José Antonio Hergueta: “Los personajes de ‘Caleta Palace’ descifran el conflicto humano que supone cualquier guerra”

Recientemente nominado a los Premios Goya en la categoría de Mejor Documental, ‘Caleta Palace’ es un falso documental dirigido por José Antonio Hergueta, que se detiene en un episodio poco estudiado de la Guerra Civil española, el asedio de siete meses que sufrió Málaga. La historia se narra a través de los testimonios de ocho personajes internacionales que dejaron constancia de sus vivencias en libros, diarios y fotografías.

Durante la Guerra Civil española, Málaga fue la primera ciudad que sufrió bombardeos sistemáticos, y la primera en ser conquistada por un ejército extranjero. Málaga quedó pronto relegada tras otros hitos de la guerra, pese a que los relatos de 25 testigos, impactados por los acontecimientos que habían vivido en primera persona, empezaron a publicarse en aquel mismo 1937. “Caleta Palace” (2023, 97 min.) recoge las experiencias de ocho de esos personajes, encarnados por reconocidos actores: Miguel Rellán, Nadia de Santiago, Pedro Casablanc, Fernando Ramallo, Pepe Viyuela, Miguel Hermoso, Amparo Pamplona y Ana del Arco.

Producido por MLK Producciones con Canal Sur y Televisión Española, con el apoyo de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y la colaboración de CreaSGR y Triodos Bank, la cinta se presentará y proyectará en Casa Mediterráneo el próximo lunes 11 de marzo a las 19:00 h. con la participación de su director, José Antonio Hergueta, quien nos cuenta el origen y la razón de ser del largometraje en esta entrevista.

El cortometraje “Paraíso en llamas” (2020) fue la antesala de “Caleta Palace”. ¿Cómo surge la idea recrear este episodio de la Guerra Civil en Málaga, desde el punto de vista de varios testigos extranjeros?

La idea surgió antes. Hacia 2005 estaba haciendo un documental sobre un submarino republicano que apareció hundido bajo la bahía de Málaga. Era una historia espectacular, ‘Operación Úrsula’, que se proyectó en Casa Mediterráneo. La historia de este submarino había sido descubierta por un investigador norteamericano, Willard Frank, que era un experto en la dimensión naval de la Guerra Civil española. Él me llamó la atención sobre el hecho de que había varios libros con relatos particulares de los primeros siete meses de la Guerra Civil en Málaga, cuyas historias se cruzaban. Algunos de ellos no habían sido traducidos todavía al español. Me regaló el de Sir Peter Chalmers-Mitchell, “Mi casa en Málaga”. Me dijo que era muy bonito y equilibrado, un libro fascinante realmente, y además se cruzaba con otro de Arthur Koestler, un gran escritor, y con otro más, de Luis Bolín, que era más tendencioso. Además, era llamativo la cantidad de extranjeros que habían escrito sobre sus vivencias en Málaga.

Eran conocidos los libros de Gamel Woolsey, la compañera de Gerald Brenan, como “El otro reino de la muerte”. Pero, a pesar de que algunos de ellos hubieran tenido cierta trascendencia, incluso en Málaga era desconocido el hecho de hasta qué punto tantos extranjeros hubieran quedado tan impactados como para escribirlo. En ese momento, ya me di cuenta de que ahí había una historia, pero también la vi compleja, bien porque era muy cara de producir o el fundamento muy literario. He estado durante años viendo cómo aparecían nuevas traducciones y libros, y yo mismo fui encontrando hasta 25 testimonios. Así, convertí el Caleta Palace de Málaga en ese hotel Florida de Madrid, donde no hay un Hemingway, pero sí un Koestler, con la vocación de entender un episodio aparentemente menor como un resumen de una guerra mayor, mundial en cierto modo. Ésa fue la manera en la que entendí que había una película en unos personajes que recuerdan lo que han vivido en Málaga. Y todos están tocados, incluso diría heridos, algunos del lado vencedor como Mercedes Formica, y son capaces de darse cuenta de que se trata de un fracaso colectivo.

Ése fue el inicio. “Paraíso en llamas” supuso una prueba, un anticipo para esta narrativa de falso documental, un poco teatralizada, que llevé a cabo cuando ya tenía claro que quería hacer “Caleta Palace”.

De esos 25 personajes ha escogido a ocho para que ofrezcan sus testimonios, que estaban recogidos en libros, diarios y fotografías, con el objetivo de dar una visión diferente del conflicto, mostrando el lado más humano. ¿Qué imagen proporcionan estos personajes que se ven envueltos en la guerra o que acuden a Málaga precisamente atraídos por ella?

Hay algunos a quienes les pilla la guerra en Málaga, habiendo elegido un sitio tranquilo, como Gerald Brenan, que además de venir de la Alpujarra, en realidad, huía de su experiencia en la Gran Guerra, la I Guerra Mundial. O Sir Peter Chalmers-Mitchell, un señor que se había jubilado y había decidido comprarse una villa y escribir sus memorias. Otros sí vienen al olor de una aventura o, como Arthur Koestler que es periodista y acude incluso enviado por el Komitern, a espiar, pero básicamente él es un narrador y sus libros y memorias son extraordinarios.

