Lola Bañón: “SocialMed es una manera de recordar que tenemos que seguir en la lucha por el sostenimiento de los derechos humanos”

SocialMed es el primer Festival de Derechos Humanos del Mediterráneo, impulsado por la ONG València Social Rebel, con la colaboración de diversas instituciones, entre ellas Casa Mediterráneo. El festival presta especial atención al cine y la creación artística relacionados con temas sociales vinculados geográfica y culturalmente al Mediterráneo. Este año alcanza su segunda edición, del 14 al 27 de mayo en diferentes espacios de Valencia, y se presentará e inaugurará en la sede de Casa Mediterráneo el miércoles 18 de mayo a las 19 h. con la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo en un evento abierto al público.

El acto arrancará con la proyección de un cortometraje sobre el festival y la presentación del mismo a cargo de Samuel Sebastián, director de SocialMed. A continuación se celebrará un coloquio titulado “Paz y convivencia en el Mediterráneo, ¿es posible?” en el que intervendrán Andrés Perelló, Director General de Casa Mediterráneo; Lola Bañón, periodista y profesora de la Universidad de València; Naïma Benaicha, profesora de la Universidad de Alicante, y Vicent Garcés, presidente de la Fundación Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo (FACM).

Con el propósito de conocer los objetivos del festival y la situación que atraviesan los derechos humanos en la cuenca mediterránea, mantuvimos una entrevista con Lola Bañón, periodista y analista especializada en Oriente Próximo y el Mediterráneo.

SocialMed alcanza este año su segunda edición. ¿Cómo surge el festival y cuáles son sus objetivos?

Uno de los objetivos del festival es aunar la defensa de los derechos humanos, que puede parecer algo muy banal e integrado en nuestra sociedad, pero que hay que sacar a colación constantemente, porque estos son siempre precarios y cada vez que llega una crisis se tambalean. La segunda idea apunta a que esa defensa partiera de parte de la sociedad civil, que es la base para que esos derechos tengan una energía de sustentación importante.

El punto tercero de esa trinidad es la cultura, la forma de transmitir la importancia de los derechos humanos y la necesidad que tenemos de sostener una idea, como por ejemplo la de la igualdad, que también parece que sea algo impregnado en nuestra piel, pero sin embargo se volatiliza muy fácilmente con cualquier cambio político o económico. Y ahora nos encontramos en un momento muy delicado, especialmente en el Mediterráneo, donde tienen lugar guerras que no obtienen tanto foco como la de Ucrania. Este festival es una manera de recordar que tenemos que seguir en la lucha por el sostenimiento de los derechos humanos.

La actual edición está enfocada en el agua, un bien esencial y escaso, que constituye una fuente de conflicto. Además, debido al cambio climático se están intensificando fenómenos adversos, como grandes sequías e inundaciones. ¿Desde qué ángulos trata este tema el festival?

El agua es un elemento de paz tan fundamental que, como bien has dicho, la mayor parte de los conflictos está basada en las disputas por el agua. Por ejemplo, el conflicto entre Palestina e Israel, que muchas veces se argumenta mediáticamente o incluso académicamente como una lucha de religiones o étnica, realmente está basado en una disputa por los centros del agua, porque este recurso es vital para la supervivencia en una zona de naturaleza desértica como aquella. El control del agua supone el control de todos los establecimientos de las colonias, de los núcleos de convivencia. La disputa por esos lugares estratégicos es la disputa por la posesión de determinadas tierras y la ocupación en sí.

El agua, además se torna un elemento fundamental, porque de manera creciente buena parte de los nuevos refugiados que se generen no lo serán únicamente por las guerras, sino también por las condiciones medioambientales. En esta zona del Mediterráneo, aunque recientemente hemos tenido frecuentes lluvias que muchas veces distorsionan la realidad al dar la impresión de que el agua no va a escasear, siempre hemos estado a un milímetro de tener restricciones en verano. Pese a estos últimos episodios de lluvia, la realidad es que estamos en un proceso de desertificación. El desierto africano está acrecentándose. De modo que, cada día más, la reivindicación de cuidar nuestros acuíferos y nuestra manera de garantizar el agua no solamente es medioambiental, sino también cultural, y está vinculada al derecho humano. Si no tienes agua, no puedes tener ningún derecho humano porque afecta al principio de la vida. Una proporción muy elevada de los refugiados, especialmente los de África, son refugiados medioambientales que huyen porque realmente no se puede vivir en una zona desértica sin agua.

[su_quote]El agua en el Mediterráneo va a ser fundamental para nuestro futuro, para decidir si tenemos viabilidad o no. El festival conecta mucho con esa idea.[/su_quote]

El agua también es un factor que está detrás de muchos conflictos, como la invasión del Tíbet por parte de China o de guerras como las de Siria, Etiopía o Somalia que, en parte, se deben al control sobre este recurso.

Es un elemento importante. De hecho, la razón de la ocupación de los Altos del Golán, un territorio perteneciente a Siria pero que está ocupado por Israel, radica en que son un enorme acuífero, una reserva de agua fundamental para la pervivencia de Israel. Es decir, sin los Altos del Golán, Israel prácticamente no tendría agua. No es la única fuente de agua, pero necesita ocupar esa parte para asegurar ciertos tramos del suministro. Siria es un país muy variado, con áreas verdes, y las zonas de control del agua han determinado muchas de las batallas importantes. El control de los acuíferos es también el control de los puntos estratégicos. ¿Por qué? Porque es un país que tiene agua, pero no está sobrado de este recurso.

En el Medio Oriente en general hay agua, pero está muy localizada y además su disponibilidad ha cambiado mucho. Por ejemplo, mi primer viaje a Belén, en Palestina, fue hace unos 30 años y había vegetación, incluso una balsa enorme donde iba la gente a merendar y ahora está seca, no hay agua. Ha habido mucha construcción de asentamientos, toda esa agua se ha drenado y la población de Belén no puede cultivar. Es una zona vitivinícola muy buena, pero la falta de agua ha cortado las posibilidades de vida de mucha gente. El agua en el Mediterráneo va a ser fundamental para nuestro futuro, para decidir si tenemos viabilidad o no. El festival conecta mucho con esa idea.

¿Qué contribución pretende hacer SocialMed en materia de derechos humanos en el Mediterráneo?

Básicamente, el festival lo que quiere es lanzar la idea mediterránea, recordar la necesidad que tenemos de decir “estamos aquí”, porque en el seno de la Unión Europea siempre ha habido una acción política y de visibilidad desde Centroeuropa, como no puede ser otra forma porque Alemania es el motor. Lo que le interesa a Alemania son los países del Este, por ello el cariño político y de proyección se han orientado hacia esa parte. En la zona mediterránea, el Proceso de Barcelona no salió adelante, en parte, porque la apuesta política de Centroeuropa ha sido el Este.

Por ello, mostrar la creatividad mediterránea es una manera de decir “estamos aquí” y también de recordar la importancia política que tiene esta zona. Por ejemplo, la seguridad de toda la Unión Europea está situada en esta franja. La riqueza demográfica está también aquí. Aunque en el Mediterráneo norte tenemos un problema de natalidad que dentro de muy pocos años va a ser muy dramático, en cambio en la ribera la demografía es muy rica. Un país necesita gente para sobrevivir. El capital humano es lo que te permite proyectar el futuro.

Otra cuestión muy importante es la energética. Dentro de la constatación de que tenemos que buscar nuevas fuentes de energía naturales, porque las fósiles cada día van a ser más reducidas y con los conflictos estamos sometidos a una dependencia que nos sitúa en una vulnerabilidad total, el Mediterráneo tiene todas las condiciones para empezar a trabajar por su autoabastecimiento, su autogestión. La independencia energética puede traer consigo un aumento generalizado de calidad de vida en un momento de graves dificultades económicas. ¿Cómo contamos todo eso? A través de la cultura, de los documentales y de la música. El Mediterráneo es una zona de creatividad, de cruces. Esto puede parecer muy tópico, pero la riqueza de contacto de la que disfrutamos aquí y la diversidad son muy difícilmente localizables en otras partes del mundo.

El festival constituye una modesta manera de decir “estamos aquí y la mirada tiene que estar puesta aquí también”, porque si estamos situados en los retos que se plantea Naciones Unidas, los Objetivos Desarrollo del Milenio, la perspectiva de género, el respeto medioambiental… son asignaturas pendientes. En el Mediterráneo tenemos un trabajo muy intenso que hacer para no perder el ritmo de los tiempos y es la pequeña llamada de atención que hace el festival.

¿En concreto, en qué va a consistir su participación en SocialMed?

El año pasado en la edición anterior estuve entrevistando a Orhan Pamuk, el Premio Nobel de la Paz. Turquía es un país alejado geográficamente, pero fundamental en la geoestrategia mundial de nuestro ámbito mediterráneo. Mi papel es intentar acercar las obras literarias, promoverlas dentro de un mundo audiovisual como el que proporciona SocialMed. Recordar la importancia de la palabra como constructora de discurso. Yo soy de las que piensa que el Mediterráneo necesita un discurso conjunto, aunque no es tarea fácil, porque somos muy plurales, muy diferentes, así como la aportación de la perspectiva de género, porque creo que las sociedades se miden por el grado de la situación de las mujeres. Una sociedad evolucionada es una sociedad que respeta los derechos de las mujeres, que las considera. Y en la zona mediterránea hay mucha diversidad, pero en general creo que las mujeres tienen muchos retos de género.

Todavía no hay un porcentaje significativo de incorporación de la mujer al mundo laboral en la ribera sur. Y en la ribera norte, donde aparentemente parece que nos va todo muy bien, los indicadores de brechas salariales y de techos de cristal, son innegables. Es decir, la situación ha mejorado, pero nos queda muchísimo. Y mientras persistan esos desniveles, esto repercute incluso en los índices económicos de los países. Y aquí tenemos un problema, no solo por las diferencias. Por ejemplo, las tareas relativas a los cuidados ralentizan la incorporación productiva y creativa de las mujeres.

En un momento en el que en el Mediterráneo tenemos problemas gravísimos, es necesario que todo el mundo se incorpore a la generación de ideas o de recursos para mejorar la situación. Tenemos al 50% de la población con salarios por debajo de los de los hombres y en unas condiciones de vida sin plena dedicación, porque culturalmente las mujeres estamos condicionadas por los cuidados de nuestras familias y socialmente no hay infraestructuras para para apartarnos de esa estructura en la que estamos metidas. Hay mucho por cambiar y los cambios empiezan por los cambios en la situación de las mujeres.

¿Cómo encaja la literatura en la programación del festival?

Nos gustaría visibilizar la obra literaria de las mujeres, que el Mediterráneo es muy intensa, pero poco conocida. En este sentido, Casa Mediterráneo ha sido muy activa porque aquí nació una red de mujeres escritoras del Mediterráneo. Una de las ideas que me gustaría aportar es la visibilización de la creación de las mujeres, no solamente en el ámbito documental, sino también en el ámbito de la escritura, donde hay gran riqueza y pluralidad. Hacer un documental resulta muy caro y las mujeres tienen muchas limitaciones, pero escribir es más accesible y creo que la obra literaria de las mujeres del Mediterráneo es todavía muy poco conocida.

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Más información sobre SocialMed, en su página web festivalsocialmed.org/