infantil. Pero nosotros miramos hacia otro lado y solo pensamos en la exportación de la democracia a China, como dijo Clinton en 2009. Esta idea de la exportación de la democracia supone, según mi opinión, una ignorancia absoluta, porque nosotros vivimos una cultura de tradición judaico cristiana y ellos creen en el confucionismo y el taoísmo, que son dos cosas completamente diferentes y constituyen toda una filosofía y forma de vida que lo impregna todo.

El presidente Xi Jinping, por ejemplo, critica a Estados Unidos afirmando que está destruyendo su propia democracia (si es que la hay), lo tacha de racista –hay muchos movimientos antirracistas, desde Me too a Black lives matter-, y le reprocha que todos los días mueren personas a causa de las armas de fuego. “La verdadera democracia somos nosotros”, sostiene Xi Jinping, “porque nuestro sistema escolar, por ejemplo, está abierto a todo el mundo, mientras que el suyo obliga a pagar para ingresar en las mejores escuelas de secundaria o en las universidades. Por el contrario, nosotros somos meritocráticos, porque el hijo del agricultor de una provincia remota puede llegar a la cúpula de un sistema productivo tecnológico”. Aunque eso sea cierto, yo obviamente hago crítica de ese sistema porque, por ejemplo, en China para superar el examen de acceso a la universidad –de la que hay tres categorías, A, B y C- un gran número jóvenes se suicida cada año al no poder llegar a la primera, la única que realmente te permite ser alguien. Estas son las contradicciones del sistema.

China es un país enorme y muy complejo. Y si ha llegado hasta el punto actual en el comercio mundial, la responsabilidad es nuestra, al haberle demandado ser la fábrica del mundo haciendo el trabajo sucio.

China está adquiriendo terminales portuarias en varios puntos del Mediterráneo, entre ellos en los puertos de Valencia, Barcelona o el Pireo. ¿Qué objetivos persigue con ello? ¿Se trata de una estrategia expansionista?

Lo ha intentado también en Trieste, en Italia, en Djibouti, en el Cuerno de África… Pero según mi opinión no se trata de una estrategia expansionista; no tiene posibilidades para ello, por sus propias características. Me refiero también a la cuestión de Afganistán. Cuando el año pasado, en agosto, los norteamericanos abandonaron Afganistán, de inmediato se dijo que China entraría en el país para explotar los yacimientos de tierras raras. Pero no son estúpidos y sabían que tendrían muchísimas dificultades, por ejemplo, la logística, la ubicación geográfica o la disponibilidad de agua. El problema de la seguridad es secundario. Esa es su mentalidad: alcanzar el bien final, que es la producción. ¿Cómo la consiguen? No sólo con la seguridad. Y aunque los talibanes se lo pidieron, China rehusó ante la falta carreteras, autopistas, aeropuertos, agua, electricidad… Por todo ello, China todavía no está en Afganistán.

En cuanto a África, muchos de sus países están totalmente endeudados con China, al igual que Sri Lanka, Nueva Zelanda o Indonesia. Pero ahora los bancos chinos han huido literalmente de África y se han quedado solamente en tres países: Angola, Congo y una parte de Liberia. Siguen allí porque todavía tienen la posibilidad de aprovechar el sistema dentro de sus fines de la producción. Como le decía antes, son países pobres que disponen de tierras necesarias para la tecnología actual.

¿Por qué surge de repente el interés de China por los puertos? Esto se conecta con las nuevas Rutas de la Seda ideadas por el gigante asiático. Todo este sistema portuario tiende a superar, por ejemplo, el cuello de botella que causó hace unos meses el Canal de Suez y que no interesa ya a China, al tener la posibilidad de unir Asia con Portugal, en parte por vía marítima, terrestre o aérea, cuando se trata de materiales transportables. China también ha construido este sistema con vista a los aspectos militares.

Si China quisiera invadir a Taiwán, en este momento no tiene ninguna posibilidad de ganar desde el punto de vista militar, porque con todas las armas que Estados Unidos ha entregado en estos años a la isla, ni un barco ni un avión se pueden acercar. No obstante, China tiene un arma increíble para reconquistar Taiwán: las tierras raras. Taiwán es la octava economía del mundo, pero las tierras raras, las materias primas, se las proporciona China, que tiene el monopolio del 86% de la producción de los semiconductores y de los productos de alta tecnología.

Si China no le proporciona materias primas, Taiwán está perdida. China pierde también, pero no hay muertos. Estados Unidos lo sabe bien, pero tiene que provocar el incidente para así intervenir. En unas declaraciones de esta mañana [24 de mayo] Biden ha dicho que si China invade Taiwán, Estados Unidos intervendrá. Sería un escenario que no creo que vaya a producirse, porque los chinos no son estúpidos.

Ante esta situación, es muy importante practicar la inteligencia cultural, es decir, intentar entender otras culturas. Según el aforismo de Sun Tzu: “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, tu victoria es segura. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, tus posibilidades de ganar y de perder son iguales. Si no conoces al enemigo y ni siquiera a ti mismo sucumbirás en cada batalla”. Eso lo decía hace veinticinco siglos el famoso general en “El arte de la guerra”.

Cuando China va a un país africano se lleva toda la logística para asistir a sus ciudadanos en todos los ámbitos, de seguridad, alimenticio… Pero eso no es expansionismo.

El general en la reserva Gennaro Scala en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Casa Mediterráneo

¿Entonces, lo que China está haciendo en el Mediterráneo es aumentar sus posibilidades comerciales?

En el Mediterráneo China sigue una estrategia meramente comercial y de influencia, pero no expansionista tal como lo entendemos nosotros. Su interés radica en obtener los bienes que encuentre en cada país, explotando el territorio, excavando minas… para lo que es necesario realizar inversiones a través de sus propios bancos. No tiene otros intereses más allá de obtener los bienes que pueda extraer de cada país.

¿Qué impacto pueden tener en el Mediterráneo las Nuevas Rutas de la Seda?

Hace diez años Europa estaba a punto de convertirse en el tercer competidor mundial, tras Estados Unidos y China. Las nuevas Rutas de la Seda tienen una finalidad que es esencialmente económica y comercial. Y Estados Unidos nuca podría permitir que Europa llegara a ser el tercer competidor mundial. He aquí la sumisión europea, debido a que no tenemos una política común, exterior ni de defensa. Todavía estamos divididos por los celos de cada país.

¿La ausencia de una política comercial armonizada en la Unión Europea respecto a las inversiones de las empresas chinas propicia una competencia desleal entre los países europeos?

Sí, esto ocurre también en el Mediterráneo respecto a los países del norte de África. Por ejemplo, las inversiones de España e Italia en esta zona suponen cifras pequeñas, hablamos de unos cuantos millones, ¿y qué logramos? Nada.