José Lebrero Stals, director del Museo Picasso Málaga: «Alguien sensible y tan atento al escenario visual de su entorno como Pablo Picasso lo asimila y lo hace suyo»

El director artístico del Museo Picasso de Málaga, José Lebrero – © EFE / Daniel Pérez.

Este año se cumple el 50 aniversario del fallecimiento del gran Picasso, una efeméride ampliamente celebrada en nuestro país, a la que se suma Casa Mediterráneo mediante la celebración de la jornada, única en Alicante, titulada ‘Pablo y el Mar Mediterráneo’ el próximo 14 de noviembre. La actividad ofrecerá una serie de mesas redondas en las que reconocidos expertos en la vida y obra del artista malagueño analizarán algunas de las múltiples facetas de Picasso, con especial detenimiento en el peso del Mediterráneo en sus creaciones. Unos de los ponentes será José Lebrero Stals, director artístico del Museo Picasso Málaga, que participará en la mesa redonda ‘La influencia de la luz del Mediterráneo en la obra de Picasso’.

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Bellaterra, Lebrero Stals cursó estudios de Historia del Arte y Ciencias Políticas en la Universidad de Colonia (Alemania), así como un Máster en Diseño y Producción Multimedia Digital por la Universidad La Salle-Ramón Llull. De 1996 a 2002 fue conservador jefe del Museo d’Art Contemporari de Barcelona. En 2003 fue nombrado director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, donde ha impulsado un programa expositivo que relaciona arte contemporáneo con otras disciplinas artísticas. Ha sido comisario en más de una veintena de exposiciones, colaborador de ensayos críticos y artículos en revistas de arte. Ha impartido conferencias en centros de arte, universidades y museos y ha llevado a cabo labores de asesoramiento y colaboración en museos internacionales.

En esta entrevista, le preguntamos por la presencia del Mediterráneo en la obra de Picasso, cuya figura conoce muy de cerca desde su cargo en el museo dedicado al artista en su ciudad natal, Málaga, de cuya apertura se cumplen ahora veinte años.

El Mediterráneo fue una de las fuentes de inspiración más constantes para Picasso. ¿Cómo describiría el peso del paisaje, las costumbres y la cultura mediterránea en la obra del artista?

Si ustedes están en Valencia pueden entender perfectamente que ser de un sitio, en el caso de Pablo Picasso haber nacido aquí en Málaga, marca la biografía de las personas. Es verdad que él emigra con su familia porque su padre encuentra un mejor trabajo como profesor de dibujo en La Coruña, dejando la ciudad con 11 años. Sin embargo, irá regresando y la última vez que estará en Málaga será en 1901, con 20 años. No obstante, otro lugar vital para Pablo Picasso, para su trayectoria artística y también para su desarrollo como persona adulta es Barcelona, porque es ahí donde se encuentra con otros pintores, escritores e intelectuales con los que habla el mismo idioma. Barcelona, Valencia, Málaga son ciudades mediterráneas, son ciudades en las cuales, aunque con matices, la relación del mar con la tierra, la luz, las costumbres, las tradiciones acumuladas a lo largo de siglos y generaciones han marcado a las gentes de unos modos específicos. Hay una sensualidad muy determinada, que tiene mucho que ver con los rituales de la comida, con las fiestas populares… ¿Por qué? Porque esta parte del mundo, esta costa nuestra mediterránea española es muy vieja, muy antigua, por la que han pasado muchas civilizaciones. Y es comprensible que alguien sensible y tan atento al escenario visual de su entorno como es Pablo Picasso lo asimile y lo haga suyo. Y lo va a llevar consigo, como cualquier persona lleva en su mochila emocional y en su agenda personal vivencias, escenas, recuerdos que luego van a contrastarse, complementarse y enriquecerse con lo que es Picasso.

Picasso es un artista moderno en París, que no puede y no quiere pensar ni pintar como lo hacían los defensores de la Academia, no sólo española sino también parisina, y se embarca en una aventura de experimentación. Pero pronto esas vivencias, esa manera de ser, esa manera de mirar el mundo desde el sur vuelve a aparecer en su obra. Y de vez en cuando, a lo largo de toda su trayectoria, se manifiesta de nuevo.


Como decía, el Mediterráneo ha sido lugar de paso de muchas civilizaciones que se han ido enriqueciendo y dejando un poso a lo largo de la historia. En este sentido, ¿la iconografía griega y romana hasta qué punto influyeron, por ejemplo, en la representación de los cuerpos desnudos en las obras de Picasso?

La obra de Picasso es muy larga en el tiempo y tiene muchos sobresaltos y variaciones, entonces no se puede hablar de la misma manera, en mi opinión, de Picasso cuando está estudiando en La Llotja en Barcelona, donde utilizan modelos y yesos clásicos para aprender la habilidad de saber representar, que cuando está viviendo en el sur de Francia, en la Provenza, cerca de la Costa Azul, con más de 90 años, cuando ya lo ha aprendido todo. Pero es cierto que hay algunos momentos en los cuales la referencia, la fijación en las maneras clásicas grecorromanas de representar, tan marcadas por la idealización del cuerpo masculino, del cuerpo femenino o de ese cuerpo ambiguo que a veces es andrógino, la obsesión por la armonía, en su caso el trazo dibujístico muy firme y ondulante, está muy presente.

Podríamos, por ejemplo, referirnos a La Suite Vollard, que es una de las propuestas de obra gráfica de grabado más importantes del siglo XX, compuesta por cien grabados, y ahí vemos muy claro esa contaminación clásica en el modo que tiene, no sólo de pintar Picasso, sino en una época, que son los años treinta, en la que interesa especialmente la mitología. Y también corresponde con la época del minotauro, es decir, un tiempo en el que está muy presente, pero no siempre es así. Una de las cosas que creo fascinantes e interesantes de este artista, es su personalidad camaleónica; formalmente él va cambiando. Pero es cierto que, por ejemplo, en La Suite Vollard lo que usted decía se manifiesta de un modo muy evidente.

Aparte del minotauro y de figuras como el fauno, el toro y la tauromaquia, tan mediterráneos, también están presentes en la obra de Picasso. ¿A qué cree que obedece?

Usted se refiere al Mediterráneo y sabemos que es un concepto extremadamente amplio y complejo, porque hay muchos mediterráneos. Entonces, yo me remitiría al Mediterráneo cercano, al nuestro.

En su obra hay una contaminación de la propia historia del arte y de la cultura popular, algo que a Picasso siempre le interesó.

Exacto, me refería al Mediterráneo español.

Es lo que más conocemos y donde este artista crece. Podemos hablar de toros y caballos como ganado, pero estamos hablando de ellos como figuras iconográficas en la obra de un artista y eso, por un lado, se puede vincular a la mitología, que no deja de ser cuentos populares que se van fosilizando con el paso del tiempo y acaban sin tener fecha concreta. Por lo tanto, trascienden a los momentos. Y, por otro lado, también hay una historia de la representación de los personajes mitológicos. Y ahí iríamos a la historia del arte.

Entonces, creo que en la obra de Picasso se combinan ambas cuestiones. Es un artista muy poroso, muy investigador de la historia de la pintura, y aquí podemos hablar de El rapto de Europa, de diversos artistas del arte italiano, del arte español, de Goya… creadores que recurren a estas figuras mitológicas, en este caso el toro y el caballo, que son casi arquetipos de la libertad, de la violencia, de la magia, etc. Y Picasso es conocedor; siendo un adolescente está ya en El Prado, copiando a Goya, por ejemplo. De modo que, por un lado, hay una contaminación de la propia historia del arte, de las imágenes, y por otro lado, como le digo, la cultura popular, algo que a Picasso siempre le interesó. Hay que recordar que cuando era niño, aquí en Málaga, a finales del siglo XIX había muchos espectáculos taurinos y parece ser que Picasso con su abuelo o con su padre -esto no se lo puedo confirmar- acudía a alguno de estos eventos, que acontecían muy cerca de donde él nació. Por lo tanto, ese niño vio pronto corridas de toros, que eran mucho más sangrientas que las actuales, puesto que los caballos si eran embestidos por los toros podían quedar tirados en la arena. Es decir, el niño Picasso, el joven Picasso vive la corrida de toros y ya de mayor en Francia le sigue encantando por todo lo que conlleva de espectáculo casi mitológico. Pero, por otro lado, está el reto con lo que han hecho otros artistas. En ese sentido, es algo que está presente en unas épocas más que en otras, en la vida y en la obra de Pablo Picasso.

Picasso tenía muchas facetas y una de ellas era la poética, en la que denotaba su añoranza de España. ¿El Mediterráneo que se aprecia en su obra artística también se destila en su poesía?

