Nuevos y revolucionarios hallazgos arqueológicos arrojan cada vez más luz sobre el pueblo tarteso, despejando el halo de misterio e interrogantes del que fuera considerado por los antiguos griegos la primera civilización de Occidente. El próximo 27 de mayo a las 19 h., Casa Mediterráneo albergará una jornada divulgativa para presentar las últimas novedades en la investigación sobre los tartesos, sus vinculaciones con los fenicios y otros pueblos, así como sus conexiones mediterráneas. Todo ello se abordará en el encuentro titulado “Fenicios, Tartesios e Íberos. El hilo mediterráneo de la Protohistoria en Alicante”, consistente en una mesa redonda y la proyección de un avance del documental “En el origen, Tartessos”, que contará con el máximo rigor científico de la mano de algunos de los principales especialistas en la materia.
En el transcurso del evento se presentarán los más recientes hallazgos arqueológicos en la provincia de Alicante, que confirman las vinculaciones en la Protohistoria entre varios puertos mediterráneos: la riqueza e influencia de las rutas marítimas establecidas por los colonizadores fenicios y que fueron integradas por las culturas a que dio lugar esta fusión de Oriente y Occidente en el sur de la Península Ibérica hace 3.000 años.
De forma complementaria, se proyectarán en exclusiva unos fragmentos del documental (largometraje y miniserie) “En el origen, Tartessos”, realizado por MKL Producciones con participación de Televisión Española y Canal Sur, que será estrenado a lo largo de 2024. Los avances que se mostrarán se refieren a cuatro yacimientos protohistóricos en la provincia de Alicante que son referente en el mundo fenicio: La Fonteta y Cabezo Pequeño del Estaño en Guardamar del Segura, Peña Negra en Crevillente y La Alcudia en Elche.
“No se trata de presentar un trailer, sino de proyectar varias piezas sueltas de los yacimientos, con la presencia de los arqueólogos y los directores de las excavaciones”, señala José Antonio Hergueta, codirector del audiovisual. Estas piezas servirán de base para “un debate sobre esta Protohistoria en Alicante, lo cual es un pelotazo, en el sentido de que ha habido hallazgos en La Alcudia, hay una visión nueva a raíz de otros descubrimientos producidos en Extremadura…, es decir, que hay una percepción novedosa, que es la que va a contar el documental, pero que ya está sucediendo a nivel científico. Divulgarlo es el objetivo doble del acto”, añade Hergueta.

“Es conocido el pasado fenicio de Alicante, pero la arqueología ofrece una nueva visión sobre el encuentro entre este pueblo y los indígenas, la forma en la que se constituyen ambas fusiones y las primeras comunidades. Eso es lo que hace que el acto tenga esa tercera pata que es la conexión mediterránea, y no sólo con Tiro y Cartago, sino también entre los distintos puertos fenicios del Levante y Andalucía. Gracias a las investigaciones, se ha demostrado que hay una conexión comercial y humana entre los puertos de Málaga, Almería, Murcia y Alicante. Eso es lo que se va a contar y va a ser una novedad para el público”, afirma.
Leticia Salvago, arqueóloga y coautora del documental, quien moderará la mesa redonda, nos ofrece un adelanto de los asuntos que se abordarán en la jornada.

El pueblo tarteso fue considerado por los griegos como la primera civilización de Occidente. ¿De dónde procedía este pueblo y cuáles fueron sus principales aportaciones?
Hay escritos del mundo griego que muestran que la consideraban la primera civilización, porque le daban un aspecto ancestral. Ello se relaciona con el hecho de que la raíz “tar-” significa confín o fin del mundo. El Mediterráneo se acababa y después no había nada. De modo que era un lugar lleno de monstruos, mitos e historias que ellos mismos nutren. Lo que está claro es que desconocemos la procedencia del pueblo porque todavía los estudios de ADN están siendo muy escasos; la mayoría procede de incineraciones y no se ha podido saber cuál es su adscripción, pero lo que sí sabemos es que sus aportaciones, por lo que cuentan esos escritos, fundamentalmente se describen como el paraíso.
De hecho, los trabajos de Hércules sitúan el Jardín de las Hespérides en Tartessos. Lo que cuentan es que hay unos reyes muy longevos, que viven más de cien años. Cultivan miel, un producto muy valorado. La abeja era un símbolo en Asia Menor y diferentes puntos de Próximo Oriente, un elemento reflejado en las acuñaciones de moneda. Teniendo en cuenta que el azúcar no existía entonces, la miel era el componente más nutricional y energético de los que podía aportar la naturaleza, y aparte prevenía muchas enfermedades. También había grandes rebaños de bueyes, de los que habla la mitología que, por un lado, les proporcionaba alimento y, por otro, servían para trasladar los carros. En todas las estelas tartésicas aparecen los carros. Los bueyes no, pero sí en los santuarios con el símbolo de forma de piel de toro. Hay un vínculo que es muy mediterráneo, muy oriental sobre el toro, al ser considerado una figura muy importante en la mitología.