También hay otros personajes accidentales, porque se encuentran de paso, y otros que están involucrados, como algunos periodistas italianos que he rescatado, que iban en el cuerpo de tropas que Mussolini manda para conquistar Málaga. Éstos usan Málaga como una operación de propaganda para vender la lucha entre el fascismo y el comunismo, que es la primera gran vitoria de esa tropa que viene ilegalmente, desafiando los acuerdos para ayudar a Franco. Pero el hecho es que, aunque algunos estén muy posicionados, excepto el caso de Bolín y los italianos, los demás, aunque tengan su afinidad mayormente con la República -otros son afines al golpe-, son capaces de ver un lado humano. Dado que ellos no están involucrados y se sienten a salvo, ese privilegio les da la oportunidad de observar de otra manera y de, cuando ayudan y a veces a gente contraria, descifrar un poco el conflicto humano que supone cualquier guerra y más si es una guerra civil.

Posicionados o no, te abren otro universo en unos acontecimientos confusos como fueron la revolución popular que se produjo, la falta de orden público, pero también la manera en la que se involucraron para ayudar a las personas. Hay que decir que sobrevuela otra visión, que se descifra con mucha sensibilidad en esa forma de escribir.

Como narrador busco historias buenas y me resultan aburridos los relatos en los que los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. No es verosímil.

En una entrevista afirma que huye de las películas de buenos y malos. Y añade que “por salirme del discurso oficial de la memoria histórica corría el riesgo de que me tacharan de facha, pero todo lo que cuenta la película lo vivieron y fue escrito por sus protagonistas”. ¿Dar visiones distintas de un mismo conflicto conlleva esa posibilidad?

Yo no soy historiador, no pretendo establecer una verdad. Me he documentado muchísimo, llevo quince años con este proyecto y me duele ver cómo en los relatos, a veces para defender lo que se ocultó luego, caemos en la ramplonería de pensar que como la represión franquista fue atroz, no se puede hablar a la vez del caos y las salvajadas que sucedieron durante esos meses en pro de una revolución a la que nadie quiso poner orden. A mí, como ciudadano y malagueño, me duele que no se recuerde que el Gobierno Civil de Málaga, el Militar e incluso el Republicano, aceptaron que este desorden significaba el abandono de la ciudad. Y parece que hay un enorme pudor a decir esto, cuando es una crítica, no sólo legítima, sino obligada para señalar que Málaga es una víctima de una invasión extranjera a favor de los golpistas, pero al mismo tiempo es víctima de un desaire y un desinterés de un gobierno que tuvo una estrategia dudosa, porque abandonó el frente sur y, sobre todo, al ver que nadie ponía orden a los comités dejó de mandar suministros militares a la ciudad para defenderse. Ese caos creo que hay que contarlo, lo que no te convierte por ello en facha. Son hechos históricos, suceden todo tipo de reacciones -y como investigador y narrador me interesa-, hay gente miserable, pero también héroes. Y ésta es la oportunidad que me dan estos relatos de entrar en ese mundo. Es decir, claro que es una situación lamentable, y el episodio de Málaga se ha contado poco porque era muy vergonzoso para los dos bandos. Para la República desajusta el discurso oficial de ser sólo víctima, pero creo que hay que contarlo todo, además de porque sucedió así, porque si se quiere entender la República hay que verla en su conjunto; se puede defender viendo la realidad.

Pero, es más, como narrador busco historias buenas y me resultan aburridos los relatos en los que los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. No es verosímil. En la vida real y en la narrativa siempre hay matices y es muy interesante, desde el lado humano, entender las debilidades que tiene el héroe y también los aciertos que puede tener el villano. Y, sobre todo, en una situación tan confusa es muy simplón creer que todo era bueno en un lado y malo en el otro. Creo que es un signo de madurez aceptar la realidad, incluso con todos esos lastres, que son pesados para llevar en cualquiera de los dos bandos. Mi invitación -la hago siempre y sé que es lo difícil- es acercarse a esta película y a la Guerra Civil intentando no estar siempre en una interpretación de equilibrios de bandos. En resumen, el mayor esfuerzo que he hecho ha sido intentar ofrecer, en este episodio tan complejo, la posibilidad de mirar de otra manera gracias a estos testigos, desde otro sitio y no enjuiciar.

El largometraje también da cuenta de los trágicos acontecimientos de ‘La desbandá’, que supuso una auténtica masacre de población civil. Recientemente, en concreto el BOE de 14 de febrero de este año recoge la declaración de lugar de memoria la carretera 340 de Málaga a Almería en recuerdo de la llamada Desbanda de febrero de 1937. ¿Qué supone este reconocimiento?

En las presentaciones siempre aviso de que sale “La desbandá”, pero no es una película centrada en este acontecimiento. Respecto a la declaración en el BOE creo que es muy positivo. Algún tramo ya estaba reconocido, lo que pasa es que la ruta tiene más de 100 kilómetros, junto al mar. Estos días, un colectivo organiza unas caminatas desde Málaga e incluso desde pueblos del interior hasta Almería, como fue en su día. Es una forma de revivirlo.

Una de las motivaciones para hacer la película es precisamente que cuando lees o escuchas historias y tienes muy presente episodios históricos, resulta muy fácil pasar por un sitio y emocionarse. Sentir que la historia está viva en una esquina. Es como una capa que levantas, no una línea de tiempo. A mí me sucede en varios lugares de Málaga, donde unos mataron a otros, según los libros sobre la guerra, lo que provoca una especie de agujero cósmico. En la carretera pasa eso. Con la luz de invierno, en ese lugar te haces muchas preguntas. Las historias viven con nuestra vida diaria, pueden ser de la Guerra Civil o de la época fenicia.

En la película sale “La desbandá” porque dos de los personajes la vivieron como privilegiados, como la periodista Gerda Grepp, que iba en un coche que le puso el gobierno. Hay un pequeño homenaje para entenderlo, además de una manera muy respetuosa. Me parece un episodio no sólo importante, sino también complejo, y como cineasta soy muy respetuoso a la hora de mostrar las imágenes de desgracias, la sangre en primera instancia. Lo he trabajado de una manera en la que se sienta, y aún así, dado que es un episodio complejo, no pretendía narrarlo entero. Por eso, dejo claro que no es una película sobre ‘La desbandá’. De hecho, estamos preparando otra expresamente, y probablemente sea de ficción, porque me parece que es un episodio que pide un relato más universal, que llegue a mucha más gente, que no sea sólo un documental -ya se han hecho unos cuantos y además ya no quedan testigos vivos-. El proyecto está demandando una mirada más internacional sobre esta tragedia.

Fotograma de ‘Caleta Palace’.

‘Caleta Palace’ tiene una vocación transmedia, que va más allá de este largometraje. ¿Qué otros formatos contempla?

Como, efectivamente, me quedé con ocho personajes de veintitantos, e inicialmente trabajé con doce, que son muchos para una película, los he recuperado en un podcast que estamos grabando ahora, jugando además en un formato sobre una cápsula del tiempo. A la vez, tenemos un proyecto de exposición con una inmersión sonora y otro proyecto expositivo con realidad aumentada para revivir los testimonios de los personajes, parcialmente financiados. Yo, como autor, me inicié en el audiovisual con video instalaciones y video creación en los años 80 y 90 y, de alguna manera, este magma narrativo que apareció con estos testimonios me llevó a esa necesidad de que pueda haber otros formatos, aparte de una película.

Por último, ¿qué ha supuesto la nominación de ‘Caleta Palace’ a los Premios Goya al mejor documental?

Ha sido una alegría enorme que nos ha ayudado a darle mayor difusión y a proyectarla en más ciudades. Se emitirá en TVE en otoño. Yo siempre animo a verla en cine porque esta historia como es lenta se va desgranando poco a poco. La sala de cine favorece que te des el tiempo para ir entrando en este falso documental, donde los personajes te cuentan lo que recuerdan que sucedió.



Sinopsis de ‘Caleta Palace’:

Al llegar a Málaga a finales de enero de 1937, la joven fotógrafa noruega Gerda Grepp (Ana del Arco) queda impactada. El ideal revolucionario por el que salió Oslo y dejó después Madrid se transforma en angustia al ver condenadas la ciudad y la revolución. Grepp acompaña al escritor húngaro Arthur Koestler (Pedro Casablanc), cuyo olfato para una buena historia le conduce a la primera capital republicana que puede caer desde que el golpe militar se convirtió en guerra civil. Koestler es también agente del Komitern con la misión de informar sobre los efectivos italianos que Franco pretende estrenar en Málaga. Mussolini busca una hazaña militar para lucirse.Koestler y Grepp son acogidos por Sir Peter Chalmers-Mitchell (Miguel Rellán), un librepensador escocés de origen aristocrático que ha ubicado en el barrio residencial del Limonar su retiro dorado. Este trío se cruza con otros personajes extraordinarios, en su mayoría extranjeros con vocación y hasta renombre literarios. Del otro lado, en las filas franquistas, hay otros dos narradores: el capitán Luis Bolín (Miguel Hermoso), implicado en el golpe y responsable de la oficina de prensa de Queipo de Llano, que ha jurado matar a Koestler, y el soldado Bonaventura Caloro (Pepe Viyuela), periodista del CTV italiano.

La debacle sucede el 8 de febrero y culmina en la carretera 340 en dirección a Almería: un hilo de vida que permite escapar a miles de refugiados y que es la tumba de muchos de ellos bajo los bombardeos de buques y aviones alemanes e italianos.

Más información, en la página web de ‘Caleta Palace’.