Los escritos de Picasso son poéticos, y él en alguna ocasión alaba a los poetas. Entre sus amigos había poetas, algunos de los cuales tenía cerca como Apollinaire, Max Jacob, Jean Cocteau… Picasso se convierte en poeta porque, por decirlo así, ya ha cumplido 50 años, alrededor de 1935 y sus primeros escritos, que son muchos y precipitados, porque no tiene interés en respetar la sintaxis o la ortografía en un sentido estricto, sino que él, como siempre, hace un uso libre de las palabras y, de una manera muy visual, en esos primeros años de su escritura, que luego hará también en francés, refiere mucho al pasado y a Málaga, Andalucía, las costumbres, las comidas, las maneras de compartir con los demás, al espectáculo taurino, a los toreros, a la Iglesia… Es decir, habla, viviendo en París con más de 50 años, de cosas que ya no vive; hace tiempo que no ha estado en Andalucía, pero la escritura probablemente, y eso se puede demostrar haciendo un glosario de los términos que utiliza, es un anclaje que tiene en la memoria de cosas que vivió y que, por lo tanto, pertenecen a la Málaga antigua en la que él crece y que, por deducción, tiene mucho que ver con las maneras de entender el mundo aquí en el sur, en el Mediterráneo.

En una entrevista, usted afirmó que las obras de Picasso hay que verlas en el contexto histórico en el que fueron creadas y no en juicios posteriores de carácter social y político…

Dicho así, en el contexto social y político, lo dudo.

Quizás interpreté mal su declaración.

Si intentamos hacer un esfuerzo por entender en qué momento y circunstancias fueron realizadas las obras, automáticamente tenemos la invitación, que además considero necesaria, de explorar las condiciones sociológicas, económicas, políticas, psicológicas que influyeron en la construcción estética de algo. A eso me refería yo.

Le preguntaba sobre el hecho de juzgar el pasado con los ojos del presente.

Lo que sucede, en mi opinión, es que la historia es inevitablemente eso, es decir, un juicio de lo sucedido desde hoy, y eso no se puede evitar. Si se mira con atención, se estudia y se analiza la obra de Picasso, creo que es irremediable aceptar que se hace desde hoy. Por ejemplo, la crítica que se puede hacer más al personaje que a la obra, a la figura o a la actitud del hombre más que al artista desde una perspectiva feminista, sucede hoy, y hace cincuenta años no era posible. Por lo tanto, nuestra mirada al pasado está impregnada por nuestra condición de presente. Pero, del mismo modo en que está impregnada de esa condición, si somos conscientes de ello, podemos también deducir que en cada momento sucedió algo que tuvo sus vínculos y obligaciones con el presente. Tomemos el Guernica. Hoy nadie pintaría, si tuviera que hacerlo, una representación de la violencia, de la injusticia, de la brutalidad, de la maldad, como entonces, como en 1936 o 37. Eso es lo que yo creo que habría que decir.

Por último, quisiera preguntarle por el 20 aniversario del Museo Picasso Málaga, que se celebra este año. ¿Qué significa para usted como director del museo esta efeméride?

El pasado 27 de octubre se cumplían veinte años de la apertura de este museo. Yo no estaba aquí trabajando y asistí como tantas otras personas a la inauguración. Creo que hoy, lo que parece poco discutible es que el Museo Picasso Málaga ha ayudado a transformar la ciudad, a que se asocie más con la cultura, con el arte, con los museos… Y eso tiene unas consecuencias no sólo estéticas, porque pone a la ciudad en un lugar donde no estaba antes, pero del mismo modo el hecho de que este museo haya ido creciendo y funcionando ha contribuido a una transformación urbanística y a la peatonalización del centro, a la restauración de edificios, a la generación de riqueza económica y, por lo tanto, ya no es sólo una cuestión artística, sino que también ha jugado y está jugando un papel significativo en el engrandecimiento de la ciudad de Málaga como destino turístico cultural, por ejemplo. Pero ya en lo estrictamente artístico museístico es un museo que cuando abrió sus puertas no era así y hoy está conectado en los circuitos internacionales. Hemos trabajado con museos importantes como el MOMA de Nueva York, la Tate Britain, el Museo Picasso París… es decir, ha ayudado a hacer Málaga en su identidad museística más cosmopolita. Éste es un museo bilingüe. Ofrecemos la audioguía de la colección en trece idiomas y eso es algo que nos hace sentir bien. Es un reto, porque implica que no hay que bajar la guardia, una autoexigencia grande, pero al mismo tiempo lo que vemos que acontece en el museo creo que es motivo para sentirse más o menos satisfecho, aún sabiendo que estas satisfacciones son siempre muy cambiantes y relativas.


Por María Gilabert Almagro
Responsable de la Revista Casa Mediterráneo.