Otras de sus aportaciones apuntan a que era un pueblo muy rico que tenía metal, plata -de Argantonio (el último rey tarteso) procede su raíz (argentum)-, abundancia de alimentos y longevidad. Esos tres elementos, tanto en la antigüedad como ahora, son muy valorados por el ser humano. Ésas son sus principales aportaciones. En cuanto a su origen, como decía, la procedencia de ese mundo indígena asentado en la península en la Edad del Hierro hace 3.000 años se encuentra en estudio en la actualidad.
¿Qué sugieren los nuevos hallazgos producidos en yacimientos de Alicante y Málaga sobre el origen de los tartesos?
En Alicante y la parte levantina últimamente ha habido una serie de hallazgos muy interesantes, donde, junto a su opuesto, que sería Lisboa en el lado atlántico y toda la zona baja del Guadiana, el Guadalquivir y la costa septentrional mediterránea, se articula el mal llamado “Reino de Tartesso”, si es que lo hubo, ya que no se ha podido comprobar si era un reino. En toda esa área -la más oriental es Alicante y la más occidental Portugal- hay yacimientos tartésicos. En el caso de Alicante, el más representativo es Peña Negra y ahí, como en todos los yacimientos tartésicos, lo que se observa es la fusión del mundo fenicio desde Oriente con el mundo indígena autóctono. La fusión es tan perfecta que muchas veces no sabemos dónde empieza uno y acaba otro. Fue un fenómeno muy próspero y eficiente, puesto que hizo un efecto llamada, vino gente de muchos sitios y sabemos por la arqueología que las poblaciones aumentaron considerablemente en esa época.
Los yacimientos más interesantes de Alicante lo que nos dicen, en el caso por ejemplo de Cabezo Pequeño del Estaño, es que todos los materiales encontrados están relacionados con el yacimiento malagueño del Cerro del Villar, que hace una trasposición de gente, de materiales y de todo tipo de elementos de su cultura y en el enclave alicantino monta su factoría. Esto no deja de ser curioso, porque también se encuentra posteriormente en una línea, como dice el director de la excavación de Cabezo Pequeño del Estaño, Fernando Prados, que salta hasta Ibiza, donde se aprecia el modelo del Cerro del Villar, sus materiales y su manera de entender la vida. Por lo tanto, ahí hay una línea que va desde Málaga hasta Alicante perfectamente trazada, que a lo largo de los siglos se mantiene y es curioso comprobar que hay sitios que permanecen vinculados desde la antigüedad.

¿Qué se expondrá en la mesa redonda que se celebrará en Casa Mediterráneo?
La mesa redonda se articula en función de los vídeos que se van a proyectar, grabaciones de una serie de yacimientos que son punteros en Alicante y que dan las claves del mundo fenicio, tartésico e ibérico. Los yacimientos son: Peña Negra, en Crevillente; La Fonteta y Cabezo Pequeño del Estaño, en Guardamar del Segura, y La Alcudia, en Elche. Los ponentes son los directores de esos enclaves o miembros de los equipos de investigación: Fernando Prados, profesor titular de Arqueología y Vicedecano de Posgrado y coordinador de grado en Historia de la Universidad de Alicante, director yacimiento Cabezo Pequeño del Estaño (Guardamar del Segura); Alberto José Elorrio, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante, director del yacimiento Peña Negra (Crevillente) y codirector del yacimiento La Alcudia (Elche); Mariano Torres, profesor titular de Prehistoria de la Universidad Complutense, miembro del equipo investigador en el yacimiento La Fonteta (Guardamar del Segura) y Peña Negra (Crevillente); Héctor Uroz, profesor asociado de Prehistoria, Arqueología, Historia Antigua y Medieval y Ciencias Historiográficas (Universidad de Murcia) y codirector del yacimiento La Alcudia (Elche); y Ester López Rosendo, miembro del equipo de investigación “Fenicios e indígenas en el SE de la Península Ibérica: Bronce Final y Hierro Antiguo entre el Vinalopó y el Segura” y del equipo investigador en el yacimiento La Fonteta (Guardamar del Segura).
Se expondrán las últimas aportaciones de los estudios e investigaciones de los yacimientos, así como los trabajos en el laboratorio de la unidad de investigación en arqueología y patrimonio histórico de la Universidad de Alicante, donde están viendo los materiales de Peña Negra Ester López junto con Mariano Torres y Alberto Elorrio.

Al cabo de unas cuantas civilizaciones no llegamos a discernir la impronta de lo que es tartésico y fenicio, debido a su perfecta fusión.
¿Cuál es el objetivo del documental, del que se mostrarán unos fragmentos en Casa Mediterráneo?
El documental ‘En el origen, Tartessos’ que se va a estrenar este año, y del cual se extraerán los fragmentos de vídeo que he mencionado anteriormente, lo que pretende mostrar son los hallazgos del mundo tartésico y qué nos indican de lo que creíamos saber. El mito ha dejado de serlo para convertirse en una realidad que cada vez está teniendo mayores evidencias sobre esa civilización, que lo que nos cuentan es que hay una fusión y una confluencia con los indígenas que estaban aquí cuando comienza el proceso de colonización del mundo fenicio hace 3.000 años. Al cabo de unas cuantas civilizaciones no llegamos a discernir la impronta de lo que es tartésico y fenicio, debido a su perfecta fusión.
En el caso de Alicante, su siguiente momento será el ibérico, que dará otro fruto. Son unos momentos muy generosos, con una iconografía y una cultura muy vasta y extensa, que se mantiene durante bastantes más siglos de los que inicialmente se pudiera pensar cuando comenzó el estudio de este mundo al aparecer restos tartésicos, no basado en confabulaciones mentales, sino en realidades y hallazgos. Es algo parecido a lo que ocurrió con el mundo fenicio hace más de treinta años, cuando todavía era difícil de describir y se decía que era imposible que Cádiz se hubiera fundado en el año mil. Luego hemos visto que el yacimiento más antiguo ahora está en la provincia de Málaga, en La Rebanadilla, del siglo IX, entre otros muchos más que aparecerán. Sólo es una cuestión de encontrarlos. No es como en el caso de culturas posteriores, de las que tenemos mucha información sobre su emplazamiento.
Las ubicaciones de aquí son menos precisas. Se decía que el límite de ese mundo fenicio estaba en Alicante, pero quién sabe si se trataba de una fusión con los tartesos. Habrá que seguir investigando. Lo que nos queda por descubrir es mucho más de lo que conocemos, pero ya sabemos mucho más y podemos concretar que el mundo tartésico existía y era una realidad.
¿A qué se pudo deber la desaparición del pueblo tarteso?
No tenemos la absoluta certeza, pero sí que sabemos que se movía de un espacio a otro. La colonización de la zona de Badajoz y del Guadiana, con la aparición del espectacular yacimiento de Casas del Turuñuelo cambió todo el concepto de cuál era el área de influencia de este mundo, que se había circunscrito al bajo Guadalquivir, al aparecer estos restos en Málaga, las estelas por toda Extremadura y la geografía ibérica, en Córdoba y otros muchos sitios. La colonización de esta parte del Guadiana era algo desconocido, aunque antes de que apareciera el yacimiento de Casas del Turuñuelo se había excavado Cancho Roano y, con anterioridad o simultáneamente, la necrópolis de Medellín, un hallazgo espectacular por los ajuares que tenía y por lo que contaba de este mundo de fusión.
La desaparición puede deberse a varios motivos, desde desastres naturales como fenómenos sísmicos o tsunamis hasta cambios en el clima, como una grave sequía que forzara la búsqueda de otras ubicaciones. No lo sabemos todavía, pero sí que hubo inundaciones, al encontrarse en lugares próximos a ríos, desembocaduras, albuferas, estuarios… Es una constante en todos los pueblos que se asientan junto al cauce de un río o una zona marítima.
En el caso de Casas del Turuñuelo se ve que hay una premeditación en sellar el yacimiento con un esfuerzo ingente, con el sacrificio de animales, lo que indica que se está produciendo un fenómeno que incita que haya un abandono de todos estos lugares y una recomposición de lo que posteriormente va a seguir funcionando, pero en otra línea y otro orden de cosas. Entonces, no tenemos una respuesta clara, pero sí sabemos que algo pasó, porque nadie hace una movilización de esas características sin una necesidad de dejar algo bien pertrechado, además teniendo en cuenta que los santuarios son los lugares de intercambio de comercio, no sólo de conexión con un dios, ya que éste es considerado un notario de las transacciones comerciales que se llevan a cabo. De modo que no lo sabemos, pero lo vamos a descubrir y cada vez estamos más cerca de ello.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo.